InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Un amigo de Lolo

8.08.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - ¿Cómo es Dios para Lolo? (I)

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

¿Cómo es Dios para Lolo? (I) 

“Si así, en pequeño, fueras tú mismo me digo ¿qué cosa  tatuarías de preferencia?

Entonces me miro, a mí mismo, con el saquito de la propia vida a cuestas y voy y, de sopetón, me respondo que ‘Dios’; un Dios bello, dulce, hermoso y limpio, tal y como Él es, que se metiera ardiendo en los sueños, el porvenir y la ilusión. Un Dios que a mí se me hace espuma de entre lo más bonito de las cosas de la vida, porque las horas nobles van estampilladas con su felicidad.”  (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 83)

Se mira a sí mismo. Lolo se pregunta y, claro, contesta desde el fondo del corazón donde, como templo, reside el Espíritu Santo. Lo que responde es lo que, en verdad, cree porque lo tiene, por así decirlo, escrito a fuego en su alma.

Cualquiera podría decir que la respuesta que el Beato de Linares (Jaén, España) da a su pregunta acerca de qué es lo que, traduciendo sus palabras a un lenguaje ordinario, sería lo más importante para él, es algo así como lo normal, como lo que cualquiera de los creyentes podríamos decir.

Sin embargo, debiendo ser esto lo más cierto y verdadero, no siempre estamos dispuestos a comprender las cosas como las comprende Lolo. Y ahí reside lo especial de sus palabras acerca de Dios.

Los adjetivos que nuestro amigo aplica a su Creador son verdaderamente verdad, por decirlo así y, además, son lo que mejor definen el amor de Lolo por el Todopoderoso.

Así, por ejemplo, Lolo sabe que Dios es bello y que es dulce porque, en su vida, lo ha experimentado cada día desde que tuvo conciencia de la existencia de Aquel que lo había creado y, sobre todo, mantenía en el mundo.

Así, por ejemplo, Lolo sabe que Dios es hermoso y limpio porque ha experimentado cada día su hermosura y su limpieza desde que comprendió que iba a estar voluntariamente unido a una hermosura y una limpieza que muy bien le servía de ejemplo para estar y, sobre todo, para ser.

En realidad, estos adjetivos que Lolo aplica a Dios, en verdad, dice que son porque así es “tal y como Él es”. Es decir, que no alberga duda alguna sobre las calificaciones que hace recaer sobre Adonai y así lo expresa.

Sobre estas consideraciones que hace Lolo sobre Dios bien podemos decir que las hace porque dadas sus circunstancias es evidente que la mano de su Creador ha tenido mucho que ver con que él pueda escribir lo que escribe por poder escribirlo, si nos sabemos explicar… Es decir, que sabe que ha de ser cosa de Dios que pueda decir lo que dice al respecto de su Padre del Cielo porque le ha permitido, éste, hacerlo.

Así, todo lo bueno que le pasa a Lolo y, eso, empezando por su propia vida y existencia se lo atribuye a Dios porque sabe que es Bello, Dulce, Hermoso y Limpio. Y eso, sin duda alguna, hace que el Beato de Linares sienta que su vida ha sido llevada de la mano, de la misma mano de Aquel que quiso que, de la nada, todo fuera.

Y así es Dios para Lolo: lo mejor en e-s-e-n-c-i-a, así dicho, letra a letra, para comprender bien despacio la profundidad de tal palabra.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

1.08.22

Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro”- Lolo, maestro; el poder de sus palabras

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Lolo, maestro; el poder de sus palabras

  

“En los huequecillos de las tardes, iniciamos su aprendizaje. Con la tabla y las oraciones, machaca que te machaca, mas cuando explico, me da escalofrío el poder que hoy tienen mis palabras, ese misterio que es un corazón de cera caliente en el que yo puedo modelar a mi gusto las imágenes que quiera”. (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 83)

 

Conviene, en este caso, poner sobre antecedentes  al lector.

El caso es que la casa de Lolo se ha quedado sin “chacha” o mujer que, en ausencia de su hermana Lucy pueda echar una mano a Manuel Lozano Garrido. Y un día acude a su casa una señora que necesita cierta ayuda para hacer un trámite administrativo. Y cuando la citada señora se marcha de la casa de Lolo pregunta si, cuando se va Lucy de la misma el hermano se queda solo

Pues bien, como ya sabemos que la respuesta sería que sí, que se queda solo, aquella señora acudió en otro momento con su hija mayor (aún con trenzas…) para que “al menos, le hará compañía a él y así no se queda sin nadie”, dijo la buena señora. 

Aquella niña, es seguro que es así, no tenía conocimientos y, por tanto, no sabía leer ni escribir. Y Lolo le pregunta si ella querría aprender a eso y a otras cosas (como, por ejemplo, “enterarte de las cosas bonitas, aprender a rezar, a coser y a bordar”) Y ella responde que sí pues, en verdad, lo que quería, al quedarse allí, era que le cortaran las trenzas porque “lo que quiero es ser una mujer”. 

Y bien, en tales afanes se encontraban tanto Lolo como aquella “chacha-niña”, como la llama el mismo Beato.

 Es verdad que Lolo debía sentirse muy a gusto enseñando pues su primera vocación era/fue ser maestro y para eso se preparó en el momento debido. Sin embargo, no pudo ser, así, digamos, de forma ordinaria pero también hacía sus pinitos en ocasiones que, como ésta, le venían de maravilla para poner en práctica todos sus muchos conocimiento. 

En realidad, Lolo podemos suponer que hizo todo lo que pudo con aquella niña que era un campo abierto y libre para sembrar muchos conocimientos. 

Sin embargo, además de hacer eso hay algo que sorprende mucho a Lolo y que tiene que ver con lo que él mismo podía incidir en la existencia de aquel inocente ser. Y, en realidad, se sorprende, como decimos de que sus palabras pudieran tener un poder tan grande como, al parecer tenían. Y es que, como él mismo dice, el corazón de aquella criatura era “de cera caliente” y, como sabemos, en tal cera resulta fácil “modelar a mi gusto” lo que hubiera menester que modelar. 

Lo que le pasa al Beato de Linares (Jaén, España) es que se da cuenta de que, en efecto, las palabras que salen de su boca habiendo salido antes de su corazón, son las de un maestro que tiene vocación de enseñar y lo hace con gozo. Y si, además, las mismas son bien recibidas… como se dice en la Sagrada Escritura, la cosa es algo así como “miel sobre hojuelas”. 

Lolo se siente maestro, se sabe en lo que quería ser y no podemos decir que haga con falta de alegría sino que, al contrario, supo sembrar en aquella niña una semilla que, seguro, debió dar buen fruto pero, como suele suceder, eso debió ser cuando Dios quiso que fuera…

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

11.07.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Saber que Dios está

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Saber que Dios está

 

“Así un día, y otro, y otro, igual que un cielo inglés de invierno. Era, ¿cómo diría yo?, como un clima de personas malditas. Pero no; aunque no se veía ni con los ojos ni con el corazón, había algo que garantizaba que aquella era una prueba de fe y que había que beber franca y confiadamente su amargura.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 68)

 

Inmediatamente antes de este texto que aquí traemos, el autor del mismo (Lolo) escribe acerca de aquella época en la que lo estaba pasando verdaderamente mal: sus circunstancias físicas y lo que eso suponía para su hermana Lucy que trabajaba en oficina. Así, las prisas e ir siempre corriendo. Y así, como dice Lolo, vivían con una sensación de “estrechez y angustia”… 

Quien conozca a Manuel Lozano Garrido sabrá muy bien que su existencia, digamos, ordinaria, del común de todos los días y del pasar del tiempo, casi nunca fue de color de rosa sino, al contrario de un color más bien tirando al gris. Por eso no nos extraña que muchas veces, en sus libros, describa su situación en determinado momento y nosotros nos acabemos llevando las manos a la cabeza tratando de comprender como con tan poco pudo hacer tanto… Y siempre concluimos que fue porque Dios quiso, pudo hacerlo y lo hizo. 

Pues bien, Lolo es siempre franco (es decir, no escribe sólo lo que le conviene a él y oculta lo que quiere sino que, al contrario, siempre procede conforme las cosas son) y no duda lo más mínimo en reflejar en esta parte de este su diario lo que entonces le pasa, lo que en aquel momento le sucede. 

Da la impresión de que no ve nada. Y no nos referimos a la vista (que también) sino a lo que es su propia existencia: todo pudiera parecerle oscuro o algo así como insoluble. Pero bien sabe Lolo que las cosas son como tantas veces aparentan sino que pueden ser tenidas por distintas si somos capaces de ver cómo debe ver un hijo de Dios. 

A pesar de que las cosas eran “así un día, y otro y otro, igual” nuestro amigo de Linares (Jaén, España) tiene muy clara una cosa que nunca le abandonó a lo largo de su vida: Dios siempre está ahí. 

Dicho así pudiera parecer como una simple y llana expresión de voluntad personal. Pero es mucho más porque es, exactamente, la verdad: Dios siempre está ahí. Y Lolo lo sabe muy bien. 

Podemos decir, esperemos que sin equivocarnos, que lo mismo que Cristo quiso beber el cáliz de amargura que se le presentaba en los primeros momentos de una Pasión, su Pasión, esperada, algo así le pasa a Manuel Lozano Garrido: aquella era una amargura, sí, pero que debía aceptar porque era Voluntad de Dios, por muy duro que pueda parecer eso. 

Esto lo decimos porque Lolo utiliza dos palabras que certifican que sí, que acepta aquella amargura y que lo hace con alegría. Y nos referimos a que había que beberla “franca y confiadamente”. 

Estas palabras, aplicadas a su circunstancia, no son unas que puedan considerarse algo así como muy bien puestas porque son, en realidad, expresión de fe profunda y arraigada en el corazón. Así, Lolo acepta lo que le pasa con franqueza o, lo que es lo mismo, haciéndolo personalmente hasta las últimas consecuencias sin querer quitarse, por así decirlo, nada de aquella amargura; también que lo hace confiando en Dios, su Padre del Cielo, que con su santísima Providencia, nada malo quiere para sus hijos aunque, claro, a veces nosotros podamos creer que bueno, aquello, no era del todo… Pero ¿Y aquello de los caminos inescrutables de Dios…? 

Lolo, sin embargo y por eso mismo, confía en Dios y todo lo acepta sin mentir sino que, al contrario, su aceptación expresa más que bien su amor por Dios e, incluso, por su propia circunstancias. 

En realidad, siempre es más que bueno saber que Dios siempre está ahí. Y que está. 

      

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

4.07.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Saber de dónde viene todo bien

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Saber de dónde viene todo bien

 

Al filo de la madrugada, rezo encarando con valentía el laberinto del futuro. ¿De dónde me vino esa fuerza de las pupilas que afrontan sin temor la esfinge del porvenir? Ni la gravedad, ni las tribulaciones, ni la misma muerte tocan las raíces de este vivero con 365 árboles de esperanza. Y es que, Buen Dios, Tú eres así de vitalmente comunicativo, de mágicamente transformante.”(Las golondrinas nunca saben la hora, p. 61)

 

Esto lo escribe Lolo un 31 de diciembre. Termina, pues, otro año y nuestro amigo se pregunta. Y es que, de verdad, tenía que preguntarse por su mismo ser, por el cómo, por de parte de Quién… 

Muchas veces nos hemos preguntado por cómo Manuel Lozano Garrido fue capaz de afrontar todas las dolencias físicas que le cayeron encima, una tras otra hasta su propia muerte por efecto de cada una de ellas sobre su cuerpo. Y, ciertamente, él también se hace esa pregunta aunque al final de este texto de su libro Las golondrinas… responde aún sin decir que tal es la respuesta. Lolo sí sabe de dónde le viene esa fuerza que hace que haya sido posible pasar un año más según está… 

Hay que ver cómo Lolo encara las cosas. A pesar del qué de su vida lo hace todo bajo la mano de la esperanza. Es decir, que aún sabiendo que no sabe nada de su futuro, ni inmediato ni lejano, no duda lo más mínimo de a qué acogerse. Y lo hace a la esperanza, de la mano de la cual nunca se ha soltado desde… seguramente siempre en su existir. 

Digamos que Lolo lo tiene muy claro: saber no sabrá qué ha de ser de su vida pero lo que sí sabe es que cada día que pasa, lo pasado y lo que tenga que venir, lo hará apoyándose en una raíz fuerte como es la esperanza. Y eso le hace que afronte todo “sin temor” aunque bien sepamos que sus circunstancias eran más que difíciles. Pues bien, a pesar de todo el Beato de Linares (Jaén, España) sabe muy bien que no está sólo sino que, como poco, puede apoyarse en esa virtud teologal que tanto bien le ha hecho siempre. 

Decimos arriba que Lolo se pregunta pues no es nada extraño que quien pasa lo que él pasa se pregunte por el cómo y, sobre todo, por Quién hace que eso sea posible. 

Ya podemos imaginar la respuesta dado quién quien hace la pregunta. Y sí, es Dios, el Buen Dios como dice al estilo puramente francés de llamar al Padre Todopoderoso, quien es su apoyo fundamental. 

A tal respecto, encuentra Lolo en Dios todo su apoyo. Por eso dice que es “vitalmente comunicativo” y que transforma todo lo que toca hacia lo bueno y mejor. 

El caso es que un año se abre ante el corazón de Lolo y está más que seguro que, lo mismo que le ha pasado en todos los de su vida hasta ahora vividos, nunca le faltará no sólo el aliento de Dios sino, sobre todo, su vida comunicada y, en fin, un ser posible lo que, como es obvio, a nosotros nos parece imposible.

     

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

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Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

27.06.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Y dice Lolo “casi nada”

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Y dice Lolo “casi nada”

“Yo, como mejor cabalgo es sobre el brioso corcel de un libro. Lo monto y al galope todo el año. De cuando en cuando, para abrevar, los articulejos y otras cosillas que me oxigenan. Ahora me ronda una idea y, como no cristaliza, ando que boto. Entretanto, prensa. Preparo una revista mensual, una serie de artículos para un concurso y estudio lo de otra publicación más amplia, que me han encargado para Semana Santa y que no sé si podré atender; en resumidas cuentas, casi nada” (“Las golondrinas nunca saben la hora”, p. 59)

  

Este texto de su libro “Las golondrinas…” muestra bien a las claras cómo era el Beato de Linares (Jaén, España) y, en fin, que era prácticamente indestructible que, según eran sus circunstancias, es decir mucho pero es decir verdad. 

Ciertamente, se confiesa al respecto de cómo trabaja mejor. Y es que la producción de un libro es, para él, lo ideal. Y lo es porque supone concentración durante un tiempo bastante largo. Por eso dice que cuando tiene claro sobre qué va a escribir o cómo va a ser la forma del libro “al galope todo el año”. Y es que, sin duda, quien haga eso, escribir un libro, sabe muy bien a qué se refiere Lolo cuando afirma lo que afirma que es una verdad como una catedral de grande. 

Así dicho, como lo dice Lolo, da la impresión de que para él, aún teniendo al respecto de qué va a escribir las cosas claras, fuera todo sencillo y fácil. Y como sabemos las circunstancias, digamos, físicas, de su vida, es sencillo saber que no debía de ser nada fácil para nuestro amigo escribir un libro sino que, muy a pesar de que lo muestre como algo a llevar a cabo sin problema lo bien cierto es que no debía serlo. Pero para él, que es hombre con espíritu fuerte, todo le parecía la mar de bien sabiendo a qué iba a dedicarse.

 Pero como es más que conocida la producción literaria de Lolo (en los campos en los que así era) no nos extraña nada que diga eso de que “para abrevar” o, lo que es lo mismo, para nutrirse espiritualmente como si se tratase del agua que hidrata su corazón, hace otras cosas. Y es que el linarense universal escribió mucho más que los libros que dio a la luz pública (9) y eso es lo que nos dice aquí mismo. Y lo hace como para “oxigenarse” que es como afirmar que eso, los artículos y “otras cosillas” le vienen la mar de bien para darle fuerza mientras está escribiendo un libro. 

Esos “articulejos” de los que habla Lolo son más de unos cientos que publicó a lo largo de su vida y que muestran a una persona muy preocupada por todo lo que pasa a su alrededor y mucho más lejos. Y es en ellos, mientra se “oxigena”, donde podemos apreciar el valor literario de un hombre creyente católico que no deja de demostrar que lo es al darle ese tono en la escritura que muestra la hondura de su fe y que, de verdad, se la cree… 

Pero también tenía intención de publicar una revista mensual además de querer participar en un concurso y algo para la Semana Santa, suponemos, que de Linares, su pueblo. 

De todas formas Lolo tiene muy claro que, aunque sea un trabajador fuera de serie (digamos que sobrenatural según son sus circunstancias personales) a todo no puede llegar pues el día, también para él, tiene las horas que tiene. Y estamos seguros de que en ese “no sé si podre atender” hay mucho pesar y mucho saber que sí, que no todo es posible y que será lo que Dios quiera…

 Es cierto y verdad que todo esto que nos dice Lolo es mucho y más que mucho. Pero estamos seguros de que por mucho que diga “casi nada” el tal casi nada llenaba su corazón de ansia de mejorar y de servir a Dios y, así, a los hombres de su tiempo. Y, en realidad, no sólo lo consiguió entonces sino que ahora, algunos decenios después de su subida a la Casa del Padre y más de cien años después de su nacimiento, llega a hoy mismo lo que entonces hizo. 

Y nosotros, ¡qué menos!, la mar de agradecidos a Lolo.

     

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.