20.04.19

La Palabra del domingo - 21 de abril de 2019

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Jn  20, 1-9

 

“El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’ Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó,   pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.”

        

 

COMENTARIO

 

¡Resucitó!

 

No resulta demasiado difícil imaginar la situación en la que, en aquel primer domingo después de la muerte de Jesús, se encontraban sus discípulos más allegados e, incluso, su Madre María. 

Lo que había sucedido apenas unos días antes debía ser insoportable para ellos: habían visto entrar en gloria al Maestro en Jerusalén y apenas unos días después lo vieron maltrecho, colgado en una cruz como si se tratase de un malhechor y, para acabarlo de arreglar, muerto sin solución posible… 

Eso era lo que pensarían muchos de ellos. Sin embargo, también podemos imaginar que otros creían en lo que les había dicho. Y lo creían porque se había cumplido todo lo que les dijo: lo apresarían y lo condenarían a muerte. ¿Había, pues, alguna razón para que, como les había dicho, no regresara del mundo de los muertos a los tres días? 

Y así estarían con su congoja: unos pensando que todo estaba perdido; otros esperanzados. 

Pero María de Magdala acudió al sepulcro para ver, quizá, al Maestro o, también, para acabar de arreglar su cuerpo porque es posible que pensara que, con las prisas del viernes, no había sido bien preparado. El caso es que aquella mujer, que tanto amaba al Maestro por lo que había hecho por ella, acude al sepulcro. 

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18.04.19

Semana Santa: Salvados a cambio de Su Sangre

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Sangre y Luz. Así, dicho, son dos palabras que, a lo mejor, poco tienen que ver. Sin embargo, si las miramos desde el punto de vista de la historia de la salvación, es posible que encontremos más de una relación. 

Digamos para empezar que eso, la historia que llamamos de la salvación lo es, primero, y tiene, un sentido histórico porque se ha desarrollado a lo largo del devenir de la humanidad; y es de salvación porque ha tenido, como fin, que el ser creado por Dios a su imagen y semejanza se salve. Y si necesitaba salvación era, claro, porque estaba perdido, porque se había salido del camino que el Todopoderoso le había trazado para encontrarse con Él en el Cielo y había estado paciendo, cual oveja díscola, en cualquier otro campo donde la hierba no proporcionaba vida eterna sino, como mucho, un sustento mundano y temporal. 

Pero el Plan, así con mayúscula porque es Dios quien lo estableció, debía cumplirse y se iba a cumplir muy a pesar de ciertos comportamientos humanos. Bueno, a lo mejor, por eso mismo… 

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17.04.19

Semana Santa: con los pies lavados

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¿Qué hacemos con la salvación?

 

Esta pregunta, demasiadas veces, no tiene fácil respuesta; a veces, para según qué espíritus, ninguna. De todas formas, vayamos por partes. 

Seguramente no hace falta decir que hoy, además de ser Jueves Santo y, por tanto, podríamos decir en lenguaje moderno, Día Internacional del Amor Fraterno, es el día en el que el Hijo de Dios hizo mucho por sus hermanos los hombres y, en general, por el hombre, creación de Dios hecha a su imagen y semejanza

Cuando decimos esto último, lo de la “imagen y semejanza”, hay quien cree que eso supone que, como nosotros, los seres humanos, somos como somos, digamos, físicamente, que Dios ha de ser así porque si somos hechos a su imagen y semejanza y así somos… En fin, que así solemos pensar nosotros. 

Sin embargo, es más acertado creer que somos imagen y semejanza de Dios no físicamente sino espiritualmente. Y es que como el Creador es espíritu (misterio que ahora ni entendemos ni entenderemos hasta que podamos preguntárselo a Él directamente en el Cielo y se nos expliquen bien las cosas) nosotros somos, sí, imagen y semejanza suya, pero a un nivel no físico sino, más bien, espiritual. Y, entonces, entra en juego, lo que muchas veces no queremos que entre en juego: la Bondad, el Amor, la Misericordia, el Perdón, etc., etc., etc. 

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16.04.19

Revista “Fe y Obras” - Número 3 - Semana Santa y Pentecostés

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Así también la fe, si no tiene obras,

está realmente muerta” (St 2, 17)

 

Dando gracias a Dios por la inspiración y por la posibilidad de poder llevar a cabo un proyecto largamente acariciado por este que escribe, traemos hoy a esta casa el tercer número de una Revista católica de título “Fe y Obras”.

 

ÍNDICE

  

Carta del Director 

Magisterio 

Desde la fe 

Nuestros mayores en la fe dicen 

Habla el Catecismo de la Iglesia Católica 

Camino, Verdad y Vida 

El libro del cuatrimestre. En este número, los libros.

Oremos 

Hasta que Dios quiera

  

*******

 

Carta del Director

 

Estimados lectores:

 

Una vez ha pasado el tiempo de Cuaresma y, es de suponer, hemos limpiado nuestro corazón lo mejor que hayamos sido capaces de limpiar, llega un tiempo espiritual que es crucial.

 

Cuando decimos eso, que es crucial, nos referimos que tiene relación perfecta con la cruz o, mejor, con la Cruz., Y nos referimos, claro está, a la de Cristo.

 

Este tiempo es más que especial. Y es que una semana de gloria como fue aquella en la que el Hijo de Dios entró en la Ciudad Santa, el pasado Domingo, de Ramos, y allí manifestó que era, en efecto, el Mesías y Enviado de parte del Todopoderoso, culminó con un tiempo terrible: el de la muerte de Jesucristo en la Cruz.

 

Había, sin embargo, esperanza. Y era la que había sembrado Jesucristo cuando dijo que sí, que iba a ser entregado y que iba a morir. Sin embargo, también dijo que iba a resucitar.

 

Es más que cierto que muchos de aquellos que escucharon eso de la resurrección no acabaron de entender lo que quería decir. Y no es que el pueblo judío no supiera nada sobre tal tema, que sí sabía y había partidarios y contrarios al mismo, sino que no era un tema demasiado fácil siendo, además, muy misterioso.

 

Pero sí, Jesucristo sería entregado en manos de sus matarifes, moriría y, luego, resucitaría. Y estaría con sus discípulos, aún, algunas semanas más hasta que en un momento concreto y bien determinado, en Pentecostés, enviaría a los suyos a transmitir la Buena Noticia. La Iglesia, luego llamada católica, inició su camino que llega hasta hoy mismo.

 

Este tiempo, por tanto, es demasiado importante como para que lo olvidemos. Y no lo vamos a hacer, por supuesto.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

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14.04.19

Semana Santa: Pasión y salvación

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Ayer mismo vivimos, y revivimos, un momento más que importante en la historia de la salvación del ser humano creyente en Dios Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra y de todo lo visible e invisible. Y es que ayer domingo lo fue de Ramos, llamado así por aquellos que tendieron, a su paso hacia la Ciudad Santa, los que también creían en Dios. 

Esto lo decimos porque, como ponemos en el título de este artículo, esta Semana, llamada Santa porque lo es, lo es de Pasión pero también es de salvación. Es más, lo primero tiene como fin lo segundo. 

Sabemos que resulta muy difícil sostener una cosa y la otra sin que nos dé un vuelco el corazón. Y es que, así como Dios envío a su Único Hijo engendrado y no creado al mundo, estamos más que seguros de que lo hizo en bien de la humanidad que había creado, nada más y nada menos, que a su imagen y semejanza. 

Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que lo que conocemos de aquellos días, aquella semana de siete días completos que van desde aquella entrada hasta la Resurrección de Nuestro Señor, es no terrible sino, como se suele decir, lo siguiente. Y con eso queremos decir que, en este caso, se supera toda aberración que pudiera ser imaginada y todo maltrato que una mente enferma pudiera crear. 

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13.04.19

La Palabra del domingo - 14 de abril de 2019

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Domingo de Ramos

 

Lc 23, 1-49

 

1 Y levantándose todos ellos, le llevaron ante Pilato.

2 Comenzaron a acusarle diciendo: «Hemos encontrado a éste alborotando a nuestro

pueblo, prohibiendo pagar tributos al César y diciendo que él es Cristo Rey».

3 Pilato le preguntó: «¿Eres tú el Rey de los judíos?» El le respondió: «Sí, tú lo dices».

4 Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: «Ningún delito encuentro en este hombre».

5 Pero ellos insistían diciendo: «Solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde

Galilea, donde comenzó, hasta aquí».

6 Al oír esto, Pilato preguntó si aquel hombre era galileo.

7 Y, al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos

días estaba también en Jerusalén.

8 Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle,

por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera.

9 Le preguntó con mucha palabrería, pero él no respondió nada.

10 Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia.

11 Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un

espléndido vestido y le remitió a Pilato.

12 Aquel día Herodes y Pilato se hicieron amigos, pues antes estaban enemistados.

13 Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo

14 y les dijo: «Me habéis traído a este hombre como alborotador del pueblo, pero yo le he

interrogado delante de vosotros y no he hallado en este hombre ninguno de los delitos de

que le acusáis.

15 Ni tampoco Herodes, porque nos lo ha remitido. Nada ha hecho, pues, que merezca la

muerte.

16 Así que le castigaré y le soltaré».

18 Toda la muchedumbre se puso a gritar a una: «¡Fuera ése, suéltanos a Barrabás!»

19 Este había sido encarcelado por un motín que hubo en la ciudad y por asesinato.

20 Pilato les habló de nuevo, intentando librar a Jesús,

21 pero ellos seguían gritando: «¡Crucifícale, crucifícale!»

22 Por tercera vez les dijo: «Pero ¿qué mal ha hecho éste? No encuentro en él ningún delito

que merezca la muerte; así que le castigaré y le soltaré».

23 Pero ellos insistían pidiendo a grandes voces que fuera crucificado y sus gritos eran cada

vez más fuertes.

24 Pilato sentenció que se cumpliera su demanda.

25 Soltó, pues, al que habían pedido, el que estaba en la cárcel por motín y asesinato, y a

Jesús se lo entregó a su voluntad.

26 Cuando le llevaban, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo,

y le cargaron la cruz para que la llevará detrás de Jesús.

27 Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él.

28 Jesús, volviéndose a ellas, dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por

vosotras y por vuestros hijos.

29 Porque llegarán días en que se dirá: ¡Dichosas las estériles, las entrañas que no

engendraron y los pechos que no criaron!

30 Entonces se pondrán a decir a los montes: ¡Caed sobre nosotros! Y a las colinas:

¡Cubridnos!

31 Porque si en el leño verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?»

32 Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él.

33 Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores, uno a la

derecha y otro a la izquierda.

34 Jesús decía: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen». Se repartieron sus

vestidos, echando a suertes.

35 Estaba el pueblo mirando; los magistrados hacían muecas diciendo: «A otros salvó; que

se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido».

36 También los soldados se burlaban de él y, acercándose, le ofrecían vinagre

37 y le decían: «Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!»

38 Había encima de él una inscripción: «Este es el Rey de los judíos».

39 Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y

a nosotros!»

40 Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma

condena?

41 Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio,

éste nada malo ha hecho».

42 Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino».

43 Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».

44 Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la

tierra hasta la hora nona.

45 El velo del Santuario se rasgó por medio

46 y Jesús, dando un fuerte grito, dijo: «Padre, en tus manos pongo mi espíritu» y, dicho

esto, expiró.

47 Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo: «Ciertamente este hombre

era justo».

48 Y todas las gentes que habían acudido a aquel espectáculo, al ver lo que pasaba, se

volvieron golpeándose el pecho.

49 Estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea.

 

COMENTARIO

Unos ramos de gloria y de sangre

 

Es bien cierto que el Calendario Litúrgico nos tiene reservado para hoy, 14 de abril de 2019, un texto muy extenso que refiere toda la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Así tiene que ser porque hoy empieza, claro está, la llamada Semana Santa y esto es lo que nos corresponde saber y tener en cuenta. 

Sin embargo, nosotros vamos a comentar, en especial, el día de hoy, Domingo de Ramos. 

Cuando, cada año, llega un domingo tan especial como es el llamado de Ramos, nos vienen al corazón y a la mente unos momentos muy importantes para la historia de cada uno de nosotros y, en general, para toda la humanidad. 

En aquel momento, un hombre entraba en Jerusalén. Lo hacía de una forma poco ostentosa pues entraba en un pobre jumento que no decía mucho, precisamente, de que su reino fuera de este mundo y mostrara, así, su gran poder. Y lo hacía así porque su poder era muy otro y tenía poco que ver con mundanidades y sí con grandes alturas espirituales. 

Nada de armas, nada de caballos. Tan sólo los ¡Hosannas! de aquellos que lo recibían como Rey, pero como un tipo de Rey muy distinto a los que se estaba acostumbrado por entonces. 

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11.04.19

J.R.R.Tolkien - Ventana a la Tierra Media – La revista Estel

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“La Revista Estel, de periodicidad semestral, que incluye diversos artículos especializados en la vida y obra del Profesor, así como contenido relativo a las actividades que realiza la propia asociación. Cualquiera puede acceder a números pasados de la revista Estel, ya que los liberamos para consulta pública, y así podrá disfrutar de sus contenidos y aprender o descubrir matices nuevos de esta vasta obra.”

Con estas palabras, la Presidenta de la Sociedad Tolkien Española (STE desde ahora), en entrevista publicada en este blog el pasado 2 de febrero, ponía sobre la mesa la existencia de Estel. Y es que  la Sociedad Tolkien Española tiene, entre sus diversas formas de difusión de la figura y otra de J.R.R. Tolkien, una que, por ser en papel, tiene su importancia. Y no es que aquello que esté en la red no la tenga sino que, para las personas que nos gusta leer en tal tipo de medio (el papel, queremos decir) hay formas que tienen más importancia. 

Bien. Decimos que la STE Tiene un medio de comunicación (también es accesible a través de la red, como podemos imaginar) que, con el nombre élfico de esperanza, Estel, nos pone al día de lo que pasa en nuestra Sociedad. 

La revista Estel, que es la revista oficial de la Sociedad Tolkien Española, como decimos, tiene un equipo editor muy amplio que lleva a cabo un encomiable trabajo que consiste, en esencia, en dar a la luz trabajos relacionados, como podemos imaginar, con el profesor de Oxford (resulta curioso, por cierto, que se le suela llamar así cuando estuvo en alguna que otra Universidad…) y con todo lo que, alrededor de la Tierra Media, existe y se desarrolla porque son tantos los temas que suscita la obra de J.R.R. Tolkien que ha de haber un medio de comunicación que se ocupe, al menos, de algunos de ellos. Y eso lo que hace Estel. 

No podemos negar, porque sería faltar a la verdad, que los artículos que se publican en Estel muestran la influencia que, en muchas vidas, tiene lo escrito, en vida o de forma póstuma, por el profesor Tolkien. Y es bien cierto que es tanto y tanto lo que se puede decir de las palabras que han dado forma a la vida de la Tierra Media (en sus diversas Edades) que está más que bien que haya quien se ocupe de hacer que se conozca el pensar de aquellos seguidores de J.R.R. Y no se trata, por decirlo así, de un terreno propio de los que se podían considerar “frikis” porque la labor llevada a cabo a lo largo de su vida por Tolkien va más allá de los gustos muy particulares de cuatro gatos, como podría pensarse. Y es que, a lo largo del mundo, no pueden estar equivocados los millones y millones de personas que dan, a la obra del profesor de Oxford, una importancia, en sus vidas, de primer nivel y, no nos equivocamos en decir que no pueden pasar sin ella. Así de sencilla y profunda es la cosa. 

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9.04.19

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro" – Lo que somos con el pecado, al pecar

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Lo que somos con el pecado, al pecar

 

“Al pecado nos lleva una apetencia consciente de brutalidad, como una sed de fango y una codicia de instintos animales.” (El sillón de ruedas, p. 97)

 

Digamos que sí, que no somos del todo ignorantes si hablamos del pecado y de las consecuencias que tiene caer en el mismo. Es decir, no podemos decir que no sepamos lo que es pecar y lo que, con eso, pasa en nuestro corazón y nuestra alma.

Digamos, por tanto, que la teoría la conocemos más que bien porque hace muchos siglos que está dicha…

También sabemos que, como se suele decir, el pecado es un verdadero misterium iniquitatis porque hay iniquidad en determinados comportamientos. Y eso, por decirlo así, es un misterio que no acabamos de entender y es lo que le hizo decir a San Pablo que, por muy bien que supiera qué era el bien acababa haciendo el mal…

Sin embargo, que nadie vaya a creer que el pecado es algo así como una realidad que aparece y, de repente, rapta nuestro bueno pensar y creer, rompe con nuestra fe y, en fin, nos hace en el abismo. No. La realidad es muy otra.

El Beato Manuel Lozano Garrido sabe muy bien que aquí, en esto del pecado, nosotros tenemos mucho más que ver que lo que a veces creemos entender o nos conviene entender…

Este hombre, que subió hace unos años a los altares, a lo mejor también sabía que era pecador. Bueno, sabía que lo era como todos los somos (aunque en su caso, seguramente, las caídas eran mucho menores que en el resto de creyentes católicos) pero aquí apunta a tres causas del pecado o, mejor, a qué es lo que nos lleva al mismo.

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7.04.19

Serie Venerable Marta Robin – Indignos del Amor de Dios a veces somos

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

Indignos del Amor de Dios a veces somos

 

“Nosotros nos manifestamos indignos del amor de Dios todas las veces que dejamos que nuestro corazón se encolerice, todas las veces que cerramos la puerta a la caridad y al perdón”. (Consejo 19)

 

Si no somos, del todo, inconscientes de lo que somos en materia de fe, sabremos exactamente de qué pie cojeamos. Y sabemos que a veces lo hacemos de los dos.

La Venerable Marta Robin, que conoció más que bien la naturaleza espiritual de sus hermanos católicos, nos pone sobre la pista de algo que nos puede venir la mar de bien porque nos puede evitar, digamos, malos actuares o pensares.

Sí, es cierto que sabemos que la Voluntad de Dios, nuestro Padre del Cielo, tiene relación directa con cómo somos sus hijos y, en fin, con cómo nos tomamos las cosas del alma. Y quiere lo mejor porque conoce muy bien el fin de todo eso: la vida eterna, habitar las praderas del definitivo Reino que nos ha preparado y ocupar alguna de las estancias que su Hijo, Cristo, nos está preparando. Y no está de más decir, ahora mismo y por cierto, que tales estancias se construyen con lo que nosotros, con nuestra vida ordinaria, enviamos al Cielo, a modo de perdones, de misericordias y de todo lo bueno que seamos capaces de dar. Y, por tanto, según sea nuestro proceder, así será la estancia que luego ocupemos…

Pues bien, Marta Robin nos habla, cierto es que nos habla de lo mejor para nosotros y por eso nunca debemos olvidarlo, de cómo no debemos ser para no manifestarnos como indignos ante Dios Nuestro Señor.

Podríamos decir que sabemos más que bien cómo podemos ser indignos de un merecimiento como es el de ser recibidos en el corazón de nuestro Creador. Pero nuestra hermana Marta Robin se refiere a lo que de propio tiene el Amor de Dios en nosotros si somos capaces de manifestarlo  con nuestro prójimo.

Sí. Nuestro prójimo ha de esperar de nosotros un corazón limpio y un corazón donde, de verdad, el amor se manifieste hacia quien nos acompaña en este valle de lágrimas y a quien Cristo tiene por hermano y, por tanto, también nuestro lo es. El prójimo, pues, ha de preferir de nosotros un comportamiento propio de un hijo de Dios y no de uno de Satanás…

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La Palabra del domingo - 7 de abril de 2019

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V Domingo de Cuaresma

Jn 8, 1-11         

 

 

1       Mas Jesús se fue al monte de los Olivos.

2       Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles.

3       Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio

4       y le dicen: ‘Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.

5       Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?’

6       Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.

7       Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: ‘Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra.’

8       E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.

9       Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio.

10     Incorporándose Jesús le dijo: ‘Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?’

11     Ella respondió: ‘Nadie, Señor.’ Jesús le dijo: ‘Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.’”

 

COMENTARIO

 

Una lección de amor y justicia de parte de Cristo

 

Hay que reconocer que el Mal es perseverante. Es decir que las intenciones que tiene de provocar en los hijos de Dios daño que sea irreparable no cesan con nada. Siempre está al acecho para ver si nos hace caer en sus trampas y, así, atraernos a su redil. 

A Jesús, como podemos imaginar, le tenía mucha inquina el Maligno. Y se adueñaba de los corazones de aquellos que no lo querían nada de nada. Y si eso no era suficiente, les ponía en bandeja casos como, por ejemplo, el de aquella mujer sorprendida en adulterio. 

Aquí no se nos dice que Jesús diga que aquella mujer no fuera adúltera. No. La realidad era la que era pero, por encima de la misma, había algo más: Dios, su misericordia, el amor y el perdón. Y todo eso era, seguramente, demasiado para según qué tercos y duros corazones. 

De todas formas, podemos imaginar los pensamientos de aquellos que habían llevado ante el Maestro a la mujer a la que había cogido, por decirlo así, in fraganti, cometiendo adulterio. En su mente sólo había una acción: apedreamiento. Y es que no lo decían por ellos sino que otro, Moisés, ya había establecido tal pena para tal acción. Y ellos, ¡hala!, a aplicar la ley y aquí paz y allá gloria. 

¡Qué obtusos eran!, debió pensar Jesucristo. Aunque, a lo mejor, bastaría con mostrarles sus propios corazones. No como ellos se veían sino como, en realidad, eran. Sí, eso debía astar para solventar una situación que era verdaderamente difícil de sacar adelante. 

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