InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Un amigo de Lolo

10.10.22

Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro” – Una franca entrega a Dios

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Una franca entrega a Dios

 

“’Te pido, Señor…’ ‘Dame…’ 

Dame, siempre dame, pedir, exigir; nuestro ‘yo’, como una alcancía; un Dios al que hay que desplumar a cada momento, como a un pavo de Pascua.

¿Cuándo ‘Te doy’… ‘Aquí tienes…’ ‘Te ofrezco…’? 

Pero ¿qué puede dar uno, tan limitado, tan pequeño, tan necesitado? Lo que sea, pero que se note el deseo de dar algo. Lo importante es dar; que dar, es amar. Dar, así, el corazón, desalojado de ‘yo’; alargarlo vacío, aunque nos duela el eco de la desolación, porque el dolor del vacío que deja en nosotros la generosidad, Dios se compromete a llenarlo con su misma presencia.

Apresúrate, corazón.” (Las golondrinas nunca saben la hora, 102)

  

Antes de dar comienzo al capítulo de “Las golondrinas nunca saben la hora” de título “Las noches de invierno son las más largas” (que es, además, la segunda parte de tal libro), Lolo escribe lo que podríamos denominar el “espíritu” del mismo y que hemos traído aquí. Y bien podemos ver que sabe lo que dice pues bien lo cumplió a lo largo de su vida. 

Bien podemos decir que Lolo nos ha “calao” a muchos creyentes cristianos, aquí católicos. Y eso lo decía hace unas decenas de años pero estamos más que seguros que la cosa sigue siendo, en general, igual: pedir, pedir y pedir a Dios…

En realidad, no está mal pedir. Es decir, cuando es necesario pedir a Dios por determinada necesidad, no está mal, como decimos, dirigirse al Creador para manifestarle tal petición. Sin embargo, nosotros creemos que Lolo se refiere a un estado continuo de petición. Y por eso habla de algo así como estar “desplumando” a Dios con tanta petición… (sabemos que eso es imposible pero esto se dice para que se entienda tal situación…) 

Sí, por tanto, debemos pedir al Todopoderoso pero, luego, está lo otro que es lo que verdaderamente importa. Y lo otro es dar. Eso, dar. 

Te doy, aquí tienes y te ofrezco”. Son expresiones con las que Lolo nos muestra cómo podemos ofrecer a Dios, de parte de nosotros mismos, lo que somos e, incluso, lo que podemos llegar a ser con tal darse. 

En realidad, tal forma de expresar las cosas nos dice que sí, que lejos de sólo pedir también podemos dar (siendo así efectivos) u ofrecer, siendo así potencias para, luego, serlo en acto, dándonos… 

De todas formas, ya nos imaginamos el pensamiento de más de un creyente. Y no es descubrimiento nuestro porque aquí mismo lo dice Lolo: ¿dar yo que no soy nada..? 

Sí, ciertamente, no somos nada. Sin embargo, eso no es obstáculo para darse. 

Es cierto y verdad que aunque sepamos que somos muy, muy limitados, eso no quiere decir que no seamos capaces, que no tengamos capacidad de darnos. Y de eso habla Lolo cuando dice que, aunque sea el corazón vacío… también podemos darlo. 

¿Y de qué servirá un corazón vacío? 

Ciertamente, aunque pueda parecer que ha de servir para nada, eso está alejado de la realidad pues, como escribe el Beato de Linares (Jaén, España) ya se encargará Dios de llenar el corazón que, eso sí, quiere darse. Y es que aquí la intención vale mucho más que en otras ocasiones pues Dios sale valedor por Nosotros. 

¿No ha de ser eso ya suficiente? 

Debemos, pues, darnos prisa en ofrecer al menos el corazón aunque pueda estar vacío o poco lleno. Ahí está Dios para hacer el resto.

   

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

3.10.22

Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro” – Sacrificios ofrecidos

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Sacrificios ofrecidos

  

“Tercera noticia. ‘Hacen falta donativos de sangre. Sin las debidas reservas, se llegaría a una situación sin remedio caso de ocurrir una catástrofe’.


Moraleja: Se necesitan también muchos sacrificios generosos para asegurarle al mundo la salvación. Sin reservas espirituales, ¡ay de esta pobre naranja achatada! (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 94)

 

El 3 de junio de 1962, Lolo escribe en su diario que “Dios tiene que hablar y lo hace con proverbios, con parábolas o con lo que haga falta”. Y acto seguido pone una serie de ejemplos de noticias en las que el Beato de Linares (Jaén, España) aprecia más que bien la mano del Creador y Todopoderoso Padre Eterno. En artículos anteriores hemos traído la primera y la segunda de las noticias; ahora, les traemos la tercera que, como pueden leer arriba, dice lo que dice y que tiene que ver con los sacrificios que, bien ofrecidos a Dios, son causa de abundantes frutos espirituales siendo, además, muy necesarios para alcanzar bienes espirituales mayores… 

Quien es donante de sangre sabe muy bien la importancia que tiene dar la suya por si acaso hace falta (que suele ser que sí siempre) y alguna persona puede salvar su vida o, como poco, mejorarla. Y por eso no son pocas las campañas que se hacen para hacer un llamado a la donación de líquido tan preciado. Y, claro, si falta el mismo (suele pasar en verano cuando hay dispersión del personal y cierto olvido…) es casi seguro que puede acarrear, tal falta, más de una dificultosa situación.

Hasta ahí la noticia en sí que es, siempre lo es, importante por lo que supone la misma. Pero Lolo, como siempre hace, lo lleva al terreno espiritual que, podríamos decir, es lo suyo… Y lo hace para obtener no poca sustancia de tal jaez que, ya de paso, nos viene la mar de bien a quienes leemos esto que nos dice, ahora, como tercera noticia de las que forma este texto del Beato de Linares (Jaén, España) 

Es cierto y verdad eso que dice Lolo de los sacrificios. 

Sacrificarse, así, sin más, seguramente no tenga más sentido que el que pueda darle la persona que los hace. Pero los católicos sabemos muy bien lo que podemos hacer con los mismos: ofrecerlos. 

El ofrecimiento a Dios de nuestros sacrificios (es de suponer que con intensiones santas y sanas) tiene mucho que ver con la comprensión que tenemos de realidades espirituales como es la comunión de los santos o, en fin, de aquella unión que tenemos con el resto de creyentes. 

Ofrecer a Dios un sacrificio (y hacerlo con franqueza) es la prueba más evidente de que comprendemos lo que es el amor, la misericordia, el auxilio, etc. Y lo hacemos por la sencilla y noble razón según la cual espera nuestro Creador que sus criaturas comprendan lo que supone hacerse de menos uno mismo (en eso consiste, al fin y al cabo, sacrificarse; humillarse ¿no?) por un bien superior como puede ser el de otra persona o intención… 

Pero eso no es más que un simple apunte de lo que cualquiera que sepa algo de la fe católica que tiene comprende y, en cuanto puede, hace. Sin embargo, hay más. 

Las palabras de Lolo, como podemos comprender, son dichas y escritas (cuando lo son como es este caso) por un santo y eso, se diga lo que se diga, tiene mucha importancia. 

Esto de arriba lo decimos porque apunta el linarense universal a algo que es crucial para nuestra vida espiritual. Y es que dice que debe haber “reservas espirituales” para la salvación que el mundo ha de alcanzar. 

Esto es muy importante porque nos pone sobre la pista de que no sabemos cuándo va a ser tal salvación y, por tanto, debemos ir acumulando tales “reservas espirituales” a modo, ciertamente (y también), de sacrificios ofrecidos a Dios. Y sólo así será posible, cuando eso sea posible, que el mundo se salve. Y por eso nos dice el Hijo de Dios que es mejor que guardemos para el Cielo y que no acumulemos para la vida en el mundo donde hay ladrones y donde la polilla lo corroe todo… 

El caso es que, ciertamente, sólo existiendo tales “reservas espirituales” para cuando llegue el momento de la salvación del mundo será posible la misma. Eso, claro está, independientemente de la bondad y voluntad de Dios que podrá salvar al mundo de la forma que le parezca existan o no tales reservas. Sin embargo, no es poco cierto que nuestro Creador ha de preferir que las haya porque así habremos mostrado y demostrado que nos creemos la fe que tenemos. Así de sencillo y de simple; así nos lo dice Lolo acumulando, por su parte, muchas de tales reservas a partir de sacrificios santamente ofrecidos a Dios que es, por eso mismo, una muestra más de su santidad personal.

   

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

26.09.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Necesaria bondad

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Necesaria bondad

 

”Segunda noticia. ‘En la Alemania Occidental se ha suspendido el saludo de estrechar la mano para evitar una epidemia de disentería’

Moraleja: La bondad es aún más contagiosa. Dios anida en el corazón de las criaturas que le aman y el bien se va extendiendo al roce de las palabras, los hechos y los testimonios. Hay que

asegurarse de hombres buenos y el bien será como una mancha de aceite“ (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 95)

  

El 3 de junio de 1962Lolo escribe en su diario que “Dios tiene que hablar y lo hace con proverbios, con parábolas o con lo que haga falta”. Y acto seguido pone una serie de ejemplos de noticiasen las que el Beato de Linares (Jaén, España) aprecia más que bien la mano del Creador y Todopoderoso Padre Eterno. En un artículo anterior trajimos la primera de las noticias; ahora, les traemos la segunda que, como pueden leer arriba, dice lo que dice y que tiene que ver con la bondad que es, sí, una virtud que no siempre ponemos en práctica los hijos de Dios.

Antes que nada debemos decir que nos suena mucho eso de dejar de darse la mano para no contraer determinada enfermedad… o virus pues llevamos más de dos años haciendo, en nuestra patria (y en las de las demás personas también), casi lo mismo… Y es que poco parece haber cambiado desde los tiempos de Lolo…

De todas formas, digamos que las “noticias” que trae Lolo a su libro sirven, digamos, de pie para explicar lo que eso tiene que ver con el discípulo de Cristo y, claro, con Dios mismo. Y eso es lo que pasa con esta pues es cierto y verdad que no ha de ser tan importante una que lo sea como la que habla de eso que sucedió entonces en Alemania. Lo otro, lo que refiere el linarense universal sí que es crucial para nosotros. 

El caso es que la clave de todo esto, de la importancia de la bondad, es que Dios “anida en el corazón de las criaturas”. Ahora bien, añade algo que es muy importante y que debe hacernos pensar como somos nosotros a tal respecto. Y es que añade “que le aman”. 

Decir esto ha de suponer, para empezar, que hay criaturas que no aman a Dios. Y, entonces, no es que el Creador no quiera anidar en sus corazones sino que son ellas mismas las que no le dejan anidar y, simplemente, se olvidan de Quien les ha traído al mundo y, además, les mantiene en el mismo. 

Nosotros sabemos más que bien que hay muchas criaturas que no aman al Creador. Y que muchas lo hacen, a lo mejor, por desconocimiento del mismo pero hay otras que, habiéndolo conocido lo han olvidado de forma voluntaria. Y, en tales casos, tampoco resulta extraño entender que tales criaturas, al no conocer o haber olvidado a Dios, no lo tienen en su corazón: en primer lugar, porque quien no lo ha conocido difícilmente es consciente de eso; en segundo lugar, porque quien lo ha conocido y lo ha querido olvidar… en fin, pues se sabe qué es lo que pasa en tal caso… 

De todas formas, nosotros vamos a dejar de lado a tal tipo de criaturas y a centrarnos en lo que dice Lolo sobre las criaturas que sí aman a Dios y lo tienen en su corazón o, mejor que quieren darse cuenta de que lo tienen.

 Con lo que se dice, con lo que se hace y con lo que se muestra. Así es como la bondad que Dios siembra en el corazón de sus criaturas (que le aman y en las otras también pero…) se extiende por doquier. Y eso es, verdaderamente, más “contagioso” (en el buen sentido de la expresión) que cualquier virus o epidemia. Y, seguramente, es lo que Lolo ha querido decirnos con estas palabras: basta dejar que la bondad que Dios ha sembrado en nuestros corazones para que el mundo sea mejor. Así de sencillo.

   

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

19.09.22

Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro” – Cómo es Dios

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Cómo es Dios

  

“Primera noticia. ‘En los Estados Unidos han condecorado a un general japonés que fue el peor de sus enemigos durante la última guerra’.

 

Moraleja: Dios es todavía más generoso. Le escupimos, le pisoteamos, un buen día le pedimos perdón y Él nos abraza y nos da a gustar la Gloria para siempre…” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 95)

 

 El 3 de junio de 1962, Lolo escribe en su diario que “Dios tiene que hablar y lo hace con proverbios, con parábolas o con lo que haga falta”. Y acto seguido pone una serie de ejemplos de noticias en las que el Beato de Linares (Jaén, España) aprecia más que bien la mano del Creador y Todopoderoso Padre Eterno. Y la primera de ellas es la que hemos traído aquí y dice, como pueden leer arriba, lo que dice.  

Es más que sabido que entre la justicia del hombre y la de Dios hay muchas diferencias. Y las hay porque no es lo mismo, precisamente, el corazón de la criatura de Dios que el del Creador. 

De todas formas, pareciera que se acercan uno y otro en este texto en el que vemos que se ha perdonado, mediando condecoración, a una persona que, según dice Lolo (y sería verdad) que era el peor de los enemigos del pueblo americano del norte. Y es que ya sabe que, a veces, el vencedor puede mostrar misericordia con el vencido que, para eso, ha sido vencido… 

La cosa, sí, supone una extensión apropiada del perdón e, incluso, de la misericordia. Sin embargo, Lolo sabe que Dios es más, que es mucho más y por mucho más que digamos siempre nos quedaremos cortos. 

Lolo entrevé generosidad en condecorar a quien ha sido enemigo. Es más, pareciera que es algo fuera de lugar pero, como decimos, el vencedor que muestra tal tipo de comportamiento podemos considerar que ha sabido ganar cosa que, por cierto, no siempre es fácil… Y ahí está la mano de Dios… ablandando los corazones.  

Sí, hay generosidad en un gesto así. Sin embargo, sabe nuestro amigo que Dios es “todavía más generoso”. Y entonces viene a decir qué es lo que solemos hacer con Aquel que nos creado y, no lo olvidemos, nos mantiene en el mundo. 

Que nosotros escupimos a veces en el rostro de Dios (pensemos a qué nos referimos con eso) es algo que no nos es desconocido. Y no lo es porque en algunas ocasiones hacemos eso cuando queremos despreciar lo que supone Dios para nosotros y, en tal manera, le escupimos como cuando hacemos tal cosa con alguien a quien queremos manifestar nuestro más absoluto desprecio… 

Que nosotros pisoteamos a Dios mismo (aunque eso, en realidad, sea imposible) es algo que no nos es desconocido porque en alguna que otra ocasión hacemos como que no lo queremos y hacemos como cuando ponemos nuestra planta del pie en algún animalillo que creemos nos molesta. Queremos acabar con el mismo y, eso, lo pisoteamos, también aquí despreciando su propia existencia. 

Pero como no somos tontos del todo (¡del todo!) es de esperar que tales acciones nuestras nos pesan en el corazón y, al fin y al cabo y por necesidad espiritual y, creemos, que por amor también, acudimos a Dios para pedirle perdón por nuestra horrible forma de ser en muchas ocasiones. 

¡Qué difícil es para el hombre perdonar lo que hemos dicho que a veces hacemos con Dios! A veces es, incluso, imposible. Pero Dios tiene un corazón mucho más grande que eso. Y, como nos dice Lolo, “nos abraza” con lo cual consigue que nos creamos y sepamos perdonados. 

Pero, siendo eso ya suficiente para nuestros contritos corazones, el Padre Eterna (que no se conforma con perdonarnos por su corazón tierno) quiere que sepamos que la Gloria, la que nos ofrece a cambio de el bien ser y el bien estar de sus hijos, nos la ofrece para siempre y, como diría Santa Teresa es para siempre, siempre, siempre. 

Ciertamente, la moraleja de los cuentos viene a ser como un tipo de lección que debemos aprender. Y eso es lo que es esto, precisamente y que Lolo llama, precisamente, así, “moraleja”: Dios siempre espera que le pidamos perdón porque el Creador es como es, así, Él mismo.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

12.09.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – La realidad misma de Lolo

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

La realidad misma de Lolo

 

“Nos liamos la manta a la cabeza y hemos liquidado las zapatillas. Llevaban conmigo sus diecinueve años cabales. Desde principio ya hube de utilizarlas a medio uso, sin talones. Lo pienso y sí: resulta que no he dado con ellas ni un leve pasito. Como las suelas estaban siempre inmaculadas, pues hala, a usarlas en zapatillas de verano, de invierno y de lo que se presentara. Se fueron, sin pena ni gloria, en el cubo de la basura, pero me han dicho que, en la suela, los dos números cuarenta y uno de la medida estaban intactos, casi se diría que tristes, con la tristeza de una misión no cumplida: la de ayudar a caminar.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 90)

 

Es cierto y verdad que de Manuel Lozano Garrido, Lolo y, con el tiempo, Beato de la Iglesia Católica se sabe que mucho sufrió físicamente a lo largo de su corta vida y que pasarlo bien, digamos que a ese nivel, más bien poco o, mejor, seguro que lo hizo hasta que a principios de los años 40 del siglo pasado se le presentó aquella enfermedad que lo llevaría, con el paso de los años, directamente al Cielo. 

En sus libros podemos leer muchas veces que su sufrimiento lo tuvo más que claro y así lo manifiesta en sus páginas en abundantes ocasiones. Sin embargo, en algo que pudiera parecer accesorio como son, por ejemplo, unas zapatillas, está encerrado el sufrimiento mismo. Y Lolo lo muestra en este párrafo de su libro “Las golondrinas nunca saben la hora”. 

Antes que nada hay que hacer notar el rasgo de humor (¡Sí, humor!) que muestra aquí mismo el Beato de Linares (Jaén, España) Y es que dice que se han liado “la manta a la cabeza y hemos tirado las zapatillas”. Y es que no es mucho aquello que tiran pero que, dadas sus circunstancias, a lo mejor era importante. Sin embargo, nosotros creemos que Lolo eso lo dice en broma. 

De todas formas, hay algo que no es broma y es lo que, a raíz de aquel “tirar las zapatillas” supone eso o, vamos, lo que ha supuesto a lo largo de aquellos diecinueve años que las ha tenido en sus pies… 

El caso es que si esto lo escribe Lolo en su diario el 2 de mayo de 1962 y nos retrotraemos los 19 de los habla nos vamos al año 1943 que es, más o menos, unos cuantos meses después (a lo mejor algo más…) de que le dijeran que lo suyo no tenía arreglo. 

El ser de aquellas zapatillas de Lolo no fue el que tenía que ser. Y es que, como sabemos, la función de unas así es, simplemente, caminar, ayudar en el andar del ser humano que las lleva. Pero Manuel Lozano Garrido no era, en tal sentido, un ser humano como los demás porque su enfermedad atacó pronto a su movilidad. Y así, como bien dice él mismo, no dio “ni un leve pasito”. Y lo dice así, con ese diminutivo que da sencillez a su situación y la hace, digamos, más digerible.

No. Lolo, con aquellas zapatillas no pudo dar ni un paso y por eso no cumplieron con su función y, como dice Manuel, fueron al cubo de la basura “con la tristeza de una misión no cumplida: la de ayudar a andar”. Pero, al menos, pudo hacer uso de ellas durante todas las estaciones de los 19 años que lo acompañaron en su no andar, en su sillón de ruedas… 

Nos dice Lolo que aquellas zapatillas se fueron de su vera con la tristeza de no haber cumplido con su misión. Y, miren ustedes por dónde, a nosotros también nos produce tristeza que pasara eso con ellas porque, de haberlas guardado, ahora serían una pura y exacta reliquia y podríamos mirarlas diciendo algo así como “vosotras besasteis las plantas de los pies de Lolo y ceñisteis sus dedos, fieles compañeras del dolor y el sufrimiento”. Y, seguramente, algo se nos encogería el corazón.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.