InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Defender la fe

15.09.08

Neuquén de nuestros ahoras

El pasado 13 de septiembre, Luis Fernando Pérez Bustamante nos regaló un vídeo sobre la defensa de la catedral de Neuquén (En Argentina) por un grupo de jóvenes de aquella nación ante los insultos de toda clase que proferían desde una manifestación de mujeres de, digamos, dudoso sentimiento humano.

Sobre la forma de actuar de las personas hay mucho escrito; también sobre el comportamiento que se puede llegar a tener si, antes de hacer nada, no se piensa lo que se hace.

El caso particular al que ahora me refiero está, creo yo, fuera de todo lugar y, por cierto, presagia malos tiempos, ya olvidados, para la Iglesia católica. Pero el presagio no se refiere a Argentina, donde, al parecer, pasan cosas de tal jaez sino para España, donde la vesania de una gobernantes y el apoyo incondicional de ciertos sectores progres dela Iglesia católica española, están haciéndonos recordar tiempos ya muy pasados.

En muchas ocasiones no se trata de nada grave, en principio. Al contrario, se trata de un menosprecio pequeño a Dios (que siempre es grande y grave) que se hace en tal circunstancia; se trata de que, por ejemplo, se hace de menos la cruz, símbolo por antonomasia del cristiano, y se hace lo posible para que no aparezca en actos públicos sin darse cuenta que se increpa, con tal actuación, no sólo a la Iglesia católica (y también a otros cristianos) y a sus fieles sino, nada más y nada menos, a Aquel que fue inmolado en aquellos maderos que trataban de infamar a Quien no podía ser infamado.

Por eso el Maligno, a través de manos espurias, trata de hacer daño a Dios, a su Iglesia (católica) y a todo lo que puede representar a uno y a otro.

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22.08.08

¿Qué relaciones entre el Estado y la Iglesia?

Dad al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” (Mt 22:21)

Esto, dicho por Jesucristo cuando le mostraron una moneda para ver si lo cogían en un renuncio o expresaba alguna reticencia a pagar los impuestos a Roma, indica, muy bien, el sentido que la separación que ha de existir entre la Iglesia y el Estado ha de tener.

Quizá pueda parecer mentira para algunas personas pero, desde que Jesús dijera aquello de “Dad al César… ” ya sabía la Iglesia que entre ella misma y lo que era el poder civil establecido había una línea de separación que no era conveniente cruzar para invadir el terreno de la otra parte.

Cierto es, también, que a lo largo de la historia de la Iglesia y del Estado, muchas veces, no se ha producido tal separación pero es que, mirándolo bien, las circunstancias históricas eran, verdaderamente, muy otras. Sin embargo, el principio fue bien establecido por Jesucristo y, claro, otra cosa es lo que el hombre haya hecho con él.

El Cardenal Rouco Varela, en la disertación que llevó a cabo en la ceremonia de ingreso en la Real Academia de Doctores, el 25 de junio pasado, dijo, al respecto de la expresión de Cristo recogida en Evangelio de Mateo, que “Desde ese momento se iniciaba, con la Iglesia por Él fundada, la historia de una fórmula de vida religiosa y social en la que se rechaza y supera simultáneamente el modelo del monismo antropológico, cultural y jurídico en el que lo “religioso” es absorbido por lo “político” y/o viceversa, monismo vigente en todas las culturas y constelaciones jurídico-políticas conocidas hasta entonces, sin excluir la del pueblo de Israel, pueblo portador de una experiencia religiosa singular, expresada en el reconocimiento de un solo Dios verdadero, Creador y Señor del universo y el único Santo

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21.08.08

San Josemaría: ser santos, hoy día, desde un santo de hoy

San Josemaría

Si hay un santo, digamos, de lo ordinario, no es otro que San Josemaría, fundador del Opus Dei. Muy bien nos puede servir de ejemplo para contemplar la santidad hoy día, en el presente en el que estamos, en (como dirían antaño) el siglo y tratar de saber si es que es posible llegar a santificar nuestras vidas y ser, en efecto, y para beneficio de la humanidad, santos en ejercicio presente.

Dice San Josemaría (en Surco, 314) lo siguiente que puede mover a una pequeña reflexión sobre el tema que aquí tratamos y que no es otro que la, digamos, santidad alcanzable por cada uno de nosotros: “¿Quién ha dicho que, para llegar a la santidad, sea necesario refugiarse en una celda o en la soledad de una montaña?”, se preguntaba, asombrado, un buen padre de familia, que añadía: “entonces serían santas, no las personas, sino la celda o la montaña. Parece que se han olvidado de que el Señor nos ha dicho expresamente a todos y cada uno: sed santos, como mi Padre celestial es santo”.

—Solamente le comenté: “además de querer el Señor que seamos santos, a cada uno le concede las gracias oportunas”.

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19.08.08

Pues yo tengo que escribir algo de Fernando Lugo

Antes que nada, tengo que decir que de Fernando Lugo conozco lo que haya podido leer en la prensa, escrita en papel o escrita en internet.

Después de este “antes” añado que tenía pensado escribir sobre Fernando Lugo pero por cosas que pasan, lo dejé para que ocupara su lugar el poco ínclito Peces Barba, Gregorio. Sin embargo, una vez vistas las compañías que adornan al recientemente nombrado Presidente de Paraguay pues… que no he podido resistirme a decir algo. O sea, que era imposible no decir algo.

Luego, me gustaría dejar claro que, para mí, lo mejor es que, para al pueblo paraguayo, Fernando Lugo lo haga lo mejor posible porque tal actuación redundará en beneficio del mismo pueblo que lo ha elegido y, además, de aquellos otros pueblos que le rodean.

A mí me gustaría, también (lo digo como cristiano y como católico) que las políticas que llevara a cabo el que fuera obispo de la diócesis de San Pedro, estuvieran de acuerdo con la Doctrina Social de la Iglesia católica a la que ha pertenecido como presbítero, antes y, ahora, como Laico, porque así demostraría que lo aprendido en su etapa anterior le ha servido para algo. Eso, a mí, me gustaría porque, además, demostraría que no se deja llevar por las corrientes que, partiendo del catolicismo (o utilizándolo como coartada de sus actos), acaban no siendo, sino, puras correas de transmisión de un marxismo bastante caduco, demagógico y con proposiciones nulas respecto a la religión y desde ella.

Pero no creo yo que el que fuera obispo de la Iglesia católica vaya a caer en tal trampa.

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15.08.08

Tener fe o no tenerla

Se suele decir que el ser humano tiene una tendencia natural a lo sobrenatural. Es decir que, a pesar de lo que pueda pensar sobre las circunstancias por las que su vida pase siempre le queda el anhelo de algo superior que, además, le puede dar consuelo en sus momentos de tribulación.

Por eso se dice que el ser humano es, esencialmente, religioso, básicamente unido a Dios.

Resulta, por otra parte, fundamental para una persona saber que Dios le ama, que no le abandona nunca, que, por más infieles que seamos al Creador, siempre está esperando una reacción de humildad por nuestra parte que nos vuelva a acercar a Él porque su misericordia es ilimitada, total, eterna.

Pertenencia a la Iglesia católica

El que creyere y fuere bautizado se salvará; el que no creyere se condenará” (Mc. 16, 16)

Con tales palabras, el evangelista Marcos indica, a la perfección, los dos aspectos necesarios para la pertenencia a la Iglesia católica: ser bautizado y, además, creer. Pero primero pone, no por casualidad, el hecho mismo de creer; luego el de recibir el bautismo.

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