J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – En el principio era El Silmarillion…

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El que esto escribe leyó una vez (siento no saber dónde) que alguien, cuando en su día, ante la lectura de la obra de J.R.R. Tolkien dijo algo así como “Total, empieza como la Biblia…”.

Esto quería decir o, pensamos, quería decir quien eso dijo, que se trataba de una obra que no tenía nada original porque daba comienzo como lo hacía una obra espiritual tan conocida como la Sagrada Escritura; luego, seguramente se pensaba que no se trataba más que de una copia de esta…

En fin… casi estamos seguros de que aquella persona, la que leyó aquello y dijo eso, no siguió mucho más adelante de aquella expresión que dice eso de “En el principio era Eru”, que tanto tiene que ver con “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis, 1,1)

Decimos, antes de seguir, que este artículo no tiene que ver con el sentido religioso que tiene la total obra del profesor de Oxford (para eso ya habrá otro momento) sino con el ir al principio de todo, a la obra para la que tantos años, y durante tantos años, trabajó Tolkien padre y que fuera terminada por Tolkien hijo, a la sazón Christopher, fallecido el 16 de enero pasado y, creemos, ya en las Tierras Imperecederas.

Pues bien, sí, El Silmarillion fue, era, el principio de todo. Y lo era porque eso era lo que quería su autor. Sin embargo, bien sabemos las vicisitudes que tuvo tal obra, el papel que jugó un personaje que vivía en un agujero (y no un agujero cualquiera…) y, en fin, la continuación de toda aquella inesperada aventura que no fue, sino, otra cosa que El Señor de los Anillos.

Pero, por decirlo pronto, El Silmarillion es la fuente de todo lo que vino después. Y, como tal, a la misma debemos acudir para mitigar una sed que, muchas veces, parece insaciable. Y eso porque en el origen de todo está, claro, el mismo todo y a él nos debemos…

Que Tolkien hijo hiciera lo que hizo con El Silmarillion es muy de agradecer. Y es que podemos imaginar que él supiera todo lo que su padre había escrito y sufrido con la obra que tantos años atrás había querido publicar pero que no fue capaz de ser entendida por aquellos a los que había sido destinada su lectura por si acaso era de su interés darla a la luz pública. Seguramente, aún no estaban preparados para eso…

Ciertamente, quien ha leído a J.R.R. Tolkien sabe más que bien que debe estar agradecido y mucho más al contenido íntegro de El Silmarillion. Por eso estamos seguros de que se vuelve, de vez en cuando, a su lectura. Y se vuelve porque es inagotable el filón de oro que contienen tales páginas. Y sí, nunca cansa releer una u otra vez lo que les pasa a los personajes allí reflejados, en aquellos Días Antiguos origen, por eso mismo, de los nuevos o por venir…

Ya en otro artículo dijimos algo sobre lo que representan los títulos, precisamente de esta obra, en el comprender la de Ronald Reuel. Y es que son, por lo maravilloso de los mismos, un punto sobre los que apoyarse o, mejor, un escabel desde donde poder ver (en la altura de este) las tierras remotas y, a la vez, cercanas, de la Tierra Media.

De todas formas, aquí no se trata de eso (sería redundancia, claro está) sino de conocer y, así, reconocer, que en los mismos se encierra (y no para que nadie lo sepa sino, justamente, para lo contrario) toda la esencia de lo que iba a venir luego, de una obra magnífica y maravillosa que tiene sus raíces en los acontecimientos de aquella Primera Edad de las criaturas subcreadas, en el Principio de todo.

Sí, antes de todo lo que iba a venir Eru creó, a través de la subcreación, un mundo, el mundo. Y a través de la música de unos sorprendidos Ainur todo lo que debía ser… fue.

Y así se van sucediendo los acontecimientos. Y se nos habla de los Valar y de los Maiar, de aquellos que habían sido creados por Eru/Ilúvatar y por su poderosa voluntad. Y quiénes eran, y lo que hacían, pensaban y anhelaban y, en fin, de lo que quisieron y no pudieron alcanzar, de sus sueños como entes muy poderosos…

Es cierto y verdad que es Christopher Tolkien quien, digamos, da forma a El Silmarillion para que el mismo pueda tener sentido porque, como sabemos, no se trata de una obra, así, escrita página tras página hasta terminarla como luego sería El Hobbit o El Señor de los Anillos. No. Estamos ante una serie de narraciones, digamos leyendas que, ordenadas de determinada forma, hacen legible lo que podría haber sido un batiburrillo de palabras del que poco podíamos haber sacado de bueno (y eso es lo que pensó quien, en un primer momento, leyó aquellas primeras páginas dispersas…) Y es que sí, una a una, las leyendas que contiene El Silmarillion son a cual mejores pero unidas, de la forma definitiva y actual, tienen un sabor a victoria para el ya fallecido J.R.R. Tolkien: ¡Por fin su tan querida obra veía la luz!

Podemos decir, al menos es nuestra humilde opinión, que todo El Silmarillion, desde “Ainundalë” hasta “De los anillos de poder y la Tercera Edad”, es un manantial de gozo y que, aunque pudiera parecer no siempre accesible su lectura para algún lector ávido de aventuras sin el debido descanso (y creo que nos explicamos al decir esto) no es poco cierto que el resultado final de una obra tan total como es esta de J.R.R. Tolkien es muy de agradecer, primero (claro está) a quien la acunó en su corazón, reflejó en los más diversos papeles y, luego, dejó para que otra mano terminara de finiquitar el texto, es tan bueno y mejor que sólo podemos admirar el final resultado de unas aventuras a veces inesperadas, otras más que de esperar y, en fin, algunas de ellas fuente de lo que debía venir… y vino.

Estamos, a este respecto, más que seguros que El Silmarillion será la obra preferida de muchos lectores de J.R.R. Tolkien. Pero no ha de ser porque se desprecie el resto de lo escrito por el maestro sino que ha de ser, por fuerza ha de ser, por saber que todo, todo en este mundo y en el escrito, tiene un origen y despreciarlo es hacer un flaco favor a lo que de él se deriva. Sería, por decirlo así, como dejar de reconocer al alma que, al fin y al cabo, dio salida a la destrucción del Anillo Único en el Monte del Destino, si ustedes nos entienden.

Era, aquel, el Principio, y muchos no lo vieron…

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán Erkenbrand de Edhellond

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Hay mundos que, sin duda alguna, nos llevan más lejos del que vivimos, nos movemos y existimos.

…………………………….
Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

3 comentarios

  
Sebastián Diaz G.
Estimado Eleuterio:
También creo que es un gozo el Silmarillion, y especialmente el texto del Ainulindalë, al que te refieres con tanto cariño.
Particularmente hay dos ideas que me parecen interesantes hoy, en las situaciones difíciles que nos tocan (pero nadie querría que estas cosas pasaran en su tiempo, ¿no?... Lo importante es ver qué hacemos con el tiempo que nos es dado, ya tiempos de guerra en la Tierra Media ya tiempos del COVID).
La primera es una idea muy tolkeniana: más que una mimesis (que también) el artista crea un mundo donde pueda habitar el alma, descansar mientras llega a la patria verdadera. Acá Eru comunica temas de su gran música a los Ainu y ellos pudieron ver como, misteriosamente, todo lo que habían tocado se hizo una gran música y esta iba a ser, más misteriosamente aún, la patria de esos seres que para poder amar, debían ser capaces de caisarse a sí mismos las penas más grandes. Toda una creación para dar una patria a la vida libre y amada. Todo con un fin y un sentido: Eru es el analogado principal de Niggle, de otra gran obra de Tolkien. Eru crea de la nada para que habiten hombres y elfos, Niggle crea a partir del mundo creado, y ese arte después es elmlugar de descanso suyo y de Parish (y de muchos más, antes del último viaje... ¡Quién no se ha sentido más en paz esperando el cielo mientras contempla un gran cuadro, escucha una sinfonía o lee el Silmarillion!). Los cuentso de hadas son escapismo, son la patria para el peregrino mientras llega a su patria, y por eso el artista debe crear mundos. Y por eso Eru crea en la música, el arte puro.
La segunda es más corta y más reconfortant, si cabe. Todas las maldades de Melkor, el Ainu rebelde, el rebelde absoluto, quedan incluidas dentro de la Gran Música. Son permitidas por Eru porque respeta la libertad de las creaturas, saca grandes bellezas de todas esas penas, logra un triunfo más grande debido a ellas. Todo lo que pase está en la gran música del Creador, nos dice Tolkien. No desesperéis, que Dios es Dios.
Muchas gracias por tu columna que trae todas estas cosas tan bonitas a la memoria y a la entendedera.

EFG

Muchas gracias por su, tan, iluminador comentario.
22/05/20 4:58 AM
  
Ronin
"El Silmarillion" es la obra magna de Tolkien. Al menos para mi. Son las raíces, el tronco y las ramas del árbol sobre el que luego nacen las hojas de "El Hobbit" y "El Señor de los Anillos".

Esos dos libros son considerados literatura juvenil, lo son, y desdeñados por muchos como mera fantasía barata. "El Silmarillion" en cambio es algo más complejo y completo.
Lo malo es que muchos intentan descubrirlo cuando son jóvenes y esperan otro libro similar a los otros dos, más narrativo, pero no es así. Tiene pasajes oscuros, crípticos y un alud de nombres y términos que confunde.
Eso hace que tenga la leyenda de ladrillo o tocho infumable.
Pero merece mucho la pena.

Y que en estos días oscuros en los que los siervos de Melkor corren por la tierra la luz de los Valar nos alumbre más que nunca.

EFG

Es bien cierto lo que dice usted acerca de la consideración que, para muchos, puede tener El Silmarillion. Sin embargo, una vez adentrado en sus páginas las cosas cambian. Ahora, hay que querer adentrarse.
22/05/20 10:16 AM
  
Maria
"Hay mundos que, sin duda alguna, nos llevan más lejos del que vivimos, nos movemos y existimos."

Cómo en Él vivimos, nos movemos y existimos...no quiero ir lejos, sino quedarme en El


EFG

Lo bueno que tiene Tolkien es que podemos seguir en nuestro mundo y estar en el suyo... no son incompatibles, gracias a Dios.
30/05/20 3:27 AM

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