InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Mayo 2016, 16

16.05.16

Serie oraciones – expresiones de fe -Marta Robin – Necesidades del alma

Orar

 

No sé cómo me llamo…
Tú lo sabes, Señor.
Tú conoces el nombre
que hay en tu corazón
y es solamente mío;
el nombre que tu amor
me dará para siempre
si respondo a tu voz.
Pronuncia esa palabra
De júbilo o dolor…
¡Llámame por el nombre 
que me diste, Señor!

Este poema de Ernestina de Champurcin habla de aquella llamada que hace quien así lo entiende importante para su vida. Se dirige a Dios para que, si es su voluntad, la voz del corazón del Padre se dirija a su corazón. Y lo espera con ansia porque conoce que es el Creador quien llama y, como mucho, quien responde es su criatura.

No obstante, con el Salmo 138 también pide algo que es, en sí mismo, una prueba de amor y de entrega:

“Señor, sondéame y conoce mi corazón, 
ponme a prueba y conoce mis sentimientos, 
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno”

Porque el camino que le lleva al definitivo Reino de Dios es, sin duda alguna, el que garantiza eternidad y el que, por eso mismo, es anhelado y soñado por todo hijo de Dios.

Sin embargo, además de ser las personas que quieren seguir una vocación cierta y segura, la de Dios, la del Hijo y la del Espíritu Santo y quieren manifestar tal voluntad perteneciendo al elegido pueblo de Dios que así lo manifiesta, también, el resto de creyentes en Dios estamos en disposición de hacer algo que puede resultar decisivo para que el Padre envíe viñadores: orar.

Orar es, por eso mismo, quizá decir esto:

-Estoy, Señor, aquí, porque no te olvido.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero tenerte presente.

-Estoy, Señor, aquí, porque quiero vivir el Evangelio en su plenitud. 

-Estoy, Señor, aquí, porque necesito tu impulso para compartir.

-Estoy, Señor, aquí, porque no puedo dejar de tener un corazón generoso. 

-Estoy, Señor, aquí, porque no quiero olvidar Quién es mi Creador. 

-Estoy, Señor, aquí, porque tu tienda espera para hospedarme en ella.

Pero orar es querer manifestar a Dios que creemos en nuestra filiación divina y que la tenemos como muy importante para nosotros.

Dice, a tal respecto, san Josemaría (Forja, 439) que “La oración es el arma más poderosa del cristiano. La oración nos hace eficaces. La oración nos hace felices. La oración nos da toda la fuerza necesaria, para cumplir los mandatos de Dios. —¡Sí!, toda tu vida puede y debe ser oración”.

Por tanto, el santo de lo ordinario nos dice que es muy conveniente para nosotros, hijos de Dios que sabemos que lo somos, orar: nos hace eficaces en el mundo en el que nos movemos y existimos pero, sobre todo, nos hace felices. Y nos hace felices porque nos hace conscientes de quiénes somos y qué somos de cara al Padre. Es más, por eso nos dice san Josemaría que nuestra vida, nuestra existencia, nuestro devenir no sólo “puede” sino que “debe” ser oración.

Por otra parte, decía santa Teresita del Niño Jesús (ms autob. C 25r) que, para ella la oración “es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”.

Pero, como ejemplos de cómo ha de ser la oración, con qué perseverancia debemos llevarla a cabo, el evangelista san Lucas nos transmite tres parábolas que bien podemos considerarlas relacionadas directamente con la oración. Son a saber:

La del “amigo importuno” (cf Lc 11, 5-13) y la de la “mujer importuna” (cf. Lc 18, 1-8), donde se nos invita a una oración insistente en la confianza de a Quién se pide.

La del “fariseo y el publicano” (cf Lc 18, 9-14), que nos muestra que en la oración debemos ser humildes porque, en realidad, lo somos, recordando aquello sobre la compasión que pide el publicano a Dios cuando, encontrándose al final del templo se sabe pecador frente al fariseo que, en los primeros lugares del mismo, se alaba a sí mismo frente a Dios y no recuerda, eso parece, que es pecador.

Así, orar es, para nosotros, una manera de sentirnos cercanos a Dios porque, si bien es cierto que no siempre nos dirigimos a Dios sino a su propio Hijo, a su Madre o a los muchos santos y beatos que en el Cielo son y están, no es menos cierto que orando somos, sin duda alguna, mejores hijos pues manifestamos, de tal forma, una confianza sin límite en la bondad y misericordia del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!).

Esta serie se dedica, por lo tanto, al orar o, mejor, a algunas de las oraciones de las que nos podemos valer en nuestra especial situación personal y pecadora.

Durante las semanas que Dios quiera vamos a traer a esta serie palabras de la Venerable Marta Robin contenidas en el libro “Ce que Marthe leur a dit” escrito por el postulador de la Causa de Canonización y por la vice postuladora, a la sazón, el sacerdote P. Bernard Peyrous y Marie-Thérèse Gille.

   

Serie Oraciones – Expresiones de fe: Marta Robin –  Necesidades del alma.

“Hace falta aumentar el corazón a Corazón con Dios.

Hace falta pasar por la Santa Virgen.

Hace falta estar en el Corazón de la Santa Virgen.

Hace falta disciplinarse para orar, decidir un tiempo para la oración y cumplirlo.

Hace falta insistir en la unidad, la comunión en Jesús, con María.”

Los fieles que miramos a Dios como Padre Todopoderoso sabemos que, en cuanto a la fe, tenemos unas necesidades que van desde creer que Dios es nuestro Padre hasta lo que pueda suponer sostenernos en los momentos difíciles de nuestra vida.

La Venerable Marta Robin, tan cercana al Todopoderoso, sabe a ciencia y corazón ciertos que hay algunas de tales necesidades que son, absolutamente, vitales para la vida del creyente católico.

Por ejemplo, nuestra cercanía con Dios no puede ser disminuida porque supondría nuestra muerte espiritual y el Todopoderoso nos quiere siempre cerca. Por eso no podemos cortar los hilos espirituales que nos unen a Quien nos ha creado y nos mantiene. Por eso permanecer cerca de su corazón es vital para nosotros.

Pero es que sabemos que tenemos Madre en el Cielo y que puede presentar a Dios nuestras solicitudes de auxilio. Es, por eso, auxilio de los cristianos.

Pues bien, el corazón de María, que es tan grande que cabe todo el que quiere estar en él, está tan cerca del de Dios que no es suficiente con creer que puede auxiliarnos sino que, en efecto, debemos poner en práctica una mediación como la suya. Pasamos, pues, por el corazón de María para llegar al Creador y, en sí mismo, debemos permanecer en su santo corazón.

Se suele decir que a Cristo se va por María. Y eso no es nada extraño porque la Madre de Dios, al ser Madre nuestra, hace posible lo que lo que pudiera parecer imposible sea alcanzable: estar muy cerca de Dios estando cerca de María, por ejemplo.

Nos dice, por eso mismo, Marta Robin, que debemos estar unidos a Cristo (eso es evidente para un discípulo suyo) pero no dejando de lado a quien dijo sí cuando podía haber dicho no. Ella es, por eso mismo, el principal hilo que nos une con Dios.

Pero hay algo más.

Nosotros, los que nos consideramos (porque lo somos) hijos de Dios, sabemos que el Padre nos espera en la oración. Es decir, que sin vida de oración, no puede haber vida que pueda llamarse espiritual; sin oración no puede haber relación con Quien nos espera en la misma; sin oración establecemos un vacío entre Dios y nosotros.

Pues bien, en materia de oración no vale cualquiera cosa. No. Y cualquiera cosa es, por ejemplo, orar sólo cuando necesitamos ayuda de parte de Dios. Eso, estando bien, muestra un racanismo espiritual muy preocupante y denota, por nuestra parte, una falta de confianza de Quien esperamos… sólo estamos preocupados. Nada, pues, de dar gracias; nada de ser francos con el Padre; nada de tenerlo en nuestro corazón a través de una oración continua.

Debemos, pues, como nos dice la Venerable Marta Robin, tener disciplina a la hora de orar. ¡Sí!, pudiera parecer absurdo decir eso pero la oración es un ejercicio del alma que requiere saber cómo llevarla a cabo. Necesita, pues, una disciplina que no puede ser establecida a tontas y a locas. No. Orar requiere un tiempo determinado, requiere de un lugar adecuado… en fin, requiere de un querer porque poder siempre se puede.

¡Ah, y que no se nos olvide: lo que decimos que vamos a hacer debemos hacerlo. Es simple correspondencia entre lo que decimos ser y lo que somos pero, sobre todo, es una muestra de no despreciar, en el fondo, a Dios. 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

…………………………..

Por la libertad de Asia Bibi. 
……………………..

Por el respeto a la libertad religiosa.

……………………..

Enlace a Libros y otros textos.                     

……………………..

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dirigirse a Dios es un privilegio que sólo tienen aquellos que creen en el Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!). Debemos hacer, por tanto, uso de tal instrumento espiritual siempre que seamos capaces de darnos cuenta de lo que supone.

…………………………….
Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.
…………………………….

InfoCatólica necesita vuestra ayuda.

Escucha a tu corazón de hijo de Dios y piedra viva de la Santa Madre Iglesia y pincha aquí abajo:

 

da el siguiente paso. Recuerda que “Dios ama al que da con alegría” (2Cor 9,7), y haz clickaquí.