InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Apostolado laico -La Palabra para el Domingo

3.05.26

La Palabra para el Domingo – Domingo, 3 de mayo de 2026

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Jn 14, 1-12

1 ‘No se turbe vuestro corazón.  Creéis en Dios: creed también en mí.   2 En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. 3 Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. 4Y adonde yo voy sabéis el camino.’ 5 Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’ 6 Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.  Nadie va al Padre sino por mí. 7 Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.’  8 Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta.’ 9 Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.  11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.  Al menos, creedlo por las obras.  12 En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre.’”

    
COMENTARIO

Permanecer en Cristo

Una vez diría Jesús que quien tuviera fe podría hasta mover una montaña del sitio donde estaba y ordenarle que se echara en el mar. Sin duda lo decía porque sabía que muchos de los que le escuchaban no tenían mucha. Y por eso termina el texto del evangelio de san Juan diciendo que quien crea en Él hará, nada más y nada menos, que las obras que Él hace. 

Pues bien, es bien cierto eso. Sin embargo, Jesús no se vino abajo al respecto de lo que había venido a hacer al mundo, la misión que Dios le había encomendado. 

Jesús tiene que decir, por activa y por pasiva, que va a morir. Lo dice, muchas veces, de forma muy poética pero sin desconocer lo que eso significa. Pero trata de que, aquellos que lo escuchan, comprendan lo que eso quiere decir. 

Dice el Hijo de Dios muchas cosas importantes en esta conversación con aquellos que le escuchan y, por eso, con nosotros mismos. 

Ha de irse a la Casa del Padre. Pero se va porque tiene que prepararnos un lugar para que allí estemos cuando seamos llamados a la misma. Dice Jesús, por eso, que no está mintiendo cuando dice que en la vida eterna hay donde estar. Pero debe irse para terminar de preparar el camino que nos lleva a la misma. 

Y luego… volverá. Jesús anuncia, aquí mismo, el momento en el que volverá para juzgar a vivos y a muertos y para llevarse a los que, de su juicio, se deduzca que han merecido la vida eterna y no la muerte eterna. 

Jesucristo: Camino, Verdad y Vida - Periodico La Verdad

Hay, sin embargo, entonces y ahora, algunos que no reconocen a Cristo y no se dan cuenta de que es Dios hecho hombre y que todo lo puede. Por eso dice Jesús que es, él, el Camino, por el que se va a Dios; la Verdad, porque es Dios mismo y la Vida porque en Él reside y está, la que es eterna. Y por eso sólo se va a Dios por Cristo. 

Siendo parte de la Santísima Trinidad (si bien tal verdad no podían entenderla aquellos que le escuchaban) es bien cierto que el Espíritu de Dios, que moraba en el corazón de Cristo, le hacía realizar y llevar a cabo las obras que realizada y llevaba a cabo. 

Dice Jesús, a este respecto, que conocerlo a Él o, lo que es lo mismo, creer en Él y confiar en Él es hacer lo propio y lo mismo con Dios. Y esto es lo mismo que decir que lo contrario (no creer en Él y no confiar en Él) es hacer eso con Dios, Todopoderoso. 

Jesús quiere que nos convenzamos de algo que es más que importante para nuestra vida eterna: debemos permanecer en Cristo y Cristo en nosotros. Sólo así tendremos un “mañana” gozoso en el definitivo Reino de Dios donde no hay dolor y todo es alegría y felicidad. 

Y, además, nos dice Jesús que sabemos el camino para llegar al Padre: tenerlo a Él de ejemplo y, por tanto, ser serviciales con nuestro prójimo, ser misericordiosos, humildes y mansos de corazón. Ahí está el gran secreto de decir que se es hijo de Dios y, en verdad, serlo.
 

PRECES 

Por todos aquellos que no creen en la vida eterna.

Roguemos al Señor.
 
Por todos aquellos que no ven en Cristo a Dios mismo hecho hombre. 

Roguemos al Señor.
 

ORACIÓN 

Padre Dios; ayúdanos a confiar siempre en que eres el Camino, la Verdad y la Vida.
 
Gracias, Señor, por poder transmitir esto.
 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.
 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación


Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Cristo nos muestra el Camino que es Él mismo.


Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

26.04.26

La Palabra para el Domingo – Domingo, 26 de abril de 2026

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Jn 10, 1-10

 “1 ‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador; 2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3 A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. 4 Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5 Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.’

6 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. 7 Entonces Jesús les dijo de nuevo: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.  8 Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. 9 Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. 10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’”.


COMENTARIO

El Buen Pastor dado por Dios al mundo

Muchas veces dice el Hijo de Dios lo que hoy trae el Evangelio de San Juan. Al parecer, necesita repetir lo que debería ser entendido pronto y a la primera pero, ya sabemos, hay quien no tiene interés por entender… y no entiende nada de nada. 

A tal respecto, es bien cierto que Jesús fue enviado por Dios para mucho. En realidad, tenía que restablecer la relación que los miembros del pueblo elegido por el Creador habían roto a base de comportarse, más o menos, como les daba la gana al respecto de su Ley y de hacer todo lo posible para que la misma les beneficiase, egoístamente hablando. 

Por eso Jesús no cesa de enseñar aquello que es fundamental que se comprenda. Saber lo que Dios quiere es lo mismo que aceptar su voluntad si no miramos para otro lado. Y eso es lo que, entre otras muchas cosas, había venido a hacer al mundo.

Al Cielo sólo se puede entrar de una forma. No podemos equivocarnos a tal respecto. Y no es, por tanto, lícito tratarlo de hacer engañando a Dios (¿?). Eso no es posible porque el Creador nos conoce más que bien y sabe, por ejemplo, lo que pensamos antes que lo pensemos. Por eso no es posible hacer como si no supiera nada de nosotros porque eso nos convenga. 

Buen pastor, la imagen de Jesús más bella y querida | El CatolicismoSe refiere Jesús, en este texto del evangelio de San Juan, seguramente, a los pastores de la grey de Dios. Y se refiere a eso porque habla acerca de quién cuida las ovejas del Creador. 

Hay muchos, es posible eso porque lo dice Cristo, que creen que pueden hacer de su capa un sayo al respecto de la voluntad de Dios y de lo que quiere de sus pastores. No procuran mantener a las ovejas unidas sino tratar de actuar en beneficio personal. Y tal manera no es la propia de quien se dice, porque no es, pastor de almas. 

La forma de llevar a la grey de Dios la especifica muy bien Jesucristo y cabe, por tanto, llevarse a engaño ni inventarse nada a tal respecto. Le basta con aceptar, de verdad, al Creador y, entonces, el Todopoderoso, facilitará que sus ovejas lo conozcan y, luego, le sigan. No hay otra forma de ser buen pastor de unas ovejas tan especiales como somos los hijos de Dios. 

Pero, como dice muy bien este texto, muchos no comprendieron/no comprenden lo que eso quiere decir y miran para otro lado… porque creen que les conviene. Y tiene que explicarse de una forma clara. 

Jesús mismo es la puerta por la que se entra al Cielo. Por eso, los que han venido antes que Él lo han hecho queriendo engañar a las ovejas de Dios. Ellos no son la puerta sino que han procurado que las ovejas caminaran por caminos no santos y que no llevaban a la Casa del Padre. 

Tales personas, que se han presentado, a lo largo de los siglos hasta que llegó Jesús al mundo, como encargados de la grey de Dios, no eran escuchadas por los fieles. Bueno, muchos sí las escucharon y acabaron perdiéndose en el mundo y en su mundanidad. Pero aquellos que nos escucharon y sí han escuchado a Jesús entrarán en el Cielo por la puerta que es Él mismo. Y otra forma no hay salvo, claro está, voluntad expresa de Dios Padre.

PRECES 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no tienen a Cristo por la puerta del Cielo.

Roguemos al Señor.

Pidamos a Dios por todos aquellos que no confían en la bondad de Quien entregó a su Hijo para que fuéramos salvos.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener siempre a entrar por la puerta que es Cristo.

 
Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

  
El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.
  

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación


Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
 
Panecillo de hoy:

Tener como Buen Pastor a Cristo es algo más que una gracia. 


Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

19.04.26

La Palabra para el Domingo – Domingo, 19 de abril de 2026

Resultado de imagen de SAnta BibliaLc 24, 13-35


“13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 17 Él les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’ Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’ 19 Él les dijo: ‘¿Qué cosas?’ Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que fuese él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23   y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.’ 25 Él les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’ 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.’ Y entró a quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.31       Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32 Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?’ 33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, 34 que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’ 35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.”

COMENTARIO

Los de Emaús como ejemplo


Muy sintomático es este ejemplo que los discípulos de Emaús nos ofrecen a todos los cristianos. Del todo a la nada casi de inmediato y sin solución de continuidad. Es prueba, además, de lo que puede suponer para un discípulo de Jesucristo tener una fe débil y tibia. 

Como viene a ser normal, y lógico, la naturaleza del hombre le lleva, nos lleva, a huir del peligro y a no afrontarlo. Cleofás y su compañero huyen, tratan de evitar, quizá, una persecución que acabara con sus vidas como acababa de ocurrir con la de su Señor. Pero, lo que no sabían era que, en ese camino de regreso al pasado, que viene a ser este ir a Emaús, huyendo de la bondad y refugiándose en el anonimato, volverían a encontrarse con su misma vida. Y así fue.

 El caso es que estos dos seguidores de Cristo iban discutiendo por el camino. Seguramente irían debatiendo sobre qué había pasado y, sobre todo, qué iba a pasar a partir de ese momento, si lo que aconteció en Jerusalén tenía sentido para ellos y cuál debería ser la interpretación que debían darle. Imagino que sería una discusión apasionada, por el tema de que trataba, y contenida, en gestos, por miedo a ser descubiertos. Llevaban, dice el texto, un aire entristecido, o, lo que es lo mismo, podemos constatar que estaban afectados por la muerte de Jesús y que eso los llevaba a esa situación de perplejidad en la que se encontraban. 

En esto que la voz de alguien, a quien no reconocieron, les saca de su acaloramiento hablador. Era importante, pienso yo, el que no supieron, en un principio quien era para, luego, reconocerlo en el gesto de partir el pan, símbolo primordial en la predicación de Jesús.

La conversación que tiene lugar entre un desconocido, para ellos, Jesús, y los de Emaús, es clara expresión de la relación que muchas veces, puede tenerse con Dios y, entre nosotros, con su Hijo. Cleofás y su acompañante, a pesar de sus dudas, plantean a Jesús una pregunta que, más bien, se la podían haber planteado a ellos mismos. Parece que ellos no habían llegado a comprender muy bien al Mesías y a su mensaje. A pesar de todo lo sucedido, y sobre lo que inquieren a Jesús, se les ha olvidado, lo esencial, muy pronto: tres días después de la muerte física de Jesús ya corren a esconderse y eso que pensaban que era que les traía la salvación, pero no un tipo de salvación como la que ellos querían, sino una salvación espiritual. Ellos deseaban, como otros tantos judíos, un levantamiento de la población bajo los mandos del Enviado, que sería, así, un caudillo militar que arrasara el invasor. Lo que pretendían era la llegada de un Reino nuevo, pero sustentado en el viejo, en el antiguo de Israel. 

Reflexión Domingo 26 de abril - Pastoral UCV

Sin embargo, aún les quedaba algo de esperanza; no había, por así decirlo, muerto el recuerdo de Jesús. Unas mujeres de las suyas, de sus seguidoras se entiende, decían haber visto el sepulcro vacío a unos ángeles que les habían hablado. Y para confirmarlo, como si pensaran que las mujeres, llevadas por su mayor sensibilidad, habían tenido visiones, unos hombres, algunos de los nuestros, dice el texto, se habían acercado para comprobar que era cierto lo que decían aquellas seguidoras de Cristo. Aquí también podemos apreciar bastante desconfianza propia, por otra parte, de la concepción que, aquella época, se tenía de la mujer. Y Jesús también rompe con esto, con esto también. 

Y es que cuando Jesús ha de intervenir, forzado por la situación pues veía que sus discípulos se perdían en los aledaños de la fe, es cuando, haciendo uso de sus conocimientos de las Sagradas Escrituras, les de pruebas inequívocas de que lo que le había sucedido, sin aún decir que era Él, ya estaba escrito. Desde Moisés, pasando por todos los profetas (bien seguro que también Isaías), les relata pasajes en los que se habla del Mesías, el Enviado que tenía que venir, sufrir, entregarse y morir para que el perdón de los pecados se hiciera efectivo, real, cierto. 

Ante esto, estos discípulos de Emaús comienzan a reencontrarse con la figura presente de Jesús, y con ese quédate con nosotros, síntoma de que su presencia les era agradable y que su conversión volvía a tomar forma, empieza a abrírseles los ojos. 

Como les había dicho en la última cena, el pan, su cuerpo, entregado por todos, fue el instrumento del cual se sirvió para que aquellos discípulos, duros de corazón, le reconociesen y, abriendo los ojos del alma se diesen cuenta, en ese mismo momento, que cuando les hablaba de los profetas algo les decía que aquello de lo que aquel desconocido les estaba hablando le remitía a Él mismo. Y que aún no habían descubierto, dentro de ellos, que ese arder del corazón tenía una razón exacta. 

Y entonces, se ven en la imperiosa necesidad de contar de comunicar lo sucedido, retornar a la fe que tenían y volver a Jerusalén. Han perdido el miedo, y quieren hacérselo saber a los suyos. 

Por su parte, los otros discípulos, los apóstoles más los que los acompañaban, les confirma que estaban en lo cierto: Jesús había resucitado, como dijo, que la aparición a las mujeres era cierta porque, para confirmar su retorno, también se había aparecido a Simón, que su esperanza no estaba rota sino que permanecía incólume, totalmente vigorosa, preparada para ser anunciada. 

Los de Emaús, por su parte, les hacen partícipes del descubrimiento que hacen, de la apertura de sus ojos, que estaban retenidos, de que, al partir el pan, signo inequívoco de quien lo hacía, habían reconocido las manos, el rostro, la mirada del Maestro. Así, alegres por eso vieron cómo, en ese mismo instante, una vez se les rebeló la Verdad, Jesús desaparecía. Y es que había cumplido su misión. Y eso es lo que les transmitían, para hacerles ver que, desde ese momento, Jesús sería, para todo el mundo, en una universalidad comprensible, la Palabra de Dios viviente en nuestros corazones y que, en la Eucaristía, su presencia es, siempre, real.

  
PRECES 
 
Por todos aquellos que pierden la esperanza.

Roguemos al Señor.


Por todos aquellos que no confían en Dios y su poder.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN
 
Padre Dios; ayúdanos a no olvidar nunca que tu Hijo resucitó para quedarse entre nosotros.

 
Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

  

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.
  

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación


Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 
Panecillo de hoy:

¡Tantas veces somos como los de Emaús!


Para leer Fe y Obras.

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12.04.26

La Palabra para el Domingo - 12 de abril de 2026

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Jn 20, 19-31

  
“19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ 20  Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21 Jesús les dijo otra vez: ‘La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.’ 22  Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: ‘Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.’ 24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor.’ 25 Pero él les contestó: ‘Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.’ 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: ‘La paz con vosotros.’ 27 Luego dice a Tomás: ‘Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.’ 28 Tomás le contestó: ‘Señor mío y Dios mío.’ 29 Dícele Jesús: ‘Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído’. 30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. 31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.


COMENTARIO

Todo se confirmó

 
Para que todo lo que hizo tuviera sentido tuvo que aparecerse, Jesús, a sus discípulos que, con miedo, estaban escondidos. Miedo que era, no podemos negarlo, plenamente justificado conociendo, como conocían, el pensar de sus hermanos en la fe judía. Sólo así comprendieron todos los, para ellos, extraños mensajes que habían recibido de Él y que, en su tiempo, no entendieron. 

Y se presentó ante ellos con la paz por delante, como deseándoles lo mejor, la tranquilidad del alma, la mejor forma de manifestarse, la expresión pura y simple de su ser. 

Para que acabaran de creer, les enseñó las marcas de su Pasión. Así, todo se cumplía, la comprensión de sus seguidores fue total. 

Pero no bastó con esto. Era fundamental que, sobre ellos, exhalara el Espíritu Santo; que, como prometió, fuera conveniente, para ellos que Él se fuera, se marchara al Padre, porque enviaría otro paráclito, otro defensor, ese Espíritu que les iba a guiar, dirigir, marcar el camino hacia Dios. 

Catholic.net - Cristo resucitado está vivo entre nosotros

Y también llevó a cabo el primer envío después de darles a aquel. Una misión: predicar el Evangelio, esa buena noticia que debían de llevar a todos,  con el poder de perdonar pecados, y de retener los que creyeran que debían ser retenidos. Todo un poder legítimo, significativo, creador de un nuevo mundo basado en su ejemplo, en su amor, en la Verdad que Él trajo, otros brazos para Dios. 

Y como era esencial llevar a cabo una definición, el establecimiento de un concepto claro y diáfano de Fe, lo hace en cuanto Tomás, llamémosle el incrédulo, duda de su presencia ocho días antes, ante sus apóstoles, allí, entre ellos, ante sus hermanos de fe. 


Y como este apóstol debía tocar para creer, ver para creer, mirar para creer, le conmina a lo que todos sabemos: trae tus dedos, mira mis manos, etc., ante lo cual no pudo salir otra cosa de su boca que la tan conocida expresión de Señor mío y Dios mío pues comprendió, en aquel justo momento, que el Maestro era no sólo Maestro sino Señor y Dios. 


Ante esta expresión de sumisión a Cristo, éste, define, de una manera radical (de raíz), básica, imperecedera, lo que es la Fe: creer sin haber visto; sin haber visto, dijo. Ahí reside el elemento fundamental de nuestra expresión como cristianos y como hijos de Dios: asentimos ante unos hechos, unas realidades que no somos capaces de comprender. Sin embargo, creemos, tenemos Fe. Y otra cosa que no sea eso, el cuestionar estos hechos y estas realidades con el pretexto de no ser demostrables es, ciertamente, la mejor manera de permanecer alejados del Mesías y, por tanto, de Dios, al que no vemos, pero oramos, seguros, como estamos, de que nos escucha pues, para esto resucitó Cristo.

PRECES

Por todos aquellos que no confían en Dios y en su poder.

Roguemos al Señor.


Por todos aquellos que no tienen esperanza en Cristo.

Roguemos al Señor.

 
ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener siempre en nuestro corazón la salvación que nos has procurado.


Gracias, Señor, por poder transmitir esto.


 
El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.
 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación


Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.


 
Panecillo de hoy:

¡Señor mío y Dios mío¡ ¿Hay mejor expresión de fe?


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5.04.26

La Palabra para el Domingo – Domingo, 5 de abril de 2026

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Jn 20, 1-9


“1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. 2 Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’ 3 Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos”.


COMENTARIO

 Y ¡Resucitó!

 
Aunque no podamos decir que sepamos lo que pensaron aquellos dos discípulos asustadizos (Pedro y Juan) no es poco cierto que podemos hacernos una idea de lo que pasó por sus corazones cuando aquella mujer, María Magdalena, entró corriendo donde estaban escondidos por miedo a los judíos, y les dijo que no estaba el cuerpo del Maestro. 

Aquella mujer, por cierto, amaba mucho a Jesús.Va al sepulcro cuando aún es de noche. Quiere visitar al Maestro y, seguramente, acabar de arreglar su cuerpo porque, por las prisas del viernes es posible que no terminaran las labores propias en tal caso. Y allí que acude, presurosa aprovechando las primeras horas del día. 

Pero lo que encuentran no les gusta. En realidad, es posible que no acudiera ella sola al sepulcro porque el texto de San Juan pone en boca de María Magdalena “no sabemos dónde lo han puesto”. Serían, pues, las santas mujeres que acompañaron a Jesús en el tránsito de su Pasión las que fueran allí para hacer lo que tuvieran que hacer.

Los discípulos más arrojados, Juan y Pedro, el amado de Jesús y el primus inter pares (primero entre iguales) salen corriendo. Es decir, el más joven de ellos y quien sería el encargado por Jesús de dar forma a su Iglesia, no pueden resistir la situación: si, además de haberlo matado de aquella forma ahora robaban su cuerpo.

En realidad, aún no acababan de entender que todo lo que Jesús les había dicho muchas veces: moriría y, luego, resucitaría… al tercer día. Y aquel domingo era, precisamente, el tercer día.

Pedro, que llega después de Juan, ve lo que ha pasado. Es, sin duda, el de más edad y llega más tarde que Juan pero tiene preeminencia entre los apóstoles y no duda lo más mínimo en entrar. Mientras, Juan se queda en la puerta esperando y, cuando entra dentro se da cuenta de que las telas que habían cubierto al Señor no están tiradas por tierra (propio de un robar el cuerpo) sino que estaban puestas tal como las habían dejado en el cuerpo como si hubiera “salido” del mismo de una forma misteriosa y maravillosa. Y eso le hace creer pues no es de extrañar que Jesús le hubiese dicho, en alguna ocasión (en confidencia de quien sabía tener mucha fe y confianza) que tal sería su Resurrección. Por eso creyó cuando vio pues se había confirmado todo lo dicho por el Maestro.


Y no es poco cierto que en los apóstoles discurriera, por sus corazones, una doble seguridad: Jesús había resucitado (como verían muy pronto y comprobarían por ellos mismos) sino que, además, eso confirmaba que todo lo que el Maestro había dicho se había cumplido y todo, pues, era verdad de la verdadera. No debe extrañarnos, por tanto, que todo el miedo que, hasta entonces, había dominado sus vidas (por miedo a sufrir muerte semejante a la de Jesús) se trocar en osadía, en alegría, en gozo y, en fin, en arrojo propio de quien ya no tiene más miedo sino que se da cuenta de que la vida eterna está a su alcance. Y, ante eso, no hay obstáculo alguno que se les pueda enfrentar.


PRECES

Por todos aquellos que no creen en la Resurrección de Cristo.

Roguemos al Señor.

 
Por todos aquellos que no tienen esperanza en la vida eterna.

Roguemos al Señor.

 
ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a confiar en todo lo dicho y hecho por Jesucristo.


Gracias, Señor, por poder transmitir esto.


 
El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

  
Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación


Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 
Panecillo de hoy:

Y resucitó como había dicho.


Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.