InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Apostolado Laico - Comentarios de Precepto

1.11.11

Todos los santos que en cielo son

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Todos los santos

Cada año, cuando llega la fecha del 1 de noviembre, vienen, a nuestra memoria, la vida y hechos de aquellas personas que, por su comportamiento y cumplimiento de la Palabra de Dios son un ejemplo para el esto de cristianos.

Es cierto que, a lo largo del año celebramos a muchos santos, pero la Iglesia entiende que es importante dedicarles un día para que, al menos, tales 24 horas, sirvan para tener una conciencia, en conjunto, de aquellas personas que son, además, muy amadas por Dios aunque no estén propuestas por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana porque, simplemente, eso resulta de todo punto imposible.

De aquí que el beato Juan Pablo II, en la Homilía que sobre esta festividad de Todos los Santos del año 1997, dijera que “Durante todo el año celebramos la fiesta de muchos santos famosos. Pero la Iglesia ha querido recordar que en el cielo hay innumerables santos que no cabrían en el calendario”.

Sin embargo, no deberíamos creer que la fecha del 1 de noviembre es, exclusivamente, para que no olvidemos a los Santos sino que va mucho más allá porque va dirigida, tal fecha, a recordarnos la vocación a la santidad que cada persona creyente tiene.

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15.08.11

María subió a los cielos en cuerpo y alma

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Ascensión a los cielos de María

Hoy María Virgen subió
a los cielos: alegraos
porque con Cristo reina
para siempre

Era lógico que ella, que había mantenido íntegra su virginidad en el parto, debe tener su propio cuerpo libre de toda corrupción, incluso después de la muerte. Era lógico que ella, que había llevado al Creador como un niño en su seno, deberían vivir juntos en los tabernáculos divinos. Era conveniente que el cónyuge, a quien el Padre le había tomado para sí, debe vivir en las mansiones divinas. Era lógico que ella, que había visto a su Hijo en la cruz y que habían recibido por lo tanto en su corazón la espada de la tristeza que se había escapado en el acto de dar a luz, debe buscar en él como él se sienta con el Padre. Convenía que la Madre de Dios debe poseer lo que pertenece a su Hijo, y que debe ser respetado por todas las criaturas como la Madre y como sierva de Dios.”.

Estas palabras, de San Juan Damasceno, en concreto de su Encomino Dormitionem Dei Genetricis semperque Virginis Mariae (Hom. II. N. 14) vienen a manifestar que no otra cosa podía acaecer al respecto de la Virgen María que no fuera su Asunción, a los cielos, en cuerpo y alma.

Así, otro santo, Roberto Belarmino, en sus Canciones habitae Lovanii (n. 40, De la Asunción B. Mariae Virginis) dice que “¿Y quién, pregunto yo, podía creer que el arca de la santidad, la morada de la Palabra de Dios, el templo del Espíritu Santo, podría ser reducido a la ruina? Mi alma está llena de horror ante la idea de que esta carne virginal que había engendrado a Dios, le había traído al mundo, había alimentado y se lo llevó, podría haber sido convertidos en cenizas o entregado como alimento para los gusanos“.

María, por lo tanto, ascendió a los cielos en cuerpo y alma, realidad espiritual y material que tenemos como dogma desde que Pío XII así lo declarara en la Constitución Apostólica (de 1 de noviembre de 1950) “Munificentissimus Deus”.

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6.01.11

Comentarios de Precepto - 6 de enero - Epifanía del Señor

Reyes Magos

Esto se ha realizado, lo sabemos, en el hecho de que tres magos, llamados de su lejano país, fueron conducidos por una estrella para conocer y adorar al Rey del cielo y de la tierra. La docilidad de los magos a esta estrella nos indica el modo de nuestra obediencia, para que, en la medida de nuestras posibilidades, seamos servidores de esa gracia que llama a todos los hombres a Cristo

San León Magno
Sermón en la Epifanía del Señor

El texto de San León Magno nos muestra la importancia intrínseca que tiene el día de la Epifanía del Señor y nos pone en el camino hacia el reconocimiento de la voluntad de Dios y de su cumplimiento.

Se manifiesta Jesús como quien es: Mesías de Israel. Además, es hijo de Dios y Salvador del mundo. Así se manifiesta aquel pequeño niño al que habían ido a adorar unos sabios llegados de muy lejanas tierras llevados por una fe, protocristianos, y conducidos por el Espíritu Santo a través de una estrella.

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8.12.10

La sin pecado

Inmaculada

Fue en 1854 cuando Pío IX, mediante la Bula “Inneffabilis Deus” estableció, el 8 de diciembre de aquel año, como dogma, la denominada Inmaculada Concepción de María. Con eso no impuso nada, ni estableció una obligación para que los creyentes asintieran sin más. Aquel Pontífice, mediado el siglo XIX, lo que hizo fue fijar, en una Bula, lo que desde hacía muchos siglos ya se tenía bastante claro por parte de los creyentes, de la jerarquía y por todo aquel que tuviera conocimiento de la realidad de la Madre de Dios. Es ésta la fiesta que celebramos hoy, éste el sentido primero de esta celebración gozosa.

La sin pecado

Los cristianos reconocemos que María, Madre de Dios y Madre nuestra, tiene un lugar muy importante en nuestra vida. Además, los católicos sabemos que tal lugar lo ocupa también por ser intercesora nuestra y porque el Amor de Dios nos la ha entregado dotada de unas virtudes y cualidades que enriquecen su persona.

Y nos induce, el Espíritu, a creer en lo inmaculado de su concepción. Y por eso lo consideramos dogma porque es una realidad espiritual que no queramos sea cambiada porque responde, según entiende la Iglesia católica y, por eso, sus fieles, a la verdad de las cosas.

Sin embargo, lo que en verdad tiene importancia es el hecho mismo de que María fuese concebida sin pecado.

Así, aunque la naturaleza humana de María es esencialmente igual a la nuestra (pues todo ser humano es semejanza de Dios) no es menos cierto que las cualidades que la adornan le conceden una situación espiritual privilegiada.

Por eso dice Pío XI dejó escrito que “era convenientísimo que brillase siempre adornada de los resplandores de la perfectísima santidad y que reportase un total triunfo de la antigua serpiente, enteramente inmune aun de la misma mancha de la culpa original.”

Desde aquel 8 de diciembre de 1854 celebramos, los fieles seguidores de Cristo en el seno de la Iglesia católica, un tal día como el octavo del último mes del año (comenzado, ya, el Adviento) en el que Dios quiso, y así lo transmitió en la Revelación, que Su Madre fuera “toda hermosa y perfecta”.

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1.11.10

Comentarios de precepto . -1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos - De la santificación

Están dedicados los “Comentarios de Precepto” al oportuno y merecido acercamiento a determinados días del año que considera la Iglesia Católica deben ser celebrados aunque no coincida su celebración con el Día del Señor. En concreto este año 2010, el 1 de enero, Santa María, Madre de Dios; el 6 de enero, Epifanía del Señor; el 19 de marzo, San José, Esposo de la Virgen María; el 8 de diciembre, la Inmaculada Concepción de la Virgen María; el 25 de diciembre, la Natividad del Señor y, precisamente, hoy mismo, 1 de noviembre, Todos los Santos.

Toddos los santos

De la santificación

Según una de las acepciones de la palabra “santo”, éste, o éstos, son aquellos que, como personas, muestran una especial virtud y son, por eso, ejemplo para sus semejantes.

Es en este día, primero del mes de noviembre, cuando recordamos, solemnemente, a todos los que, cumpliendo aquellos, digamos, requisitos espirituales cuando no materiales, se encuentran disfrutando de esa eternidad tan justamente donada por Dios.

Pero la santificación y, así, la santidad, es un, digamos, estado al que podemos acogernos aquí mismo como aquí mismo, traído por Jesucristo, ya disfrutamos del reino de Dios.

Dice S. Josemaría en “Es Cristo que Pasa” (9) que “No miramos al mundo con gesto triste. Involuntariamente quizá, han hecho un flaco servicio a la catequesis esos biógrafos de santos que querían, a toda costa, encontrar cosas extraordinarias en los siervos de Dios, aun desde sus primeros vagidos. Y cuentan, de algunos de ellos, que en su infancia no lloraban, por mortificación no mamaban los viernes… Tú y yo nacimos llorando como Dios manda; y asíamos el pecho de nuestra madre sin preocuparnos de Cuaresmas y de Témporas…

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