Amigo de Lolo - De Linares al Cielo

Era un 12 de junio. Y corría el año de Nuestro Señor de 2010. Y fue en Linares, Jaén (España). Y llovía; llovía más que bien que, para ser casi verano es decir mucho en aquella tierra de Andalucía. Pero llovía y eso quedó como imagen de un día más que especial.
Digamos que Manuel Lozano Garrido, pues así era considerado, digamos, con su nombre ordinario, antes de lo que entonces pasó, se había ganado a pulso espiritual lo que iba a pasar de un momento al otro.
Manuel había estado luchando muchos años contra una enfermedad que, sin esperarla (a veces sí se esperan las enfermedades por según cómo actuamos en la vida) lo mantuvo sentado en un sillón de ruedas y, cuando eso correspondía, tumbado o, mejor, incorporado, en su cama.
Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Manuel Lozano Garrido fue, a lo largo de su vida, un verdadero gigante espiritual pero no podemos decir menos de su situación física. Y es que, como es sabido, su salud (que era verdaderamente de hierro…) fue empeorando desde un simple dolor de huesos hasta quedarse ciego. Avanzó poco a poco disminuyendo sus capacidades físicas.
Eso, sin embargo, no hizo que se viniera abajo sino que conforme su enfermedad lo iba diezmando se adaptaba a la situación haciendo lo posible. Así, cuando no pudo escribir con una mano, lo hizo con la otra; cuando casi no podía con ninguna, se ataba un lápiz a una mano; luego, cuando eso no fue posible, hizo uso de un magnetófono al que le dictaba (el que esto escribe tiene una grabación que hizo sobre un cuento suyo titulado “La espera” que es algo así como estar cerca de un santo en la distancia…) Y así estuvo hasta que se quedó ciego (y lo estuvo los últimos años de su vida en la tierra)
¿Acaso la ceguera pudo con él? No, ciertamente que no.
Cuando se quedó ciego es evidente que tuvo ayuda de muchas personas empezando por su hermana Lucy que ya llevaba muchos años siendo sus manos y muchos más de sus sentidos. Pero no cejó y, es más, casi todos sus libros están publicados en aquellos años que no veía… En fin, que eso dice más que mucho de Manuel Lozano Garrido, vecino de Linares (Jaén, España) y protagonista de aquella jornada del 12 de junio de 2010.
Aquel día, como decimos, llovía en Linares. Pero eso tampoco hizo que la ceremonia fuera menos lucida pues se trataba de dar oficialidad a lo que todos ya sabían desde hacía muchos años: la fama de santidad que a Lolo lo señalaba como lo que era se iba a confirmar aquel mismo día, 12 de junio, casi llegado el verano en España.
Sí, la ceremonia fue como toda ceremonia en la que se le da un empujón espiritual a un hijo de Dios y se le aúpa a los altares. Y es que en eso la Iglesia Católica tiene la buena costumbre de tener una para cada ocasión y eso se cumple a rajatabla pues las formas nunca dejan de ser las formas y en este tipo de cosas son más necesarias que nunca.
Y Manuel Lozano Garrido devino Beato, el Beato Lolo. Sí, y desde entonces los que nos consideramos amigos de Lolo, y los que iban a serlo a partir de tal momento, gozamos sabiendo que Dios, cuando escoge a sus preferidos, sabe muy bien lo que hace y que con Lolo no se equivocó para nada. Y por eso subió de Linares al Cielo donde mora su alma y donde nos espera para abrazarlo ya para siempre, siempre, siempre, como diría Santa Teresa de Jesús.
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, ruega por nosotros.
Eleuterio Fernández Guzmán
Panecillos de meditación
Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
Panecillo de hoy:
Entender el sufrimiento es un bien más que importante.
Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor" (145)
“Demolerán ya la casa en que naciste, por inservible, y aún tu alma estará con la juventud de un niño acabado de nacer”.
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Para leer Fe y Obras.
Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.
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