13.11.21

La Palabra para el Domingo - 14 de noviembre de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 14 sino sábado, 13 de noviembre de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

  

Mc 13, 24-32

 

“24 ‘Mas por esos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su resplandor, 25 las estrellas irán cayendo del cielo, y las fuerzas que están en los cielos serán sacudidas. 26 Y entonces verán al Hijo del hombre que viene entre nubes con gran poder y gloria; 27 entonces enviará a los ángeles y reunirá de los cuatro vientos a sus elegidos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. 28 ‘De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. 29 Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, sabed que Él está cerca, a las puertas.30 Yo os aseguro que no pasará esta generación hasta que todo esto suceda. 31   El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 32 Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre.’”

                             

 MEDITACIÓN

 Para siempre con Él

1.- Después de haber hecho explícita la importancia que tiene, para nuestra alma, dar no de lo que nos sobra sino de lo que nos es imprescindible, es decir, de nuestro amor y de nuestra misericordia, de nuestro perdón y de nuestra comprensión (me refiero al episodio de la viuda y de la limosna del templo de la semana pasada) Jesús comienza un, denominado, discurso escatológico, es decir viene a profetizar, o sea, a decir lo que sucederá. Esto, no hay que dudarlo, el hecho de que ha de pasar porque el Mesías ya lo ha visto en la eternidad en la que habita junto a Dios. 

2.- Esta parte, este texto que el calendario litúrgico nos reserva para el día de hoy, se encuentra (es conveniente leer lo que hay antes y después, es decir Mc 13,1-23 y Mc 13,33-37) entre el anuncio, primero, de lo que ha de suceder cuando haya quienes se hagan pasar por Él y el hecho de que hay que estar preparados: “velad, por tanto, ya que no sabéis cuando viene el dueño de la casa” (Mc 13,35a). Es decir, que esta parte (Mc 13, 24-32) supone el centro de este discurso y, por eso,  la importancia que tiene y a la que ahora me refiero. 

3.- En esta parte concreta del discurso de Jesús, creo yo que pueden apreciarse dos elementos que resulta importante destacar: por una parte, el hecho de que Jesús deja claro que (al igual que dijo que Él estará siempre con nosotros, pero siempre, siempre)  sus Palabras, su Palabra (que es, por eso, Palabra de Dios) estará, también, con nosotros, que no pasará, que siempre podremos acudir a ella en busca, no sólo de consuelo sino, sobre todo, de doctrina y de camino. 

Por esto, esta parte es tan importante. 

Los cristianos, los discípulos, sus discípulos, siempre podemos refugiarnos en Él y en su Palabra para sacudir nuestro corazón y solventar las muchas preguntas que nos hacemos a diario: ¿hasta dónde debo amar; hay, acaso, límites?, o ¿cuál es, para mí, el sentido de la caridad ante el necesitado?, o ¿qué puedo y qué no puedo perdonar? Si Él dice que “el cielo y la tierra pasarán pero” sus “palabras no pasarán” y esto quiere decir que, también en la eternidad, cuando ese cielo y esa tierra hayan pasado, para nosotros, las Palabras de nuestro hermano Jesús alumbrarán nuestro paso mostrándonos el camino mejor. 

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10.11.21

Ventana a la Tierra Media – Un lugar para la palabra

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Digamos, para empezar, que llevamos unas semanas (no muchas, a decir verdad) desgranando algo de la carta que J.R.R. Tolkien envió al poeta W.H. Auden el 7 de junio de 1955. Y, como es lógico por ser quién era y cómo era el autor de El Hobbit, etc., mucho de lo que le dice tiene relación con la palabra, con la lengua, con las lenguas que creó nuestro profesor de Oxford. 

La semana pasada hablamos acerca del amor por la lengua que mostró a lo largo de su vida Tolkien padre. Y titulábamos la cosa “Lenguas por amor”. Pues bien, hoy corresponde hacer lo propio con el fin de la propia obra de nuestro autor o, por decirlo de otra forma, con lo que creó y para qué lo creó. 

A este respecto, suele ser lo habitual que quien escribe una obra literaria lo haga sabiendo qué hace. Es decir, que las situaciones que se crean tienen un fundamento en el que, por supuesto, la lengua de la que se trate la cosa tiene todo que ver y se desarrolla dentro de la citada obra escrita. Y con esto queremos decir que primero está la obra y, en ella, lo que pasa, etc. 

Pues bien, en esto, J.R.R. Tolkien fue más que original al invertir los términos de su creación escrita. 

Ponemos aquí lo que corresponde a esto (misma Editorial, Minotauro; mismo libro: “Cartas”) Y recordemos que inmediatamente antes había hablado Tolkien del amor por la lengua o, como decimos arriba, de lo que podemos llamar “Lenguas por amor”:

 

Todo esto como marco de las historias, aunque las lenguas y los nombres no pueden para mí separarse de ningún modo de ellas. Son y fueron, por así decir, un intento de procurar un marco o un mundo en el que mis expresiones de gusto lingüístico pudieran tener una función. Comparativamente, las historias llegaron de forma más tardía

 

Por decirlo de alguna forma: primero fue la palabra; luego el lugar donde ponerla… 

Nosotros hemos titulado lo de hoy como “Un lugar para la palabra” y no “Una palabra para un lugar” pues lo segundo sería contradecir la primera y última voluntad del autor de El Señor de los Anillos, etc.: primera en cuanto era lo que su espíritu y alma le decían; última porque fue lo que acabó haciendo. 

Podemos preguntarnos si es que acaso hay diferencia entre primero poner el espacio y luego la palabra o primero, poner la palabra y luego el espacio. Y es seguro que la hay porque eso fue lo que hizo Tolkien. 

De todas formas, esto no debería extrañar nada pues es cierto y verdad que J.R.R., primero fue filólogo y, luego, creó la Tierra Media. Y, por tanto, en primer lugar, en su mente y corazón se fueron formando las palabras que luego iban a dejarse caer en determinado lugar al que acabó llamando como sabemos que acabó llamando. 

Podemos decir que Tolkien creó a los personajes de tal manera que iban a ser adecuados para la palabra que antes había creado. Y por eso responde a un espíritu, digamos, lingüístico que supone un hacer según lo que indica el lenguaje que se debe hacer. 

Esto, claro, no deja de ser sino una voluntad de relación entre quien escribe y quien va a recibir lo escrito. Y es que si acudimos a lo que la “función” (dice arriba Tolkien eso de lo creado era para que las “expresiones de gusto lingüístico pudieran tener una función”) en una de sus acepciones (referida a “fática”) significa y que es la del lenguaje que tiene como finalidad asegurar o mantener la comunicación entre el emisor y el receptor” nos queda un poco más claro que la palabra creada y que luego tuvo reflejo, se depositó (por así decirlo), en el ser mismo de la Tierra Media, lleva una voluntad tendente a que se estableciera y perviviera una relación entre quien escribe lo que escribe y quien recibe lo que escribe. Y eso, verdaderamente, lo consigue J.R.R. Tolkien quien, por decirlo pronto, supo encontrar un lugar perfecto para la palabra.

 

Eleuterio Fernández Guzmán- Erkenbrand de Edhellond

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Tierra Media: otra Tierra, esta Tierra. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

8.11.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - No caer en la tentación

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

No caer en la tentación

  

“La tentación no es un mal, como tampoco lo son algunas consecuencias de los males de otros. Es más: como ante una señal de peligro en la carretera se renueva la atención y se asegura el volante, así también de una encrucijada espiritual se reactiva la fe y se tonifica el amor de un corazón. Con la tentación de un hombre fiel pasa como con los órganos que injertan uno en otro que ponen en actividad todo el poder de rechace del cuerpo.” (Mesa redonda con Dios. pp. 223-224)

 

 

La verdad es que el título de este pequeño capítulo de donde entresacamos el texto de hoy es bien curioso y nos informa a la perfección de qué va la cosa, por así decirlo. Y es que se titula “La zancadilla” pues viene referido a la parte del Padre Nuestro en la que decimos “no nos dejes caer”… en la tentación. 

La verdad es que cuando alguien va caminando y hay quien le pone una zancadilla (aunque sea de broma) el resultado de tal acción va a ser, seguramente, que dará de bruces con el suelo y, claro, deberá levantarse. Aunque es posible que no llegue a pasar eso si quien es zancadilleado es capaz de mantener el equilibro aunque sea mucho el esfuerzo que tenga que hacer para eso. 

Esto lo decimos porque el texto de arriba tiene que ver, exactamente con eso: no caer en la tentación. Y es que bien sabemos que las hay y que, incluso, nosotros mismos nos las podemos poner… 

Pues bien. El Beato de Linares (Jaén, España) empieza bien aclarando (el que da primero, da dos veces podríamos decir) lo que importa: “la tentación no es un mal”. Y alguien podrá decir que eso es discutible. Sin embargo, no es tanto pues aquí el problema está en caer en ella y no en que se nos proponga. Y es que por eso decimos en la oración que Cristo enseñó a sus Apóstoles “no nos dejes caer en la tentación” pues lo que pedimos es, eso, que no caigamos en ella. Y eso es bueno que diga nada más empezar para que nadie se lleve a engaño. 

Y luego nos pone un símil que puede clarificar mucho para quien no entienda eso de que la tentación, ella misma, no es el problema. El problema somos, precisamente, nosotros mismos y cómo somos, a tal respecto. 

Lo que nos dice acerca de las señales de peligro es que cuando nos encontramos con una de ellas no seguimos adelante como si nada porque, de hacerlo así, el peligro dejará de ser un aviso en forma de señal y pasará a ser una situación bien difícil con las malas consecuencias que eso puede tener en nuestro devenir particular.

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6.11.21

La Palabra para el Domingo - 7 de noviembre de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 7 sino sábado, 6 de noviembre de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

 

 

Mc 12, 38-44

 

“38 Decía también en su instrucción: ‘Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, 39 ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa. 41 Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos  echaban mucho. 42 Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as.

43 Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: ‘Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro.44 Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.”

 

 

COMENTARIO

 

Lo que más vale y sirve

1.-Escatología y merecimiento. Estos dos conceptos, que encierran mucho de lo que Jesús nos comunicó, tienen mucho, todo, que ver en el texto que el Calendario Litúrgico nos ofrece para hoy. Escatología y merecimiento es lo que se refleja en la actuación de la viuda y sentimiento de comprensión por parte de Jesús. 

2.- En este texto de Marcos, Jesús nos aclara dos situaciones que, siempre, suelen producirse y que han de suponer, para sus discípulos, un ejemplo de lo que no puede ser y, a la vez, y al contrario, de lo que ha de ser. 

En primer lugar, Jesús hace hincapié en que hay algunas personas (en este caso los escribas pero que se puede extender a otros) en las que primero, en su comportamiento, priva la apariencia sobre lo que de verdad tendría que ser su forma de actuación ya que, además de creer en Dios, eran personas notables dentro de la sociedad de la época. 

Lo que en la vida de estas personas predomina, a lo que le dan más importancia, es aquello que los demás ven, lo que pueden tener como actuación de persona notable, importante, indiscutiblemente superior: ser saludados en las plazas (por la popularidad que esto encierra), ocupar los puestos de honor en las sinagogas, los primeros asientos, donde se supone que se sientan los notables. 

Pero no sólo este aspecto exterior es criticado, con razón, por Jesús. También las acciones que hacen, no sólo la apariencia, importan al Mesías. Estos escribas se hacían cargo de los bienes de aquellos hombres que habían fallecido, dejando a sus viudas en una probable miseria, en una pobreza inmerecida y causada, sólo, por la avaricia de aquellos aparentes creyentes. Y, además, y esto molestaría mucho a Jesús, “fingen hacer largas oraciones”. Este fingimiento lo es en el conocimiento de que no lo hacían con fe sino, seguramente, por cumplir con unas formas, para hacer ver que rezaban largamente. Recordando aquello que dijo el Mesías de que “no todo el que dice Señor, Señor…” refiriéndose a aquellos que parecen ser muy piadosos y a la hora de la verdad, en su corazón, nada es lo que parece es fácil imaginar lo que le molestaba esto a Jesús. Y si, además, sabemos que “Dios ve en lo oscuro”, a  esto ha de acarrear lo que sigue. 

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4.11.21

Ventana a la Tierra Media – Lenguas por amor

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Es cierto y verdad que el tema de las lenguas, propio de un filólogo, ha de ser lo más importante para tal persona. Y eso es lo que pasa con nuestro J.R.R. Tolkien pues nuestro es y así lo reconocemos: nuestro maestro, nuestro escritor, nuestro subcreador, etc.

Continuamos esta semana con la carta que Tolkien padre envió al poeta W.H. Auden el 7 de junio de 1955 (y extraída del libro que sobre las Cartas tiene publicado Minotauro) Y es que, como él mismo reconoce, a lo mejor se extendía más de la cuenta pero es que un tema como el de las lenguas, digamos, le puede a John Ronald y no puede, ni quiere, evitar explayarse sobre el mismo. Además, para nosotros es un verdadero tesoro que así lo hiciera y que Auden conservara esta carta cuando, al parecer, tenía la costumbre de tirarlas cuando las leía…

Pues bien, cuando le corresponde hablar de esto, de las lenguas, de la lengua, a J.R.R. Tolkien se le nota de lejos un apasionamiento que va mucho más allá de lo que podría ser una profesión y el ejercicio de la misma o, algo así, como algo automático y sin sustancia. Y eso no es lo que pasa con nuestro profesor.

El caso es que él mismo habla de que es consciente de lo que llama “el condicionamiento lingüístico” con lo que nos quiere decir que toda su ansia por conocer se debía, precisamente, a lo relacionado con la lengua y las lenguas de las que dominó unas cuantas (nada fáciles ni al alcance de cualquiera) además de las que creara realidad que está aún más que lejos del alcance de cualquiera. Y todo eso, sobre todo lo último, sólo se puede hacer si es consciente de lo que podemos llamar un claro amor por las lenguas o, como titulamos aquí, “lenguas por amor” pues, en realidad, de eso es lo que se trata aquí.

Seguramente, lo más curioso de todo es que el amor que tiene por la lengua, es probable le viniera de la fascinación que sintió al ver escrito, en los vagones de tren o camiones que venían de Gales, la lengua propia de aquel lugar. Y eso, seguramente, le marcó un camino a seguir y, de paso, lo hizo para siempre, siempre y siempre.

De todas formas, no hace falta que digamos nada más sobre esto porque lo dice él mismo y no se queda corto ni poco extenso. Así, por ejemplo, dice esto que sigue:

La fascinación que tenían para mí los nombres galeses, aun cuando los viera sólo en camiones cargados de carbón, incluso desde peque es una de ellas /…/ Después del gótico, lo más importante fue el descubrimiento en la biblioteca del Exeter College de una gramática finlandesa. Fue como el descubrimiento de una entera bodega llena del vino más asombroso, de una especie y un sabor nunca degustados antes.”

18 cosas que no sabías de Tolkien – Santi Limonche

Podemos ver que la descripción que hace Tolkien del descubrimiento de una lengua no es una que lo sea de poca profundidad sino que muestra que sentía mucho más por lo que había conocido que un simple, eso, conocer. Era, por decirlo así, algo que le llegaba al mismísimo corazón y allí buscaba un lugar tierno donde quedarse.

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3.11.21

Beato Manuel Lozano Garrido: de Linares al Cielo o su Dies Natalis

Dies Natalis del beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Textos litúrgicos |  Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo

Es cierto y verdad que los seres humanos, en cuanto a fechas se refiere, hay algunas que las tenemos más en cuenta que otras porque representan, son, una cifra redonda. Así, por ejemplo, cuando alguien cumple 10 años o 20 o se cumplen las bodas de plata (25 años) de la celebración de un matrimonio o las de oro (50 años) y qué decir de las de platino (75 años) 

Ciertamente, eso no quiere decir que no tenga importancia cumplir 9 años o 19 o que el año en el que se llevó a cabo el matrimonio haga ahora 24, 49 o 74 años. Lo que quiere decir es que, simplemente, otorgamos a un número “simbólico” lo crucial que tiene para el ser humano y que manifiesta y afirma determinado acontecimiento. 

Pues bien. Eso es lo que nos pasa con el Beato Manuel Lozano Garrido porque hoy hace, exactamente, ¡50! años que Dios lo quiso tener cerca y se lo llevó a su Casa. Y eso es lo que creemos por la fama de santidad que, cuando fue llamado, tenía en vida y por lo que luego pasó cuando Manuel pasó a ser, el 12 de junio de 2010, como decimos arriba, “Beato” de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Ahí es nada. Y aunque estemos seguros (por lo que dicen los que le conocieron) que Lolo le daría poca importancia a eso (él mismo dijo una vez que ni era Beato ni creía que lo fuera nunca…) e, incluso, hasta sonreiría con la situación, lo bien cierto es que nosotros le damos mucha pues, para empezar, no andamos tan sobrados de verdadera humildad como la que manifestó en vida don Manuel, más conocido por Lolo y, luego, porque como diría otro santo, San Josemaría, nos da la santa gana dársela, ¡hala! 

Y en eso estamos, en darle las gracias a Lolo por ser como fue y por haber ascendido al Cielo con billete de primera que es el que obtienen aquellos creyentes católicos que a lo largo de su vida (no muy larga, la verdad, pero más que suficiente para el caso) han mostrado y demostrado que todo lo que Dios y su Hijo Jesucristo han dicho a lo largo de la historia es posible llevarlo a cabo y subir, así, de Linares (Jaén, España) al Cielo. 

Agradecemos, pues que, para eso queremos ser bien nacidos. Y lo hacemos con el conocimiento que tenemos de Lolo que no es por haberlo visto en vida sino por lo que ha venido después de que hace 50 años descansara en el Cielo de una vida de sufrimiento y dolor que, por mucho que él quisiera que no lo notara el prójimo, lo bien cierto que él sufrió y más que mucho sufrió como, sin ir más lejos, se refleja en muchos párrafos de los libros que, a modo de “diario”, dejó para la posteridad. Y él, que quería que su dolor fuera algo así como “con escafandra” para que quedara dentro de sí lo que padecía y nadie acabase sufriendo con él… en fin, que las cosas son como son y el dolor es como es. 

Lolo, queremos decirte que en el Cielo hagas todo lo que puedas para que los que sufren, lo hagan sabiendo sobrenadar el sufrimiento; que intercedas por los que padecen dolor y no saben sobrenadar el mismo, no conocen a Dios y no pueden refugiarse en un porvenir mejor en la Bienaventuranza y la Visión Beatífica; que pidas al Todopoderoso por los que creemos que el Cielo no es una promesa sino una realidad al alcance de muchos (quizá Purgatorio mediando); que sepas, sobre todo que sepas, que nosotros te tenemos como ejemplo de vida espiritual y que, por eso mismo, agradecemos poder ser llamados amigos tuyos, como te decimos, nosotros que tan sólo te conocemos por la referencia de una vida plena muy a pesar de tantos alfileritos como te asaeteaban diariamente y tú hacías tuyos con la avaricia de quien ama al prójimo y no lo quiere ver sufrir con lo ajeno; que lo sepas Lolo, que lo sepas y lo pongas ante los pies de Dios como ofrenda de quienes, en el mundo, caminamos hacia el Cielo donde tú ya moras, habitas, estás.

 

Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, Lolillo, ruega por nosotros.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

     

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Demos gracias a Dios por suscitar, entre sus hijos, a lo mejor de lo mejor.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

2.11.21

Todos nuestros fieles difuntos

El purgatorio: un estado de purificación antes de entrar al cielo -  DIÓCESIS DE CÚCUTA

San Agustín escribió esta oración por las almas del Purgatorio:

 

“Dulcísimo Jesús mío, que para redimir al mundo quisiste nacer, ser circuncidado, desechado de los judíos, entregado con el beso de Judas, atado con cordeles, llevado al suplicio, como inocente cordero; presentado ante Anás, Caifás, Pilato y Herodes; escupido y acusado con falsos testigos; abofeteado, cargado de oprobios, desgarrado con azotes, coronado de espinas, golpeado con la caña, cubierto el rostro con una púrpura por burla; desnudado afrentosamente, clavado en la cruz y levantado en ella, puesto entre ladrones, como uno de ellos, dándote a beber hiel y vinagres y herido el costado con la lanza. Libra, Señor, por tantos y tan acerbísimos dolores como has padecido por nosotros, a las almas del Purgatorio de las penas en que están; llévalas a descansar a tu santísima Gloria, y sálvanos, por los méritos de tu sagrada Pasión y por tu muerte de cruz, de las penas del infierno para que seamos dignos de entrar en la posesión de aquel Reino, adonde llevaste al buen ladrón, que fue crucificado contigo, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.”

Y esta otra, San Nicolás de Tolentino

¡Oh glorioso Taumaturgo y Protector de las almas del purgatorio, San Nicolás de Tolentino! Con todo el afecto de mi alma te ruego que interpongas tu poderosa intercesión en favor de esas almas benditas, consiguiendo de la divina clemencia la condonación de todos sus delitos y sus penas, para que saliendo de aquella tenebrosa cárcel de dolores, vayan a gozar en el cielo de la visión beatífica de Dios. Y a mí, tu devoto siervo, alcánzame, ¡oh gran santo!, la más viva compasión y la más ardiente caridad hacia aquellas almas queridas. Amén.”

Estas dos oraciones, como muchas otras que la Iglesia católica tiene como propias para recordar las almas que, al salir del cuerpo no están perfectamente limpias, nos traen hoy mismo el recuerdo, en efecto, de las que no tendrán la visión beatífica por tener que pasar por el Purgatorio. También, claro, que no han ido directamente al infierno.

Las recordamos, por eso, hoy mismo, 2 de noviembre. Son las Benditas Almas del Purgatorio, por las que debemos, obligación grave para cada uno de nosotros, orar y pedir por la mejora de su situación en tal estado espiritual.

Así, mientras que la Iglesia triunfante es aquella constituida por los que se salvaron y están en el Cielo (fecha de ayer mismo, 1 de noviembre), y la Iglesia militante es la constituida por los creyentes que estamos en la tierra en peregrinación hacia el definitivo Reino de Dios, la sufriente es la que se encuentra, precisamente, en el Purgatorio. Tal es la que traemos, hoy, a nuestras vidas aunque, recordamos, nunca debe salir de ellas.

A este respecto, el Catecismo de la Iglesia católica dice, al respecto del Purgatorio, lo siguiente:

1030 Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031 La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580). La tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura (por ejemplo 1 Co 3, 15; 1 P 1, 7) habla de un fuego purificador:

‘Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo, ni en el futuro (Mt 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno, Dialogi 4, 41, 3).

1032 Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: “Por eso mandó [Judas Macabeo] hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 M 12, 46). Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (cf. DS 856), para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos:

‘Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre (cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? […] No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos’ (San Juan Crisóstomo, In epistulam I ad Corinthios homilia 41, 5).

En realidad, Dios quiere que nadie perezca, sino que todos lleguen a la conversión” (2 P 3,9) y en el Purgatorio se completa la conversión que no hubiera sido perfecta en la vida mortal.

A este respecto, la Beata Ana Catalina Emmerick, en una de sus muchas visiones y relevaciones nos muestra, también, cómo es el Purgatorio. Seguramente es muy importante lo que dice porque puede mover a conversión y a afirmación de su fe a quien lee lo que escribe. Sin embargo, es más importante todavía lo que dijo la Beata alemana acerca de la necesidad de acordarse de las benditas almas del Purgatorio.

En un momento determinado dice lo siguiente (Visiones y Relevaciones completas, Ciudadela Libros, SL., 2012):

“Triste cosa es que las almas benditas sean ahora tan pocas veces socorridas. Es tan grande su desdicha que no pueden hacer nada por su propio bien. Pero cuando alguno ruega por ellas o padece o da una limosna en sufragio de ellas, en ese mismo momento cede esta obra en bien de ellas y se ponen tan contentas y se reputan tan dichosas como aquel a quien dan de beber agua fresca cuando está ya a punto de desfallecer de sed. ¡Ah! ¡Cuánto tienen que padecer las pobres almas a causa de su flojedad y tibieza, de su piedad relajada, de su falta de celo en promover la gloria de Dios y la salud del prójimo! ¿Y qué otro medio hay de socorrerlas, si no es la cantidad satisfactoria que ofrece por ellas aquellos mismos actos de virtud con relación a los cuales se descuidaron durante su vida mortal?

Los santos del Cielo nada pueden hacer en expiación y satisfacción de las culpas que están purgando las almas benditas; todo lo tienen que esperar ellas de la Iglesia militante”.

Y así continua aún con muchas otras palabras que nos informan, para que sepamos a qué nivel de consolación nos encontramos hacia las benditas almas del Purgatorio y para que remediemos tan gran e inmerecido olvido hacia las mismas.

Y es que, podemos decir sin temor a equivocarnos, que existe un olvido grave de las almas del Purgatorio. No es que uno mismo se acuerde poco de ellas (que no lo hace aún no siendo, seguramente, suficiente su presencia en la vida de este pecador) sino que, como aversión a tener en cuenta temas como el del infierno, en las homilías poco se trata este tema porque, a lo mejor, queda un poco alejado del pensar general del fiel católico. Y, sin embargo, siempre están presentes en nuestras vidas las almas que esperan la visión beatífica porque forman parte del pueblo escogido por Dios.

Recordemos, no obstante, hoy mismo, 2 de noviembre, a todas las almas que esperan, en el Purgatorio, su definitiva vida eterna.

Y acabemos como empezamos:

“Padre misericordioso, en unión con la Iglesia Triunfante en el cielo, te suplico tengas piedad de las almas del Purgatorio. Recuerda tu eterno amor por ellas y muéstrales los infinitos méritos de tu amado Hijo. Dígnate librarles de penas y dolores para que pronto gocen de paz y felicidad. Dios, Padre celestial, te doy gracias por el don de perseverancia que has concedido a las almas de los fieles difuntos.

Amable Salvador, Jesucristo. Eres el Rey de reyes en el país de la dicha. Te pido que por tu misericordia oigas mi oración y liberes las almas del Purgatorio, en particular, N… LLévalas de la prisión de las tinieblas a la luz y libertad de los hijos de Dios en el Reino de tu gloria. Amable Salvador, te doy gracias por haber redimido las pobres almas con tu preciosísima Sangre, salvándolas de la muerte eterna.

Dios Espíritu Santo, enciende en mí el fuego de tu divino amor. Aviva mi fe y confianza, acepta benignamente las oraciones que te ofrezco por las almas que sufren en el Purgatorio. Quiero aplicar los méritos de esta devoción en favor de toda la Iglesia Sufriente y en especial por mis difuntos padres, hermanos, hermanas, bienhechores, parientes y amigos. Atiende mi plegaria para que podamos reunirnos en el Reino de tu gloria.

Dios Espíritu Santo, te doy gracias por todos los beneficios con que has santificado, fortalecido y aliviado a estas benditas almas y en especial por consolarlas en los actuales sufrimientos con la certeza de la felicidad eterna. Que pronto se unan contigo y oigan aquellas benditas palabras que las llaman al hogar del Cielo: “¡Vengan, los Bendecidos por mi Padre! Tomen posesión del Reino que ha sido preparado para ustedes desde el principio del mundo” (Mt 25, 34).”

Amén, amén y amén. Ellas lo merecen.

¡Alabado sea el Creador que, por su Misericordia, ha establecido el Purgatorio para que no nos perdamos para siempre!

Eleuterio Fernández Guzmán

     

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 Panecillo de hoy:

Siempre debemos tener en cuenta a las Benditas Almas del Purgatorio.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

30.10.21

La Palabra para el Domingo - 31 de octubre de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 31 sino sábado, 30 de octubre de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

 

 

Mc 12, 28b-34

  

“’¿Cuál  es el primero de todos los mandamientos?’ 29 Jesús le contestó: ‘El primero es:  ‘Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor,  30  y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y  con todas tus fuerzas. 31 El segundo es: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo.  No existe otro mandamiento mayor que éstos.’ 32 Le dijo el escriba: ‘Muy bien, Maestro; tienes razón al decir que  Él es único y que no hay otro fuera de Él,  33 y amarle con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a si mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.’ 34    Y Jesús, viendo que le había contestado con sensatez, le dijo: ‘No estás lejos del Reino de Dios.’ Y nadie más se atrevía ya a hacerle preguntas.”

      

COMENTARIO

 

La verdadera Ley de Dios

 

Muchas de las personas que seguían a Jesús y muchas de las que le perseguían le hacían preguntas. En unas ocasiones era para del Maestro y otras para ver si contestaba de forma que se le pudiera acusar de no seguir la Ley de Dios. Eran, pues, muchas veces, una simple y vulgar trampa en la que, no lo olvidemos, caían los que la habían tratado de plantear. 

Pero la pregunta que le hacen a Jesús y que trae aquí el evangelio de San Marcos es clave. Como para ver si conocía la Ley de Dios esa clase de inquisición podía aclarar muchas cosas para sus presentes oyentes y para los que, en un futuro, conocerían de su doctrina y mensaje. Si la norma divina, en general, estaba constituida por los diez mandamientos que Dios entregada a Moisés, saber cuál es el más importante, el primero, no dejaba de tener importancia. Aunque, claro, el escriba ya sabía la respuesta. Quizá se tratara de una prueba de fe, no sé. 

Como siempre, Jesús sorprende a todos. Y parece mentira que aún no lo conocieran lo suficiente como para saber que ciertas preguntas no se le debían hacer. Y es que no sólo les refiere cuál es el primero de los mandamientos sino, por estar totalmente ligado a él, también se segundo: Dios y prójimo, esos son los ejes por donde ha de ir el corazón del hombre como hijo de Dios. 

Al primero de ellos, Jesús contesta con una respuesta que era de esperar: el Shema :Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Dt 6, 4-5) en el que se expresa, con meridiana claridad, cuál es el más importante de los mandatos divinos, que nuestro Dios es el único Dios. Pero no sólo dice esto. Dice algo que da contenido a esa unicidad de Dios: no sólo es el único Dios sino que, por eso, y por ser hijos suyos, tenemos que amarlo con todo nuestro, su, corazón y con toda nuestra, su, alma y con todo nuestro, su, espíritu y con todas nuestras, sus, fuerzas. 

Podemos preguntarnos que cómo se ama a Dios con todo nuestro corazón, y con nuestra alma, etc. Esto es, evidentemente, cosa difícil, por ese mismo cómo. Y la dificultad está no en lo que hay que hacer sino en nuestra propia naturaleza humana. Sin embargo, si transformado nuestro corazón de piedra en uno de carne amamos a los demás perdonando, queriendo, con misericordia… pues entonces estamos amando a Dios con nuestro corazón. De la misma manera, con toda nuestra alma le amamos si tenemos un contacto con él diario, a cada momento, si nuestro estado de oración es despierto, si preferimos la Palabra que sale de la boca de Dios antes que el pan, como gusto propio. 

De la misma manera, si sometemos, por controlados, los muchos apetitos humanos que nos poseen (concupiscencias incluidas) para, así mostrar, un espíritu más puro y unas ganas, por fuerzas, más acendradas de tener y mantener una relación de exquisita filiación y amor con el Padre Eterno, pues entonces le amaremos sobre todas las cosas y cumpliremos con lo dicho por Jesús. 

Pero Jesús, por si no fuera esto ya demasiado, también les habla del segundo mandamiento general (que englobaría desde el 4º al 10º de los contenidos en las tablas de la Ley: amarás a tu prójimo como a ti mismo) Esto que a veces resulta muy complicado de llevar a cabo, lo llevó, con todas sus consecuencias, escrito en su comportamiento, el mismo Cristo. 

Es de suponer que nadie vaya a someterse a sí mismo a ningún trato vejatorio, a que nadie, contra sí mismo, haga nada que le pueda perjudicar, ni pensará mal de sí mismo, ni se dañará. Pues entonces, eso que hacemos con nosotros mismos es lo que debemos hacer por los demás. Pero, claro, nadie podría argumentar que hace algo malo a otro porque también se lo hace a sí mismo pues esto sería intrínsecamente perverso, además de ser una exclusa en exceso burda a los ojos de Dios.

Por lo tanto, el amor al prójimo, al próximo (véase, por ejemplo, la propia familia) es la otra forma de manifestar amor por Dios. De otra forma se perdería una parte muy importante de esa relación que tenemos con el Padre.

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27.10.21

Ventana a la Tierra Media - Tolkien y el amor a las cosas que crecen

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“Si realmente quieren saber en qué se inspira la Tierra Media, es aquello que me asombra y maravilla de nuestra tierra, en especial, de la naturaleza.”

 (J.R.R. Tolkien)

 

Esta frase de J.R.R. Tolkien ya la utilizamos para otro artículo publicado hace más de dos años. Sin embargo, como el tema de hoy tiene relación, pero en lo íntimo, con aquello… pues nos viene la mar de bien para explicar, en palabras del profesor de Oxford, el meollo de una forma de ser, lo intrínseco, en fin, de un comportamiento muy personal. 

Aquel artículo iba referido a Tolkien como ecologista pero de los de verdad. Al menos tal era nuestra humilde forma de entender las cosas… 

De todas formas, y aunque aquello tenga que ver, en el fondo, con esto de hoy, lo bien cierto es que el título de este artículo no ha sido invención o creación del que esto escribe sino que ha sido extraído de una parte (minúscula, sí) de una carta que el autor de El Hobbit (etc.) escribió al poeta W.H. Auden el 7 de junio de 1955 y que recoge, en el libro de las mismas, la editorial Minotauro (a cada cual lo suyo…) 

Pues bien, en un momento determinado dice Tolkien padre esto que sigue: 

Fue la evolución inevitable aunque condicionada de un dar a luz. Esto ha siempre algo mío: la sensibilidad a la estructura lingüística, que me afecta emocionalmente tanto como el color y la música; el apasionado amor por las cosas que crecen y una profunda respuesta a las leyendas (por falta de una palabra mejor) que tienen lo que llamaría el temperamento y la temperatura noroccidentales.”

 

El caso es que este contenido de la carta de Tolkien a Auden tiene su origen en que, en concreto esto que aquí dice, al poeta le pidió la BBC que hablara de la obra del primero de ellos. Y le dijeron, en concreto, que diera unos “toques humanos” a lo que llegara a decir. Y por eso Auden quiere saber eso de los “toques humanos” a lo que Tolkien le responde con estos “toques” de su pensar, de su ser más íntimo o, en fin, de donde viene todo lo que fue su obra pues, aunque dice él mismo que no escribió El Señor de los Anillos buscando el goce el prójimo que lo leyera no deja de reconocer, sin embargo que “nadie puede realmente escribir o hacer nada de manera exclusivamente privada”. 

J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – Un ecologista de verdad

Pues bien, como decimos (y dice Tolkien) él tenía un apasionado “amor por las cosas que crecen” y eso puede verse más que bien a lo largo de toda su obra.

 

Así, por ejemplo, crece la pintura que empieza con una hoja y acaba siendo todo un cuadro en Hoja de Niggle,

 

Así, por ejemplo, crece su propia obra desde lo que pudiera parecer pequeño hasta convertirse en lo que fue, desde aquel Hobbit que apareció sin saber cómo hasta lo que acabó siendo todo de todo,

 

Así, por ejemplo, crece el ansia de aventura en el corazón de Bilbo cuando él, siendo un mediano, al parecer no debía tener tales ansias de salir de La Comarca,

 

Así, por ejemplo, crece la posibilidad de formar una Compañía que lleve a cabo una misión tan importante como era destruir el Anillo Único,

 

Así, por ejemplo, crece en el corazón de Frodo Bolsón, la valentía suficiente como para encarar aquello que debía hacer sin saber cómo lo iba a llevar a cabo,

 

Así, por ejemplo, crece el propio Hobbit hasta convertirse en El Señor de los Anillos,

 

Así, por ejemplo, crecieron a lo largo de las edades que se sucedieron desde que Eru creara Arda los acontecimientos que, desde los primeros sonidos de la música de los Ainur hasta el domino de la raza de los Hombres, conforman una historia verdaderamente universal, mítica y épica,

 

Así, por ejemplo, y en fin, creció en el corazón de John Ronald Reuel Tolkien una voluntad firme de empezar lo que había acabado y de acabar lo que había empezado.

 

Como podemos ver, en el mundo propio de la Tierra Media, en su creación y en su posterior desarrollo, fueron muchas las cosas que crecieron, muchas las voluntades que hicieron lo propio y, por decirlo pronto, mucho el Bien que también creció en los corazones de otros muchos para que el Mal saliese vencido en ese Monte del Destino donde nació y creció un Anillo que debía tener un final como el que tuvo. Y es que crecer, si se trata del Mal, ha de crecer lo justo hasta que sea destruido. Y no más.

Eleuterio Fernández Guzmán- Erkenbrand de Edhellond

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Tierra Media: otra Tierra, esta Tierra. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

25.10.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Perdónalos; perdónanos

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Perdónalos; perdónanos

  

“¡Si Dios no pide nada difícil! Si con el vaso de agua ofrecido a un pobre se gana el Cielo. ¿No lo vas a conseguir tú más por un impulso de caridad? 

Perdónanos, perdonando, es lógico y necesario, pero que Tú nos perdones sin vales o visitas del cobrador, por caridad, a secas, madura, jugosa y dulcemente, como es la bondad con que consideras, ¿cómo hacerlo justo? 

Olvídalo todo, Señor, y perdónalos con los brazos abiertos en lo poco de amor que hacen, incluso cuando no saben lo que hacen. “ (Mesa redonda con Dios, p. 221)

  

El apartado que contiene este texto de titula “Cuando pasa el cobrador” y lleva entre paréntesis la expresión “Perdónanos” pues sigue el Beato de Linares (Jaén, España) escribiendo sobre la realidad misma del Padre Nuestro en la vida de su prójimo y, claro, también en la suya. Y ahora le corresponde a un apartado tan especial como es el del perdón. 

Ciertamente que, como dice Lolo, lo que Dios pide a su descendencia no son grandes cosas en el sentido de algo así como actuaciones grandilocuentes. Al contrario es la verdad: en lo sencillo de un acto de amor se encuentra la mismísima salvación eterna. Y por eso habla sobre el vaso de agua que se le puede ofrecer a quien lo necesita. Ahí radica una voluntad misericordiosa y buena que es la que fomenta Dios en sus hijos y la que transmitió su Hijo engendrado y no creado cuando fue enviado al mundo para que el mundo se salvase y no para juzgar al mundo… 

Además, aquí juega mucho la fe que tenemos y que nos impulsa, por caridad (como dice Lolo) a llevar a cabo las acciones mejores en beneficio de aquellos que las necesitan. Y así es como Dios, que conoce todo lo que hacemos, nos acepta como hijos que saben lo que deben hacer y no se dejan dominar por el egoísmo. Y por eso creemos que nuestro amigo de Linares nos dice eso de “por un impulso de caridad” pues esta virtud cardinal nos lleva a hacer lo bueno y mejor que nuestro corazón sabe que hay que hacer. 

Y entonces Lolo se dirige directamente a Dios a quien le pide perdón. Sí, quiere que nuestro Padre del Cielo perdone a todos los que necesitan ser perdonados por aquello que no deberían hacer o pensar en hacer. Pero quiere que su perdón lo sea por caridad, por Amor del Todopoderoso y no a cambio de pedirnos cuentas… 

El caso es que Lolo se pregunta cómo es posible hacer justo el perdón si es por puro Amor de Dios. Y nosotros creemos que lo es por aplicación de la Justicia divina condicionada por el Amor, por la Caridad, que es lo que mejor muestra cómo es el Padre Eterno. 

Es cierto y verdad que, sobre esto, sobre aquello que debe ser perdonado, hay mucho sobre lo que hablar. Es decir, muchas veces caemos en tantas y tantas tentaciones pero hay otras muchas veces en las que no hace falta que nada ni nadie nos tiente porque somos nosotros mismos quienes nos fabricamos las caídas. Y por eso dice el linarense universal, se lo dice y pide a Dios, que nos perdone a pesar de tales comportamientos e, incluso, si es el caso de no saber qué se hace (que también es posible que suceda eso) 

Lolo quiere que se nos perdone por lo mal que tantas veces lo hacemos. Pero estamos seguros (aunque esto nos pueda parecer extraño) que también se refiere a él mismo por lo que pudiera él tener por algo contrario a la Voluntad de Dios. Por eso dice, claro, “perdónanos” y, aunque nosotros creamos que a Lolo poco podía perdonarle Dios por según cómo era y hacía también creemos que él se sabía dentro de una humanidad pecadora y, a lo mejor, en lo muy poco, también caía según pudiera pensar nuestro amigo.

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.