InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Un amigo de Lolo

11.07.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Saber que Dios está

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Saber que Dios está

 

“Así un día, y otro, y otro, igual que un cielo inglés de invierno. Era, ¿cómo diría yo?, como un clima de personas malditas. Pero no; aunque no se veía ni con los ojos ni con el corazón, había algo que garantizaba que aquella era una prueba de fe y que había que beber franca y confiadamente su amargura.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 68)

 

Inmediatamente antes de este texto que aquí traemos, el autor del mismo (Lolo) escribe acerca de aquella época en la que lo estaba pasando verdaderamente mal: sus circunstancias físicas y lo que eso suponía para su hermana Lucy que trabajaba en oficina. Así, las prisas e ir siempre corriendo. Y así, como dice Lolo, vivían con una sensación de “estrechez y angustia”… 

Quien conozca a Manuel Lozano Garrido sabrá muy bien que su existencia, digamos, ordinaria, del común de todos los días y del pasar del tiempo, casi nunca fue de color de rosa sino, al contrario de un color más bien tirando al gris. Por eso no nos extraña que muchas veces, en sus libros, describa su situación en determinado momento y nosotros nos acabemos llevando las manos a la cabeza tratando de comprender como con tan poco pudo hacer tanto… Y siempre concluimos que fue porque Dios quiso, pudo hacerlo y lo hizo. 

Pues bien, Lolo es siempre franco (es decir, no escribe sólo lo que le conviene a él y oculta lo que quiere sino que, al contrario, siempre procede conforme las cosas son) y no duda lo más mínimo en reflejar en esta parte de este su diario lo que entonces le pasa, lo que en aquel momento le sucede. 

Da la impresión de que no ve nada. Y no nos referimos a la vista (que también) sino a lo que es su propia existencia: todo pudiera parecerle oscuro o algo así como insoluble. Pero bien sabe Lolo que las cosas son como tantas veces aparentan sino que pueden ser tenidas por distintas si somos capaces de ver cómo debe ver un hijo de Dios. 

A pesar de que las cosas eran “así un día, y otro y otro, igual” nuestro amigo de Linares (Jaén, España) tiene muy clara una cosa que nunca le abandonó a lo largo de su vida: Dios siempre está ahí. 

Dicho así pudiera parecer como una simple y llana expresión de voluntad personal. Pero es mucho más porque es, exactamente, la verdad: Dios siempre está ahí. Y Lolo lo sabe muy bien. 

Podemos decir, esperemos que sin equivocarnos, que lo mismo que Cristo quiso beber el cáliz de amargura que se le presentaba en los primeros momentos de una Pasión, su Pasión, esperada, algo así le pasa a Manuel Lozano Garrido: aquella era una amargura, sí, pero que debía aceptar porque era Voluntad de Dios, por muy duro que pueda parecer eso. 

Esto lo decimos porque Lolo utiliza dos palabras que certifican que sí, que acepta aquella amargura y que lo hace con alegría. Y nos referimos a que había que beberla “franca y confiadamente”. 

Estas palabras, aplicadas a su circunstancia, no son unas que puedan considerarse algo así como muy bien puestas porque son, en realidad, expresión de fe profunda y arraigada en el corazón. Así, Lolo acepta lo que le pasa con franqueza o, lo que es lo mismo, haciéndolo personalmente hasta las últimas consecuencias sin querer quitarse, por así decirlo, nada de aquella amargura; también que lo hace confiando en Dios, su Padre del Cielo, que con su santísima Providencia, nada malo quiere para sus hijos aunque, claro, a veces nosotros podamos creer que bueno, aquello, no era del todo… Pero ¿Y aquello de los caminos inescrutables de Dios…? 

Lolo, sin embargo y por eso mismo, confía en Dios y todo lo acepta sin mentir sino que, al contrario, su aceptación expresa más que bien su amor por Dios e, incluso, por su propia circunstancias. 

En realidad, siempre es más que bueno saber que Dios siempre está ahí. Y que está. 

      

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

4.07.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Saber de dónde viene todo bien

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Saber de dónde viene todo bien

 

Al filo de la madrugada, rezo encarando con valentía el laberinto del futuro. ¿De dónde me vino esa fuerza de las pupilas que afrontan sin temor la esfinge del porvenir? Ni la gravedad, ni las tribulaciones, ni la misma muerte tocan las raíces de este vivero con 365 árboles de esperanza. Y es que, Buen Dios, Tú eres así de vitalmente comunicativo, de mágicamente transformante.”(Las golondrinas nunca saben la hora, p. 61)

 

Esto lo escribe Lolo un 31 de diciembre. Termina, pues, otro año y nuestro amigo se pregunta. Y es que, de verdad, tenía que preguntarse por su mismo ser, por el cómo, por de parte de Quién… 

Muchas veces nos hemos preguntado por cómo Manuel Lozano Garrido fue capaz de afrontar todas las dolencias físicas que le cayeron encima, una tras otra hasta su propia muerte por efecto de cada una de ellas sobre su cuerpo. Y, ciertamente, él también se hace esa pregunta aunque al final de este texto de su libro Las golondrinas… responde aún sin decir que tal es la respuesta. Lolo sí sabe de dónde le viene esa fuerza que hace que haya sido posible pasar un año más según está… 

Hay que ver cómo Lolo encara las cosas. A pesar del qué de su vida lo hace todo bajo la mano de la esperanza. Es decir, que aún sabiendo que no sabe nada de su futuro, ni inmediato ni lejano, no duda lo más mínimo de a qué acogerse. Y lo hace a la esperanza, de la mano de la cual nunca se ha soltado desde… seguramente siempre en su existir. 

Digamos que Lolo lo tiene muy claro: saber no sabrá qué ha de ser de su vida pero lo que sí sabe es que cada día que pasa, lo pasado y lo que tenga que venir, lo hará apoyándose en una raíz fuerte como es la esperanza. Y eso le hace que afronte todo “sin temor” aunque bien sepamos que sus circunstancias eran más que difíciles. Pues bien, a pesar de todo el Beato de Linares (Jaén, España) sabe muy bien que no está sólo sino que, como poco, puede apoyarse en esa virtud teologal que tanto bien le ha hecho siempre. 

Decimos arriba que Lolo se pregunta pues no es nada extraño que quien pasa lo que él pasa se pregunte por el cómo y, sobre todo, por Quién hace que eso sea posible. 

Ya podemos imaginar la respuesta dado quién quien hace la pregunta. Y sí, es Dios, el Buen Dios como dice al estilo puramente francés de llamar al Padre Todopoderoso, quien es su apoyo fundamental. 

A tal respecto, encuentra Lolo en Dios todo su apoyo. Por eso dice que es “vitalmente comunicativo” y que transforma todo lo que toca hacia lo bueno y mejor. 

El caso es que un año se abre ante el corazón de Lolo y está más que seguro que, lo mismo que le ha pasado en todos los de su vida hasta ahora vividos, nunca le faltará no sólo el aliento de Dios sino, sobre todo, su vida comunicada y, en fin, un ser posible lo que, como es obvio, a nosotros nos parece imposible.

     

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

27.06.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Y dice Lolo “casi nada”

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Y dice Lolo “casi nada”

“Yo, como mejor cabalgo es sobre el brioso corcel de un libro. Lo monto y al galope todo el año. De cuando en cuando, para abrevar, los articulejos y otras cosillas que me oxigenan. Ahora me ronda una idea y, como no cristaliza, ando que boto. Entretanto, prensa. Preparo una revista mensual, una serie de artículos para un concurso y estudio lo de otra publicación más amplia, que me han encargado para Semana Santa y que no sé si podré atender; en resumidas cuentas, casi nada” (“Las golondrinas nunca saben la hora”, p. 59)

  

Este texto de su libro “Las golondrinas…” muestra bien a las claras cómo era el Beato de Linares (Jaén, España) y, en fin, que era prácticamente indestructible que, según eran sus circunstancias, es decir mucho pero es decir verdad. 

Ciertamente, se confiesa al respecto de cómo trabaja mejor. Y es que la producción de un libro es, para él, lo ideal. Y lo es porque supone concentración durante un tiempo bastante largo. Por eso dice que cuando tiene claro sobre qué va a escribir o cómo va a ser la forma del libro “al galope todo el año”. Y es que, sin duda, quien haga eso, escribir un libro, sabe muy bien a qué se refiere Lolo cuando afirma lo que afirma que es una verdad como una catedral de grande. 

Así dicho, como lo dice Lolo, da la impresión de que para él, aún teniendo al respecto de qué va a escribir las cosas claras, fuera todo sencillo y fácil. Y como sabemos las circunstancias, digamos, físicas, de su vida, es sencillo saber que no debía de ser nada fácil para nuestro amigo escribir un libro sino que, muy a pesar de que lo muestre como algo a llevar a cabo sin problema lo bien cierto es que no debía serlo. Pero para él, que es hombre con espíritu fuerte, todo le parecía la mar de bien sabiendo a qué iba a dedicarse.

 Pero como es más que conocida la producción literaria de Lolo (en los campos en los que así era) no nos extraña nada que diga eso de que “para abrevar” o, lo que es lo mismo, para nutrirse espiritualmente como si se tratase del agua que hidrata su corazón, hace otras cosas. Y es que el linarense universal escribió mucho más que los libros que dio a la luz pública (9) y eso es lo que nos dice aquí mismo. Y lo hace como para “oxigenarse” que es como afirmar que eso, los artículos y “otras cosillas” le vienen la mar de bien para darle fuerza mientras está escribiendo un libro. 

Esos “articulejos” de los que habla Lolo son más de unos cientos que publicó a lo largo de su vida y que muestran a una persona muy preocupada por todo lo que pasa a su alrededor y mucho más lejos. Y es en ellos, mientra se “oxigena”, donde podemos apreciar el valor literario de un hombre creyente católico que no deja de demostrar que lo es al darle ese tono en la escritura que muestra la hondura de su fe y que, de verdad, se la cree… 

Pero también tenía intención de publicar una revista mensual además de querer participar en un concurso y algo para la Semana Santa, suponemos, que de Linares, su pueblo. 

De todas formas Lolo tiene muy claro que, aunque sea un trabajador fuera de serie (digamos que sobrenatural según son sus circunstancias personales) a todo no puede llegar pues el día, también para él, tiene las horas que tiene. Y estamos seguros de que en ese “no sé si podre atender” hay mucho pesar y mucho saber que sí, que no todo es posible y que será lo que Dios quiera…

 Es cierto y verdad que todo esto que nos dice Lolo es mucho y más que mucho. Pero estamos seguros de que por mucho que diga “casi nada” el tal casi nada llenaba su corazón de ansia de mejorar y de servir a Dios y, así, a los hombres de su tiempo. Y, en realidad, no sólo lo consiguió entonces sino que ahora, algunos decenios después de su subida a la Casa del Padre y más de cien años después de su nacimiento, llega a hoy mismo lo que entonces hizo. 

Y nosotros, ¡qué menos!, la mar de agradecidos a Lolo.

     

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

20.06.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La esperanza que nunca se ha de perder

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

La esperanza que nunca se ha de perder

  

“Los días pueden ser negros, grises o claros, pero ¿todos únicamente negros? La pesadumbre se ha echado encima del optimismo y lo aplasta, lo aplasta, más la fe nos dice que la última risa es siempre de la esperanza. La esperanza es como un muelle de acero que cede y se contrae en los momentos difíciles para distenderse y arrollarlo todo a la hora de la verdad”. (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 58)

 

Lo decimos muchas veces eso de que la esperanza “es lo último que se pierde”. Sin embargo, eso, visto desde el punto de vista del Beato de Linares (Jaén, España) es decir muy poco de esta virtud que, por cardinal, la debemos tener más presente que lo que tal expresión dice. 

No hay duda alguna que lo que nos dice Lolo es cierto y es verdad: no todos los días son de color de rosa sino que, en efecto, los hay casi de todos los colores; negros cuando parece que nada sale bien; grises cuando algo sale mal pero hay cosas que salen bien y compensan lo otro o, en fin, días claros en los que todo es, entonces sí, de color de rosa. 

El caso es que nuestro amigo no está de acuerdo en que todos los días tengan que ser, a la fuerza, negros. Y eso lo dice quien tenía más de una causa para que vida fuera bien oscura… Sin embargo, se opone a eso. Y por eso se pregunta si todos han de ser únicamente así, negros. Y sabe que las cosas no son siempre de tal manera y lo basa en algo que, en sí mismo, es una virtud y que forma parte de las que llamamos “capitales” por su importancia y que son, a saber, la fe, la esperanza y la caridad… 

Todo, pues, parece sencillo de entender: si todos los días no pueden ser negros es, precisamente, por la esperanza. 

El caso es que dice bien Lolo que la esperanza tampoco actúa por sí sola sino que es la fe la que nos dirige a ella pues, de tenerla, la fe queremos decir, la otra virtud nos saldrá al encuentro más pronto que tarde. La fe, por tanto, conduce y lleva a la esperanza y por eso es que hay tantas personas que, a fuerza de no tener fe tampoco tienen esperanza… 

Veamos, de todas formas, qué sentido tiene Lolo de esperanza, cómo la considera. 

Resulta curioso que nos dice Lolo que la esperanza es como un “muelle de acero”. Y esto lo decimos porque nos muestra qué es para él pues un muelle es algo elástico que vuelve a su posición una vez se ha estirado de él pero, a su vez, siendo de acero muestra allí una fuerza casi irresistible. Es decir, que la esperanza, que la tenemos ahí sólo para las oportunidades en las que echamos manos de ella siempre está a punto para estirarla según nuestras necesidades y, por eso mismo, tiene una naturaleza tan irresistible, tan fuerte, por decirlo así. 

Ciertamente, la esperanza la necesitamos cuando la necesitamos y no es como la fe que siempre ha de estar ahí. Y por eso, precisamente por eso, cuando nos la echamos al corazón y la ponemos en el primer plano de nuestra vida, ante las dificultades, todo lo arrolla, como dice Lolo. 

Además, es verdad que a la hora de la “verdad”, como apunta nuestro amigo, la esperanza nunca nos falla porque ha sido traída por la fe y siempre está ahí para darle a todo lo malo una visión mejor, una nueva luz, un ser que valga la pena.

    

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

13.06.22

Un amigo de Lolo - Beatificación de Lolo: 12 años y un día

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

12 años y un día

Aquel día llovía en Linares… 

Ciertamente que hace ahora, justamente, 12 años y un día, el agua se dejó caer en Linares que fue donde nació, vivió y murió la persona que aquel día era, por decirlo así, homenajeada con todos los lustres que para eso tiene la Iglesia católica. 

Se ha hecho uso de la lluvia aquella una imagen, digamos, a modo de lágrimas que caían del Cielo porque a un hijo de Dios especialmente cualificado y dotado de dones y gracias como era Manuel Lozano Garrido se le hubiera subido a los altares. Pero, para nosotros (y siendo tal imagen bella y bonita) nos basta con decir que sí, que llovía entonces… 

El caso es que la lluvia, pertinaz, en nada enturbió la beatificación del pronto Beato Lolo. Es más, la volvió más épica, como suele decirse cuando, ante algo que pasa es que se le añade determinada circunstancia que lo hace, si cabe, más especial. 

A nosotros, de todas formas, lo que más nos importa es el acontecimiento en sí o, lo que es lo mismo, la beatificación de Manuel Lozano Garrido, para nosotros Lolo por ser sus amigos. 

Lo que nos importa es que se reconoció entonces que un creyente católico se había ganado a pulso de alma y de corazón subir a los altares. Y no es que otros en creyentes católicos no recayera su forma de hacer las cosas y, en fin, su ser así hijo de Dios sino que, como suele pasar, se reconoce en determinadas personas sus cualidades para subir a los altares. Y eso le pasaba y le pasó a Lolo.

Proceso de Canonización de Manuel Lozano Garrido | Beato Manuel Lozano  Garrido, beato Lolo

Seguramente, mucho se ha escrito sobre aquel hombre, aquel superhombre espiritual (y nos preciamos de calificarlo así porque lo fue) que fue capaz de enfrentar todas las batallas físicas y salir vencedor de ellas menos, claro, de la que le llevó al encuentro del Padre celestial un 3 de noviembre de 1971. Pero es que aquella debía producirse cuando Dios quisiera que se produjera y vino a ser lo que Dios quiso… como suele ser y es lo habitual. 

Nosotros nos gozamos de recordar hoy, que es 13 de junio, hace 12 años y un día que en Linares llovía mucho y la urna con los restos mortales de Lolo subió al escenario en el que, a modo de Iglesia (imaginemos así la cosa) iba a ser nombrado Beato de la Iglesia católica y, desde entonces, formar parte de la lista interminable que en el Cielo adoran a Dios y gozan de la Visión Beatífica y la Bienaventuranza. 

Es cierto y verdad que tal tiempo, 12 años y un día, a lo mejor no es un espacio temporal excesivo si lo comparamos con la misma eternidad (en la que, por cierto, no hay tiempo alguno) Sin embargo, en tal tiempo nos ha dado el mismo para conocer mejor a Lolo y para saber que aquel vecino que, en Linares, visitaban muchos de tal jaez para estar un rato con él, a veces para pedirle consejo espiritual e, incluso (¡sobre todo!) para curar sus muchas dolencias; aquel vecino, decimos, está desde entonces entre aquellos que han sabido, a lo largo de los tiempos, ser fieles hasta el tuétano, como suele decirse. 

Ahora bien, a esto estamos más que seguros de que Lolo, haciendo uso del sentido del humor que tenía (que era más que notable) hubiera dicho algo así como “Sí, para huesos estoy yo”… 

Y es que Lolo era así, ni más ni menos.

   

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.