InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Un amigo de Lolo

14.03.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Felicidad entrevista

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

  

Felicidad entrevista

  

“¿Envidia de José? Bendito tú, con tu vara sobre los hombros y la carretera siempre delante, pero bienaventurados también nosotros, los demás pobres hombres, con nuestra incógnita, nuestro peligro, nuestro doliente forcejeo, nuestro bárbaro caminar, felices en nuestro gozo, en el conocimiento, en el grato placer d ella vida degustada, en la hermosa ambición del alma, en nuestra promesa. Bienaventurada nuestra interrogación, que nos da la fuerza de la lucha. Felices, entre tanto, los hombres que pueden entrever la felicidad y saborearla en su conciencia y en su conocimiento.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 38)

 

Debemos poner en antecedentes a los lectores.

 El José a quien se refiere Lolo es aquel al que llaman “el tontito” pues es un hombre que se encarga de llevar las vacas “del pueblo a la planta, y de la planta a la aldea”. Sin embargo, aunque pudiera parecer persona simple, a Lolo le parece “Un hermoso portento de inocencia que se estira” pues es, sí, grande pero inocente como un niño. Es más, “Tiene barba y vive aún puro, incluso ha de morir puro”. Y, otro es más, es José “un hombre eterno, con asiento ya seguro de gloria”. 

En fin… así es la persona a la que se refiere el Beato de Linares (Jaén España) cuando habla de la envidia que se le puede tener pero, a la vez, escribe sobre lo que supone el corazón del hombre y la felicidad… 

El caso es que Lolo sabe que José, siendo como es, es feliz a su manera y siente por la vida un agrado propio de su ser. Y eso le hace decir a Lolo lo que a continuación escribe y que nos muestra hasta qué punto comprende nuestro amigo a la tan quebradiza felicidad. 

Sabe Lolo que también él es un “pobre hombre” en el sentido tierno y exacto de la expresión. Y es que, en realidad, por mucho que podamos creer que somos, nos encontramos en la misma senda de vida que José y no sabemos el qué será de nosotros ni de nuestra existencia, ni a qué peligros nos vamos a enfrentar o, en fin, que tampoco estamos muy seguros de nuestro propio camino, por el que ahora pasamos y por el que caminaremos en el futuro. 

Es de todas formas es, somos, feliz y felices según nos dice Manuel Lozano Garrido, cuando gustamos la vida pero teniendo en cuenta que eso no ha de querer decir que nos quedemos algo así como embelesados ante un devenir que puede resultar bueno para nosotros. No. Debemos ambicionar aquello que nos pueda hacer bien y que sea en beneficio de nuestra alma, de aquello que queremos llegar a ser, de aquello que, a lo mejor, ya somos. Pero sí, felicidad que gustamos porque en ella nos vemos representados en este presente y en el que vendrá, que será ahora futuro y, cuando llegue, otra vez presente… 

Podemos decir, llegando hasta el mismo extremo de lo que puede ser del que nos habla Lolo, que es bienaventurado, incluso, el qué será, lo que ha de venir, lo que vendrá

Sobre todo esto, ya podemos imaginar que, siendo la situación de Lolo como era en aquel tiempo (y que, incluso, iba a empeorar físicamente) cuando él habla de “entrever la felicidad” podemos entender que, en el sentido exacto de tal expresión, lo que quiere decirnos es que son felices aquellos que son capaces, en el discurrir de su existencia y en todas las circunstancias que rodean a la misma, de barruntarla. Y sí, a lo mejor pudiera parecer difícil eso pero, en el fondo, supone una liberación del pesimismo y un acercamiento exacto y perfecto a lo bueno de la existencia: entrevé Lolo la felicidad porque la distingue y, al final, la adivina y la sabe cabe sí. Él, de verdad, es feliz y se siente así de bienaventurado. 

Que así sea, para nosotros, es lo que deseamos y anhelamos, al estilo Lolo.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

7.03.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Saber lo que importa de verdad

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

  

Saber lo que importa de verdad

 

“Beber, comer y amar, pero aprisa, rozándolo apenas en lo fundamental. Lo importante es subir, hurgar con nuestro corazón el cielo, tan limpio, tan ancho, tan puro, tan glorioso. A la mañana, pasa que te asa; a la tarde, gira que te gira, volando siempre, sin apenas caer en el tiempo, para que nos sorprenda así, en el aire, e inefable y dorado viento del otoño de la vida.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 32)

 

Ciertamente, tanto estas palabras como aquellas que las preceden, y que en un momento determinado dan título a este libro de Lolo (Las golondrinas…) son un verdadero programa de vida y de existencia que retratan a Manuel Lozano Garrido, a suyo, a la intención de ser como es, digamos, a la perfección. 

Antes nos ha estado hablando de que a las golondrinas, que nunca saben la hora, sólo les importa el “hoy”, “este momento”. Y es que, en verdad, es lo que debería importarnos a cada uno de nosotros pues, como se suele decir, el ayer nada puede hacer en tu vida y el mañana… Dios dirá. Y eso es lo que le pasa a Lolo: que vive el ahora mismo como si fuera el último momento de su vida. Lo que pasa es que se le unía un ahora mismo con otro ahora mismo… y así sucedió hasta que fue llamado a la Casa del Padre un 3 de noviembre de 1971. 

Es verdad que podría pensarse que aún está hablando del ser mismo de la vida de la golondrina. Sin embargo, es más cierto que se debe estar refiriendo (en las palabras que hemos puesto arriba) a una forma de ver las cosas que es muy suya y que comparte con sus lectores para que, si es posible y sabemos, nos aprovechemos de ellas y de todo lo que contienen. 

Podemos decir que Lolo tiene muy claro qué es lo que de verdad importa. No es, precisamente, aquello que, humanamente podríamos pensar: beber, comer, amar… Y no es que no crea que no es importante eso pues sin lo primero y lo segundo, seguramente, no viviríamos mucho. Lo que pasa es que para este de Beato de Linares (Jaén, España) hay algo que está por encima del común comportamiento ordinario del ser humano. Y nos referimos a que quiere tener una visión vertical de su vida y mirar al cielo, arriba, donde consideramos que está Dios. 

De todas formas, nadie crea que Lolo no tiene a bien su relación horizontal con el prójimo pues estaría muy equivocado quien eso pensase. Y es que ya sabemos la entrega total que tiene nuestro amigo con quien se le acerca o que, en la distancia, le escribe una carta, entonces, que aún eso se hacía… 

Con esto queremos decir que Manuel Lozano Garrido quiere, en cada momento del díatener presente una realidad espiritual tan importante como es lo que está más allá de este mundo, ese Cielo donde Dios lo espera a él y a cada uno de sus hijos. 

Esto lo dice porque reconoce que el Cielo es “tan limpio, ancho, tan puro, tan glorioso” porque, de verdad, tiene por cierto y verdad que allí no han mancha, que cabe todo aquel que quiera estar en él, que en el mismo no nada hay corrupto ni oscuro por sus pecados… 

Bien podemos decir que la visión que tiene Lolo de aquello que es mejor y, sobre todo, de aquello que es verdad, la Verdad, no puede ser más acertada. Por eso, conoce muy bien lo que le importa en primer lugar y que es, sin despreciar otras cosas de necesidad diaria, lo que Dios tiene preparado para él y para todo aquel que crea en su Ser, su Existencia y su Poder. 

Lo único que lamentamos de todo esto que nos dice Lolo es que a él sólo le llegase la cosa hasta ver caer “alguna” hoja del otoño de su vida por una muerte tan temprana (con relación a tal otoño del que habla) como fue la suya. 

De todas formas, de lo que estamos más que seguros es de que ahora mismo (bueno, desde hace bastante tiempo) goza de aquello que aquí tiene por bueno y mejor. Y bien merecido que lo tiene, vaya que sí.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

28.02.22

Un amigo de Lolo “Lolo, libro a libro” - Vivir siempre de la esperanza

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

  

Vivir siempre de la esperanza 

“Sentado a la terraza, cuando la sirena ulula para recordarme el fin de la labor y la tarde se bruñe como un medallón antiguo, es útil tener delante un pasado que, aunque hermoso, no nos hiere, porque el corazón sigue echando raíces en la vida, al aire las ramas y esos nidos en medio que son la ilusión y el esfuerzo de cada hora y la conciencia de un espíritu común. Nuestro hoy no es más que una semilla del mañana y, el oro de entonces, se lo damos ya ahora mismo a los recuerdos.” (Las golondrinas nunca saben la hora, pp. 30-31)

 

Esto lo escribe Lolo en fecha de 19 de junio de 1961 y a nosotros, tantos años después de que dejara por escrito esta impresión de aquel día, nos parece que son las palabras de una persona que reconoce lo que ha pasado en su vida pero que, sobre todo, sabe muy bien que está, ahora, en aquel su “ahora” y que además tiene un mañana que ha de llegar.

Digamos que para el Beato de Linares (Jaén, España) aquel momento del día era muy especial. Y esto lo decimos porque habla de que la tarde se “bruñe” que es lo mismo que querer decir que aquel momento, en aquel momento, se saca brillo y se “lustra” o, lo que es lo mismo, se saca la luz que hay en, por ejemplo, aquel momento del día, como decimos arriba.

Esto lo decimos porque en tal momento a Lolo le vienen a la mente y al corazón los recuerdos del pasado. Lo que pasa es que para este nuestro amigo no es nada malo lo que refiere el mismo sino, al contrario, algo gozoso que tiene en cuenta para su propio bien espiritual.

Lo que dice Lolo es que su pasado, que fue hermoso, no le hiere el corazón o, lo que es lo mismo, no le amarga el presente que, digamos con franqueza, no es físicamente el mejor que pueda tener una persona. Sin embargo, para Manuel Lozano Garrido no es así la cosa sino que lo tiene, por pasado, como algo de lo que obtener fuerza para su presente y para lo que la vida le pueda deparar aún.

De todas formas, lo que nos ha hecho titular estas letras haciendo uso de la palabra “esperanza” es lo que dice Lolo después de escribir sobre el pasado que no le hiere. Y es que sabe que en su vida la ilusión es lo que prevalece y que la esperanza por lo que lleva a cabo y por lo que ha de venir, no empequeñece sino que engrandece a cada momento.

Sobre esto, hace uso Lolo de una imagen, la del árbol, que luego haría efectiva en su novela “El árbol desnudo” (algo más que autobiográfica) y, quizá podamos encontrar aquí lo que luego narraría en tal novela.

Pues bien, para este hombre, tan afectado ya entonces (veinte años le contemplan de enfermedad) su corazón no ha dejado de echar raíces sino que, al contrario, las sigue echando y teniendo, además, unas ramas a modo de brazos abiertos al mundo en las que anidan la ilusión y el esfuerzo de cada hora que, como sabemos por los testigos de aquello y por lo que dejó escrito, no fue poco sino mucho y más que mucho. Y creemos que con tal “echar raíces” nos quiere decir Lolo que no ha dejado de querer que su vida en el mundo se sustente en lo que él cree bueno y mejor para la misma.

¿Acaso el hoy termina en el hoy?

No. Lolo tiene por verdad que el mañana tiene un “ayer” y que el mismo no deja de ser “hoy” y que tal hoy no es más que una semilla que fructificará, precisamente, mañana. Por eso mantiene siempre viva la esperanza, la suya, de que lo que ha de venir tendrá su sustento, además, en el pasado al que no quita ni un ápice de importancia en su corazón y, así, en su propia existencia. Y lo llama “oro”, como lo más preciado en su vida sin olvidar el presente y lo que vendrá.

Esperanza, a eso bien le podemos llamar esperanza en estado puro.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

21.02.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Con un corazón chorreante

Presentación

Lolo junto a la Virgen sujetando un velón el día de su Primera Comunión

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

 

Con un corazón chorreante…

  

“A la Comunión, yo fui vestido de marinero, sin gorra, claro, con una gran vela de lazo y otro en el antebrazo, más una gran banda atravesada en el pecho, con un corazón chorreante, pintado por las monjitas.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 28)

 

Hoy hemos querido sustituir la imagen con la que iluminamos los artículos de Lolo porque lo que escribe en el texto que hemos traído invita a ello. Es decir, que el Lolo en su sillón de ruedas ha venido a ser el Lolo el día de su Primera Comunión o, al menos, con una fotografía que coincide a la perfección con lo que aquí nos dice. Esto último lo decimos porque es probable que en aquel entonces no se estilara la moda de fotografiar a quien recibe su Primera Comunión días antes en algún estudio de fotografía y, casi seguro, sea del mismo día. 

Pues bien, ahí tenemos a Manuel Lozano Garrido en el día en el que, por primera vez, recibió el Cuerpo y la Sangre de Cristo que, si nos atenemos a las cosas como son, fue el 9 de mayo de 1929. 

Debemos decir que nos alegramos más que mucho de que la descripción que hace Lolo de sí mismo en al día en ese su libro de Las Golondrinas nunca saben la hora coincida a la perfección con la imagen que aquí traemos. Y es que, se diga lo que se diga, esta imagen vale por muchas palabras aunque tengamos que decir algunas…

 Es casi seguro que nuestro amigo, a la edad en la que está tomada esta imagen fuera algo así como una fierecilla aún por domar. Y es que, como hemos dicho en anteriores artículos, él mismo habla de cómo eran en la escuela en aquel entonces y, francamente, distaban mucho de ser “angelitos” cosa que, por cierto, suele ser lo normal a tal edad. Pero aquí lo vemos serio y más que serio. Y es que la ocasión merecía tal seriedad. 

Lolo: 12 aniversario de Mi Primera Comunión | Beato Manuel Lozano Garrido,  beato Lolo

Todo apunta a lo que suele acompañar a quien recibe su primera Comunión: la velón, la medalla, el librito que puede adivinarse en su mano derecha apoyado en la mesa muy cerca de la imagen de la Virgen (en otra imagen, vemos a Lolo apoyado en la mesita con el librito abierto Pero en este caso hay algo que nos gustaría comentar y que muestra muy bien lo que sería Lolo en el futuro o, mejor, cómo se manifestaría Lolo en el futuro.

 Esto lo decimos para referirnos al “corazón chorreante” que lleva en una banda que le atraviesa el pecho (nunca mejor dicho esto al respecto de tal corazón) y que, al parecer, le pusieron allí las “monjitas”, como dice Lolo. 

Es cierto y verdad que Lolo, como suele decirse, nos ha dejado el balón botando para que lo rematemos a la perfección. Y es que todo, en su vida, fue expresión, precisamente, de tener un corazón chorreante de amor y, además y primero, de aceptar en la misma al que lo es de Cristo, chorreante de gozo por ser Hijo de Dios y por servir a su Padre del Cielo. 

Podemos imaginar que el tal corazón de refiere al Sagrado Corazón de Jesús al que se suele representar, eso, chorreando sangre pues la suya chorreó y mucho en el momento clave de su Pasión y tal expresión de sufrimiento y Amor es propia, la tenemos por propia, del Hijo de Dios. Y es que Lolo iba a recibir a Quien iba a ser su amigo y su Dios ya para siempre, siempre, siempre, como dice la santa llamada Teresa de Jesús al referirse a la vida eterna.

 El corazón de Lolo, a lo largo de su vida, podemos decir que aceptó en su existencia el sangrado que es el sufrimiento y el dolor. Y, poco a poco, “alfilerito” a alfilerito (como dice él mismo de cómo se sentía en cuanto al dolor, como si le clavasen…) fue conformando una existencia muy acorde con aquel “corazón chorreante” que las monjitas le pusieron allí, justo atravesando el pecho que es, además, una imagen muy fuerte de cómo fue la vida de Lolo: atravesado por el dolor pero, a la vez, gozoso por saber sobrenaturalizar el mismo.

 Es curioso, además, ahora que nos damos cuenta, que cuando el Beato de Linares (Jaén, España) habla de cómo se siente clavado en todo su cuerpo, no habla de “alfileres”, así dicho en normal, sino de “alfilerito” lo cual denota hasta, digamos, una aceptación mayor hacia lo que le pasa por hacer del diminutivo con el que, por lo general, expresamos cierto contento o, en todo caso, no desazón…

Y no hablamos, porque creemos que el artículo de hoy era por otra cosa, del gozo que debió suponer para Lolo recibir a Cristo en su cuerpo. Vamos, como para ponerse a saltar de alegría entonces que aún podía…

   

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

7.02.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La gloria del martirio

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

  

La gloria del martirio

 

“Como digo, el Padre que nos pastoreaba era muy anciano y ya no hacía otra cosa que eso: contar cuentos en la sobremesa y fumar largos puros, que nosotros le regalábamos, por cajas, en su santo, para luego pedirle la ceniza durante las pausas que tenía que hacer en los relatos. En realidad, nunca refirió más que un solo cuento, el del Ojancoy la Ojanca, sin principio ni fin, que conocimos cuatro generaciones de hermanos. A lo más, el menor alcanzó hasta el Ojanquillo, cuya vida se quebró, al par que la del viejo, una tarde, ya en guerra, que preparó unos bizcochos, porque le indicaron que iba de viaje y con lo que se encontró fue con la muerte ante una pared, que para él vino dulce y esponjada en el vino de jerez de la gloria.“ (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 27)

 

Lolo se refería, en este texto, a un Padre ya muy mayor al que tenían encargado tener algo de cuidado de aquellas “fieras” entre las que se encontraba Lolo estudiando en los Escolapios de Linares (Jaén, España). Y lo hace con amor hacia quien, ya en su vejez más acentuada aún tenía ilusión por hacer aquello que, sí, era bien poco pero tan importante para él como lo más importante que pudiera llevar a cabo. 

Pues bien, aquel Padre “viejecito” (como dice Lolo) tuvo un final terrible y es lo que da título al artículo de hoy. 

En un libro de Lolo expresa muy íntimamente que a él también le hubiera gustado ser mártir. Pero no creemos que lo dijera porque buscara el martirio a propósito sino porque, al contrario, se encuentra sin buscarlo sino, así, por cosa de los hombres y sus maldades. Por eso comprende muy bien lo que entonces le pasó al Padre viejecito que tenía cuidado de aquellos chavales antes de que empezara a manifestarse lo peor que puede haber en el ser humano cuando el odio lo conduce todo. 

Digamos, aunque sea por apuntarlo siquiera, que el tratamiento que hace Lolo de aquel hombre de fe y piadoso es más que tierno. Y es que recuerda lo que su corazón guardo acerca de la actividad que llevaba a cabo un anciano que, siendo religioso, tenía seguridad más absoluta que hacía lo que debía hacer y aquel deber, por sólo ser lo que era, le llevó a una muerte que, seguramente, tampoco habría tardado mucho en llegar por la edad que tenía y como suele proceder la naturaleza… Sin embargo, para Manuel Lozano Garrido lo que más le dejó marcado fue, precisamente, el martirio del Padre viejecito. 

Hay que decir que la maldad, siendo mala, puede llegar a ser verdaderamente perversa y abusadora. Y es que entendemos de este texto que los matarifes del Padre viejecito le dijeron que se iba de viaje y por eso el bueno hombre se preparó unos bizcochos que, sin duda, acabaron por tierra cuando sonaron las descargas que lo llevaron a la muerte ante lo que sólo pudo ser incredulidad por su parte: ¿qué había hecho él para merecer aquello?, seguramente, se preguntó si es que le dio tiempo a hacerlo… si se iba de viaje y, claro, el viaje que le procuraron fue adelantar su llegada a la Casa del Padre en la que esperamos está gozando de la Visión Beatífica y de la Bienaventuranza. 

Aquella pared en la que fue fusilado el Padre viejecito cumplió un función para la que no estaba preparada: sirvió de pasaje a la gloria y lo hizo de una forma totalmente ajena a la propia naturaleza de una pared. Y es que la misma, con ser dura (imaginemos las de antes…), se había transformado en algo dulce y esponjoso pues aquel hombre, que había dado su vida por la fe que tenía y lo había hecho de forma totalmente inmerecida, bien merecía que deviniese muy bueno lo que, para él, había sido fatal de toda fatalidad. Aunque, a este respecto, nunca sabremos si, secretamente, también anhelaba el martirio como, como dijimos antes, Lolo ansiaba según las circunstancias por las que pasaban los creyentes de aquellos años. Aunque, claro, querer sí pero buscar, eso no y nunca.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.