23.04.24

De los máximos excesos celestiales y la épica sacerdotal

De los máximos excesos celestiales y la épica sacerdotal[1]

I. No hay mejor lugar que el Paraíso.

El Evangelio de hoy, III Domingo de Pascua, nos habla del Cielo cuando dice «vuestra alegría nadie os la podrá quitar» (Jn XVI 22). Digamos entonces, dos palabras sobre el Cielo ya que la mayor parte del tiempo hablamos de la tierra, lo cual no tiene mucho sentido ya que, como decía Santa Teresa, esta vida es “una mala noche en una mala posada”.

No hay mejor lugar que el Cielo. De hecho, como reflexiona San Bruno, ese santazo que fundó la gloriosa Cartuja, “el hombre se encuentra en un árido valle de lágrimas, es decir, en un mundo que, en comparación con la vida eterna, que viene a ser como un monte repleto de alegría, es un valle profundo donde abundan los sufrimientos y las tribulaciones”[2].

No hay mejor lugar que el Cielo. De hecho, como explica el Doctor Angélico, el Cielo se compara con la humanidad de Cristo y la Virgen Santísima ya que estas tres realidades tienen una dignidad infinita. Leamos el texto de la Suma Teológica, en el que Santo Tomás explica esta verdad:

La humanidad de Cristo por estar unida a Dios; la bienaventuranza creada por ser goce de Dios; la bienaventurada Virgen por ser Madre de Dios, tienen una  dignidad en cierto modo infinita, que les proviene del bien infinito que es Dios. Y en este sentido, nada mejor que ellos puede hacerse, por lo mismo que nada puede ser mejor que Dios[3].

Parma - el fresco de la Assumpcion de Virgen María en la cúpula del Duomo por Antonio Allegri (Correggio - 1526-1530) Fresco de la Assumpcion de Virgen María en la cúpula del Duomo por Antonio Allegri.

 

II. La “esencia” del Paraíso.

Pero, ¿en qué consiste el Cielo o bienaventuranza creada? Como explica el Doctor Universal en su celebérrimo comentario catequético al Credo[4], el gozo del cielo consiste principalmente en tres cosas: primero, en la perfecta unión con Dios gracias a la cual se ve a Dios cara a cara; segundo, en la máxima alabanza a Dios; tercero, en la perfectísima satisfacción de nuestros deseos. Además de profundizar un poco la teología del Cielo, diremos una palabra sobre algunos de los Santos que tuvieron en esta tierra experiencias milagrosas que les permitieron ver algo del Cielo.

Santa Faustina Kowalska, la “Secretaria de la Divina Misericordia” como la llamó el Señor, además de ver el infierno y el purgatorio, viajó al Cielo en esta vida el 27 de noviembre de 1936. Ella escribió la visión que tuvo sobre el Paraíso, diciendo lo siguiente:

Hoy, en espíritu, estuve en el cielo y vi estas inconcebibles bellezas y la felicidad que nos esperan después de la muerte. Vi cómo todas las criaturas dan incesantemente honor y gloria a Dios; vi lo grande que es la felicidad en Dios que se derrama sobre todas las criaturas, haciéndolas felices; y todo honor y gloria que las hizo felices vuelve a la Fuente y ella entran en la profundidad de Dios, contemplan la vida interior de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que nunca entenderán ni penetrarán[5].

Es tan extremadamente excesiva la felicidad del Cielo que Santa Faustina explica que Dios permanentemente renueva el modo de felicidad del Cielo. Es inimaginable. Sería bueno que lo sepan los hombres mundanos modernos, siempre sedientos de novedades. Así lo explica la Santa mística polaca,

Esta fuente de felicidad es invariable en su esencia, pero siempre nueva, brotando para hacer felices a todas las criaturas. Ahora comprendo a San Pablo que dijo: “Ni el ojo vio, ni oído oyó, ni entró al corazón del hombre, lo que Dios preparó para los que le aman”.

La Santa también dice esto,

Esta fuente de felicidad es invariable en su esencia, pero siempre nueva, brotando para hacer felices a todas las criaturas. Ahora comprendo a San Pablo que dijo: Ni el ojo vio, ni oído oyó, ni entró al corazón del hombre, lo que Dios preparó para los que le aman.

La vida eterna, como explica Santo Tomás, “consiste primariamente en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el término de todas nuestras fatigas”[6]. En efecto, en la Divina Revelación, el Señor nos dice a cada uno de nosotros: «Yo soy tu escudo y tu paga abundante». La unión del hombre con Dios en el Cielo es perfectísima y no consiste en tener setenta y dos esclavas sexuales, como quieren los musulmanes según los hadices[7], sino principalísimamente en  la visión perfecta de la esencia de Dios, a Quien veremos cara a cara.

En segundo lugar, como dijimos, el Cielo «también consiste en la suprema alabanza»[8] ya que, como fue revelado, «Allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos». Sobre esto San Bruno Cartujano, que dejó todo yéndose a vivir al medio de la nada, entre rocas, cuando vio como un eximio profesor se fue al infierno, comenta lo siguiente: «son dichosos los que habitan en sus atrios, porque alaban a Dios con un amor totalmente definitivo»[9].

En tercer lugar, el gozo del Cielo consiste «en la perfecta satisfacción de nuestros deseos, ya que allí los bienaventurados tendrán más de lo que deseaban o esperaban»[10]. Mas, ¿cómo es esto? Así lo explica el Doctor Angelicus:

La razón de ello es porque en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre: sólo Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito; por esto el hombre no puede hallar su descanso más que en Dios, como dice san Agustín: “Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que descanse en ti”[11].

En efecto,

Los santos, en la patria celestial, poseerán a Dios de un modo perfecto, y por esto sus deseos quedarán saciados y tendrán más aún de lo que deseaban. Por esto dice el Señor: “Entra en el gozo de tu Señor”. Y san Agustín dice: “Todo el gozo no cabrá en todos, pero todos verán colmado su gozo. Me saciaré de tu semblante”; y también: “Él sacia de bienes tus anhelos”[12].

Es más, como sigue enseñando Santo Tomás, «Todo lo que hay de deleitable se encuentra allí», esto es, en el Cielo, «superabundantemente»[13]. En efecto, «Si se desean los deleites, allí se encuentra el supremo y perfectísimo deleite, pues procede de Dios, sumo bien: Alegría perpetua a tu derecha», como dicen las Sagradas Escrituras y cita el Aquinatense. En suma, la vida eterna, esto es, el Cielo, «es el término de todos nuestros deseos»[14].

Todos nuestros deseos serán plenamente saciados en el Cielo, pero eso no significa que todos tendrán la misma felicidad que los demás ya que eso depende del grado de caridad en esta tierra. San Alfonso de Ligorio, Doctor de la Iglesia, cuenta una historia que le reveló un superior de la Compañía de Jesús quien se le apareció después de morir y le dijo que él tenía mucha más gloria que el glorioso Rey Católico Felipe II, en cuyo imperio no se escondía el sol:

Ahora estoy en el cielo, Felipe II rey de España está en el cielo también. Los dos disfrutamos de la recompensa eterna del paraíso, pero es diferente para cada uno de nosotros. Mi felicidad es mucho mayor que la suya, pues no es como cuando estábamos aún en la tierra, donde él era de la realeza y yo era una persona corriente. Estábamos tan lejos como la tierra del cielo, pero ahora es al revés: lo humilde que yo era comparado con el rey en la tierra, así le sobrepasó en gloria en el cielo. Con todo, ambos somos felices, y nuestros corazones están completamente satisfechos.

A los tres elementos ya dichos podemos aún agregarle uno más y es el de la compañía celestial de los Santos. En efecto, como enseña el Aquinate,

La vida perdurable consiste también en la amable compañía de todos los bienaventurados, compañía sumamente agradable, ya que cada cual verá a los demás bienaventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a los demás como a sí mismos, y por esto se alegrarán del bien de los demás como del suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados con el gozo de todos[15].

Sobre este cuarto elemento celestial, San Gregorio  Magno enseña que los santos en el cielo conocen no sólo a aquellos con los que estaban familiarizados en este mundo, sino también a los que antes nunca vieron, y conversan con ellos de una forma tan familiar como si en tiempos pasados se hubieran visto y conocido: y por lo tanto, cuando ven a los antepasados en ese lugar de felicidad perpetua, luego los conocerán de vista, aquellos de cuya vida oyeron hablar.

III. Del sentido último del Paraíso.

Ya hemos hablado de la excelsitud de los gozos paradisíacos. Pero, ahora podemos preguntarnos cuál es el sentido último de que haya un Paraíso tan sublime y allá vayan todos los que mueren en gracia. Ésto que diremos ahora fue un descubrimiento para nosotros y se lo debemos a una gran mística mexicana, la Beata Conchita Armida, que fue una madre de familia ejemplar que tuvo unas impresionantes revelaciones del Señor y escribió textos espirituales dirigidos a los sacerdotes.

Al fin del primer tomo de sus obras completas, dedica un capítulo, el 151, al Cielo y allí explica magníficamente (en realidad, no es ella la que lo explica, sino que nuestro señor Jesucristo se lo explica a ella en primera persona y ella solo lo escribe, casi como una mecanógrafa pneumática, aunque no en el sentido de las gomas del auto). El Señor le explicó que Dios Padre creó un Cielo excelso, increíblemente glorioso, sobreabundante en todas las perfecciones para premiar a Cristo en Su Humanidad. El Cielo, entonces, ante todo, es para premiar la Humanidad de Cristo.

Ahora bien, como los Santos en el Cielo están perfectisimamente transformados en Cristo entonces, si bien no se cae en los delirios panteístas de la mística fociana sino que mantienen su autonomía ontológica, esto es, su subsistencia (lo que Aristóteles llamaba joriston y Santoto, subsistens), de algún modo, ellos son una sola cosa con Cristo., transformados graciosamente, no metafísicamente. Decimos  graciosamente en el sentido humorístico sino de la gracia de Dios. Entonces, Dios Padre glorifica la humanidad de Su Hijo y, por tanto, a todos los hombres que están perfectamente unidos con Él, los cuales son, de algún modo, como una sola con Él.

Para terminar, leamos unos pasajes escogidos de las revelaciones del Señor a la Beata Conchita ya que, evidentemente, Él lo explica mucho mejor que yo, al decir que Dios puso en el “cielo todos los deleites inimaginables para la criatura y las delicias de un Dios, para coronar con esa inefable dicha al Dios-hombre”[16], esto es, a Jesucristo.

“Por eso”, dice el Señor a Conchita, “hay un cielo creado para Mí, y por Mí, como Cabeza, (y) para las almas y los cuerpos de los hombres”. En el Cielo, que es un “lugar de delicias inefables”, “hay unidad, porque ahí, como le dice el Señor a la Santa, las almas glorificadas serán Cristo por su transformación en Mí; y mi Padre en ellas no verá más que a Mí” y “las almas y aun los cuerpos serán una sola cosa Conmigo”.

De hecho, dice el Señor a Conchita, que los bienaventurados viven embelesados en el “el gozo del Padre en el Verbo”. En efecto, el Verbo forma el gozo de Su Padre y el amor del Verbo al Padre es confirmado “con indecible unión” por el Espíritu Santo, de modo tal que el Padre y el Hijo “se gozan en un mismo gozo: el del Padre en su Verbo, a quien constantemente acaricia con sus miradas de Padre, con sus complacencias de Padre” y acá quedan como enganchados todos los Santos, ya que, como dice el Señor a Conchita, “las almas y los cuerpos se van al cielo a gozar del premio que mi Padre me preparó como galardón por ser Dios Redentor”.

IV. De la épica misión sacerdotal.

Todo lo dicho es innegablemente fascinante. Pero, ¿cómo las almas pueden alcanzar el Cielo?

Dios dispuso que el Sacrificio Redentor de Cristo sea aplicado a las almas ordinaria y especialmente por Sus Sacerdotes, por los Sacerdotes Católicos. Por eso, la vocación sacerdotal es una vocación extrema en tanto que es una vocación de rescate, pero no de un rescate terreno como el que hace un bombero a un nadador, o como el que vimos hace poco en un puente de Estados Unidos, sino para el rescate más extremo y urgente de todos: el rescate eterno. Esa es una vocación épica. Es la vocación más épica de todas. Es la vocación de élite. Por eso, la vocación de los comandos de élite de un ejército nacional no le llega ni al talón a la vocación sacerdotal, que es la vocación suprema y aun la vocación extrema por antonomasia ya que realiza la misión más extrema y necesaria de todas: la de salvar las almas. Sobre ésto, el Señor le dijo a la Beata Armida lo siguiente:

No sufre mi infinito amor que se pierdan las almas (…). Por eso clamo hacia mis sacerdotes y levanto mi amorosa voz pidiendo ¡almas! que me den almas para saciar la sed de caridad en que me abraso con este martirio de atracción que tengo como Dios-hombre. Ansío darle almas a mi Padre en Mí, que lo glorifiquen; y me es muy dolorosa la inacción de muchos de mis sacerdotes que duermen tranquilos y dejan perecer las almas que podrían ser felices eternamente. Quiero que tomen muy en cuenta la perdición de las almas por su poco celo y la gloria que le quitan a la Trinidad.

Dice también que para la gloria del Padre y para la “felicidad de las almas y de los cuerpos, fundé mi Iglesia” y en la misma frase, hablando con la Beata, el Señor se pregunta retóricamente a Sí mismo: “y ¿este ideal de la Trinidad, que es la salvación de las almas en Mí, a quiénes les toca sino a los sacerdotes?” y luego dice “Necesito sacerdotes santos, no me cansaré de repetirlo; necesita mi Iglesia sacerdotes (…) llenos del intenso amor de celo con el fuego del Espíritu Santo”.

Que Dios llame a muchos jóvenes a ser esos Sacerdotes llenos del Espíritu Santo para que muchas más almas lleguen un día al Paraíso. Amén.

 

[1] III Dom. Pascua, 21 IV 24, Xaverianum.

[2] Cf. Comentario sobre los Salmos, Salmo 83: Edición Cartusiae de Pratis, 1891, 376-377.

[3] Santo Tomás de Aquino, S.Th, I, 25, ad 4.

[4] Cf. Opuscula theologica 2, Turín 1954, pp. 216-217.

[5] Cf. Diario de la Divina Misericordia, 777-781.

[6] Cf. Opuscula theologica 2, 216-217. El destacado siempre nos pertenece.

[7] Jamií al-Tirmidhi, 4:21:268.

[8] Cf. Opuscula theologica 2, 216-217. Subrayado siempre nos pertenece.

[9] Cf. Comentario sobre los Salmos, Salmo 83: Edición Cartusiae de Pratis, 1891, 376-377.

[10] Cf. Opuscula theologica 2, pp. 216-217.

[11] Cf. Opuscula theologica 2, pp. 216-217.

[12] Cf. Opuscula theologica 2, pp. 216-217.

[13] Cf. Opuscula theologica 2, pp. 216-217.

[14] Cf. Opuscula theologica 2, pp. 216-217.

[15] Cf. Opuscula theologica 2, pp. 216-217.

[16] Tomamos esto de A mis sacerdotes en Obras Completas. I, 646 ss.

8.04.24

De la Misericordia Infinita y la Confianza Radical

Hace medio milenio en el norte de Europa un hombre cometió un asesinato.

Para escapar de la justicia, se refugió en un convento, se hizo religioso e incluso fue ordenado sacerdote. Evidentemente no tenía vocación, pero esa fue la vía que ese miserable homicida encontró para huir de la justicia.

Desde su noviciado, ese hombre estaba atormentado y nunca pudo superar sus horribles inquietudes interiores que carcomían su alma, generándole sentimientos de angustia y temor desmedido, estando siempre triste y melancólico sin poder librarse de aquella tristeza, como se escribió.

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31.03.24

De la primera Pascua de los Tapersuanos y las Operaciones Especiales

31-III-24 (Dominica Resurrectionis), Mingpou-Montai.

I.

La etnia Lhoppo ayer celebró la Pascua. Según nuestros reportes y nuestro conocimiento del terreno, fue la primera vez en la Historia que este grupo étnico celebra la Resurrección del Señor.
En la remota e ignota aldea de Tapershhu, una de las más importantes del diminuto pueblo Lhoppo, la Orden San Elías ha tenido el privilegio de celebrar toda la Semana Santa y especialmente todo el Triduo Pascual, lo cual fue un desafío total no sólo por el comunismo estatal sino porque es una tribu cuya lengua de sonidos extraños carece de alfabeto y ningún lingüista la estudió aún.
Esta fue la cuarta expedición apostólica que la Orden San Elías hace en los dominios de la etnia Lhoppo.
Fue probablemente la más fecunda aunque por momentos, percibimos que todo el trabajo misional se iba a derribar a pedazos ya que un triple miedo (humanamente muy natural) acechaba a muchos nativos: un miedo social (al “qué dirán” los demás si uno hace algún gesto cristiano osado, como ser prestar un martillo a los misioneros para que estos hagan una cruz); un miedo policial (que tiene su lógica en un régimen aún oficialmente marxista) y un tercer tipo de miedo que nos llamó la atención pero también es humanamente lógico: un “miedo místico”, que es una especie de temor pagano de Dios, esto es, de miedo de que el nuevo culto (el cristiano) desagrade al Creador o, quizás, a algunos espíritus o ancestros.
Ese triple miedo, configurándose en unas almas más que en otras (salvo en los niños y en una abuela que está perdiendo la vista), fue un obstáculo que, cual fuego atizado por el diablo, se alzó para tratar de frustrar los humanamente absurdos esfuerzos misionales.
Como dijimos, la tríada de marras tenía su lógica. De hecho, anteayer, vino la policía a cobrar su “estipendio”. La Divina Providencia quiso que entonces no estuviésemos en la misión sino en un puesto ubicado a una hora de viaje (el punto Bravo), a donde habíamos ido para celebrar el Jueves Sacerdotal comiendo unos platos nativos en una terraza ubicada en un mirador entre montes y pastizales… Como se imaginarán, en la misión no hay chance de aburrirse, realmente. Pasan muchas cosas, pero aburrimiento no hay.

II.

Hago un paréntesis para darle algo de contexto a la Pascua Lhoppo.
Como constataba el Beato Paolo Manna, en su clásico libro “La conversión del mundo pagano”, hoy el clero está magníficamente mal distribuido. La inmensa mayoría de los curas está en países de tradición católica (a veces incluso peleándose para ver quién hace tal o cual ministerio y preocupados de no perder un puesto o capilla), mientras que en el mundo pagano hay un número ridículamente escaso de sacerdotes, en zonas donde la Iglesia Católica no existe, donde uno puede pasar días o semanas manejando la 4x4 sin ver ni siquiera una iglesia católica, un cura o una cruz.
Por eso, hoy la Orden San Elías se ve obligada (obligada por la caridad pastoral) a abarcar varias misiones a la vez ya que de otro modo millones de almas morirían sin tener la posibilidad de amar a Cristo. Como somos católicos, sabemos el enorme poder salvífico que tiene la sola recitación de los Santísimos Nombres de Jesús y de María y también conocemos, por tanto, que tiene muchas más posibilidades de salvarse quien conoce e invoca alguna vez el nombre de Jesús y de María (aunque muera sin bautismo de agua en una meseta sin clero ni comunidad cristiana) que quien jamás invocó estos nombres.
Por eso, en virtud del envío misionero que nos dio el Papa a la Orden San Elías, buscamos sembrar a Cristo todo lo posible en la mayor cantidad posible de regiones extensísimas donde la Iglesia no existe, donde no llegan los turistas, donde las trabas humanas y geográficas son muy acentuadas, donde no hay nada de nada, aunque quizás haya habido algo hace siglos (cosa que nos es imposible saber).
Dividimos la acción en “Operaciones Especiales” y cada una de ellas en “Expediciones Apostólicas”, con objetivos definidos, todo lo cual gracias a Dios está dando frutos visibles de crecimiento misionales en zonas y etnias que si nosotros no alcanzábamos nadie lo iba a hacer. Estamos formando un comando misional de laicos varones para que la acción misional de primera línea de fuego sea lo más continua e incisiva posible y para poder llegar antes que las sectas protestantes norteamericanas que tienen una logística tremendamente eficiente y una financiación asombrosa (mientras nosotros luchamos con la falta de todo).

III.

Una de las Operaciones que llevamos a cabo es “Black Mamba”, que busca plantar el primer núcleo de la Iglesia lo más rápido posible en una zona de plantaciones de opio ubicada en el sudeste asiático antes que lleguen las sectas protestantes o la policia. Una de las etnias a las que apunta Black Mamba es la tribu Lhoppo, que ya son nuestros amigos y que ayer tuvieron su primera Pascua.
La primera vez que contactamos esta aldea ellos no conocían ni el nombre de Jesús. Fue todo “desde cero” absolutamente. Esta fue nuestra cuarta expedición a la aldea y por eso ya conocen el nombre de Jesús y Maria y muchos conocen bastante más, aún así todavía es todo muy nuevo para ellos. Encima, el único joven que habíamos bautizado se mudó a una zona lejanísima (lo cual tiene, de todos modos sus ventajas ya que podrá difundir la fe allí). En esta cuarta expedición pudimos bautizar un segundo joven (cuya historia es un poco extrema), llamado Auan, que ahora se agregó John ya que Auan no está en el catálogo de los Santos (esperemos que él sea el primero).
Durante días estuvimos anunciando y predicando la proximidad de la Pascua, que era como hablar del alfabeto japonés en la ciudad de Buenos Aires. Dimos por sentado que los nativos, al menos los más amigos, nos iban a ayudar aunque más no sea con la logística más elemental, pero el triple miedo (social, policial y místico) detuvo potenciales cooperadores a tal punto que no nos querían prestar ni un martillo si era para clavar una cruz.
El Viernes Santo nos configuramos con la Pasión de Cristo abandonando tarde la aldea en la 4x4. En el viaje, entre las constantes curvas de la peligrosa ruta de montaña, decidimos hacer una Pascua para niños y para Anastasia, la única persona bautizada que vive en la aldea (la bautizamos en la expedición pasada y persevera constante en la fe, lo cual es milagroso ya que ella solo habla lhoppo y un mínimo de mandarín). En el viaje asumimos que lamentablemente no tendríamos una Pascua “triunfalista” llena de gente, sino una Pascua minimalista (una “Pascua de Viernes Santo”, si cabe el oximoron).
Al final, dejado, “Charlie” y llegados al punto “Bravo” (uso la divertida jerga que me enseñó un voluntario), defendí en línea mi tesis doctoral en Teología (cuyo objetivo fue una refutación de Anselm Grün, el Pope de la espiritualidad modernista), y luego me llaman dos aldeanos por WhatsApp para decirme que habían tenido un “conciliábulo aldeano” con la participación de un número extraordinario de hombres (que se habían reunido porque Shila y otros habían cazado un jabalí). Filipo (como lo bautizamos (si bien aún no lo bautizamos con agua) me informó solemnemente que los hombres del “Consejo del Jabalí” (que pudo operar sin problema ya que el precepto de abstinencia aún no los obliga) decidió que se celebrará la Pascua en la aldea pero que (el matiz no es menor y más que matiz es un infernal desliz) no asistirán a la misa más que tres almas debido al predicho “miedo místico”.

El Sábado Santo a la mañana no parábamos de recibir llamadas de los nativos. Querían ayudarnos a comprar el chancho. Se nos había ocurrido comprar un cerdo ya que es el plato preferido de los Lhoppo. En efecto, comen puerco sólo en dos ocasiones: en las bodas y en año nuevo.
Desayunamos rápido momo en el local de un chino amigo y nos subimos a la 4x4 para ir a tratar de conseguir el chancho, que compramos en los dominios de la tribu Yang, donde vimos una señora joven trabajando con un telar, que solo habíamos visto en museos indígenas. Compramos el chancho más grande, que según el impreciso método de medición, pesaba 132 kilos (le dieron una última merienda antes del pago para que engorde un poco más).

 Pesando el chancho pascual

Pesando el chancho pascual

 

IIII.

Finalmente, vino toda la aldea a celebrar la Pascua.
Según me dijo el jefe y vimos con nuestros ojos, eran unas 230 almas, contando mujeres y niños. El jefe me dijo que nadie se quedó en su casa. Todos participaron de la Pascua y así empezó a desmoronarse el muro del paganismo y del triple miedo. Vino hasta el chamán, que cuando le prediqué lo básico me respondió sonriente con una llamativa anglofonía: “OKEY“, reforzada con un pulgar hacia arriba. Habría sido muy divertida una visita policial, pero no habrán podido venir (tampoco los invitamos)…
La Pascua fue un gozo. Creo que nunca inflé tantos globos en mi vida, cosa que les fascina a los niños lhoppo. Los tirabamos al techo, a veces llenos de agua, y jugaban a ver quien los atrapaba. Algunos llegaron a tener un almacén de globos. Nos llenó de gozo ver varios niños con las medallitas de la Virgen del Buen Suceso colgadas del cuello, las cuales les habíamos dado el día anterior. Incluso al menos una de las señoras, la mamá de Chiaiou, tenía su medalla.
Lo mejor de la Pascua y de toda la misión fue ver como todos los niños de la aldea se llenaron de amor a Jesús y a María, que les inspiró el Espíritu Santo cuando les enseñábamos unas antiguas imágenes de los divinos misterios. El jefe aprobó todo eso.

El chamán lhoppo examinando atentamente las imágenes de los divinos misterios

El chamán lhoppo examinando atentamente las imágenes de los divinos misterios

Hay mucho más para contar, pero dejo acá porque se me perdieron las gotas de los ojos y el teléfono se me cae por lo malo que está el camino (ir en la 4x4 acá tiene visos de montaña rusa).
Celebramos la misa de Vigilia Pascual (después de releer Fortescue, o “el Forto” como le decimos), con el fuego prendido por unos paganos (uno de los cuales pidió oraciones). Tiramos fuegos artificiales coronados por un estruendoso Alleluia.

Gritamos Alleluia todo lo posible. Predicamos públicamente el kerygma en el sermón pascual oído por muchos. Al final, todo el mundo estaba por momentos absorto mirando la misa y varios seguían con su cirio pascual la misa haciendo las posturas que les decíamos. Y Anastasia, de rodillas, comulgó.
El jefe, al principio algo reacio debido a su miedo místico, finalmente brindó en público diciendo espontáneamente “¡¡¡Gracias Jesús!!! ”.
Recemos para que la próxima tengamos un bautismo masivo.

¡Que Cristo Resucitado llame a muchos jóvenes a engrosar los Comandos Misionales!*

¡Felices Pascuas de Resurrección!

*Para esta finalidad, a modo de cinco panes y dos peces, escribo esta crónica (venciendo el espantoso escrúpulo causado por el temor de contradecir lo de la mano derecha y la izquierda).

25.12.23

Navidad, Santidad y Secreto

Navidad, Santidad y Secreto

(Misa de Gallo MMXXIII, Xaverianum - P. Federico Highton, SE)

Hoy es Navidad. Navidad, en la concepción popular, evoca esperanza, amor, esto es, caridad, fe, paz, amistad, perdón y, en definitiva, alegría o, más bien, felicidad, todo lo cual es cierto, plenamente cierto. Ahora bien, es oportuno preguntarse qué es lo más propio de la Navidad, esto es, cuál es el bien más directamente relacionado con la Navidad. 

Si tenemos en cuenta que de las siete cosas mencionadas, tres son virtudes, las virtudes más importantes y decisivas, otras tres son como efectos de las mismas y la última, esto es, la felicidad (que no consiste sino en la misma santidad) es como el fin de las seis anteriores, a riesgo de decir algo radicalmente evidente, podemos concluir que lo más propio de la Navidad es la Santidad. 

Navidad es el nacimiento en el tiempo del Tres Veces Santo, el Buen Jesús, que es la Santidad por esencia, que nació en carne de la Reina de Todos los Santos, la Virgen Santísima.

Navidad es el nacimiento en el tiempo del Tres Veces Santo, el Buen Jesús, que nació para que nosotros, los pobres pecadores, tiremos a la basura el hombre viejo (Col III 9-10) y nazcamos a la vida sobrenatural. 

Navidad es el nacimiento en el tiempo del Tres Veces Santo (Apoc IV 8), el Buen Jesús, el Divino Niño, que nació para que seamos santos. Es más, podemos osadamente afirmar que Dios nació en el tiempo para que el hombre se haga Dios ya que, como enseña osadamente San Agustín, “Dios se ha hecho hombre para que el hombre sea Dios”. 

Pero, ¿cómo es esto de que el hombre está llamado a hacerse Dios? ¿Acaso estamos promoviendo el pecado gnóstico expresado en la fórmula del “sereis como dioses” (Gen III 5) que describe el pecado adámico? ¿Acaso nos volvimos seguidores de los gnósticos Basílides, Moisés de León, Maestro Eckhardt, Jorge Hegel, Karl Gustav Jung, Anselmo Grun o los jesuitas Teilhard de Chardin, Karl Rahner o Pablo D’Ors? No. Dios se ha hecho hombre para que el hombre sea Dios, pero no para que sea Dios por esencia, sino, como enseña San Juan de la Cruz, “Dios por participación”, esto es, Santos.

Navidad es el nacimiento en el tiempo del Tres Veces Santo, que nació para que seamos santos. 

Pero, ¿cómo alcanzar la Santidad? ¿En qué consiste la Santidad? ¿Cómo podemos superar el quedarnos en el archi-repetido lugar común que nos dice “Todos estamos llamados a la Santidad” estancándonos sin progresar ni dos metros en la vida espiritual (haciendo de cuenta que la podemos medir métricamente)? 

Hay bibliotecas de Ascética y Mística que lo explican en largos tomos, pero, para terminar este breve sermón navideño, que debe acabar ahora ya que nos esperan los villancicos, el pan dulce y los fuegos artificiales, sólo por hoy, en esta fascinante noche de Navidad, de la mano del Padre Castellani, haremos un resumen en sesenta segundos sobre cómo alcanzar la Santidad.

Empecemos a contar el minuto. Como dice Castellani, “todo hombre debe hacer para Dios una cosa inimitable, aquello que él solo puede dar, aquello para lo cual, de la Noche del No-Ser [1], el Ser Supremo lo suscitó, con el grito de un Nombre propio que Él solo sabe… En suma, la Moral íntegra es viva: comprende además de la parte negativa, que nos veda tal y tal acto esencialmente desordenado, una parte positiva que es más importante, cuyo primer precepto nos ordena ‘llegar a ser lo que somos’, edificar nuestro destino, devenir lo que Dios soñó de nosotros, es decir, obedecer a nuestra vocación, a nuestro particular llamado de arriba. Todo el Evangelio rebosa esta verdad” (2). 

Ésto es lo que dice Castellani y ésto es lo que rezan los Estatutos Eliatas en su sexto artículo cuando habla del secreto místico citando 1 Cor VII 7 donde el Espíritu Santo nos revela que “cada uno recibe del Señor su don particular: unos este, otros aquel”. 

Que en esta santa noche de Navidad, el Niño Dios le conceda a cada uno de nosotros el insuperable regalo de hacer aquella sublime e inimitable contribución personal en pro de la edificación del Cuerpo Místico de Cristo que cada uno está misteriosamente llamado a hacer, esto es, que cada uno haga para Dios esa cosa inimitable y absolutamente extraordinaria que Dios dispuso que cada uno haga y que nadie salvo uno mismo puede conocer y hacer, mas que solo se puede conocer y hacer con la gracia de Dios, como instrumento de Dios, esto es, si usamos la analogía de la Patrona Misional, como si fuésemos una pelota con la que juega el Niño Dios, que hoy nace en el tiempo para que los hombres nazcamos en la Eternidad y nos matemos de risa por los siglos de los siglos, después de que nos hayamos empleado a fondo en la breve aventura de un empinado y cada vez más riesgoso destierro militante.

¡Feliz y Santa Navidad!

(1) Esta expresión entre comas la movimos de lugar.

(2) L. Castellani, Prólogo en Palacio, E., “La Historia Falsificada”, Difusión, Buenos Aires 1939, 25-26, cit. en L. Castellani, Domingueras Prédicas II, C. Biestro (ed.), Jauja, Mendoza 1998, 327, n. 6.

24.12.23

¿Bendiciones al "concubitum ad non debitum sexum"?

En los confines del ciberespacio, nos encontramos con un pío y útil formulario deprecatorio ad libitum para parejas que caen bajo lo que Santo Tomás de Aquino llama “concubitum ad non debitum sexum, puta masculi ad masculum vel feminae ad feminam, ut apostolus dicit, ad Rom. I, quod dicitur sodomiticum vitium” (S.Th. II-II, q. 154, a. 11). A continuación, adjuntamos el mismo en sus versiones castellana y latina. Prosit!

S. El Señor esté con vosotros. 

R. Y con tu espíritu. 

S. Oremos. 

Señor, que observando la tierra de Sodoma y Gomorra (Gn 18, 20-21),  repugnaste a esos pésimos hombres (Gn 13, 13) y les enviaste fuego y  azufre (Gn 19, 24-25) para borrar su memoria de la tierra (Sal 34, 17). Señor, que ordenaste antiguamente a tu pueblo dar muerte a todo aquel  que durmiera con varón copulando como mujer, pues ambos son  abominables (Lv 20, 13) 

Señor, que por medio de tu Apóstol enseñaste que las parejas de  hombres o sodomitas no poseerán el reino de los cielos (1Co 6, 9-10). Señor, que no quieres la muerte del pecador sino mejor que se convierta  y viva (Ez 33, 11). 

Pon tus ojos, te pedimos, Señor Dios, en tus hijos aquí congregados y,  compasivo, no tengas en cuenta sus pecados. Envía tu Espíritu y dales  un corazón nuevo (cf. Ez 33, 26-27), para que sus almas se conviertan a  ti y sus vidas se reformen conforme a las perennes enseñanzas de la  santa Iglesia Católica. Dirígelos por tus sendas para que no caminen  continuamente en tinieblas y en sombras de muerte (Lc 1, 79).  Conmínalos para que no se presenten indignos ante tu trono en el día de  la ira y sean arrojados a las llamas eternas. Aparta tu ira y concédeles la  gracia de dirigir sus pasos según a ley natural y, en el último día,  congrégalos en el seno de Abraham junto con todos tus fieles, para que  con ellos te alaben por los siglos de los siglos. Amén. 

Os bendiga Dios todopoderoso, +Padre, +Hijo y +Espíritu Santo. Amén. 

S. Id, y en adelante no pequéis más (cf. Jn 8, 11). 

R. Demos gracias a Dios.

 

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Versión en latín:

S. Dóminus vobíscum. 

R. Et cum spíritu tuo. 

S. Orémus. 

Dómine, qui aspíciens super terram Sodomórum et Gomorrhórum,  despexísti illos péssimos hómines et ignem sulfúrque missísti, ut perdas  de terra memóriam eórum. 

Dómine, qui olim præcepísti pópulum tuum mortem effícere  quibuscumque dórmiant cum másculo coitu femíneo, quia utérque  operáti sunt nefas. 

Dómine, qui per Apóstolum tuum docuísti quod masculórum  concubitóres seu páthici regnum cælórum non possidébunt. Domine, qui non vis mortem peccatóris sed ut magis convertátur et vivat. 

Réspice, quǽsumus, Dómine Deus, in fámulis tuis hic congregátis et,  clementer, ne despícias peccáta sua. Emítte Spíritum tuum et da eis cor  novum, ut ánimas suas ad te convertántur, et vitas suas secúndum  perénnes doctrínas sanctæ Ecclésiæ Cathólicæ reforméntur. Dírige eos in  vias tuas ne in ténebras et in umbra mortis contínuo ámbulent. Commína  eos ne indígne ante thronum tuum in die irae adstent et in flammas  ætérnas ejiciántur. Avérte iram tuam et concéde eis grátiam secúndum  legem naturálem gressos suos dirigendi, atque, in último die, congréga  eos in sinu Abrahae cum omnibus fidélibus tuis ut cum eis te láudent, in  sǽcula sæculórum. Amen. 

Benedícat vos omnípotens Deus, + Pater, et +Filius, et +Spíritus Sanctus.  Amen. 

S. Ite, et nolíte ámplius peccáre.  

R. Deo grátias.