InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Julio 2018

9.07.18

Serie Venerable Marta Robin – Esto debemos ansiar

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Esto debemos ansiar

 

“¡Es tan delicioso consumirse enteramente en su Amor por su Gloria!”

 

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que el sufrimiento, bien llevado, conduce a quien eso es capaz de hacer, a la Casa del Padre llamada Cielo.

La Venerable Marta Robin, como es más que conocido y sabido, sufrió mucho a lo largo de su vida que, por otra parte, no fue corta. Es decir, que su sufrimiento se prolongó durante bastantes años.

Sufrir, así, como quien no quiere la cosa, no es fácil. Es más, resulta de lo más difícil tratar de cohonestar lo que decimos creer, nuestra fe, con los malos momentos por los que vamos pasando a lo largo de la vida. Y estamos seguros de que quien eso haga bien se ha ganado el Cielo bien ganado.

Nuestra hermana en la fe, Marta Robin, se encuentra entre los creyentes católicos que han sabido hacer eso tan difícil como es sobrenaturalizar el dolor y, como diría otro ser humano excepcional como es el Beato Manuel Lozano Garrido, supo “sobrenadar” tal dolor, tal sufrir.

Pero, lo mejor del caso es que, para auxilio nuestro y de todo aquel que pueda pasar por algún que otro bache físico o espiritual, la Venerable Marta Robin sabe la causa de tal forma de proceder.

El amor que tuvo Marta Robin Jesucristo y, así, por Dios mismo (o, quizá, al revés) le vino la mar de bien para poder caminar (es un decir, en su caso) por el mundo sabiendo a qué atenerse y, sobre todo, a Quien amar sobre todas las cosas.

Ella nos lo dice muy bien en el texto traído hoy aquí.

 

Lo que es delicioso

El sentido que tiene Marta Robin de su fe es de tal grandeza que sabe perfectamente que lo que, para ella, es delicia, es amar a Dios y tener a su Hijo Jesucristo como hermano y Salvador.

 

Qué supone entregarse a Dios

La delicia de la que antes hablamos no es, sólo, Amar a Dios sino, más que nada, entregarse de todas maneras y formas a Quien la ha creado.

 

No darse con racanismos

Lo que no puede entender ni admitir (suponemos que, por sus palabras, eso fue así) es darse poco o limitar su entrega a Dios, digamos, como quien quiere reservarse algo para sí. Tal forma de actuar no sería propia de quien se sabe hija de Dios y, por tanto, conoce y reconoce que su Creador todo lo ve y todo lo sabe. No cabía, pues, actuación tendente a hacer lo mínimo.

  

Saber porqué se hace

Hay algo que, en materia de fe, es crucial: saber la causa de la misma y de nuestras actuaciones. Y Marta Robin tiene más que claro que toda su entrega, todo su sufrimiento y padecimiento tiene una razón de ser y es, ni más ni menos, que la Gloria (así, con mayúsculas) de Dios. Y nada, ni otra cosa ni nada, la mueve a hacer poco sino mucho y más que mucho. 

Vemos, por tanto, que lo que debemos ansiar no es poca cosa. Y sí, es bien cierto que alcanzar tal estado espiritual de plenitud no es fácil pero nuestra Venerable Marta Robin demostró que, aquí sí, querer es poder.

     

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

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Panecillo de hoy:

La Venerable Marta Robin es buen ejemplo de lo que se puede llegar a ser: hija de Dios.

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8.07.18

La Palabra del Domingo - 8 de julio de 2018

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Mc 6, 1-6

 

“1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. 2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: ‘¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus  manos?3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?’ Y se escandalizaban a causa de él. 4   Jesús les dijo: ‘Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio.’ 5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. 6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.”

 

 

COMENTARIO

 

Escuchar   y comprender a Cristo

 

Suponemos, porque lo hemos leído y porque, lógicamente, sería así, que Jesús iría muchas veces a Galilea. Es decir, en el tiempo en el que estuvo anunciando la Buena Noticia no es de extrañar que quisiera ir a su tierra para decir que el Reino de Dios había llegado. Y qué significaba eso. 

El texto de este Evangelio nos dice, precisamente, que “salió de allí y vino a su patria”. No sabemos de dónde salió exactamente. En el capítulo 5 de su Evangelio, san Marcos escribe acerca de la curación de la hija de Jairo. Podemos entender, pues, que salió de la Decápolis y fue a Galilea. 

Cuando llegó allí Jesús esperaba que sus vecinos, aquellos con los que había vivido y convivido, aceptaran de buen grado lo que estaba a punto de decirles. Jesús creía que viendo a quien había estado con ellos durante, al menos, treinta años, prestarían atención a lo que les iba a decir. Además, es más que seguro que ya tuvieran noticia de lo que su antiguo vecino hacía y decía. 

Y Jesús acude a la sinagoga. Lo hace siguiendo la santa costumbre judía de ir al templo a escuchar. Y, también, a enseñar. En el lugar santo las personas especialmente preparadas explicaban las Sagradas Escrituras. Y eso es lo que hace Jesús muchas veces. También en su pueblo. 

Imaginamos que, teniendo el texto sagrado ante sus ojos, Jesús explicaba según el conocimiento total que tiene del mismo, de la Verdad en su realidad y, en fin, de todo lo que el Hijo de Dios atesoraba en su corazón. 

Nos dice san Marcos que cuando le escuchaban se quedaban maravillados. Es decir, que gozaban escuchándole y que sus palabras tocaban sus corazones. 

Pero no todos los presentes eran del mismo pensamiento. Aquel “¿De Belén puede salir algo bueno?” cuando se dijo de dónde sería el Mesías toma ahora forma con las dudas de algunos de los que han conocido a Jesús en su tiempo de vida en Nazaret en la casa de José y María. 

¿Es posible que un carpintero pueda decir lo que dice? 

Resulta curioso que se hicieran aquella pregunta. Podían haberse dado cuenta de que si un carpintero decía tales palabras era porque estaba tocado por Dios y porque hablaba bajo inspiración divina. Si no podían creer que fuera el Hijo de Dios… al menos podían haber caído en el hecho de que Alguien le inspiraba lo que decía. A más no podían llegar según parece. 

Pero Jesús, que conoce sus corazones, sabe la verdad de todo aquello. Sabía que el pueblo judío tenía la mala costumbre de no escuchar a muchos de los que Dios les había enviado. Incluso les había matado… 

De todas formas, no por eso iba a dejar Jesús de cumplir la misión para la que había sido enviado: enseña en la sinagoga para quien quiera escucharlo, entenderlo y seguirlo (propone, pues, pero no impone) y cura a los enfermos que le llevan o conoce. Eso sí lo hace. 

Y luego… nos dice san Marcos que continuó recorriendo los pueblos del contorno. Y es que el Hijo de Dios no iba a venirse abajo porque sus propios vecinos, algunos de ellos, no comprendieran lo que estaba diciendo o, mejor, no quisieran comprender.

  

PRECES

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren escuchar a Jesús.

 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no confían en la sabiduría de Cristo.

 

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

 

Padre Dios; ayúdanos a escucharte, a comprenderte y a seguirte.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

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Panecillo de hoy:

Jesucristo enseñó muy a pesar de la dureza del corazón de muchos.

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7.07.18

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – Otra advertencia para despistados y/u olvidadizos

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

 

Otra advertencia para despistados y/u olvidadizos

 

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Y Jesús dijo… (Mc 10,9)

 

“Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.”

 

Parece poco, pero es tanto y supone tantas advertencias en el corazón que no podemos dejar de traer aquí estas palabras de Cristo.

Es bien cierto que la separación, el divorcio o el repudio no es un invento del hombre del siglo XXI, no del XX, ni del…

En fin… Queremos decir que la forma de decir “hasta nunca” entre el ser humano hombre y el ser humano mujer que se han unido en matrimonio no es, ni siquiera es, creación del ahora mismo. No. Y es que, en las Sagradas Escrituras, ya las Antiguas, se habla de eso porque era un tema no poco importante.

Podemos imaginar e, incluso, leer el texto bíblico. Pero aquí vamos a hacer lo primero.

La discusión era enconada. Y es que había quien estaba de acuerdo con el repudio y había quien le parecía que no estaba de acuerdo con la Ley de Dios.

-Tú sabes bien lo que dijo Moisés, dijo uno.

-Sí, claro que lo sé. Pero eso era porque aquellos eran unos tiempos muy distintos a los de ahora, contestó el otro.

-Sí, pero lo que se dijo entonces, aún permanecer entre nuestro pueblo.

-Claro que es así pero no creas que eran muy distintos porque, como ves, estamos discutiendo sobre lo mismo.

-Vale, vale, está bien. Pero el repudio es legal.

Mientras, Jesucristo escuchaba aquella conversación y no tuvo más remedio que mediar entre aquellos dos hombres que, casi acalorados, pretendían tener razón los dos. Y, ciertamente, la tenían. Cada uno, claro, a su nivel…

Se acercó el Hijo de Dios y, ya, entre ellos, tuvo que decir lo evidente: que sí, que Moisés había permitido el repudio, pero era porque aquellos, sus antepasados, tenían el corazón duro. Y lo dijo, no tuvo más remedio que decirlo:

 “Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.”

 

Aquello que, entonces, dijo el Hijo de Dios quedó escrito en el Nuevo Testamento que, como sabemos, no ha sido modificado por el hombre por ser Palabra de Dios. 

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6.07.18

Serie “De Ramos a Resurrección” - VIII. Sobre la Glorificación- La glorificación de Dios

 

De-ramos-a-resurrección

En las próximas semanas, con la ayuda de Dios y el permiso de la editorial, vamos a traer al blog el libro escrito por el que esto escribe de título “De Ramos a Resurrección”. Semana a semana vamos a ir reproduciendo los apartados a los que hace referencia el Índice que es, a saber:

Introducción                                        

I. Antes de todo                                           

 El Mal que acecha                                  

 Hay grados entre los perseguidores          

 Quien lo conoce todo bien sabe               

II. El principio del fin                          

 Un júbilo muy esperado                                       

 Los testigos del Bueno                           

 Inoculando el veneno del Mal                         

III. El aviso de Cristo                           

 Los que buscan al Maestro                      

 El cómo de la vida eterna                              

 Dios se dirige a quien ama                      

 Los que no entienden están en las tinieblas      

 Lo que ha de pasar                                 

Incredulidad de los hombres                    

El peligro de caminar en las tinieblas         

       Cuando no se reconoce la luz                   

       Los ánimos que da Cristo                  

       Aún hay tiempo de creer en Cristo            

IV. Una cena conformante y conformadora 

 El ejemplo más natural y santo a seguir          

 El aliado del Mal                                    

 Las mansiones de Cristo                                

 Sobre viñas y frutos                               

 El principal mandato de Cristo                         

       Sobre el amor como Ley                          

       El mandato principal                         

Elegidos por Dios                                    

Que demos fruto es un mandato divino            

El odio del mundo                                   

El otro Paráclito                                      

Santa Misa                                             

La presencia real de Cristo en la Eucaristía        

El valor sacrificial de la Santa Misa                   

El Cuerpo y la Sangre de Cristo                 

La institución del sacerdocio                     

V. La urdimbre del Mal                         

VI. Cuando se cumple lo escrito                 

En el Huerto de los Olivos                              

La voluntad de Dios                                        

Dormidos por la tentación                        

Entregar al Hijo del hombre                            

       Jesús sabía lo que Judas iba a cumplir       

       La terrible tristeza del Maestro                  

El prendimiento de Jesús                                

       Yo soy                                            

       El arrebato de Pedro y el convencimiento   

       de Cristo

Idas y venidas de una condena ilegal e injusta  

Fin de un calvario                                   

Un final muy esperado por Cristo              

En cumplimiento de la Sagrada Escritura

        La verdad de Pilatos                        

        Lanza, sangre y agua                      

 Los que permanecen ante la Cruz                   

       Hasta el último momento                  

       Cuando María se convirtió en Madre          

       de todos

 La intención de los buenos                      

       Los que saben la Verdad  y la sirven          

VII. Cuando Cristo venció a la muerte        

El primer día de una nueva creación                 

El ansia de Pedro y Juan                          

A quien mucho se le perdonó, mucho amó        

 

VIII. Sobre la glorificación

 La glorificación de Dios                            

 

Cuando el Hijo glorifica al Padre                       

Sobre los frutos y la gloria de Dios                  

La eternidad de la gloria de Dios                      

 

La glorificación de Cristo                                

 

Primera Palabra                                             

Segunda Palabra                                           

Tercera Palabra                                             

Cuarta Palabra                                               

Quinta Palabra                                        

Sexta Palabra                                         

Séptima Palabra                                     

 

Conclusión                                          

 

 El libro ha sido publicado por la Editorial Bendita María. A tener en cuenta es que los gastos de envío son gratuitos.

  

“De Ramos a Resurrección” - VIII. Sobre la Glorificación- La glorificación de Dios

 

 

“Si dar gloria a Dios es relatar, con gozo, lo bueno y mejor que el creador ha hecho a lo largo de los siglos desde que quiso ponerse en el corazón de Abrahám, es bien cierto que en la Última Cena se lleva a cabo, en efecto, la glorificación del Padre Eterno. Así, se pone, en tres ocasiones, en boca de Jesucristo lo siguiente: “cuando salió, dice Jesús: ‘ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él.  Si Dios ha sido glorificado en Él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto’” (Jn 13, 31-32).

“La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos” (Jn 15, 8).

“Así  habló Jesús, y alzando los ojos al cielo,  dijo: ‘Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame Tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese’” (Jn 17, 1-5).

 

Cuando el Hijo glorifica al  Padre

 

El primer texto, que corresponde al Evangelio de San Juan (13, 31-32) nos pone ante una terrible situación que sólo dos de los allí presentes entienden. En Judas ha entrado, con el bocado que le da Jesús y que muestra, al menos al discípulo más joven, quien va a traicionarlo, Satanás. Entonces Jesús le dice que haga lo que tiene que hacer. Y Judas sale de la escena, se marcha para terminar de llevar a cabo, en su negritud, la traición tramada.

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5.07.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Lo que debe interesarnos

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” –  Lo que debe interesarnos

 

“Cuando el alma pena de no ver a Dios, ¿qué le puede interesar el mundo?”

 

Está claro que el hermano Rafael parte de una premisa, de algo que es anterior al análisis que hace en estas pocas palabras. Y queremos decir que hay algo antes de decir esto.

Habla San Rafael Arnáiz Barón de algo que es muy básico en lo referido a nuestra fe católica. En primer lugar, tenemos un alma que, sin duda, pasa por momentos que no podemos considerarlos buenos. Es más, hay algunos de ellos que son más que negros.

Con esto queremos decir que no sólo el cuerpo sufre, sí físicamente, sino que el alma también lo puede hacer y, de hecho, pasa por ahí.

A tal respecto, es necesario que se sepa que el alma puede caer en eso. Y es que, de lo contrario, pudiera parecer que todo resbala y se pierde, por ahí, por algún rincón del corazón o, peor, de la falta del mismo.

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