¡Olé Olegario!

Respeta mi fe

Uno, que no es teólogo, asiste atónito a ciertas polémicas que se las sirven en bandeja para decir algo al respecto.

En este portal religioso ya se ha escrito e, incluso, hecho humor (véase E.O) sobre el tema. Por lo tanto, otras personas más autorizadas (y con más gracia) que yo han dicho lo que tenían que decir e, incluso, uno de los aludidos (el P. Iraburu, más conocido como uno de los conspiradores contra don Olegario, teólogo) ha dicho lo que tenía que decir… pero, a pesar de eso, no voy a quedarme yo sin decir nada. Faltaría más.

Es más, es casi seguro que alguno haya pensado que el que esto escribe estaba bastante callado al respecto.

Pues se acabó el silencio.

Antes de nada tengo que decir que no diré nada de don José Antonio Sayés porque ya ha tenido bastante con que se equivocara don Olegario al citar obras suyas y atribuírselas al P. Iraburu. Además, me parece bien lo que dice y, aunque no he leído los libros citados, por equivocación por don Olegario, sí escucho en Radio María sus conferencias y leo lo que puedo de él y creo que ya tiene bastante con ser el aludido en la polémica.

Pues, como repito, no soy teólogo sino, como máximo, un simple estudiante de tal conocimiento divino y, por eso mismo, humano. Por eso me voy a limitar a poner aquí lo dicho por uno (P. Iraburu) al respecto de lo escrito por otro (Olegario Gónzalez de Cardedal). Será, creo yo, suficiente porque mi simpleza intelectual me dice que lo mejor es ver qué dice cada uno y, seguramente, todo saldrá a la luz. Yo no doy más de sí; vamos, de mí.

Se refiere, el P. Iraburu, en concreto al manual de Cristología de la colección Sapientia fidei (BAC, manuales, nº 24, Madrid 2001, 601 pgs.) de don Olegario.

Dice el P. Iraburu que De la pasión de Jesús él dice así:

“Esa muerte no fue casual, ni fruto de una previa mala voluntad de los hombres, ni un destino ciego, ni siquiera un designio de Dios, que la quisiera por sí misma, al margen de la condición de los humanos y de su situación bajo el pecado. La muerte de Jesús es un acontecimiento histórico, que tiene que ser entendido desde dentro de las situaciones, instituciones y personas en medio de las que él vivió… […] Menos todavía fue […] considerada desde el principio como inherente a la misión que tenía que realizar en el mundo […] ‘Su muerte fue resultado de unas libertades y decisiones humanas en largo proceso de gestación, que le permitieron a él percibirla como posible, columbrarla como inevitable, aceptarla como condición de su fidelidad ante las actitudes que iban tomando los hombres ante él y, finalmente, integrarla como expresión suprema de su condición de mensajero del Reino’”… (94-95).

Y añade: ‘En los últimos siglos ha tenido lugar una perversión del lenguaje en la soteriología cristiana […] El proyecto de Dios está condicionado y modelado por la reacción de los hombres. Dios no envía su Hijo a la muerte, no la quiere, ni menos la exige: tal horror no ha pasado jamás por ninguna mente religiosa’ (517; cf. ss)".

Sin embargo, José María Iraburu apunta lo siguiente:

“La Escritura, en cambio, dice con gran frecuencia lo contrario de lo que afirma el Dr. Olegario en estas exposiciones. Afirma claramente que judíos y romanos, causando la pasión de Cristo, realizan ‘el plan’ que la autoridad de Dios ‘había de antemano determinado’ (Hch 4,27-28); de modo que judíos y romanos, ‘al condenarlo, cumplieron las profecías’ (13,27). En efecto, ‘era necesario que el Mesías padeciera’ y diera así cumplimiento a lo anunciado por Moisés y todos los profetas (Lc 24,26-27)”.

¿Algo de lo dicho por el P. Iraburu está alejado de la verdad? Entonces, ¿Quién tiene que ser zaherido, criticado y corregido?

Otro ejemplo más.

Dice don Olegario lo siguiente:

“Esa condición escatológica y esa significación universal, tanto de la muerte como de la resurrección de Jesús, es lo último que quieren explicitar estos artículos del Credo. No son hechos nuevos, que haya que fijar en un lugar y en un tiempo […] Por tanto, en realidad, no hay nuevos episodios o fases en el destino de Jesús, que predicó, murió y resucitó. Carece de sentido plantear las cuestiones de tiempo y de lugar, preguntando cuándo subió a los cielos y cuándo bajó a los infiernos, lo mismo que calcularlos con topografías y cronologías, tanto antiguas como modernas. Los artículos del Credo que hacen referencia al Descenso, Ascensión y Parusía de Cristo son, sin embargo, esenciales. Sería herético descartarlos. Ellos nos dicen la eficacia, concreción y repercusión del Cristo muerto y resucitado para nosotros, que somos mundo y tiempo (171-173)”.

A esto replica el P. Iraburu diciendo:

“Con estas palabras, aparentemente tan moderadas, aunque sin viabilidad lógica ni práctica alguna, niega González de Cardedal la historicidad de los acontecimientos postpascuales. Los relatos neotestamentarios y la tradición de la Iglesia han hablado siempre de la Resurrección, las Apariciones, la Ascensión y la Parusía como de hechos históricos distintos, y como acontecimientos sucesivos en el desarrollo del misterio de Cristo. Han señalado sus tiempos y lugares, y por supuesto han hablado de la Parusía como de un hecho todavía no acontecido”.

¿Algo de lo dicho por el P. Iraburu está alejado de la verdad?

Entonces, ¿Quién tiene que ser zaherido, criticado y corregido?

Ciertamente cuando personas como el que esto escribe, limitadas en el conocimiento profundo de la teología pero interesadas, hasta donde su inteligencia les permite, en que quien sí conoce y sabe aclare las cosas, se dan cuenta del engaño al que pueden someter algunos teólogos a sus lectores, lo único que se le ocurre a uno es recordar aquella frase de Jesús sobre el destino que les espera a quienes engañen a los pequeños en la fe. Sí, me refiero a lo de la piedra de molino, el cuello y el mar. Y, aunque no le deseo nada de eso a don Olegario, sí que me parece la mar de bien que quien pueda, sepa y entienda le ponga los acentos sobre las palabras que, al parecer, han perdido tal añadidura lingüística que diferencia entre lo que debería ser lo mismo y no lo es y ha hecho posible que donde sea sí sea no o casi no. Y eso, para un fiel de a pie no puede ser porque no debe ser.

Ahora bien, el director de este portal, el bueno de Luis Fernando Pérez Bustamente ha escrito que a don Olegario le han tendido una trampa y que el teólogo ha caído en ella. Aunque, para mí, es que don Olegario se ha subido al palo que le han puesto y ha cantado, desafinando más de la cuenta, alguna copla sobre una campaña de descrédito. Pero en una trampa nada de nada porque no podemos creer que don Olegario no sepa qué es Religión Digital y que ignore lo que hacen día a día, sobre todo, el director de tal heterodoxo-portal-religioso y alguno de sus adláteres, servidores del poder mundano establecido, abrazadores de teólogos contrarios a la doctrina católica y personas que se beben, hasta el fondo, cualquiera copa de vino teológico pasado de caducidad. Y esto lo digo con caridad porque se merecen mucho más.

Por eso digo !Olé Olegario¡ porque ha hecho una faena de lo más completa aunque, la verdad, a la hora de entrar a matar el toro (esa España profunda en lo teológico que no se casa con nadie) lo ha empitonado y le ha causado heridas con varias trayectorias y se encuentra, ahora mismo, con pronóstico reservado. Y, aunque estoy seguro que de esta sale airoso no sé yo si del tribunal de Dios saldrá lo mismo de contento.

Eleuterio Fernández Guzmán

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3 comentarios

  
Luis López
El Papa es infalible cuando define verdades de fe o moral no cuando da premios. Parece que muchos no se enteran todavía.
21/06/11 9:26 AM
  
EL porquero de Agamenón
El Papa no ha premiado a nadie. Los responsables de la Fundación Ratzinger han dado el premio a tres teólogos. Uno, el italiano, defiende a Nestorio respecto a San Cirilo. Otro, el español, sostiene una cristología de cuya ortodoxia es legítimo dudar. Del tercero nada se sabe por el momento, aunque visto lo visto, no es descartable que sostenga alguna teoría heterodoxa.

Además, en los estatutos del premio se asegura que se puede conceder a teólogos no católicos. Por tanto, es un premio que no indica nada en relación a la catolicidad de quienes lo reciben. Y quien diga lo contrario, miente miserablemente.

Lo que hay que preguntarse es a qué mente luminosa se le ocurrió poner el nombre de un Papa a un premio así. Y por qué el Papa admite tal necedad.

Si yo fuera Iraburu y Sayés y me dieran un premio al mismo tiempo que al italiano y a Olegario, me negaría a recibirlo por mucho que llevara el nombre de Ratzinger. El verdadero premio para un buen teólogo lo recibe al llegar a la presencia de Dios. Allí no habrá lugar ni para herejes ni para tibios.

21/06/11 11:06 AM
  
Conversaciones de mindundis
Al porquero de Agamenon.. (lo dejaremos en simple porquero)

1. Muestreme donde dice en los estatutos que se ortorga premios de tal calado a teólogos no católicos.

No vale mentir o sacar de contextos frases de entrevistas, sino que me lo MUESTRE.
Tengo los estatutos en mano.

2. El mejor teólogo que hay en la Iglesia, se llama Benedicto XVI, además es el Papa. Por lo tanto, entre lo que diga infocatolica, Iraburu y lo que dice Ratzinger, no me queda DUDA con quien me quedo como experto teólogo que ha evaluado personalmente a estos premiados y les ha reconocido como los mejores en su trayectoria y obra.

3. En los estatutos, SI SALE lo siguiente:

"Reconocimiento a la excelencia en perfecta sintonia con las escrituras y la revelación" "Un foro de altisimo nivel academico y cientifico"

De nuevo, "de altisimo nivel" quiere decir que ustedes, todos los de esta web, incluyendo su director, están FUERA del nivel requerido ni para evaluar una coma de NADIE.

Serán opinadores de blogs pero nada más, incluyendo al sacerdote de cabecera de este portal que se limita a copiar frases de Sayés pero omite otras.

Punto y final
Si les ha escocido, agua fria

PS. Desprestigiar al mejor foro academico que se ha formado en el Vaticano con esta iniciativa de Benedicto, solo muestra la impotencia, la incapacidad, la mediocriodad de quien se ha visto ya 2 veces abofeteado intelectualmente por Roma



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EFG


Como Ud. comprenderá que unos Estatutos digan lo que digan no quiere decir que las personas que se premie en base a los mismos cumplan con los requisitos establecidos. Es fácil pensar que ha habido más de un Premio Nobel que ha sido una auténtica mamarrachada como, por ejemplo, el de la Paz a Obama. O, más en concreto, hay muchos Premios Príncipe de Asturias que son para darles de comer aparte. Seguro que los Estatutos de los tales premios dicen cosas muy buenas de las personas que serán escogidas para los mismos.

Y, por cierto, decir que no se puede criticar a NADIE pues,la verdad, me parece llevar las cosas un poco lejos. Faltaría más que no se pudiera decir, con pruebas escritas, como es el caso, lo que en este caso pasa. Y si escuece... agua fría.
21/06/11 3:29 PM

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