InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Un amigo de Lolo

26.12.22

Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro”- Saber cómo es uno

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Saber cómo es uno

 

“Por favor, Cristo mío, sé indulgente y no te canses nunca de mí. Razón tienes de más para darme la espalda. Ya ves, me nace las canas y todavía Tú sales como antaño, a la puerta de tu casa y allí te sientas, espera que te espera a que yo aparezca por lo hondo del camino. Tan pobre soy, Señor, que tengo conciencia de que nunca podré remontarme por mi propio impulso. De seguro que nunca habrás puesto los ojos en un manojo de tantas debilidades. Así y todo, olvida mi ficha y dame aliento. Haz como esos pájaros hembras que ilusionan a los gorriones a que se lancen al revoloteo. Cuando me veas que por fin remonto aunque sea un palmo de tierra, pon tu palma debajo y me levantas en el aire hasta que me emborrache de azul perpetuamente.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 164)

 

Conviene darse cuenta de la forma cómo Lolo se dirige al Hijo de Dios porque es una buena forma de hacerlo. Y es que lo hace de forma íntima, directamente y como sabiendo (porque lo sabe) que tiene en Él a alguien más que a un confidente al reconocerlo como Dios hecho hombre. 

Pero, además de esto, nos damos cuenta de que Manuel Lozano Garrido, cuando escribe esto lo hace conociéndose a sí mismo a la perfección y sin dejar ningún cabo suelto. Es, además, algo lógico que le hable a Dios hecho hombre como lo hace porque Lolo es conocedor de que todo lo sabe el Todopoderoso y, así, Cristo mismo. Nada, pues, se puede ocultar porque sería necedad. 

Es cierto y verdad que nosotros sabemos que el hombre que esto escribe era más y mucho más que lo que parece un conjunto de debilidades físicas pues, espiritualmente hablando, era un gigante y más que un gigante. De todas formas, Lolo se conoce así y así se lo dice a Jesucristo. 

Quien lea esto se da cuenta de que el Beato de Linares (Jaén, España) se cree necesitado de la indulgencia de Cristo porque él se ve como un manojillo de debilidades, como decimos arriba. Y sí, físicamente así era porque ya conocemos lo mal que lo había estado pasando hasta entonces y lo mal que lo seguiría pasando hasta que Dios lo llamase a su Casa un 3 de noviembre de 1971. Sin embargo, para nada se sabe alguien que no tenga remedio porque sabe en Quién pone su confianza. 

Sabe muy bien Lolo que Jesucristo nunca lo ha abandonado sino que, al contrario, está ahí, siempre esperándolo pese a los pesares por los que estuviera pasando o, precisamente, por eso mismo, porque el Hijo de Dios ya dijo que debíamos acudir a Él cuando no lo estuviésemos pasando bien y eso era lo que hacía nuestro amigo Manuel: acudir a Cristo para que fuese, por decirlo así, comprensivo con su ser… 

La necesidad de Lolo viene de lo que viene: su enfermedad. Y es plenamente consciente de que, por sí sólo… vamos, que nada de nada puede dar. Y busca auxilio en Cristo a quien pide que le ayude a remontar y, aunque debamos entender esto desde el punto de vista que no sea físico… lo bien cierto es que sabía que poniendo su confianza en Jesucristo nada de lo demás sería imposible llevar a cabo. 

Lolo quiere subir, subir, subir, por lo menos, hasta el cielo para emborracharse de azul. Y que esto sea para siempre (perpetuamente, dice) Y sí, lo consiguió pero fue unos años más tarde, un día de noviembre, quizá frío, en el que Jesucristo, ya por fin, le alargó su mano definitiva.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

19.12.22

Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro”- Lo que significa entender “A mal tiempo, buena cara”

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

 

Lo que significa entender “A mal tiempo, buena cara”

  

“Lo que voy a decir es una cosa que sólo la entenderían los hombres con gafas de sol, pero del mundo de la ceguera para adentro no se usan las manos crispadas. Yo sé que he tenido que decirle adiós, y con nostalgia, a las novelas de Greene, Bernanos y Bruce Marshall, a los ensayos de Moeller o Guardini, pero me alejo con una evidente sensación de despedida provisional. Es como cuando al día siguiente. Los libros, los cuadros, los paisajes, uno va a un museo y sale con el propósito de volver todo ese mundo que crean las sensaciones contemplativas y sentimientos, no es sino un anticipo de gloria. Considero que esperarlos, incluso con la conciencia de una futura superación, no es hacer ejercicios sobre la cuerda floja de la esperanza. Como decía Greene, ‘el Cielo está aquí’, pero profetizado en ellos, dado a saborear reducidamente en ellos, como las muestras de las casas comerciales. A uno se le van estas cosas y no grita, porque, sin saber de dónde ni de quién, se encuentra con una sensación de seguridad. Lo que se nos aparta de los ojos es como el ‘mete tu dedo en mi mano de Santo Tomás, que uno las toca y ya le queda para siempre el tacto y el recuerdo de aquella mano cuajada de hermosura.” (Las golondrinas nunca saben la hora, pp. 144-145)


Es verdad que el texto que hemos traído aquí hoy es, digamos, un poco más extenso de lo que solemos traer. Sin embargo, enseguida vamos a ver que vale mucho la pena. 

Podemos imaginar lo que Lolo dejó de poder hacer cuando perdió la vista. Y es que no nos referimos a una persona a la que la lectura en sus diversas formas o, mejor, de diversos medios, le fuera algo, digamos, de poca importancia. No. Para Manuel Lozano Garrido, poder leer era algo más que fundamental, más que nada y además de porque le gustara, porque era su trabajo que amaba, seguro, de forma total y absoluta. 

Lolo nos pone unos ejemplos de aquello que ha dejado de poder leer directamente (pues había quien, claro, le leía lo que tuviera que ser leído…) Sin embargo, muchas más cosas de las que aquí nombra tuvo que dejar de leer y eso seguro que le pesaba. 

Pero Lolo era Lolo… 

Nos dice que, ante esto, tenía una sensación de “seguridad”. 

¿? 

El caso es que Lolo, hombre de fe profunda, arraigada en su corazón y que creía que la misma no es que haya que creerla sino que hay que llevarla a cabo, sabía muy bien que todo esto, al fin y al cabo, del mundo, es un pasar y que lo que verdaderamente importa es la otra vida, la eterna. Y eso, se quiera o no, a quien de verdad lo crea, le da una seguridad, esa de la que él habla, que es buena para siempre y para todo. 

Tan seguro esta Lolo de esto que puede afirmar eso de que pensar así no es “hacer ejercicios sobre la cuerda floja de la esperanza”. Y eso porque sabe en Quién confía y en Quién debe confiar que no es otro que Dios mismo. Y mucho menos, claro, iba a caer él en la desesperanza que es algo más que grave para un hijo de Dios que sabe que lo es… 

No podemos negar, por tanto, que Manuel Lozano Garrido no pusiese a mal tiempo buena cara. Es más, pareciera que en su caso no hiciera, siquiera, mal tiempo… 

Y, por cierto, no creas Lolo que lo que lo que nos dices sólo lo entienden las personas que llevan gafas de sol (refiriéndose a los ciegos) También entendemos las que no llevamos que gracias a ti es más fácil prepararse para según qué cosas. 

Y gracias, también, por esto. 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

12.12.22

Un amigo de Lolo - Lolo, libro a libro - Todo eso que nos sobra

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

 

Todo eso que nos sobra

 

“Se me ocurre que también hay que trabajar así la grandeza de una vida, a golpes de martillo, desmochando inutilidades, descortezando el carácter y las virtudes del corazón para dejarlo puro y holgado, sin adherencias que asfixien.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 133)

  

Antes de esto Lolo habla de un escultor amigo suyo. Y por eso hace, digamos, el símil entre la labor de este y lo que viene a ser la vida ordinaria del hijo de Dios. Y no podemos negar que lo que nos dice debería ser tenido muy en cuenta por cada uno de nosotros.

 

De verdad que se podría pensar que se trata de un símil algo fuera de la realidad porque ¿qué tiene que ver el martilleo del escultor con la vida de una persona? Pues, francamente, más que mucho.

 

Sabemos muy bien la parábola de la viña en la que se nos habla de que se poda, en la misma, aquello que sobra para que crezca más sana y no acabe perdiéndose toda ella. Y algo así, creemos nosotros, nos está diciendo Lolo. Y cuando leemos o nos la dicen acabamos pensando siempre que lo que debemos podar, hablando así de la viña y de nosotros, son todos los pecados en los que caemos para que nuestra alma esté lo más limpia posible. Y algo así nos dice aquí Lolo.

 

En efecto, no podemos negar que nosotros, nosotros mismos (no pensemos en el prójimo pues, para eso, ya está Dios mismo y, además, ya tenemos bastante con nosotros mismos…) tenemos muchas “inutilidades” que deberíamos eliminar en nuestra vida: aquello que nos sobra pero que nos hace, ciertamente, esclavos de alguna manía, de algún vicio… y que, al fin y al cabo, desmochándolas seguramente viviríamos mejor y mucho más libres.

 

Pero tampoco son pocas las ocasiones en las que nuestro carácter (eso que parece que no podemos cambiar…) nos juega malas pasadas y nos hace caer en situaciones que, de haberlo pensado antes, nunca habríamos caído en ellas…

 

Es verdad que tantas y tantas veces es necesario descortezar eso que nos sobra de nuestro carácter para que salga, debajo, la capa de normalidad que nos haría, ciertamente, mejores personas no sólo a ojos del prójimo sino de Dios que es Quien nos ha de juzgar cuando tenga que llegar tal momento.

 

¿Y las virtudes? ¿Las ejercemos siempre como las mismas son o somos rácanos al hacer uso de ellas?

 

Es cierto y verdad que muchas y tantas veces no hacemos lo que, de seguir el espíritu de una virtud (y de varias cuando eso toca y corresponde) deberíamos hacer y, así, o bien no tenemos fe del todo o poca esperanza guía nuestra vida o, en fin, el prójimo… Y eso sin hablar de otras virtudes y centrándonos en las que llamamos esenciales en la vida de un hijo de Dios.

 

Pues Lolo también nos dice que debemos descortezar en nuestro corazón aquello que suponga una mala práctica de las virtudes pues es seguro que eso vendrá en beneficio de nuestra alma y de nuestro corazón.

 

¿Y toda esta labor para qué?

 

Lolo lo dice con toda claridad: todo lo dicho antes juega en contra de nuestro corazón porque lo acaban asfixiando y, claro, poco apto para una vida cristiana, aquí católica, de la que se pueda predicar que lo es.

 

Es decir que no se nos da todo lo que, espiritualmente, tenemos sin más ni más sino que, por nuestra parte, ha de haber lucha cierta y verdadera para que unos bienes tan grandes como nos de Dios sirvan para algo en nuestra vida y, sobre todo, nos ayuden a acercarnos lo más posible al Reino de Dios o, vamos, al Cielo.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

4.12.22

Un amigo de Lolo - Una sonrisa que lleva al Cielo

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo

 

En algunas ocasiones, como ésta, una imagen nos hace cambiar la idea de qué es lo que teníamos pensado hacer porque hay veces en las que han de primar ciertas realidades como es ahora una sonrisa.

Es verdad que quien ha conocido al Beato Lolo, aquel que nació en Linares (Jaén, España) y allí mismo entregó su alma a Dios, dice, siempre lo dice, que era una persona muy alegre a pesar, como se dice, de los pesares que en su caso eran muchos y más que muchos.

Lolo, a este respecto, era una persona que llevaba su creencia cristiana, aquí católica, hasta el extremo de no querer, por ejemplo, que sus muchos dolores afectaran al prójimo. A eso lo llamaba Manuel tener “un dolor con escafandra” en el sentido mismo de que padeciese él solo su padecimiento…

Decimos arriba que Lolo era un ser humano muy alegre y eso debía ser, seguramente, por todo lo que conocía de su corazón y de su fe. Y eso lo muestra muy bien en la imagen que acompaña este artículo.

Lolo está con una persona (desconocemos quién, pero sería, sin duda, un amigo suyo*) y a tal persona le dedica una sonrisa que manifiesta más que bien cómo debía sentirse por dentro este buen hombre.

Se podrá decir de nosotros que eso lo decimos por la especial admiración y devoción que sentimos por Lolo. Y, francamente, seguro que es verdad pero es que no podemos dejar de decir (sería como esconder la luz debajo de algún de celemín) que cuando alguien sonríe así, de forma, no forzada (porque en otras imágenes lo vemos en la misma actitud) es que su corazón debe rebosar del Espíritu Santo.

Sí, Lolo ha sido una de las personas a las cuales la Tercera Persona de la Santísima Trinidad le ha inspirado y le ha inspirado más que bien. Y por eso, por ese “soplo de vida eterna” en el corazón se entiende que sea capaz de sonreír como pensando algo así como “¿Es posible estar mejor en el mundo sabiendo que Dios me ha puesto aquí?”

Decimos, por tanto, que la sonrisa de Lolo (que está a punto de devenir carcajada de felicidad) nos lleva al Cielo porque allí le llevó a sí mismo.

En cierto modo, más que cierto, cuando Lolo sonríe de tal manera nos invita a los demás, a sus amigos, a tener una actitud como la suya: por muy mal que puedas llegar a estar es posible considerar la vida como algo maravilloso que Dios te ha regalado y que debes aprovechar. Repetimos: por muy mal…

De todas formas, es posible que se nos diga que hay ocasiones en las que resistir y saber salir de ciertas tinieblas es… vamos, más que difícil. Y en tales ocasiones podemos acordarnos de la sonrisa de Lolo, de ésta, por ejemplo y darnos cuenta de que Dios a nadie le impide ser como fue nuestro común amigo.

Lolo, sonriendo así, provee a nuestro corazón de fuerza para rato y de esperanza para siempre.

Nosotros, por otra parte, esperamos que el Beato Lolo nos sonría desde el Cielo. Es más, este artículo es prueba de que sí, de que nos sonríe.

 

 

*Rogamos que si alguien lo sabe lo ponga aquí vía comentario.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

 

Panecillos de meditación

  

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

  

Panecillo de hoy:

  

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

28.11.22

Un amigo de Lolo - "Lolo, libro a libro"- Saber Quién es importante, el más importante

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

 

Saber Quién es muy importante, el más importante

  

“En cambio, a ver quién me quita a mí la verdad de esto: ‘Yo soy el Pan vivo, que ha descendido del Cielo’. ‘Quien come mi Carne bebe mi Sangre, vive en Mí y Yo en él’. ‘Quien bebe del agua que yo le doy ya nunca tendrá sed’. ¡Ay, Cristo, qué hermoso y qué dulce es tener siempre hambre de Ti!” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 128)

  

Antes de escribir esto, Lolo lo hacía acerca de su incapacidad física para comer lo que a cualquier otra persona le resulta de lo más normal. Pero entonces se pregunta que le pasaría si pudiera comer todo de lo que no podía comer… 

El caso es que nuestro amigo Lolo se acaba diciendo que todo seria un atracón y que venga bicarbonato… lo cual no le parecía la mejor idea a pesar de los pesares. 

Esto lo decimos para que se entienda que lo que luego, ahora mismo según el texto aquí traído, dice el Beato de Linares (Jaén, España) Y es que tiene todo que ver con Quién cree él es el más importante por lo que hizo pero, también, por lo que dijo. 

Ciertamente, Lolo sabe muy bien Quién es el más importante en su vida y Quién debería serlo en la de muchos. Y no es otro que el Hijo de Dios, Aquel que dijo lo que dijo y que Lolo entiende como crucial en su vida. 

Es crucial en en su vida porque es consciente de que la Eucaristía, la Santa Misa y, en concreto, el momento de la comunión, no es algo así como un recuerdo que, de vez en cuando, traemos a nuestra realidad espiritual. No. Sabe muy bien Manuel Lozano Garrido que es el alimento que, siendo físico tiene todo de espiritual porque en el mismo está el mismo cuerpo de Cristo. 

Es crucial para su vida porque sabe muy bien Lolo que el Cuerpo de Cristo que ingiere (dificultosamente en su caso, como podemos imaginar) le viene a la perfección para nutrir su alma y para que, tras tal nutrición, tras tal aprovechamiento, se produzca una especie de traspaso de fuerza espiritual que lo hacía ser como era. Es decir, que la Santa Comunión era mucho más de lo que muchos piensan que es, y seguro, de lo que muchos entonces pensaban que era. 

Y lo mismo, porque consideramos que es lo mismo, en lo referido a la Sangre de Cristo que, tras la substanciación, ha venido a ser y dejado de ser vino, de labor humana a gracia espiritual de Dios. Y por eso Lolo considera que es crucial, también, para su vida. 

¿Y qué decir del agua a la que se refiere Cristo en las palabras aquí traídas? 

Bien podríamos preguntarle (si eso pudiera ser) a aquella samaritana que escuchó de boca de Cristo aquello del agua que ella, que no era la que buscaba, encontró, qué supuso para su existencia, nos diría que transformó su vida y que muchos de sus pecados no volvió a cometerlos, que todo fue distinto porque pudo beber del agua que lleva a la vida eterna. Y algo así nos quiere decir Lolo al referirse a tales palabras que salieron de la santa boca de Jesucristo. 

Por lo tanto, Lolo, que sabe muy bien Quién es, como decimos arriba, muy importante (el más, porque sirvió con y por Amor) para él quiere también que lo sea para nosotros porque Manuel sólo quiere lo mejor para su prójimo y, así, para sus amigos. 

Y en esas estamos… tratando de darnos cuenta. 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.