InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Mayo 2018

15.05.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Regalos de Dios – Recuento de beneficios – 5- Sobre el prójimo.

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Recuento de beneficios – 5 – Sobre el prójimo

 

“El del Amor Humano, con la presencia continua y el prodigio inagotable de un corazón que se da y que renace gigante en la entrega”.

 

Considera el Beato Manuel Lozano Garrido que, lo mismo que otros bienes y dones entregados por Dios, el prójimo es otro bien, otro don. Pero es que, entonces y además, también lo es el propio Amor Humano, que escribe con mayúsculas porque no es poca cosa que sea importante sino que es de lo más importante que el ser humano ha de tener en cuenta en su vida.

El prójimo, para quien se sabe hijo de Dios y es consciente de lo que eso significa, no es “alguien” que está ahí, sí, puesto por Dios, pero a quien no se le presta excesiva importancia. Al contrario es la verdad: forma parte de los Mandamientos de la Ley de Dios que ser refieren, y no por casualidad, al otro, a quien se ha de respetar, no robar, no matar, no codiciar lo suyo, etc.

Vemos, por tanto, que el prójimo no deja de tener importancia para Lolo y, es más, al mismo (por así decirlo) dedicó el esfuerzo de su existencia terrena siendo ejemplo de entrega en el sacrificio y de amor a Dios en el sufrimiento.

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14.05.18

Serie Venerable Marta Robin – Sobre la pasión en sí misma vivida – Glorificar a Dios a través del sufrimiento y de Cristo

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Sobre la pasión en sí misma vivida – Glorificar a Dios a través del sufrimiento y de Cristo

 

“Es por mis manos divinas por las que te fijo en la Cruz, para que por mi Cruz te ofrezcas y glorifiques al Padre conmigo y como Yo”.

 

En la vivencia de la Pasión de Nuestro Señor por parte de nuestra hermana Marta, palabras del Hijo de Dios hay que serenan su alma y le facilitan pasar por tan difícil trago físico. Y las que aquí traemos hoy sirven, más que bien, de sostén y, además, de piedra sobre la que construir con firmeza una vida espiritual sana y gozosa. Y no sobra nada porque están dichas por Quien sufrió para que ella misma se salvara y, además, tuviera privilegios propios de alguien a quien Dios quiere mucho. Eso sí, eran privilegios ganados a fuerza de sufrimientos y padeceres.

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13.05.18

La Palabra del Domingo - 13 de mayo de 2018

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 Mc 16, 15-20

 

“15 Y les dijo: ‘Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. 16    El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. 17 Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, 18 agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien.’ 19 Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. 20 Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales  que la acompañaban.”

 

COMENTARIO 

 

Ascensión y confirmación de la Palabra

 

Antes de acudir, hasta su próxima venida en la Parusía, al Padre, deja un mensaje el Hijo de Dios. También deja una voluntad a aquellos que en ese momento lo ven y escuchan. Tanto una cosa como otra será fundamental para la transmisión de la Palabra de Jesús. 

El mensaje que debían de difundir es la Buena Nueva que Cristo trajo a la humanidad, la voluntad es, entiendo yo, el envío que hace a los transmisores. 

Este texto de Marcos está dividido, claramente, en tres partes, enlazada la primera con la tercera y siendo, la segunda, un, a modo, de enlace. Creemos que lo más importante en el envío que hace Cristo es el objeto del mismo: transmitir la Buena Nueva. Esa noticia que ha de salvar no es otra que el saber que el Reino de Dios ya ha llegado y que, sabiéndolo, puede resultar más fácil conocerlo y, conociéndolo, gustarlo y disfrutarlo. 

El mismo hecho de mandar, dirigir, enviar, a unas personas es ya importante en sí mismo pues significa que Jesús confía en esas personas que, tras la resurrección, han acabado de creer en todo lo que les dijo con anterioridad; además, que con su visión tras su sanguinolento suceder saben, ya, que han sido testigos del acontecimiento más importante que, desde la Creación, ha podido suceder. Es por esto que el Mesías, a pesar de saber de las dificultades con las que se encontrarían (ya les dijo que, no sólo los expulsarían de la sinagoga sino que, demás, cuando acabaran con sus vidas los que lo hicieran pensarían que lo hacían en nombre de Dios…) no duda en darles es último empujón, esa última ayuda que los confirmará en la labor que debían de llevar a cabo. 

Para que su trabajo no pudiera resultar vano sino que se apoyara en la gracia de Dios, les entrega una serie de signos, indicándoles que, a los que crean, no podrá afectarles el veneno de la serpiente (pensemos en el sentido de esto, en la picadura del mal, del pecado, que se verían libres, en cuanto creyentes), etc. Con esto lo que hacía era apoyar su designio en la forma en que la sociedad de su tiempo entendía la realidad: señales (que muchas veces le pidieron para que demostrara, así, que era quien decía que era) sobre las que apoyar sus creencias pues pareciera que con la sola predicación del Enviado parece que no había sido suficiente para convertir a muchos. 

Y lanza un mensaje que encierra el objetivo a desarrollar. El proceso es el siguiente: creer, bautizarse, salvarse. No es esto nada baladí ni carente de importancia. En primer lugar se hacía, y hace, necesario, en personas adultas o ya con suficiente uso de razón, el creer, a los que están alejados de Dios por la causa que sea. Luego, confirma esa aceptación de su voluntad con el bautismo para conseguir salvarse en tanto en cuanto se practique la voluntad de quien envió a Jesús. La salvación, pues, es trasunto de un hacer y no gratuidad sólo. A la gratuidad, que sólo tiene Dios, cabe añadir un comportarse, un hacer, un ser. 

Dado este último mensaje, a Jesús sólo le quedaba subir al Padre, ascender para confirmar todo lo dicho enviando al Defensor, al segundo Defensor, al Espíritu Santo. Así quedaría, claramente, demostrado que quien decía ser que era lo era y que ya no cabía duda alguna. “Conviene que yo me vaya”, “os conviene” diría. Sólo así el cumplimiento será total. 

En esa Ascensión interpretamos o podemos ver la perfección del contrato de Dios con el hombre: entregado el Hijo a la muerte humana (no confundamos al pensar que el Padre quería que muriese sino que eso era lo que tenía que pasar) su subida al Padre, a encontrar consigo mismo, tras su periplo de hombre, era lo único que podía suceder. 

Y tras esto, a los discípulos sólo les queda una cosa por hacer: salir a predicar, a extender, por el mundo, lo visto y oído, a comunicar a “todo el mundo” que las señales que hacían tan sólo lo eran para confirmar la Palabra, como Cristo, ya Cristo, les había dicho, superada la vida humana de Jesús. 

Haríamos, ahora mismo, y con relación a esto último escrito (lo de la superación de la humanidad de Jesús) esta pregunta: ¿cuántos de los que leen esto creen a Jesús, pero no en Cristo? Que cada cual se responda a sí mismo.

  

PRECES

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que esperan el regreso de Cristo. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren transmitir la Buena Noticia. 

Roguemos al Señor. 

 

ORACIÓN

 

Padre Dios; ayúdanos a ser transmisores fieles de la Buena Noticia.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto. 

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

 

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Por la libertad de Asia Bibi. 
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Por el respeto a la libertad religiosa.                                                                                                                                         
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Enlace a Libros y otros textos.

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Cristo subió al Cielo a cumplir todas sus promesas. 

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Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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12.05.18

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – Orar como ora Cristo

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

 

Orar como ora Cristo

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Y Jesús dijo… (Mc 9, 29)

 

“Les dijo: ‘Esta clase con nada puede ser arrojada sino con a oración”.

 

Sabemos lo que había pasado acerca de aquel demonio que tenía dominado al muchacho que le presenta el padre a Jesús. Y, francamente lo decimos, la respuesta que da el Hijo de Dios a los apóstoles es clara y terminante. Y es que ellos quieren saber las razones de que no hayan podido expulsar al demonio ellos mismos. Y, la verdad, no quedaron muy bien y, así, quedaron retratados… 

Ciertamente que, tanto aquellos primeros discípulos de Cristo (los Apóstoles) como los que, a lo largo de los siglos, han ido haciendo crecer la Esposa de Cristo, fundada por el Hijo de Dios, oramos. Las cosas, sin embargo, no son como nosotros creemos que son. 

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11.05.18

Reseña: Y 30: “Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 2-”.

 Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 2-                         Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 2-

Título: Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo -2-.

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Lulu

Páginas: 132

Precio aprox.:  4.50 € en papel – 0.99 € formato electrónico.

ISBN:  5800128269649 papel; 978-0-244-08625-1 electrónico.

Año edición: 2018

 

Los puedes adquirir en Lulu.

 

Acercarse al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo -2-” de Eleuterio Fernández Guzmán.

 

Continuamos (y terminamos, por cierto, como abajo decimos) con la publicación de textos dentro de la Colección Fe sencilla. Este libro pertenece al apartado de título Hermanos en la fe.

Tenemos que decir que con este libro terminamos la colección de título Fe sencilla(han sido 30 los títulos que han visto la luz en la misma) y, si Dios quiere, continuaremos por otros derroteros hasta donde nuestro Creador quiera…

Vayamos, pues, con la reseña. Y, para eso, reproducimos el primer apartado que, como no puede ser de otra forma (habiendo un primer libro sobre este tema y con las características propias del mismo) lleva como título “Una sana continuación“.

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