16.08.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Confiar en Dios

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” –  Confiar en Dios

 

“’Señor, Señor, mira mi intención y purifícala Tú!  ¿Qué podré yo hacer sin Ti?… Aunque me degüelle vivo a fuerza de penitencia, ¿qué vale si Tú no lo quieres, y yo pongo vanidad y gusto propio en ello?” (Punto 218)

 

Confiar.

Así, dicha de primeras, es una palabra que supone tener por buena determinada realidad o, si se trata de personas, poner nuestro corazón en las mismas. Y si hablamos de Dios… entonces ¿qué no podemos esperar?

El hermano Rafael lo pasó mal, física y espiritualmente, durante unos años de su vida. Seguramente, lo pasó peor de lo segundo mucho antes pero se debió acrecentar el sufrimiento del alma cuando se dio cuenta de una verdad grande e importante: Dios importa.

Pues bien, lo que queremos y anhelamos sólo tiene importancia si lo vemos con los ojos que Dios lo puede ver. Y es que San Rafael Arnáiz Barón, que sabe lo que es y significa pasarlo mal, es plenamente consciente de que sólo si Dios purifica lo que quiere… entonces y sólo entonces, puede ser santa su intención y libre su pensamiento, verdaderamente libre.

El hermano Rafael quiere que Dios lo mire, que lo vea. Sabe más que bien que eso así, que lo ve y que lo mira. Y, entonces, desde tan crucial momento, el ser consciente de ser visto por el Creador, sólo puede proceder de forma correcta aunque crea el buen hombre que le puede resultar difícil porque es hombre y, como ser humano, la tentación está siempre al acecho y el Enemigo no descansa. 

Leer más... »

15.08.18

Subió a los Cielos para reinar como Madre de Dios

 

Resultado de imagen de Asunción de María

 

Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo, 
Madre de la Iglesia, 
Madre de la divina gracia, 
Madre purísima, 
Madre castísima, 
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada, 
Madre amable, 
Madre admirable, 
Madre del buen consejo, 
Madre del Creador, 
Madre del Salvador, 
Madre de misericordia, 
Virgen prudentísima, 
Virgen digna de veneración, 
Virgen digna de alabanza, 
Virgen poderosa, 
Virgen clemente, 
Virgen fiel, 
Espejo de justicia, 
Trono de la sabiduría, 
Causa de nuestra alegría, 
Vaso espiritual, 
Vaso digno de honor, 
Vaso de insigne devoción, 
Rosa mística, 
Torre de David, 
Torre de marfil, 
Casa de oro, 
Arca de la Alianza, 
Puerta del cielo, 
Estrella de la mañana, 

Salud de los enfermos, 
Refugio de los pecadores, 
Consoladora de los afligidos, 
Auxilio de los cristianos, 
Reina de los Ángeles, 
Reina de los Patriarcas, 
Reina de los Profetas, 
Reina de los Apóstoles, 
Reina de los Mártires, 
Reina de los Confesores, 
Reina de las Vírgenes, 
Reina de todos los Santos, 
Reina concebida sin pecado original, 
Reina asunta a los Cielos, 
Reina del Santísimo Rosario, 
Reina de la familia, 
Reina de la paz.

 

Esto apenas traído aquí son, digamos, los atributos que ostenta la Madre de Dios. Por eso, la Madre tuvo que ascender al definitivo Reino de Dios de una forma como la que tenía reservada Dios para ella. 

Los católicos tenemos una devoción muy especial por aquella joven que, un día, se vio en la tesitura de tener que responder al Ángel Gabriel si aceptaba o no aquello que le estaba proponiendo. No obligaba a la hija de Joaquín y de Ana a decir que sí a los halagos que le hacía aquel especial enviado de Dios. 

Era de esperar que, de parte de Dios, tuviera una especial atención por quien quiso que bajara al mundo para hacer posible lo que el hombre, con sus propias fuerzas, no podía hacer y, ni siquiera, ser capaz de imaginar.

Leer más... »

14.08.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Saber aprovechar lo que tenemos

Presentación

Resultado de imagen de manuel lozano garrido

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Resultado de imagen de El sillón de ruedas

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Saber aprovechar lo que tenemos

 

“En los meses y las estaciones de una austeridad forzada, existe la contrapartida de un Creador que se ahínca y hace estallar en el eje de la espiritualidad los colores, las gracias y los matices de la dicha.”

 

Lo que nos pasa y lo que nos puede pasar si somos capaces de atender a las posibilidades que tiene ser hijo de Dios y reconocer que se es. De eso sabe mucho el Beato Manuel Lozano Garrido.

Es bien cierto que, en nuestra vida, no siempre las cosas son, como suele decirse, de color de rosa. Es más, es posible que casi nunca lo sean. Es una realidad insoslayable porque nuestra vida en este valle de lágrimas es así.

Nuestro hermano Lolo habla de momentos en los que se pasa mal. Y los llama meses o estaciones como si fueran, en nuestra vida, algo así como esperado, como que ha de pasar… como que pasa, vamos.

A todo esto lo tilda de algo forzado. Y es que, claro, nadie (en su sano juicio) se procura, a sí mismo, momentos como los referidos por el Beato de Linares (Jaén, España) No. Eso no puede ser sano para el alma. Por eso se refiere Lolo a que se nos fuerza a pasar por ahí porque, por nuestro gusto, nada de eso soportaríamos. Es, pues, como una especie de prueba a la nos somete nuestro Creador. Y, seguramente, para ver si somos capaces de enfrentarla con  las armas de la fe.

Pues sí. Existen armas que nos pueden venir más que bien en estos más que frecuentes casos.

Leer más... »

13.08.18

Serie Venerable Marta Robin – Sobre la pasión en sí misma vivida: Santo anhelo

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

    Resultado de imagen de Le secret de Marta Robin

 

Sobre la pasión en sí misma vivida – Santo anhelo

 

Marta Robin vivió la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo desde 1930. Y es que entre desde el jueves por la noche (21 horas) hasta el mediodía del domingo, pasó por los estados físicos que sufrió el Mesías.

Pues bien, nuestra Venerable francesa describe la íntima comunión con Jesucristo que le permite, como dice el autor del libro aquí traído, “sobrepasar el sufrimiento para encontrar el Corazón de Cristo”:

 

“Señor, danos a todos y a cada uno el sentimiento profundo de vuestra pasión de Amor, danos la dulzura de amarla, de penetrarla hasta el fondo, hasta el centro íntimo de vuestro Corazón amante”.

 

Es bien cierto y seguro que la Pasión, en cuanto sufrimiento físico y mortal, no fue un plato grato de digerir. Sostener lo contrario sería algo así como decir que Jesucristo se deleitó en su propia muerte y eso mostraría un desequilibrio inadmisible en el Hijo de Dios. No. Las cosas no fueron así ni pudieron ser así: Cristo sufrió y más que sufrió cuando le estaban zahiriendo, escupiendo, insultando, haciendo de menos su ser y, en fin, clavándolo en aquel instrumento que, por ser de tortura, había sido ideado así.

Hay, sin embargo, mucho que decir al respecto de lo que supone la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo si es entendida como Dios quiere que se entienda. Y, entonces, el Todopoderoso suscita, entre sus hijos, a algunos que, como la Venerable Marta Robin, nos ayuda a esto que, siendo tan difícil, es tan importante para nuestra vida espiritual. Y es que el quicio sobre el que abre la puerta del Cielo.

Leer más... »

12.08.18

La Palabra del Domingo. 12 de agosto de 2018

Resultado de imagen de SAnta Biblia

 

Jn 6, 41-51

 

“41 Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: ‘Yo soy el pan que ha bajado del cielo.’ 42  Y decían: ‘¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo?’ 43 Jesús les respondió: ‘No murmuréis entre vosotros. 44 ‘Nadie puede venir a mí, si el Padre que me ha enviado no lo atrae; y yo le resucitaré el último día. 45 Está escrito en los profetas: = Serán todos enseñados por Dios. =Todo el que escucha al Padre y aprende, viene a mí. 46 No es que alguien haya visto al Padre; sino aquel que ha venido de Dios, ése ha visto al Padre. 47 En verdad, en verdad os digo: el que cree, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de la vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron; 50 este es el pan que baja del cielo, para que quien lo coma no muera. 51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo.’”

COMENTARIO

 

Jesucristo es el alimento para la vida eterna y no hay otro

 

Jesús tenía que cumplir la misión para la que el Padre le había enviado. Ni podía callar acerca de lo que debía hacer ni podía escudarse en ningún tipo de respeto humano para salir bien parado ante el mundo.

El Hijo de Dios dice cosas muy importantes en este diálogo que mantiene con otros judíos que no le querían bien y que pretendían menospreciarlo. Dicen, por eso mismo, como haciéndolo de menos, que conocían a sus padres y era de esperar, eso creían ellos, que del Mesías no se conocería más que era el enviado de Dios pero no su, digamos, familia. Pero en eso estaban bastante equivocados, como muy bien sabía Jesucristo.

Jesús era Quien era y, si se daba el caso (y si no, también), no lo ocultada. Como ahora era una ocasión muy buena para dejar claro qué había venido a hacer, no la pierde y hace lo único que podía hacer: decir la verdad.

A Dios, en efecto, no lo ha visto nadie que pueda atestiguar que lo ha visto cara a cara. Sin embargo, Cristo sí lo ha visto porque es Dios hecho hombre. Por eso, en tal sentido, ha visto el rostro del Padre y, aunque decir eso suponía mucho en su contra, no puede callar lo que es cierto y verdadero.

Por ejemplo, que hay que creer en Él para tener al Padre consigo. Y esto es una forma convincente de sostener que Cristo y Dios están más cerca de lo que muchos de sus contemporáneos pensaban y estaban en la seguridad de creer.

Pero Jesús dice mucho más. Y es que siempre aprovecha la oportunidad para predicar y enseñar la Verdad.

No es sólo el Hijo de Dios, al que ha visto, sino que es el pan.

El pan es una comida, era entonces seguramente más que ahora, esencial en la vida de una persona (no debía haber tanta preocupación por las dietas alimenticias…) Pero el Pan que es Cristo es mucho más que un alimento que da la vida en esta tierra como, por ejemplo, fue el maná que comieron los antepasados de los que hablan con Él. Cristo es el Pan que da la vida eterna y sin él no hay tal vida. Así se sencillo y de fácil de entender.

Anticipa, con estas palabras, la creación de la Santa Misa o Acción de gracias y su propio sacrificio. Así, Cristo dice que su carne la da por la vida del mundo y, además, que con ella, se vive para siempre, siempre, siempre.

Aceptemos, pues, la carne de Cristo y la sangre de Cristo como instrumento espiritual que nos garantiza la vida eterna la cual, por cierto, es anhelada por el ser humano desde que sabe que Dios es Dios.

PRECES

Pidamos a Dios por aquellos que no quiere tener a Jesús como el Hijo de Dios.

Roguemos al Señor.

Pidamos a Dios por aquellos que no aceptan la carne de Cristo como Pan de vida eterna.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener el convencimiento más absoluto en las palabras de Cristo.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

  ……………………

Por la libertad de Asia Bibi. 
……………………..

Por el respeto a la libertad religiosa.                                                                                                                                         
……………………..

Enlace a Libros y otros textos.

……………………..

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

El Pan bajado del Cielo se nos da como alimento que lleva a la vida eterna. Y es, por eso mismo, nuestra salvación

…………………………….
Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

…………………………….

InfoCatólica necesita vuestra ayuda.

 

Escucha a tu corazón de hijo de Dios y piedra viva de la Santa Madre Iglesia y pincha aquí abajo:

 

da el siguiente paso. Recuerda que “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7), y haz click aquí

11.08.18

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – La fe que salva

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

La fe que salva

  Resultado de imagen de Jesús le dijo: 'Vete, tu fe te ha salvado'. Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.”

Y Jesús dijo… (Mc 10,52)

 

“Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado’. Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.”

 

Aquel hombre, que estaba ciego, no necesitaba la ayuda de cualquier persona, aunque fuera médico, sino del Único que podía devolverse la vista. Y por eso llama muchas veces al Hijo de Dios a pesar de que muchos le dijeran que se callara. Y es que su situación no era como para callarse…

Y le dice a Cristo, inmediatamente antes de esto aquí traído, que quiere ver. ¿Podría esperarse otra cosa de alguien que está en la situación en la que se encontraba aquel hombre? 

Aquí hay dos realidades más que unidas: el ansia y la fe. 

El ansia de aquel hombre que, ciego, nada podía hacer por salvar su miserable vida, podemos entenderla a la perfección. Basta que cerremos los ojos un rato (si es largo mejor) para ver qué podría ser de nuestra vida. Imaginemos, por tanto, cómo sería la de aquel hombre en una sociedad donde se asociaba la enfermedad con la comisión de pecados… 

No podemos, por tanto, negar la voluntad de, casi, un moribundo social, para pedir que el Hijo de Dios interviniera en aquella terrible situación. Y todo porque tenía ansia… ¡de vivir! 

Eso lo puede entender cualquiera. Pero aquí interviene el otro factor que le da la vuelta a la situación: la fe

Ya sabemos lo que supone la confianza en Dios para el Todopoderoso. Y no es que sea cosa de poca importancia sino, al contrario, es lo que más importa. Y es que ¿qué se puede esperar de quien no confía en su Padre? 

Pues bien, aquel hombre confiaba, tenía mucha fe, en aquel Maestro del que seguramente tenía noticia, y, por tanto, algo que esperar. Y lo espera todo porque todo es lo que necesita. 

Y se lo pide. Aquí no lo vemos, pero es más que conocido aquel ¡Qué vea!  Sale de su boca y no era poca petición porque quería la vista, ver.

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

Para entrar en la Liga de Defensa Católica 

INFORMACIÓN DE ÚLTIMA HORA

A la venta la 2ª edición del libro inédito del beato Lolo

Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Ya está disponible la 2ª edición de Las siete vidas del hombre de la calle, libro inédito de nuestro querido beato Lolo. La acogida ha sido tal que hemos tenido que reeditarlo para atender la creciente demanda del mismo: amigos de Lolo y su obra, para regalar, para centros de lectura y bibliotecas, librerías,… innumerables destinos para los hemos realizado una segunda edición de hermoso e inédito libro.


Si aún no lo compraste o si aún no lo regalaste ¡ahora es el momento de pedirlo!
 
portada del libro Las siete vidas del hombre de la calle, segunda edición, del beato Lolo

Recuerda que, con la adquisición de estos libros…

  • … enriqueces la vida espiritual de quién lo lea.
  • … colaboras a difundir la obra y devoción hacia nuestro querido Beato Lolo.
  • … colaboras a sufragar los gastos de la Fundación.

Ahora puedes adquirir tu ejemplar de la 2ª edición del libro inédito del Beato Lolo, escrito en el año 1960, “Las siete vidas del hombre de la calle”, pidiéndolo en:

Teléfono: 953692408

E-mail: [email protected]

Colaboración económica: 6 € + gastos de envío

¡No pierdas esta oportunidad!

……………………….

Por la libertad de Asia Bibi. 
……………………..

Por el respeto a la libertad religiosa.

……………………..

Enlace a Libros y otros textos.

……………………..

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Palabra de Dios, la Palabra.

…………………………….
Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

…………………………….

InfoCatólica necesita vuestra ayuda.

Escucha a tu corazón de hijo de Dios y piedra viva de la Santa Madre Iglesia y pincha aquí abajo:

da el siguiente paso. Recuerda que “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7), y haz click aquí.

 

10.08.18

Serie “De Ramos a Resurrección” - La glorificación de Cristo – Tercera Palabra

 

De-ramos-a-resurrección

En las próximas semanas, con la ayuda de Dios y el permiso de la editorial, vamos a traer al blog el libro escrito por el que esto escribe de título “De Ramos a Resurrección”. Semana a semana vamos a ir reproduciendo los apartados a los que hace referencia el Índice que es, a saber:

Introducción                                        

I. Antes de todo                                           

 El Mal que acecha                                  

 Hay grados entre los perseguidores          

 Quien lo conoce todo bien sabe               

II. El principio del fin                          

 Un júbilo muy esperado                                       

 Los testigos del Bueno                           

 Inoculando el veneno del Mal                         

III. El aviso de Cristo                           

 Los que buscan al Maestro                      

 El cómo de la vida eterna                              

 Dios se dirige a quien ama                      

 Los que no entienden están en las tinieblas      

 Lo que ha de pasar                                 

Incredulidad de los hombres                    

El peligro de caminar en las tinieblas         

       Cuando no se reconoce la luz                   

       Los ánimos que da Cristo                  

       Aún hay tiempo de creer en Cristo            

IV. Una cena conformante y conformadora 

 El ejemplo más natural y santo a seguir          

 El aliado del Mal                                    

 Las mansiones de Cristo                                

 Sobre viñas y frutos                               

 El principal mandato de Cristo                         

       Sobre el amor como Ley                          

       El mandato principal                         

Elegidos por Dios                                    

Que demos fruto es un mandato divino            

El odio del mundo                                   

El otro Paráclito                                      

Santa Misa                                             

La presencia real de Cristo en la Eucaristía        

El valor sacrificial de la Santa Misa                   

El Cuerpo y la Sangre de Cristo                 

La institución del sacerdocio                     

V. La urdimbre del Mal                         

VI. Cuando se cumple lo escrito                 

En el Huerto de los Olivos                              

La voluntad de Dios                                        

Dormidos por la tentación                        

Entregar al Hijo del hombre                            

       Jesús sabía lo que Judas iba a cumplir       

       La terrible tristeza del Maestro                  

El prendimiento de Jesús                                

       Yo soy                                            

       El arrebato de Pedro y el convencimiento   

       de Cristo

Idas y venidas de una condena ilegal e injusta  

Fin de un calvario                                   

Un final muy esperado por Cristo              

En cumplimiento de la Sagrada Escritura

        La verdad de Pilatos                        

        Lanza, sangre y agua                      

 Los que permanecen ante la Cruz                   

       Hasta el último momento                  

       Cuando María se convirtió en Madre          

       de todos

 La intención de los buenos                      

       Los que saben la Verdad  y la sirven          

VII. Cuando Cristo venció a la muerte        

El primer día de una nueva creación                 

El ansia de Pedro y Juan                          

A quien mucho se le perdonó, mucho amó        

 

VIII. Sobre la glorificación

 La glorificación de Dios                            

 

Cuando el Hijo glorifica al Padre                       

Sobre los frutos y la gloria de Dios                  

La eternidad de la gloria de Dios                      

 

La glorificación de Cristo                                

 

Primera Palabra                                             

Segunda Palabra                                           

Tercera Palabra                                             

Cuarta Palabra                                               

Quinta Palabra                                        

Sexta Palabra                                         

Séptima Palabra                                     

 

Conclusión                                          

 

 El libro ha sido publicado por la Editorial Bendita María. A tener en cuenta es que los gastos de envío son gratuitos.

  

“De Ramos a Resurrección” -   La glorificación de Cristo – Tercera Palabra

 

 “Mujer, ahí tienes a tu hijo…ahí tienes a tu madre” (Jn 19, 26-27).

Jesús había pedido perdón por los que le estaban matando; también había auxiliado a quien se había arrepentido de lo mal hecho a lo largo de su vida y se había convertido mudando un corazón de piedra por uno de carne. Pero aún tenía mucho que decir en bien de la humanidad toda; muchas palabras (aunque en número fueran escasas) que iban a sembrar, para siempre, un bien que nunca podría ser pagado por el hombre.

La Tercera Palabra que Jesús pronuncia en la cruz tiene un doble sentido o, mejor, tiene básicamente dos destinatarios aunque el destino de su expresión tenga carácter verdaderamente universal. Nadie puede dudar del amor que Jesús tenía por su madre, la Virgen María. Fácilmente nos los podemos imaginar en su casa, solos tras la muerte de san José, conversando no sólo de lo humano sino, sobre todo, de lo divino. Si María había guardado muchas cosas en su corazón era porque tenía mucho que guardar en el templo del Espíritu Santo. Por eso lo que dice Jesús en aquellos momentos tan importantes de su, ya, escasa vida, tiene una trascendencia muy extensa y muy profunda. Jesús comprende, porque lo sabe, que su Madre María, no tiene pariente alguno con el que continuar su vida. Sabe, decimos, que, como viuda que se queda sin hijo (como le pasó a la viuda al que le resucitó un hijo y que recoge san Lucas en los versículos 14 y 15 del capítulo 7 de su evangelio) lo iba a pasar muy mal. Decide, entonces, que sea su gran amigo Juan, el más joven de sus discípulos (como ya hemos dicho en el apartado “cuando María se convirtió en madre de todos”), el que tenga cuidado de la vida de una persona tan pura y santa como era su Madre.

Leer más... »

9.08.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Saber lo que se quiere

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” –  Saber lo que se quiere

 

“Vivo sediento de Ti…, lloro mi destierro, sueño con el Cielo, mi alma suspira por Jesús en quien ve su tesoro, su vida, su único amor, nada espero de los hombres…, te amo con locura, Jesús mío, y, sin embargo, como, río, duermo, hablo, y estudio, y vivo entre los hombres sin hacer locuras…, y aún me avergüenzo verlo…, busco mis comodidades. ¿Cómo se explica esto, Señor?

 

Pudiera parecer algo esquizofrénico esto que nos dice el hermano Rafael. Sin embargo, nada más alejado de eso la realidad que encierra esto que aquí hemos traído.

Los hijos de Dios sabemos que estamos en el mundo. Sería algo necio negar eso porque es lo que vemos cada día y cada experimentamos. Pero eso es una cosa y otra, muy distinta, distinguir lo que es importante de lo que no lo es.

Dice San Rafael Arnáiz Barón que no espera nada de los hombres. Y es que sabe que todo puede esperarlo de Dios y, entonces, ¿a qué querer otra cosa?

Lo que vive el hermano Rafael es su propia realidad:

ríe,

duerme,

habla,

estudia y, en suma,

vive entre los hombres porque es uno de los creados por Dios.

Sin embargo,

está sediento de Cristo,

llora por lo que considera un destierro (su vida en el mundo),

sueña con el Cielo,

su alma suspira por el Hijo de Dios,

nada espera de los hombres,

ama con locura al Mesías…

Leer más... »

8.08.18

Serie “El Bien, Jesucristo, el Cielo” - 2 - El Bien que debemos anhelar

El Bien, Jesucristo, el Cielo

 No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien.”

 

Epístola a los Romanos 12, 21

 

En estas mismas páginas se ha publicado, en formato serie, el libro de título “El Mal, El Diablo, el Infierno”. Y, como no podía ser menos, la parte buena, la que ha de prevalecer, Cristo mismo y Dios mismo, debían tener su serie. La misma está referida al libro de título “El Bien, Jesucristo, el Cielo” que, fácilmente puede verse es, justo, lo contrario a lo otro. 

El Mal puede vencerse con el Bien. Eso es lo que la cita que hemos puesto como principal de este libro nos dice. Y San Pablo, diciéndonos tal cosa, nos auxilia ante lo que podamos estar pasando. 

No podemos, por tanto, alegar falta de socorro en estos casos pues bien sabemos que Dios nunca nos abandona y pone, en el camino de nuestra vida, a testigos de la fe que nos echan una mano. 

De todas formas, el Bien puede ser, digamos, usado contra el Mal. Y eso porque el Bien existe para mucho más que para eso que, con ser importante, no agota las posibilidades de lo bueno y mejor. 

No podemos negar, al respecto del Bien, que, para espíritus no perjudicados por el Mal, es más atractivo el primero que el segundo. Y es que no puede considerarse sana, espiritualmente hablando, la persona que esté a favor de las asechanzas del Maligno y/o de los frutos que de las mismas puedan derivarse. No. Es más seguro esperar que el común de los creyentes esté más por el Bien que por el Mal. Y eso se apoya en algo esencial: el Bien proviene de Dios Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra en quien no hay falsedad ni mentira. 

No podemos negar, en beneficio nuestro, que a lo largo de la historia de la cristiandad ha habido hermanos nuestros en la fe que han considerado este tema, el del Bien, como uno que lo era muy importante, a tener en cuenta y a destacar. 

Así, por ejemplo, para los Santos Padres, era mayor la preocupación de señalar que Dios es el Bien Supremo y que, por tanto, toda criatura deriva de su Bondad. Pero también San Agustín, Boecio o la propia doctrina escolástica, con Santo Tomás de Aquino a la cabeza, han tenido a bien considerar el Bien entre sus temas básicos de conocimiento y estudio. 

Y ya, digamos que recientemente, en el Concilio habido en el seno de la Iglesia Católica (Vaticano I), la Constitución De Fide Catholica, en su capítulo I, dice esto que sigue:

 

“Éste único, solo, Dios verdadero, de su propia bondad y omnipotencia, no para el aumento de su propia felicidad, no para adquirir sino para manifestar su perfección por las bendiciones que Él otorga a las criaturas, con absoluta libertad de consejo creó desde el principio de los tiempos a la criatura tanto la espiritual como la corporal, a saber, la angélica y la mundana; y después la criatura humana.”

 

Vemos, por tanto, que el Bien no es, sólo, necesario en la vida del creyente católico (creemos que también en la de cualquier ser humano, en general y por ser especie creada por Dios) sino que es lo único que puede anhelar quien se sabe hijo del Todopoderoso. 

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que por el bien se va al Bien mayor que es Dios mismo.

2 - El Bien que debemos anhelar

 

Bien es amar.

Bien es olvidar.

Bien es sembrar verdad.

Bien es amar al Padre.

Bien es buscar la unión.

Bien es auxiliar al perjudicado por el sufrimiento.

Bien es ir al encuentro del Hijo de Dios.

Bien es ser misericordioso.

Bien es querer seguir a la Luz.

Bien es huir de la tentación.

Ben es no sostener nunca la mentira.

Bien es dejarse llevar por la voluntad de Dios.

Bien es transmitir la Buena Noticia.

Bien es acoger santamente a los hijos de Dios.

Bien es seguir las obras de Dios.

Bien es alimentar la comprensión.

Bien es adorar lo bello.

Leer más... »

7.08.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Saberse bajo una protección Superior

Presentación

Resultado de imagen de manuel lozano garrido

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Resultado de imagen de El sillón de ruedas

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

“El sillón de ruedas” - Saberse bajo una protección Superior

 

“Lo acuso y guardo para mí el escalofrío, pero ya he aprendido a cerrar los ojos con serenidad y confiarme a unas manos que hacen y deshacen con inteligencia, con dulzura, con destino, con amor, con infinito amor” (“El sillón de ruedas, pg 63)

 

Las palabras que preceden a las que hemos traído lo son de dolor, de sufrimiento. Y es que el Beato Manuel Lozano Garrido, en éste, su primer libro, pone sobre la mesa una situación dolorosa y sufriente, Sin embargo, eso no lo desespera y no lo hace pensar que Dios le ha tomado manía o algo por estilo. Es más, es, justamente, lo contrario.

Es cierto. Sí. Lolo sufrió mucho a lo largo de la vida que vivió desde que comenzó a manifestarse los primeros síntomas de su enfermedad degenerativa. Y no son pocas las veces que lo escribe en sus libros. Por eso sabe, como nos dice antes de lo aquí traído, que llegará un momento en el que, simplemente, tendrá que morir (no lo dice así, exactamente, pero se le entiende todo…) como consecuencia de tantos padecimientos que anda sufriendo por la vida. Pero hay algo, como decimos, que lo saca de un tal marasmo.

Leer más... »

6.08.18

Serie Venerable Marta Robin – Saber qué se es

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

    Resultado de imagen de Le secret de Marta Robin

 

Saber qué se es

 

(Reproducimos, a continuación, un artículo publicado en esta casa hace unos años. Y es que es bueno darse cuenta de qué somos y no está mal recordarlo de vez en cuando).

Se trata, el texto traído aquí, de unas palabras de la Venerable francesa Marta Robin muy dichas o, en realidad, como sólo pueden decirlas los escogidos por Dios para que cumplan una tal misión.

 

“’Yo os suplico aceptéis toda mi ofrenda y seré feliz y confiada. Por desgracia es bien poco, lo sé, pero no tengo nada más; amo mi extrema bajeza porque me obtiene  toda Vuestra Misericordia y todas Vuestras paternales solicitudes’.

 

Así, dicho en general, reconocer lo que somos nos viene la mar de bien porque es la única manera, primero, de ver en qué fallamos y, en segundo lugar, podremos corregir tales fallos… si queremos, claro está.

Si esto lo trasladamos a nuestro ser espiritual, a nuestra alma, pasa exactamente lo mismo porque en este campo aun nos conviene más que en el ordinario de la vida mundana saber qué somos y a qué atenernos.

Quien es cristiano cabal, creyente de criterio, tiene constancia de que no es nada. Queremos decir que no somos nada ante nuestro Creador. Y para eso no hace falta explicación alguna: tan sólo basta con ver nuestra realidad y la de Dios Todopoderoso.

Entonces, ante tal saber lo que somos podemos adoptar dos actitudes: mirar para otro lado y actuar con soberbia o mostrarnos ante Dios Quien sabe, más que de sobra, de los pies de los que cojeamos o la gloria que le damos con nuestra forma de actuar y de ser.

Nuestra Venerable Marta Robin sabe, perfectamente, qué es y, sobre todo, qué hacer con lo que es.

Nosotros la tenemos por mujer virtuosa y santa. El caso es que, como suele pasar, la vemos con ojos creyentes que han conocido su vida, sufrimiento y fidelidad a Dios.

Ella, sin embargo, se dirige a Dios siendo consciente de su poquedad.

Leer más... »

5.08.18

La Palabra del Domingo - 5 de agosto de 2018

Resultado de imagen de SAnta Biblia

 

Jn 6, 24-35

 

“24 Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las  barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 25 Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: ‘Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?’ 26 Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. 27 Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello’.

28 Ellos le dijeron: ‘¿Qué hemos de hacer para obrar las obras de Dios?’ 29 Jesús les respondió: ‘La obra de Dios es que creáis en quien él ha enviado’. 30 Ellos entonces le dijeron: ‘¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer’. 32 Jesús les respondió: ‘En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; 33 porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo’. 34 Entonces le dijeron: ‘Señor, danos siempre de ese pan’. 35 Les dijo Jesús: ‘Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed.’”

 

COMENTARIO

 

Buscar a Cristo y entenderlo

 

Es bien cierto que muchos buscaban a Jesús. También es cierto que no siempre lo buscaban por espirituales razones.

El Hijo de Dios los tenía bien calados. Y queremos decir con esto que conocía, humanamente hablando, a los que iban detrás de Él o tras Él. Y no siempre era bueno el resultado de tal conocimiento.

Cuando aquello del milagro de la multiplicación de los panes y de los peces a muchos se les debió alterar más el estómago que el corazón. Y es que si aquel Maestro hacía eso…  ¡Sería bueno ir tras Él!

Pero Jesucristo entiende las cosas espirituales como deben ser entendidas. Y no se equivoca con ellas porque conocer más que bien la voluntad de su Padre Dios Todopoderoso.

La atención la pone Cristo sobre lo que importa y no es, precisamente, lo que es perecedero.

La vida eterna, aquella que dura para siempre no es, por eso mismo, perecedera. No. Nunca termina. Y es la que se debe buscar. Y lo otro, lo que pasa y muere no tiene tanta importancia como le daban aquellos otros nosotros y, ahora mismo, nosotros mismos.

Debemos trabajar y obrar para el alimento que nunca muere.

La pista sobre qué es tal alimento nos lo da el mismo Hijo de Dios. Ni quería entonces ni quiere ahora que hagamos excesivas elucubraciones teológicas. No. Lo dice todo bien claro: el alimento que no perece lo da el Hijo del hombre. Es decir, Él mismo.

Sobre esto puede haber duda alguna. No hay nadie, ni ha habido antes de la llegada del Mesías, ningún otro ser humano que lleve, sobre sí, el sello de Dios ni nadie, por tanto, que pueda ser capaz de hacer lo que en su día hizo su Hijo. Por eso era tan importante escuchar lo que decía y, luego, ponerlo por obra.

Aquellos querían saber más. A lo mejor, seguramente, no habían acabado de entender aquello del alimento que nunca muere, etc. Y preguntan.

Creemos que, con franqueza, ellos querían saber para hacer según les decía aquel Maestro al que muchos querían de verdad.

 

Lo que debían hacer era sencillo: creer en el Hijo del hombre, en Aquel que les estaba hablando.

Ellos, sin embargo, aún no acaban de creer. Son duros de corazón.

Seguramente todos los presentes sabían lo del maná que, como alimento y ante el ruego del pueblo elegido por Dios, salvó la vida a los que no acababan de confiar en Aquel que les había sacado de muy malos momentos.

Aquel maná, sin embargo, no era cosa de Moisés. Es decir, no fue el profeta quien les procuró el alimento. No. Fue Dios mismo el que, ante la situación por la que pasaba su pueblo, envió la salvación en forma de alimento.

Ellos, sin embargo, atribuían a quien les llevó por el desierto, aquel milagroso hecho que tantas vidas salvó.

Pero Jesucristo sabe que no todo es como pueda aparentar ser. Y ellos, quiere comer del pan que les anuncia porque, según entienden, es que les va a traer la salvación. Sin embargo, no acaban de comprender del todo lo que les dice el Hijo de Dios.

El Mesías no dice nada que no se pueda entender: Él es el pan bajado del Cielo. Por eso, deben acudir a Él y aceptarlo como el Hijo de Dios enviado por el Creador al mundo para que el mundo se salve.

No tener nunca hambre y no tener nunca sed. Y es que una promesa como esa sólo la puede hacer quien sabe que puede cumplirla.

  

PRECES

Pidamos a Dios por todos aquellos que dudan acerca del Pan bajado del Cielo.

Roguemos al Señor.

Pidamos a Dios por todos aquellos que no saben ver la salvación que hay en Cristo.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

Padre Dios; gracias por haber enviado a tu Hijo para que fuera el pan bajado del Cielo.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

  ……………………

Por la libertad de Asia Bibi. 
……………………..

Por el respeto a la libertad religiosa.                                                                                                                                         
……………………..

Enlace a Libros y otros textos.

……………………..

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

El Pan bajado del Cielo se nos da como alimento que lleva a la vida eterna. Y es, por eso mismo, nuestra salvación

…………………………….
Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

…………………………….

InfoCatólica necesita vuestra ayuda.

 

Escucha a tu corazón de hijo de Dios y piedra viva de la Santa Madre Iglesia y pincha aquí abajo:

 

da el siguiente paso. Recuerda que “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7), y haz click aquí

4.08.18

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – Las cosas en su sitio

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

Las cosas en su sitio

Resultado de imagen de el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor 

Y Jesús dijo… (Mc 10, 43-45)

 

“Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.”

 

Cuando el Hijo de Dios dice esto que aquí dice es porque ha calao (expresión popular que quiere decir algo así como conocido hasta el alma, muy bien, acertadamente, hasta el fondo…) muy bien el corazón de muchos y los tiene más que fichados como malos ejemplos a seguir.

Es bien cierto que el ansia de querer ser el primero de entre muchos ni era nuevo entonces ni lo es ahora mismo. Es bien cierto, también, que el poder consiste, precisamente, en eso. Por eso Jesucristo quería hacerles ver a sus Apóstoles que lo que era importante, de verdad, no era lo que ellos podían, ellos mismos, querer, ansiar, anhelar.

Leer más... »

3.08.18

Serie “De Ramos a Resurrección” – La glorificación de Cristo – Segunda Palabra

De-ramos-a-resurrección

En las próximas semanas, con la ayuda de Dios y el permiso de la editorial, vamos a traer al blog el libro escrito por el que esto escribe de título “De Ramos a Resurrección”. Semana a semana vamos a ir reproduciendo los apartados a los que hace referencia el Índice que es, a saber:

Introducción                                        

I. Antes de todo                                           

 El Mal que acecha                                  

 Hay grados entre los perseguidores          

 Quien lo conoce todo bien sabe               

II. El principio del fin                          

 Un júbilo muy esperado                                       

 Los testigos del Bueno                           

 Inoculando el veneno del Mal                         

III. El aviso de Cristo                           

 Los que buscan al Maestro                      

 El cómo de la vida eterna                              

 Dios se dirige a quien ama                      

 Los que no entienden están en las tinieblas      

 Lo que ha de pasar                                 

Incredulidad de los hombres                    

El peligro de caminar en las tinieblas         

       Cuando no se reconoce la luz                   

       Los ánimos que da Cristo                  

       Aún hay tiempo de creer en Cristo            

IV. Una cena conformante y conformadora 

 El ejemplo más natural y santo a seguir          

 El aliado del Mal                                    

 Las mansiones de Cristo                                

 Sobre viñas y frutos                               

 El principal mandato de Cristo                         

       Sobre el amor como Ley                          

       El mandato principal                         

Elegidos por Dios                                    

Que demos fruto es un mandato divino            

El odio del mundo                                   

El otro Paráclito                                      

Santa Misa                                             

La presencia real de Cristo en la Eucaristía        

El valor sacrificial de la Santa Misa                   

El Cuerpo y la Sangre de Cristo                 

La institución del sacerdocio                     

V. La urdimbre del Mal                         

VI. Cuando se cumple lo escrito                 

En el Huerto de los Olivos                              

La voluntad de Dios                                        

Dormidos por la tentación                        

Entregar al Hijo del hombre                            

       Jesús sabía lo que Judas iba a cumplir       

       La terrible tristeza del Maestro                  

El prendimiento de Jesús                                

       Yo soy                                            

       El arrebato de Pedro y el convencimiento   

       de Cristo

Idas y venidas de una condena ilegal e injusta  

Fin de un calvario                                   

Un final muy esperado por Cristo              

En cumplimiento de la Sagrada Escritura

        La verdad de Pilatos                        

        Lanza, sangre y agua                      

 Los que permanecen ante la Cruz                   

       Hasta el último momento                  

       Cuando María se convirtió en Madre          

       de todos

 La intención de los buenos                      

       Los que saben la Verdad  y la sirven          

VII. Cuando Cristo venció a la muerte        

El primer día de una nueva creación                 

El ansia de Pedro y Juan                          

A quien mucho se le perdonó, mucho amó        

 

VIII. Sobre la glorificación

 La glorificación de Dios                            

 

Cuando el Hijo glorifica al Padre                       

Sobre los frutos y la gloria de Dios                  

La eternidad de la gloria de Dios                      

 

La glorificación de Cristo                                

 

Primera Palabra                                             

Segunda Palabra                                           

Tercera Palabra                                             

Cuarta Palabra                                               

Quinta Palabra                                        

Sexta Palabra                                         

Séptima Palabra                                     

 

Conclusión                                          

 

 El libro ha sido publicado por la Editorial Bendita María. A tener en cuenta es que los gastos de envío son gratuitos.

  

“De Ramos a Resurrección” – La glorificación de Cristo – Segunda Palabra

 

Segunda Palabra

 

“En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso”

(Lc 23, 43).

 

Jesús acababa de pedir perdón a Dios por aquellos que lo estaban martirizando. Aún, sin embargo, iba a mostrar que el amor de Dios no tiene límite alguno y que puede llegar a convertir los corazones hasta en las situaciones más terribles por las que pueda pasar el ser humano. 

De entre los dos ladrones que crucificaron junto a Jesús (se les ha dado en llamar Dimas al buen ladrón y Gestas al ladrón que actuó de forma demasiado humana) uno de ellos comprendió la verdadera situación por la que estaban pasando ellos dos y el hombre a quien habían ajusticiado de forma bastante improcedente.

Dimas actúa, en aquella situación, de forma muy similar a cómo actuara el publicano que subió al templo a orar. Sabemos lo que hizo, en la misma situación, un fariseo que también estaba orando allí mismo. Pero el primero, tenido por traidor al pueblo judío por recaudar impuestos para el invasor cristiano, sabía en qué situación se encontraba:

“En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se atrevía ni a alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Oh Dios! ¡Ten compasión de mí, que soy pecador!’” (Lc 18, 13).

 Pues bien, decimos que Dimas actuó de forma similar. Y es que él reconoce que es pecador:

“Pero el otro le respondió diciendo: ‘¿es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, por- que nos lo hemos merecido con nuestros hechos” (Lc 23, 40-41).

Tal reconocimiento supone una manifestación de humildad por su parte desde que pone sobre la mesa todas las cartas de su vida: ellos, él en concreto, tienen bien merecido el castigo porque su vida ha sido mal encauzada y han cometido determinados delitos que les han llevado a una muerte tan terrible como la que estaban a punto de sufrir. Sin embargo, creía que Jesús no estaba en la misma situación que ellos.

La situación del Mesías era bien distinta a la de ambos ladrones. Dimas sabía, debía conocer a quien estaba crucificado con ellos, más de lo que se nos dice en el texto bíblico. Y es que dice, y recoge san Lucas (23, 41):

 

“En cambio, éste nada malo ha  hecho.’”

 

Si naamalo ha hecho, lo bien cierto es que habría hecho algo bueno que no le merecía la muerte que le estaban proporcionando. 

Y entonces, en aquel momento en el que reconoce su culpabilidad y, a la vez, la inocencia de Jesucristo, se convierte y cree. Cree en aquel que le acompaña porque ve cómo ha pedido perdón a Dios por sus matarifes. ¡No los ha condenado como sería humanamente entendible! ¡aquel hombre era, sin duda, el Hijo de Dios y a él se tenía que encomendar! Y le pide lo que sólo quien tiene plena confianza en el destinatario de su petición, puede pedir:

“Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino” (Lc 23, 42).

 

En tal momento, crucial para la vida de Dimas, Jesús se rinde a la humildad y a la conversión del corazón de aquel hombre. Si, a lo largo de su vida pública, siempre había atendido con especial favor a quien manifestaba confianza y fe en Él (cf. Lc 7, 50 cuando una mujer le unge con perfume; en Lc 17, 19, en el caso del leproso curado que volvió, único de los diez sanados, a dar gloria a Dios; en Mc 5, 34, en el caso de la hemorroísa o, por ejemplo, en  Mc 10, 53, en el caso del ciego Bartimeo) entonces no era el momento más adecuado para cambiar tan buena y misericordioso proceder.

Vemos, también, que Dimas es hasta tal punto humilde que no le pide que le salve en aquel momento. al reconocerlo como Hijo de Dios no había hecho lo mismo que su compañero Gestas quien, tentando a Jesús, le exigía su propia salvación y la de los dos que le acompañaban. No, Dimas se limita a pedir que cuando vuelva al mundo (anuncio de la Parusía por parte de este buen ladrón) lo tenga en cuenta, que se acuerde de quien le había reconocido como inocente y había convertido su corazón al manifestar humildemente sus pecados y su mal proceder.

Y Jesús, que es la Verdad, responde con la Verdad y con aquello que, ni siquiera Dimas, puede esperar: no tendrá que esperar, para que se acuerde de él, a su vuelta al mundo. No. Para él, por su comportamiento tan especial, tiene un regalo muy grande que tiene que ver con la vida eterna y con el anhelo de todo creyente judío de habitar las praderas del Reino de Dios.

Jesús, sin embargo, no promete nada. Decimos que no promete porque no le dice, por ejemplo, “Veremos qué pasa contigo, según sea la voluntad de mi Padre”. No. Jesús afirma, de forma contundente, una gran verdad que iba a cumplirse muy pronto. Y es que el Hijo del hombre consuela a Dimas con una afirmación clara: no mañana o el año que viene o, ni siquiera alguna vez, sino que “hoy” iba a estar en el Paraíso.

Aquella afirmación, llena de esperanza escatológica para Dimas, estaba dicha por Quien había creado todo y todo lo estaba manteniendo. Es más, por Quien había enviado a su Hijo al mundo para que el mundo se salvase y saliese de la fosa en la que, voluntariamente, había querido caer. Y aquel hombre, aquel Dios hecho hombre, le dice a Dimas que iba a entrar en el Paraíso aquel mismo día. Sabía que estaba bebiendo el cáliz que Dios le había hecho beber y que aquel bautismo de sangre de Cristo que había recibido en aquella cruz era la que iba a limpiar su alma, la que había acabado de limpiar su alma, y le permitía entrar en el Paraíso sin demora y sin esperar purificación mayor: su humildad y su fe le habían procurado una sanación espiritual más poderosa, por inmediata, que la del fuego del Purgatorio.

En realidad, es el mismo Hijo de Dios, aquel que le acompaña en el suplicio, quien le ha perdonado todo el daño que pudiera haber hecho a lo largo de su vida. Concurría, eso sí, el arrepentimiento por los pecados en los que había incurrido, pero era Jesús mismo el que lo absolvía de todos ellos y le daba mucho más de lo que Dimas había pedido porque le daba el mismísimo cielo, el Paraíso.

Pero, además, le dice no sólo que va a estar en el Paraíso. esto hubiera sido, y era, más que suficiente para Dimas y para cualquiera. Lo que le dice Jesús era que iba a estar “conmigo” (con Él mismo) lo cual sólo podía querer decir que iban a entrar los dos a la par en el definitivo Reino de Dios.

Al respecto del “hoy” antes referido y que asegura Jesús va a pasar es bien cierto que no se debe tratar de un presente humano sino de uno que lo sea divino. Y esto lo decimos porque no es hasta que Jesús resucita, al tercer día, cuando dice a María Magdalena que no lo toque porque aún no ha subido al Padre (cf. Jn 10, 17) entonces, deducimos de esto que cuando Dimas murió bajó al llamado “limbo de abrahám” donde moraban las almas de los justos que habían muerto antes de la llegada del Mesías. Allí bajó Cristo (“descendió a los infiernos” afirmamos en el credo) donde la liberó junto a muchas otras almas que se encontraban en la misma situación que la suya. entonces sería cuando el alma de Dimas subiría al Paraíso junto con Jesús. Lo hacía aquel “hoy mismo” divino pues Dios no tiene ni pasado, ni presente ni futuro (aunque todo lo conozca) desde un punto de vista humano. Todo, para el señor es “ahora”, su “ahora”. De todas formas, Jesús no le dice a Dimas que él iba a ser el único que iba a entrar “hoy” en el Paraíso junto a Él sino que iba a estar allí con Él. al fin y al cabo, Dios “es”:

 

“Dijo Dios a Moisés: ‘Yo soy el que soy’” (Ex 3, 14).

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

Para entrar en la Liga de Defensa Católica

INFORMACIÓN DE ÚLTIMA HORA

A la venta la 2ª edición del libro inédito del beato Lolo

Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Ya está disponible la 2ª edición de Las siete vidas del hombre de la calle, libro inédito de nuestro querido beato Lolo. La acogida ha sido tal que hemos tenido que reeditarlo para atender la creciente demanda del mismo: amigos de Lolo y su obra, para regalar, para centros de lectura y bibliotecas, librerías,… innumerables destinos para los hemos realizado una segunda edición de hermoso e inédito libro.


Si aún no lo compraste o si aún no lo regalaste ¡ahora es el momento de pedirlo!
 
portada del libro Las siete vidas del hombre de la calle, segunda edición, del beato Lolo

Recuerda que, con la adquisición de estos libros…

  • … enriqueces la vida espiritual de quién lo lea.
  • … colaboras a difundir la obra y devoción hacia nuestro querido Beato Lolo.
  • … colaboras a sufragar los gastos de la Fundación.

Ahora puedes adquirir tu ejemplar de la 2ª edición del libro inédito del Beato Lolo, escrito en el año 1960, “Las siete vidas del hombre de la calle”, pidiéndolo en:

Teléfono: 953692408

E-mail: [email protected]

Colaboración económica: 6 € + gastos de envío

¡No pierdas esta oportunidad!

…………………………..

Por la libertad de Asia Bibi. 
……………………..

Por el respeto a la libertad religiosa.

……………………..

Enlace a Libros y otros textos.

……………………..

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

De Ramos a Resurrección es un tiempo de verdadera salvación eterna. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.
…………………………….

InfoCatólica necesita vuestra ayuda.

Escucha a tu corazón de hijo de Dios y piedra viva de la Santa Madre Iglesia y pincha aquí abajo:

 

da el siguiente paso. Recuerda que “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7), y haz click aquí.

2.08.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Querer y poder

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” –  Querer y poder

 

“Vivo, Señor mío, enfangado en mis propias miserias, y al mismo tiempo no sueño ni vivo más que para Ti. ¿Cómo se entiende esto?

 

Es bien cierto que los cristianos, aquí católicos, tenemos muchos maestros que nos pueden echar una mano en materia de nuestra fe y, sobre todo, cuando hay algo que nos pesa en el corazón. Y no podemos negar que lo que nos dice el hermano Rafael acerca de lo que queremos pero, también, acerca de lo que queremos y ansiamos, es sintomático y paradigmático.

Decimos eso de los maestros porque San Pablo ya dejó escrito, para que no se olvidase nunca, que él, él mismo, hacía lo que no quería hacer. Con esto pretendía demostrar que el pecado estaba en él y que, en algunas (a lo mejor muchas) vencía la tentación de alejarse de la voluntad de Dios.

Leer más... »

1.08.18

Serie “El Bien, Jesucristo, el Cielo” - 1 - El Bien como don de Dios

El Bien, Jesucristo, el Cielo No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien.”

 

Epístola a los Romanos 12, 21

 

En estas mismas páginas se ha publicado, en formato serie, el libro de título “El Mal, El Diablo, el Infierno”. Y, como no podía ser menos, la parte buena, la que ha de prevalecer, Cristo mismo y Dios mismo, debían tener su serie. La misma está referida al libro de título “El Bien, Jesucristo, el Cielo” que, fácilmente puede verse es, justo, lo contrario a lo otro. 

El Mal puede vencerse con el Bien. Eso es lo que la cita que hemos puesto como principal de este libro nos dice. Y San Pablo, diciéndonos tal cosa, nos auxilia ante lo que podamos estar pasando. 

No podemos, por tanto, alegar falta de socorro en estos casos pues bien sabemos que Dios nunca nos abandona y pone, en el camino de nuestra vida, a testigos de la fe que nos echan una mano. 

De todas formas, el Bien puede ser, digamos, usado contra el Mal. Y eso porque el Bien existe para mucho más que para eso que, con ser importante, no agota las posibilidades de lo bueno y mejor. 

No podemos negar, al respecto del Bien, que, para espíritus no perjudicados por el Mal, es más atractivo el primero que el segundo. Y es que no puede considerarse sana, espiritualmente hablando, la persona que esté a favor de las asechanzas del Maligno y/o de los frutos que de las mismas puedan derivarse. No. Es más seguro esperar que el común de los creyentes esté más por el Bien que por el Mal. Y eso se apoya en algo esencial: el Bien proviene de Dios Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra en quien no hay falsedad ni mentira. 

No podemos negar, en beneficio nuestro, que a lo largo de la historia de la cristiandad ha habido hermanos nuestros en la fe que han considerado este tema, el del Bien, como uno que lo era muy importante, a tener en cuenta y a destacar. 

Así, por ejemplo, para los Santos Padres, era mayor la preocupación de señalar que Dios es el Bien Supremo y que, por tanto, toda criatura deriva de su Bondad. Pero también San Agustín, Boecio o la propia doctrina escolástica, con Santo Tomás de Aquino a la cabeza, han tenido a bien considerar el Bien entre sus temas básicos de conocimiento y estudio. 

Y ya, digamos que recientemente, en el Concilio habido en el seno de la Iglesia Católica (Vaticano I), la Constitución De Fide Catholica, en su capítulo I, dice esto que sigue:

 

“Éste único, solo, Dios verdadero, de su propia bondad y omnipotencia, no para el aumento de su propia felicidad, no para adquirir sino para manifestar su perfección por las bendiciones que Él otorga a las criaturas, con absoluta libertad de consejo creó desde el principio de los tiempos a la criatura tanto la espiritual como la corporal, a saber, la angélica y la mundana; y después la criatura humana.”

 

Vemos, por tanto, que el Bien no es, sólo, necesario en la vida del creyente católico (creemos que también en la de cualquier ser humano, en general y por ser especie creada por Dios) sino que es lo único que puede anhelar quien se sabe hijo del Todopoderoso. 

Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que por el bien se va al Bien mayor que es Dios mismo.

1 -  El Bien como don de Dios  

 

Frente al mal está el bien, frente a la muerte, la vida.”

 

Eclesiástico 33, 14

 

El texto del Eclesiástico aquí traído nos muestra un camino cierto que debemos seguir. Y es que nos plantea algo que se opone a una determinada realidad: el bien frente a mal y la muerte frente a vida. 

Leer más... »

31.07.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Querer que Dios nos auxilie

Presentación

Resultado de imagen de manuel lozano garrido

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Resultado de imagen de El sillón de ruedas

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Querer que Dios nos auxilie

 

“Lo que está bien claro es que nuestras espaldas no se rendirían tanto a la pesadumbre si nos adelantáramos a la visita del infortunio tendiendo ya la mano a la colaboración generosa con los planes divinos.”

 

Como el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, tiene mucha experiencia en eso del dolor y el sufrimiento, es fácil pensar que, en cuanto a tal situación, ha de ser muy positivo lo que nos pueda decir a tal respecto. Y es más que cierto que lo hemos podido comprobar en muchos de sus escritos. Y algo así pasa con éste.

Nos dice el Beato de Linares (Jaén, España) que sufrimos y, como suele decirse popularmente, lo llevamos cargado a nuestras espaldas. Y, aunque no se trate de una imagen que sea físicamente real, todos sabemos que ser refiere a llevar, sobre nosotros, una determinada carga.

Leer más... »

30.07.18

Serie Venerable Marta Robin – Cordero de Dios

 

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

    Resultado de imagen de Le secret de Marta Robin

 

Sobre la pasión en sí misma vivida – Cordero de Dios

 

Marta Robin vivió la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo desde 1930. Y es que entre desde el jueves por la noche (21 horas) hasta el mediodía del domingo, pasó por los estados físicos que sufrió el Mesías.

Pues bien, nuestra Venerable francesa describe la íntima comunión con Jesucristo que le permite, como dice el autor del libro aquí traído, “sobrepasar el sufrimiento para encontrar el Corazón de Cristo”:

 

“El dulce Cordero de Dios (…) venido al mundo (…) para perdonar nuestros pecados y abrir el Cielo por sus sufrimientos y por su muerte en la Cruz. Este gran misterio, escándalo para los Judíos, locura para los gentiles; pero el consuelo y la alegría de los fieles (…) Es gracias a Él que nosotros podemos entrar en la intimidad de la vida divina.”

 

Es bien cierto que cuando Dios promete algo acaba cumpliéndolo. Claro está que lo cumple cuando cree conveniente porque conoce al ser humano y la historia de su creatura.

Cuando Dios envía a su Hijo, que sería llamado Jesús y, por su misión, el Cristo y Mesías, todo había sido hecho según la santísima voluntad del Todopoderoso.

La Venerable Marta Robin, tan cercana al Enviado de Dios, no duda lo más mínimo acerca de la misión que le había sido encomendada:

-  Perdonar los pecados.

-  Abrir las puertas del Cielo.

No es poco decir, sino mucho, que el Mesías iba a poder perdonar los pecados. Y es que, como bien sabemos, sólo el Todopoderoso puede hacer eso y, por tanto, era el mismo Dios quien, encarnándose, iba a hacer posible que los pecados del mundo y, en concreto, de cada ser humano que creyese en el Hijo del Padre, iban a ser perdonados.

Leer más... »

27.07.18

Serie “De Ramos a Resurrección” - La glorificación de Cristo – Primera Palabra

De-ramos-a-resurrección

En las próximas semanas, con la ayuda de Dios y el permiso de la editorial, vamos a traer al blog el libro escrito por el que esto escribe de título “De Ramos a Resurrección”. Semana a semana vamos a ir reproduciendo los apartados a los que hace referencia el Índice que es, a saber:

Introducción                                        

I. Antes de todo                                           

 El Mal que acecha                                  

 Hay grados entre los perseguidores          

 Quien lo conoce todo bien sabe               

II. El principio del fin                          

 Un júbilo muy esperado                                       

 Los testigos del Bueno                           

 Inoculando el veneno del Mal                         

III. El aviso de Cristo                           

 Los que buscan al Maestro                      

 El cómo de la vida eterna                              

 Dios se dirige a quien ama                      

 Los que no entienden están en las tinieblas      

 Lo que ha de pasar                                 

Incredulidad de los hombres                    

El peligro de caminar en las tinieblas         

       Cuando no se reconoce la luz                   

       Los ánimos que da Cristo                  

       Aún hay tiempo de creer en Cristo            

IV. Una cena conformante y conformadora 

 El ejemplo más natural y santo a seguir          

 El aliado del Mal                                    

 Las mansiones de Cristo                                

 Sobre viñas y frutos                               

 El principal mandato de Cristo                         

       Sobre el amor como Ley                          

       El mandato principal                         

Elegidos por Dios                                    

Que demos fruto es un mandato divino            

El odio del mundo                                   

El otro Paráclito                                      

Santa Misa                                             

La presencia real de Cristo en la Eucaristía        

El valor sacrificial de la Santa Misa                   

El Cuerpo y la Sangre de Cristo                 

La institución del sacerdocio                     

V. La urdimbre del Mal                         

VI. Cuando se cumple lo escrito                 

En el Huerto de los Olivos                              

La voluntad de Dios                                        

Dormidos por la tentación                        

Entregar al Hijo del hombre                            

       Jesús sabía lo que Judas iba a cumplir       

       La terrible tristeza del Maestro                  

El prendimiento de Jesús                                

       Yo soy                                            

       El arrebato de Pedro y el convencimiento   

       de Cristo

Idas y venidas de una condena ilegal e injusta  

Fin de un calvario                                   

Un final muy esperado por Cristo              

En cumplimiento de la Sagrada Escritura

        La verdad de Pilatos                        

        Lanza, sangre y agua                      

 Los que permanecen ante la Cruz                   

       Hasta el último momento                  

       Cuando María se convirtió en Madre          

       de todos

 La intención de los buenos                      

       Los que saben la Verdad  y la sirven          

VII. Cuando Cristo venció a la muerte        

El primer día de una nueva creación                 

El ansia de Pedro y Juan                          

A quien mucho se le perdonó, mucho amó        

 

VIII. Sobre la glorificación

 La glorificación de Dios                            

 

Cuando el Hijo glorifica al Padre                       

Sobre los frutos y la gloria de Dios                  

La eternidad de la gloria de Dios                      

 

La glorificación de Cristo                                

 

Primera Palabra                                             

Segunda Palabra                                           

Tercera Palabra                                             

Cuarta Palabra                                               

Quinta Palabra                                        

Sexta Palabra                                         

Séptima Palabra                                     

 

Conclusión                                          

 

 El libro ha sido publicado por la Editorial Bendita María. A tener en cuenta es que los gastos de envío son gratuitos.

  

“De Ramos a Resurrección” -   La glorificación de Cristo – Primera Palabra

 

Si hay un momento de la Pasión de Nuestro Señor en el que se glorifica él mismo a través de lo que dice es cuando, estando colgado en aquellos santos maderos, pronunció las que se han dado en llamar “siete palabras” aunque, en realidad, más que “palabras” en el sentido de siete (y nada más) son manifestaciones de amor expresadas por el Verbo. En cada una de ellas, expresión de lo que sólo puede decir Dios mismo, está cincelada la vida eterna en palabras de sangre y luz. En realidad, se trata de la Cruz de donde emana la gloria de Cristo y, por eso, aquellas palabras glorificaron al Hijo de Dios.

 

Primera palabra

 

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”

(Lc 23, 34).

 

A lo largo de la vida pública de Jesús manifiesta el Hijo de Diosque el mandato del amor, la primera Ley del Reino de Dios, estaba siendo tomada muy en serio por aquel que había enviado el Padre. Jesús tuvo que sostener que el amor (y su discípula la misericordia) era una realidad espiritual sin la cual no se podía entender ni lo que enseñaba ni el sentido mismo de Dios Padre:

 

“Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando  en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: ‘Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva.’ ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores? Él dijo: ‘el que practicó la misericordia con él.’ Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo’” (Lc 10, 30-37).

Esta parábola, conocida como la del buen samaritano, muestra lo que Jesús quería decir cuando ponía el amor y la misericordiaporencima de cualquier otra concepción del mundo. Sin embargo, en una ocasión en concreto tuvo que responder a una pregunta directa de uno de sus Apóstoles. Estaba interesado en el perdón, expresión del amor al prójimo:

“Pedro se acercó entonces y le dijo: ‘Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?’ Dícele Jesús: ‘No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete’” (Mt 18, 21-22).

Leer más... »

26.07.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" -

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” –  Cuando nada más es necesario

 

“¿Quién tendrá palabras bastantes para decir lo que es ‘nada deseo, pues tengo a Dios’?” (Punto 210)

 

Es bien cierto que, a lo largo de la historia de la cristiandad, mucho se ha escrito acerca de Dios, de su Hijo Jesucristo y del Espíritu Santo. Tanto más podemos decir acerca de la Madre de Dios y Madre nuestra. Y con esto queremos decir que no es que se haya dicho poco sino mucho y muy mucho.

Amar a Dios sobre todas las cosas no es expresión, sólo, que lo es, de un Mandamiento. Es el primero de ellos y debería ser el eje sobre el que hacer mover una vida espiritual de la que pudiera predicarse que es propia de un hijo suyo.

Esto último no es nada nuevo sino que ya el pueblo judío, antepasado del cristiano, sabía que era un principio de vida. Y, aunque es bien cierto que no siempre se cumplía tal precepto, lo bien cierto es que se conocía y bien que se conocía.

Leer más... »