Noviembre de Santos y Difuntos - El Purgatorio-Purificatorio en la Biblia

Los Santos nos enseñan a orar por las Almas del Purgatorio – Misioneras de  la Divina Revelación

 

“Todo aquel que muera en gracia de Dios, pero sin estar perfectamente purificado, efectivamente tiene garantía de su salvación eterna; pero luego de la muerte deben someterse a una purificación, de manera que alcancen la santidad necesaria para entrar en el gozo del Cielo.”

  

Este texto corresponde al número 1030 del Catecismo de la Iglesia Católica y muestra, bien a las claras, que los católicos tenemos por cierto y verdad que existe un lugar intermedio entre la vida en el mundo y el Cielo donde se limpia aquello que aún pueda estar ensuciando el alma.

También es cierto y verdad que podría argumentarse que esto es algo que los católicos nos inventamos hace siglos… no sé… con cualquier motivo y con injustificada causa. Algo así como si fuera un invento de los curas…

Como podemos imaginar, sostener eso supone no estar al tanto de la calle de la verdad y lo único que se pretende con decir tales cosas es malmeter contra la Iglesia católica como cuando se dice que el Magisterio y la Tradición de nada sirven ni valen teniendo la Biblia como la tenemos. En fin…

Como esto, claro está, no se sostiene ni pegándolo con la cola más fuerte que uno pueda encontrar, vamos a aportar pruebas que muestran que, precisamente, en las Sagradas Escrituras, el Purgatorio-Purificatorio se contempla tan cual, para lo que sirve y vale y por lo que está puesto ahí por Dios porque esto, de invención, no tiene nada de nada.

Vayamos con el principio, la Antigua Alianza que se refleja en el llamado Antiguo Testamento.

Es todo un clásico citar, para referirse a esto, el Libro de los Macabeos (2 Mac 12, 41-46), simplemente, porque muestra la creencia en un lugar donde se pueden absolver los pecados que no sea aquí en el mundo. Y es que todo tiene su razón de ser y, sobre todo, su fe.

El caso es que cuando vencieron a Gorgias, Judas Macabeo descubrió que algunos soldados portaban objetos idolátricos que habían tomado, seguramente, de los restos de su victoria. Por eso, por pertenecer a ídolos los convertía a ellos, soldados, en pecadores porque aquellos objetos eran considerados impuros.

Recoge, justo en este momento, algo relacionado con aquel episodio que tiene mucho que ver con lo que consideramos es el Purgatorio-Purificatorio

“Todos bendijeron al Señor, justo juez, que descubre las cosas ocultas. Volvieron a la oración, rogando que el pecado cometido les fuese totalmente perdonado; y el noble Judas exhortó a la tropa a conservarse limpios de pecado, teniendo a la vista el suceso de los que habían caído, y mandó hacer una colecta en las filas, recogiendo hasta dos mil dracmas, que envió a Jerusalén para ofrecer sacrificios por el pecado; obra digna y noble, inspirada en la esperanza de la resurrección; pues si no hubiera esperado que los muertos resucitarían, superfluo y vano era orar por ellos. Más creía que a los muertos piadosamente  les está reservada una magnífica recompensa. Obra santa y piadosa es orar por los muertos. Por eso hizo que fuesen expiados los muertos, para que fuesen absueltos de los pecados.”

 

El caso es que la colecta que, según dice el texto aquí traído, se recoge, tenía por finalidad, digamos, ofrecerla (en forma de sacrificios) en beneficio de las almas de aquellos soldados que habían muerto en pecado. Y ya podemos entender que se está refiriendo, aunque no lo diga, al Purgatorio-Purificatorio.

Y sí, es cierto que a lo mejor hay poco más sobre esto en el Antiguo Testamento, pero no podemos negar que no es poca cosa sino mucha y más que mucha. 

Y, ahora, el Nuevo Testamento.

Bien podemos entender que el Hijo de Dios, cuando después de las Bienaventuranzas que recoge San Mateo y decir a los fariseos que tienen difícil entrar en el Reino de los Cielos dice eso que sigue bien habla del Purgatorio-Purificatorio (Mt 5, 25-26):

 

“Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan a la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que hayas pagado hasta el último céntimo”.

 

Pero es que el Apóstol de los gentiles creemos que aún habla más claro sobre lo mismo cuando en su Primera Epístola a los Corintios (3, 11-15) dice esto:

 

“Pues nadie puede poner otro cimiento que el ya puesto, Jesucristo. Y si uno construye sobre este cimiento con oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, paja, la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual quedará al descubierto; la manifestará el Día, que ha de revelarse por el fuego. Y la calidad de la obra de cada cual, la probará el fuego. Aquel, cuya obra construida sobre el cimiento, resista, recibirá la recompensa. Mas aquel cuya obra queda abrasada, sufrirá el daño. Él, no obstante, quedará a salvo, pero como quien pasa a través del fuego.”

 

Pero hay, como puede imaginarse cualquiera, un texto que, en esto, resulta esencial. Lo recoge, otra vez, san Mateo en el versículo 32 del capítulo 12 de su Evangelio:

 

“Y quien hable una palabra contra el Hijo del Hombre, será perdonado; pero aquel que hable una palabra contra el Espíritu Santo, no será perdonado ni en este mundo ni en el que vendrá.”

 

Nosotros, humildemente, sólo podemos entender que se está refiriendo, aunque no haga uso de tal denominación, al Purgatorio-Purificatorio pues en el Cielo nada de ha de perdonar y el Infierno nada se puede perdonar.

Algunos pueden llegar a sostener que estas pruebas son pocas y que, por tanto, tanto podemos creer o no creer que exista el Purgatorio-Purificatorio. Sin embargo, cuando habla el Hijo de Dios sólo cabe la aceptación y la creencia que, para eso, es Dios hecho hombre. Y Amén.

Eleuterio Fernández Guzmán

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Un mes para orar porque nos conviene.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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