Serie tradición y conservadurismo – Lo que quieren que el viento se lleve

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 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

Tergiversación del pasado con conceptos actuales. De eso se trata.

En realidad, han sido bastantes las noticias que han abundado con la bobería, tontería o similar actuación humana consistente, en el fondo, en no saber en qué mundo se vive aunque pueda parecer lo contrario.

Es probable, de todas formas, que haya quien crea que esto es tema de poca importancia y que, al fin y al cabo, no se trata más que de intentos que serán fallidos.

Esta manera de pensar seguros estamos de que está más que equivocada porque una cosa es querer cambiar el presente con ideologías malsanas y mentalmente revisables y otra, muy distinta, pretender que la idea malsana estropee todo lo hecho hasta ahora. Yes que sería como un intento de reescribir la historia que es, más o menos, de lo que aquí se trata.

Lo bien cierto es que hay que reconocer que, puestos a ser malos de verdad, la izquierda política y todos sus adláteres (Nuevo Orden Mundial, Nueva Era, etc.) saben hacer las cosas de forma que parezca que tienen toda la razón del mundo sin darse cuenta de que no todo ser humano va a comulgar con tal rueda de molino sino que es hasta posible que haya quien desvele sus verdaderas intenciones. Y las mismas no suelen ser (como en todo lo que meten sus zarpas) nada buenas sino, al contrario, malas y bien malas.

Alguien podría pensar que aquí lo que pasa es que, como no estamos de acuerdo con determinados planteamientos nos dedicamos a zaherirlos todo lo que podemos, a tratar de tumbarlos y, en suma, a procurar que nunca sean aplicados en bien de la humanidad.

Y decimos que sí y que sí y que sí, a las tres cosas. Y lo decimos porque, ¡miren por dónde!, tenemos derecho a hacerlo que es, aunque se pueda decir otra cosa, el mismo que tienen aquellos que pretenden torcerlo todo para enderezarlo luego a su gusto.

Zaherirlos

Como no puede ser de otra forma, cuando alguien (o alguienes) pretende hacer valer pensamientos actuales para aplicarlos a situaciones pasadas y no se hace, por ejemplo, para que se vean las diferencias entre lo que hay hoy sobre la mesa y lo que había antes sino que se hace para derogar lo antiguo en opinión del presente…, en fin, como que no podemos quedar callados.

El caso es que todo esto ha venido, vino, a renglón seguido de la muerte de la persona negra que dio lugar al nacimiento de un movimiento de supuesta reivindicación a favor de los negros . Y eso, reivindicar derechos que no se tengan nos parece la mar de bien pero procurar, aprovechando que el Misisipi pasa por Minesota, Wisconsin, Iowa, Misuri, Illinois, Kentucky, Tennessee, Arkansas, Misisipi y Luisiana (haciendo el símil entre el Pisuerga y Valladolid…), que la cosa se venga abajo y todo quede patas arriba… en fin, ya entenderán ustedes que entre una cosa y la otra hay una gran diferencia.

No se trata, esto, precisamente, de tratar aquí el tal caso más que conocido. Se trata de decir que sí, que los conservadores tenemos el mismo derecho que tiene la izquierda de zaherir lo que creamos que debe ser zaherido porque no nos van a callar que sería, por decirlo así, lo último que iban a conseguir pues si no se puede ni hablar…

Zaherirlos, sí, a todos aquellos que, por ejemplo, quieren eliminar de la cartelera del cine una maravillosa película como es “Lo que el viento se llevó” porque refleje una época en la que la persona negra era muy mal tratada. Y es que eso sería como pretender que no se pueda ver ninguna película del Imperio Romano porque existía la esclavitud o cosas aún peores.

¡Ah, que eso sí que está permitido! ¿Y por qué sí? Pues porque trata, precisamente, de la misma forma de pensar de todos estos que, hoy día, añoran aquellos viejos tiempos donde, por ejemplo, el padre podía hacer uso de su “derecho de vida y muerte” para matar al recién nacido. Y, a nosotros esto nos extraña porque muy recientemente se ha aprobado en Francia (¡En la revolucionaria Francia… y así le va la cosa!) que la madre pueda decidir abortar al ser humano hasta justo antes del nacimiento. Y esto es seguro que es, primero, una vuelta a tiempos muy pasados pero, segundo, un “avance” del denominado (y falso) “derecho de la madre a decidir” cuando, en realidad, se toma una decisión sobre “otra persona” que no es ella.

Por tanto, tenemos pleno derecho a zaherir a los que pretenden hacer pasar por incapacitados mentales a todo ser humano que no comulgue con sus nigérrimas ideas.

Tratar de tumbarlos

Por lo mismo de arriba, por el derecho a criticar a los que quieren según qué cosas (siendo la cosa, en sí misma, ridícula), creemos que tenemos el derecho a tumbarlos. Y con esto queremos decir que estamos, además, obligados, a procurar (a como dé lugar) y a hacer todo lo posible para que tales personas con sus ideologías erradas estén fuera de la realidad en la que puedan hacer el daño que ya llevan tiempo haciendo pero que intentan perfeccionar.

En esta materia es bien cierto y verdad que, aquí, la única posibilidad que se tiene es hacer eso dentro del sistema democrático (según y cómo) en el que nos ha tocado vivir. Y dentro del mismo tenemos la obligación grave de apoyar a los que serían capaces de no dar bola a los que pretenden derogar el pasado con criterios presentes lo cual, por otra parte, muestra su terquedad y su cortedad de miras.

Apoyar a los que sabemos son (o serían, en caso de alcanzar el poder) capaces de tumbar determinados pensamientos con la fuerza de la ley y de los reglamentos es algo que nunca deberíamos olvidar porque, en el fondo, ahí puede estar la solución, está, a tanta locura y a tanta falta de respeto con el propio ser humano que ha hecho una historia como mejor ha sabido y que no puede soportar que ahora vengan unos cuantos (o muchos) iluminados a destrozar todo lo que se quiera dejar destrozar.

Nuestra acción, en el fondo, no va a dejar de ser pura reacción porque ya están en el poder, en muchos lugares del mundo, los adalides de aplicar un orden de las cosas que tiene poco que ver con el que, apoyándose en el cristianismo y en el judaísmo, ha venido aplicándose mejor que peor hasta que unos iluminados decidieron que la mejor manera de cambiar el mundo era cortando cabezas en la plaza del pueblo…

Procurar que nunca sean aplicados

Nosotros, por tanto, debemos procurar que la ingeniería social que se está procurando aplicar no se aplique. Y lo debemos procurar  porque no es que vaya

contra el mundo, así, de forma pasajera lo que quieren, en el fondo, que el viento se lleve, sino que se está pretendiendo (hoy día a marchas forzadas) darle la vuelta al calcetín con lo que están dejando que el interior, que suele ser lo que más hedor produce, sea considerado como el mejor de los mundos.

Seguramente está en nuestras manos que no sigan adueñándose de la realidad que nos ha tocado vivir porque, de otra forma, nada de lo que fue seguirá siendo ni nada de lo que ha de ser será sin tergiversación última.

Hay una película de buena factura titulada “Cuando el destino nos alcance”. En ella Charlton Heston lucha para que salgan a la luz secretos muy graves dentro de una sociedad futura en la que hay realidades que ya están en vigor hoy día. Y no hay nada ni nadie que le impida hacer lo que debe hacer aunque le vaya la vida en ello.

En realidad, nosotros deberíamos mirarnos en un espejo como ése. Y es que está en juego mucho más que una ideología o una forma de ver las cosas que sí, puede ser distinta a la nuestra pero que no puede ser la única que haya en el mundo.

Si, como creemos, los derechos más importantes del ser humano o, entre ellos, está el de buscar la felicidad, la misma no puede estar en manos de aquellos que pretenden aplicar sus viejas ideologías (al menos, el paganismo tiene unos miles de años) haciéndolas pasar por novedades que deben ser seguidas sí o sí. Y es que, de seguir sus postulados, es más que posible que la sociedad que, hasta hace bien poco (en términos históricos queremos decir y no de ayer o hace dos días…), era buena para vivir, moverse y existir pasaría a una donde vivir sería más que difícil, moverse según convenga a quien tenga el poder y, en fin, existir, según se estime tengamos derecho o no. Vamos, un verdadero sin Dios que es, exactamente, lo que se pretende.

 

Artículo publicado en The Traditional Post. 

Eleuterio Fernández Guzmán

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

 

Sólo lo bien hecho ha valido y vale la pena.

 

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

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