InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Meditaciones de Cuaresma

15.03.18

Meditaciones de Cuaresma- Teatro: la Última Cena- Acto I - Cuadro 3º: Judas (Monólogo)

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Estamos reproduciendo, como última fase de estas Meditaciones de Cuaresma, la obra de teatro escrita por el que suscribe de título “La Última Cena”, cuyo título nos excusa dar explicación de su tema.

 

Acto I - Cuadro 3º – Judas (Monólogo)

 

Están sentados todos a la mesa. La iluminación ha disminuido de tal forma que sólo está iluminado Judas que habla como si nadie estuviera presente. Nadie más habla sino que la acción queda centrada en Judas Iscariote.

 

Judas:

Seguro que lo sabe. Cuando ha dicho eso de que todos estamos limpios menos uno…

No puedo negar que cuando me escogió entre aquellos que allí estábamos escuchándole creí que había llegado el momento oportuno de ajustar las cuentas con Roma, ese invasor que nos sangra con sus impuestos y nos tiene sometidos al yugo de unos idólatras. Y es que el Reino que traía, si era de este mundo, seguro que contaba con el sí de Dios y seguro que podríamos, por fin, ser libres. ¡El pueblo elegido por el Todopoderoso atado a un pueblo pagano!

En realidad, siempre he ansiado tener un poder que me ha sido esquivo. Así, con el Reino de Jesús ocuparía un cargo importante.

Sin embargo, a lo largo de estos años de haber acompañado al hijo de María y de José, después de haber abandonado todo lo mío para seguirle, no he podido ver nada de un Reino poderoso en la tierra. Es cierto que muchas veces nos ha dicho que su Reino no es de este mundo pero, entonces, ¿A qué seguir siguiéndole? ¿Qué razones puede haber para dejarlo todo atrás para ir tras quien no ha tenido nunca nada suyo, nada a lo que aferrarse, nada salvo… su amor por los demás?

Además, han ido aumentando las persecuciones hacia nosotros. Y hasta se diría que el Maestro estaba contento con ellas… A mí, sin embargo, nunca me ha gustado ser el centro del interés del poderoso. Al contrario: admiro el poder que tiene el Sumo Sacerdote y aquellos que le siguen más de cerca. Y lo admiro porque nuestros pastores conocen a Dios y a su santa Palabra, Adonai amado por nuestro pueblo elegido. Y Jesús… Jesús no ha hecho más que plantarles cara.

Recuerdo cuando ató unos cordeles y tiró al suelo las mesas de los cambistas, las palomas se escaparon de sus jaulas… ¡Las palomas para las ofrendas a Dios!

No, no puedo decir que el Maestro no se haya ganado enemigos a pulso. Y siempre oponiéndose a lo establecido. Si hasta dijo que era más que el sábado, ¡Más que el sábado! Reconozco que ha intentado y procurado enseñarnos, que estos años hemos descubierto un mundo que no conocíamos y que ha querido que lo lleváramos a nuestro corazón pero yo, yo, es cierto, nunca he sentido un apego muy grande por algo que no fuera de este mundo y prefiero tocar el suelo.

Es verdad, que muchos creen que soy ladrón. Reconozco que desde hace un tiempo me he quedado con parte de las limosnas pero es que… cada vez que me acuerdo del perfume que desperdició aquella pecadora en los pies del Maestro… ¡con lo que se podría hecho por los pobres!

 

Hace un momento de silencio para recordar algo muy importante.

 

Ahora ya nada tiene remedio. Cuando al fin comprendí que esto no podía seguir así porque podíamos a acabar todos muertos, quise hacer algo que creía era lo mejor: entregaría al Maestro en manos de los fariseos a cambio de una recompensa. De todas formas, me habían dicho muchas veces que estaban a punto de apresarlo, que llevaban mucho tiempo tras él y que, de un momento a otro caería en sus manos para juzgarlo. Decían que tenían razones más que suficientes para condenarlo.

¿Qué iba a hacer yo?  Ellos me preguntaron… me preguntaron si podrían cogerlo. Con todo su poder y tenían miedo del Maestro…

Les dije que sí, que podrían siempre que yo les dijera dónde podían hacerlo. Y que sería en el Huerto de los Olivos porque solía ir a allí con sus discípulos para orar. Era un lugar algo apartado de Jerusalén y allí no acudiría nadie, menos de noche y en aquellos momentos, para pedirle nada ni para aprender de su enseñanza.

Y así está la cosa aunque creo que lo sabe, que lo sabe todo sobre mí…

Judas se marcha de la Cena.

 

SE CIERRA EL TELÓN

Eleuterio Fernández Guzmán

Nazareno

Para entrar en la Liga de Defensa Católica

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14.03.18

Meditaciones de Cuaresma- Teatro: la Última Cena- Acto I - Cuadro 2º: Lavatorio de los pies

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Estamos reproduciendo, como última fase de estas Meditaciones de Cuaresma, la obra de teatro escrita por el que suscribe de título “La Última Cena”, cuyo título nos excusa dar explicación de su tema.

 

Acto I - Cuadro 2º -  Lavatorio de los pies

 

Jesús y sus Apóstoles están sentados en la mesa preparada para la celebración de la Pascua.

 

Bartolomé (dirigiéndose a Tomás): Tomás, ¿no cumplimos con las abluciones como de costumbre?

Tomás: No sé, Bartolomé. Pero, mira, el Maestro se ha levantado de la mesa. ¿Qué es lo que va a hacer?

 

Jesús se levanta de la mesa y toma una toalla. Todos miran extrañados aquella insospechada acción del Maestro.

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12.03.18

Meditaciones de Cuaresma-Teatro: la Última Cena: Situación, dramatis personae, Prólogo

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A partir de hoy, y hasta el próximo 23 de marzo del presente 2018, vamos a reproducir (si Dios quiere), como última fase de estas Meditaciones de Cuaresma, la obra de teatro escrita por el que suscribe de título “La Última Cena”, cuyo título nos excusa dar explicación de su tema.

 

Situación

 

La cena judía, en plena Pascua, era algo más que un momento para reunir a la familia y celebrar la salida de Egipto.

Para el pueblo judío aquella cena era una verdadera rememoración. Por eso se seguía a la perfección lo que se decía en el Éxodo (12, 1-11):

“Yahvé dijo a Moisés y Aaron en tierra de Egipto este mes será para vosotros el comienzo del año, el mes primero del año. Hablad a toda la asamblea de Israel y decidles: el día diez de este mes tome cada uno, según las casas paternas, una res menor por cada casa. Si la casa fuere menor de lo necesario para comer la res, tome a su vecino, al de la casa cercana, según el número de personas, computándolo para la res, según lo que cada cual puede comer. La res será sin defecto, macho, primal, cordero o cabrito. Lo reservareis hasta el día catorce de este mes y todo Israel lo inmolara entre dos luces. Tomarán de su sangre y untarán los postes y el dintel de la casa donde se coma. Comerán la carne esa misma noche, la comerán asada al fuego, con panes ácimos y lechugas silvestres. No comerán nada de él crudo ni cocido al agua, todo asado al fuego, cabeza, patas y entrañas. No dejareis nada para el día siguiente, si algo quedare, lo quemareis. Habéis de comerlo así ceñidos los lomos, calzados los pies y el báculo en la mano, y comiendo de prisa, pues es el paso de Yahvé”.

Por eso aquel Maestro que tanto había procurado que conocieran sus discípulos acerca de la voluntad de Dios y, sobre todo, del cumplimiento de su Ley, no quiere más que cumplir con lo establecido.

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10.03.18

Meditaciones de Cuaresma- Personajes de Cuaresma: colegio apostólico

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Hasta aquí hemos tratado, digamos, de forma separada, a una serie de personas que son, ciertamente, especiales. Así, por ejemplo, desde Jesucristo, pasando por la Madre, hasta el apóstol Pedro o el más joven de ellos, Juan.

Pero, como es obvio, entre los doce aún había unos cuantos (incluido, todavía, Judas) que andaban con el Hijo de Dios, de los que nada hemos dicho.

Aunque, en realidad, no tengamos datos de cómo se encontraban los Apóstoles (ciertamente, algo sabemos por el Nuevo Testamento, claro está) lo bien cierto es que debían estar a la expectativa. 

De alguno de ellos ya hemos hablado (de Juan, en concreto) pero la gran mayoría de ellos estaban, aún, esperando qué iba a pasar con su Maestro, con Aquel que habían estado por los caminos del mundo aprendiendo aquello del Reino de  Dios que, según parecía, había ya venido…

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9.03.18

Meditaciones de Cuaresma- Personajes de Cuaresma: Juan, Boanarges

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Se suele decir que es el propio Juan, Evangelista, el que se nombra, por decirlo así, el “discípulo amado” por Cristo. Sería como una especie de autobombo que lo pusiera por encima de sus compañeros de apostolado.

Esto, a lo mejor, es cierto en cuanto a lo escrito pero no podemos negar que Jesús tenía cierta preferencia por aquel joven que, al fin y al cabo, sería el único que lo acompañó, si hablamos de sus Apóstoles, en el momento trágico de la Cruz.

Eso lo manifestó el Hijo de Dios en varias ocasiones cuando, por ejemplo, le dijo a Pedro que si quería él que estuviera allí aquel joven apóstol, a él qué le importaba. También sería uno de los que lo acompañó en el episodio de la Transfiguración o, por último, sería uno de los que acompañarían a Jesús en el Huerto de los Olivos antes de ser apresado por los enviados del Mal.

Juan era, junto con su hermano Santiago, de aquel grupo de dos al que Jesucristo llamó Boanerges porque, al parecer, tenían una personalidad muy fuerte y en una ocasión no tuvieron mejor idea que pedirle al Maestro que si pedían al cielo que hiciera caer fuego sobre un pueblo que no quería acogerlos… a los que Jesús tuvo que reprender porque, según parecía, no acababan de entender qué era eso de la misericordia.

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