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30.09.19

Serie Venerable Marta Robin – En plena disposición

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

             Resultado de imagen de Journal. Décembre 1929, Novembre 1932

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

 

En plena disposición

 

“Señor, estoy preparada para recibir de vuestra mano una cruz más aplastante, más sangrante, los más desgarradores sufrimientos si ése es vuestro divino deseo. “ (Diario íntimo, 7 de enero de 1930)

 

Muchas veces hemos escrito acerca de la situación física por la que pasó, a lo largo de su vida, la Venerable Marta Robin. Y bien sabemos, y es más que conocido, que no fue nada buena sino mala y más que mala. Y es que mucho tuvo que sufrir en el mundo aquella que, a pesar de todo, sabía a Quién atenerse y en Quién confiar.

Nosotros sabemos que, por lo general, no somos muy dados a llevar bien los sufrimientos físicos. Y aquí no ponemos los espirituales porque, de ser así, sería una carga demasiado pesada para nuestros, por lo general, flojos corazones…

Marta Robin, al contrario del sentido que se suele tener, como decimos, del sufrir y de las consecuencias del mismo, parece estar hecha de otra pasta y, en fin, nos pone el listón tan alto que casi estamos seguros de que seremos eliminados del salto espiritual al no poder, siquiera en tres intentos, superarlo.

De todas formas, nuestra hermana en la fe nos echa una mano bien grande y nos viene la mar de bien agradecérsela.

Arriba hemos dicho que Marta Robin sufrió mucho. Y eso, sin embargo (como suele ser lo general…) no la amilanó. Es decir, el dolor no pudo con su espíritu y con su alma y dio mucho de sí. Y así lo podemos ver.

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