InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Un amigo de Lolo

24.01.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Lolo, antes de todo

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Lolo, antes de todo

Manuel Lozano Garrido, «Lolo»

 “Aparece de pronto una foto mía de cuando tuviera veintiún años, meses apenas antes de la enfermedad. No se me ocurrió dejarme bigote más que una vez en mi vida, apenas una semana, y mire usted por ´donde se me vino entonces la idea de hacerme una foto; en ella estoy, ya digo, con el leve mostachito y una insignia en la solapa. Una ilusión y un ideal, buena síntesis de mi vida entonces. La ilusión, hacerse una carrera, crearse un hogar, situarse en el futuro. El ideal, cuajar en el interior una noble y divina figura, vivir con transparencia, ensancharse en el amor a los hombres” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 25)

Es verdad que este texto pudiera parecer extenso. Sin embargo, partiendo de saber que nada de Lolo es nunca demasiado extenso, es que, además, éste en concreto expresa muy bien y más que bien el pensar del Beato de Linares (Jaén, España) en un momento clave de su vida: justo antes de enfermar y de que su vida diera un giro radical de mucho más de 180º, como suele decirse cuando algo ha cambiado más que mucho. 

Podemos decir que Lolo, entonces y según este diario que es “Las golondrinas nunca saben la hora”, estaba haciendo la típica mudanza de casa. Y, como suele ser lo común que siempre pase, al remover las cosas que uno tiene en su antigua residencia sale a la luz aquello que, a lo mejor, hacía tiempo que no se veía. Y es lo que pasa con la fotografía que debía tener unos veinte años al estar fechado este primer apartado del libro el 2 de junio de 1961 y decir Lolo que tenía, cuando la foto, veintiún años. Y, habiendo nacido en 1920… salen muy bien las cuentas (1941). 

En efecto, hemos titulado este artículo “Lolo, antes de todo” pues, en efecto, él mismo dice que fue poco tiempo antes de su enfermedad pero es que, verdaderamente, luego de ella llegó su “todo” y, para sus amigos, “nuestro” todo pues lo que acabó pasando no es, sino, una historia de fe y de valentía. Lo que pasa es que Manuel Lozano Garrido, después de aquellos años pasados, 20, desde aquella foto, nada dice de su buen devenir en la vida dadas sus circunstancias… pues su humildad de verdad se lo impide. Pero a nosotros, mucho menos humildes que Lolo, nada nos impide decir que fueron años más que fructíferos y que los que vendrían, algo más de 10, aún lo serían más… 

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17.01.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - ¡Qué gran verdad!”

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

¡Qué gran verdad!

 

“¿Qué tememos con que uno muera entre sábanas o que lo paseen por las calles si no ha conseguido subir ni un palmo por la senda de la bondad? (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 23)

 

En realidad, lo que subyace en esto que nos dice el Beato de Linares (Jaén, España) es algo muy importante y que deberíamos tener en cuenta a lo largo de nuestra vida. Y es que se trata de una realidad espiritual que no es cosa de un día ni de un día para otro sino que es, exactamente, de siempre y para siempre. Y nos referimos a saber distinguir entre hacer las cosas bien y hacerlas mal, a que hay que escoger.

El caso es que Lolo, que con este capítulo está comenzando este nuevo diario suyo, presenta las cosas según su corazón de creyente cree que deben ser presentadas. Y aquí no vale ninguna clase de subterfugio ni pretender engañar a nadie. No. Aquí sólo vale y sirve la verdad que, desde el corazón y el alma, salen a la calle del mundo cuando escribe esto.

Poco antes de estas palabras escribe Manuel Lozano Garrido, para que se pueda entender mejor el sentido de lo aquí traído hoy, que “nada hay tan bonito, dulce y caliente que el destino a secas, mondo y lirondo”. Y es que, en realidad, dependiendo todo de la santa Providencia de Dios como depende lo que a nosotros nos toca es hacer nuestra parte y procurar hacerla lo mejor posible.

Nos dice Lolo que no debería importarnos cuál es el discurrir, por así decirlo, de nuestros restos ya mortales. Y es que a él nada gusta eso de que el mundo lo tenga a uno por muy importante si, en realidad, lo ha sido poco de cara a Dios y con su Voluntad por delante. Es decir, si no ha habido bondad en su vida y si, por decirlo así, su corazón no ha sido de carne sino de piedra… entonces, de nada van a servir las alabanzas del mundo. Pero de nada y para nada van a ser salvo para el mundo mismo… embebido en sus simplezas, apariencias y necedades…

Sabe muy bien el Beato linarense que lo que somos ahora, mientras vivimos, nos movemos y existimos poco tiene de importancia cuando llega el momento de partir del mundo hacia donde nos corresponda partir según sea nuestro Juicio Particular. Y esto lo decimos por dar poca, o ninguna, importancia al devenir posterior en cuanto a nuestra realidad física. Lo único que importa es lo que hemos sido de cara a Dios y, claro, según la Voluntad que tiene el Padre de que sus hijos se amen unos a otros como él los ha amado. Y si eso no se cumple… entonces no hay miel sobre hojuelas sino negritud sobre negritud.  

Aquí hay algo más que terrible porque muestra el camino que pueden seguir los hijos de Dios cuando el Todopoderoso les ha otorgado la vida para que la misma sea fructífera según entiende El Señor que debe ser y no según cree el ser humano que debe ser… Y esto lo decimos porque dice Lolo que es posible que, al morir, no se haya subido “ni un palmo por la senda de la bondad”.

Debemos leer esto con atención y tratar de entender lo que eso significa para el momento de presentarse ante el Tribunal de Dios pues no es poca cosa sino mucha y más que mucha.

Arriba hemos dicho eso que dijo Jesucristo en un momento determinado cuando le preguntaron sobre el Mandamiento  más importante de la Ley de Dios. Él dijo, como era de esperar, que era “amar a Dios sobre todas las cosas”. Pero luego añadió algo que muchos de los que escuchaban no esperaban y que, seguramente, no querían escuchar: amar al prójimo como nos amamos a nosotros mismos.

Para amar al prójimo hay que tener el nivel de bondad muy elevado pues, de otra forma, nos va a resultar muy difícil hacer lo que debemos que hacer cuando debemos hacerlo y no mirar para otro lado. Y es que amar al prójimo no siempre nos resulta posible y, a veces, creemos que hasta ni conveniente. Y ahí es donde reside la mayor bondad, el saber que debemos amar al prójimo no siete sino setenta veces siete que son las mismas que Cristo dijo a Pedro que tenía que perdonar a su hermano. Cuanto más si no es hermano, digamos, de sangre, a quien debemos perdonar y mostrar bondad sino que es “otro“ prójimo.

Lolo, en realidad, lo que quiere decirnos con esto es que ha de prevalecer la bondad sobre otras “cosas” que nosotros creemos más importantes. Y la verdad es que eso es tan cierto que, como nos dice Manuel Lozano Garrido, poco importa lo que hagan con nosotros una vez muertos pues, primero, Dios todo lo sabe de nosotros y, luego, tendremos el destino merecido.

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

10.01.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La felicidad bien entendida

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

 

“Y es que la felicidad es una cosa bien distinta a las palmas de tango y el pasarlo bien. A uno le puede bajar por la cara un reguero de lágrimas, estar tosiendo, con taquicardia o detrás de un balcón y en el corazón bullirle todas las campanas del mundo“ (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 23)

  

La felicidad bien entendida

 

Que sí, que es posible que alguien pueda pensar y decir que estas palabras de Lolo, en ellas, hay una voluntad de que las cosas, a pesar de todo, sean bien consideradas en la vida de uno. Algo así, digamos, como un voluntarismo un tanto exagerado… 

Es cierto que eso podría decirse pero, de hacerlo, es claro que no se ha entendido nada de lo que el Beato de Linares (Jaén, España) ha querido decir con esto. Y vamos a tratar de decir algo a tal respecto. 

Tenemos, por un lado, la felicidad, digamos, ordinaria, oficial podríamos decir. Y es la que se sostiene sobre aspectos externos a nosotros, en cómo nos comportamos de acuerdo a nuestros particulares intereses. Por eso habla Lolo de las palmas de tango o el mismo pasarlo bien. 

¿Están mal, acaso, las palmas de tango o pasarlo bien? 

Seguros estamos que Manuel Lozano Garrido no estaba contra las primeras o lo segundo. Sin embargo, tenía muy claro que las cosas de la felicidad tienen otro “nivel” para que se pueda considerar tal estado del alma aunque bien sepamos que estar alegre, dando palmas o pasándolo bien no es lo mismo que ser feliz pues una cosa es una cosa y otra… pues es otra. 

Y es ahí, precisamente, en el “alma” donde se centra lo relacionado, de verdad, con ser feliz o, en fin con la felicidad en su estado más puro, más cierto, como debe ser considerada la misma. 

Esto lo decimos porque Lolo considera la felicidad, ser feliz, desde otro punto de vista que no resulta tan mundano donde, como sabemos, lo externo priva sobre lo de “dentro” de uno, de su alma y de su espíritu. 

Debemos apreciar los casos en los que, de ordinario, no se presenta la felicidad como realidad con cartas sobre la mesa. Así, por ejemplo, nos habla Lolo de estados en los que eso de ser feliz… como que no casa con lo que pasa:

 

- Pasarlo mal y estar llorando, 

- Estar, simplemente, enfermo, sea cual sea la enfermedad

 

Y, por último, algo que lo retrata a él mismo a la perfección y que es, estar “detrás de un balcón” que es como permanecía durante buena parte del día al no poder pisar la calle, por así decirlo, debido a su enfermedad… 

Cualquiera diría, y se dice, que si se llora por pasarlo mal, si se está enfermo o si se está recluido en su casa detrás de un balcón como única comunicación con el exterior, que ahí no puede haber felicidad alguna. Y ahí es cuando Lolo pone sus cartas sobre la mesa y sale vencedor de esta partida

Esto lo decimos porque cree Lolo que, incluso en las situaciones que pone como ejemplo de lo malo que a uno le puede suceder, se puede ser feliz y, como dice, que las campanas del mundo, “todas” (no unas pocas o muchas sino, exactamente, todas) pueden estar repicando en su corazón y no lo hacen, precisamente, a muerto sino, justamente, a lo contrario: a vivo bien vivo y a feliz y bien feliz. 

Claro que, para eso, se ha de tener un sentido del sufrimiento y del dolor muy diferente a como solemos tenerlo. Y, claro, ser de otra pasta espiritual distinta a la ordinaria…

   

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

3.01.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Cuando llegue la primavera

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. 

 

Cuando llegue la primavera

“Espinas, siempre espinas…

Tantas, ¡ay!, ¿no será que, a lo mejor, me nacerá una rosa? ‘Oh! ¿Cuándo llegará la primavera

  

Este texto lo pone Lolo antes de dar comienzo al Capítulo I de este su libro “Las golondrinas nunca saben la hora” de título “Esa luz que se dora en otoño”. Y, para más información digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años. 

Para aquel entonces, 1961, Lolo ya llevaba sus buenos 20 años enfermo y, podemos decir, empeorando pues pronto perdería la vista y pasaría a formar parte de los listados, digamos, de la ONCE, a saber la Organización Nacional de Ciegos Españoles desde octubre de 1964. 

Este texto lo suponemos de Lolo porque no viene indicado que sea de otro autor como, por ejemplo, en el mismo libro se indica que la cita “Cuando menos veo, más creo” corresponde a Santa Teresa de Jesús y que, teniendo en cuenta que este libro contiene, por así decirlo, el momento en el que Lolo queda ciego viene muy bien para explicar cómo se sentía nuestro amigo: cuando menos veía, más creía… 

De todas formas, aunque no fuera suyo (que sí lo es) explica más que bien cómo se encontraba por aquel entonces. 

Sabe el ahora Beato de Linares (Jaén, España) que no es que lo haya pasado, hablando de lo físico, muy bien desde que a principio de los años 40 del siglo pasado se le empezara a manifestar una enfermedad degenerativa. Es más, lo dice con toda claridad: “Espinas, siempre espinas…” Es más, en una ocasión dirá que él tiene la sensación como que muchos “alfileritos” se le clava en todo su cuerpo… 

Sobre esto, cuando se habla de las rosas se sabe que las mismas, como planta y de la forma cómo son, tiene espinas su tallo. Es más, que muchas veces, puede hacer bastante daño si no somos cuidadosos al cogerlas. Y Lolo se pregunta, con un ¡ay! muy significativo delante si es que a él no le puede nacer una cosa y no sólo ser la espina la que contemple para sí en su vida. 

Hacerse esa pregunta lleva implícito la esperanza de que, en efecto, le pueda nacer una rosa. Es decir, no se deja vencer por la desesperanza pues eso es cometer un pecado más que grave al desatender, en su propia vida (de hacer eso) la Providencia de Dios y dejarse dominar por el no a lo que pueda ser… y eso no lo puede hacer Lolo ni por fe ni por nada de nada. Y sabe Manuel que su Creador le tiene preparada tal rosa cuando eso tenga que suceder que, para nosotros, fue su propia vida y existencia cual manifestación más excelsa de lo que, en cuanto obra maravillosa de Dios (como la rosa) puede hacer el Todopoderoso. Y tal fue la rosa que le nació a Lolo. 

De todas formas, no se niega a sí mismo, como dice, la “primavera” en el sentido de que cree que está pasando por un invierno como metáfora de lo oscuro, del frío de una existencia físicamente penosa. Y esto lo decimos porque se pregunta “cuándo” y entonces entendemos nosotros que sabe que ha de llegar, en bien propio, pero que ignora cuando será

Y nosotros pensamos que la primavera le llegó un 3 de noviembre de 1971 cuando Dios lo llamó a su Casa y allí, en la Bienventuranza y Visión Beatífica, las espinas se convirtieron, todas, en rosas que, junto a Santa Teresita del Niño Jesús (como ella dijo que haría cuando estuviera en el Cielo) lanzan, a modo de pétalos, sobre nuestras pobres vidas para que, al menos, tengamos, con sus palabras, un buen quicio en el que apoyarnos.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

22.11.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Esto le pedimos, con Lolo, a Dios

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Esto le pedimos, con Lolo, a Dios

  

Suponemos que no le importará a Lolo que transformemos un texto suyo en un poema que bien puede ser una oración. Y es que la parte final de este capítulo que ya presentamos la semana pasa y que tiene todo que ver con el “Líbranos del Mal” del Padre Nuestro, bien lo puede ser. Y dice esto que sigue, esta oración que es un grito comedido de voluntad buena y mejor: 

 

“Sálvanos, Señor, también,

de esas peores culebras íntimas del engreimiento,

el deseo impuro, la avaricia, la intransigencia,

la irritabilidad y el desprecio.

 

Que no sea un cubil lo que puede ser un nido;

un erizo, lo que está predispuesto para nardo;

carbón, lo que debiera ser estrella.

 

Escúdanos, por último,

contra ese áspid que es la lengua de los maledicentes,

el brochazo de cal que da la calumnia,

el salpicón de la envidia,

los latigazos de la cólera,

la carne que se ofrece en las esquinas,

el pisotón de los injustos y, sobre todo,

aliéntanos para salir del peor y más encubierto

de los males,

ese tan nocivo, por aparentemente inocuo,

que es la indiferencia, la mediocridad,

el ir tirando en el alma

o la insensibilidad a tu llamamiento.” (Mesa redonda con Dios, p. 225)

 

Bien podríamos decir ¡Ahí queda eso! Y es que el Beato de Linares (Jaén, España) no se corta, digamos, un pelo a la hora de pedir a Dios lo que es tan importante que nunca lo deberíamos olvidar. Y es que le pide que

 - nos salve,

 - nos escude y, por último,

 - que nos aliente.

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