Acusan a la Iglesia de la Cienciología de esclavitud infantil
Shanke Kelsey por fin ha tenido valor para narrar cómo fue su terrible infancia en la Iglesia de la Cienciología. Este joven australiano de 21 años, que ingresó en un centro administrado por la secta cuando solo tenía ocho años, ha decidido contar su espeluznante historia para el programa «Today Tonight» de Channel 7, según relata el diario ABC.
«Cuando tenía ocho años firmé un contrato de mil millones de años, lo que significa que este voluntariado o servicio para la Iglesia iba a durar la eternidad», asegura Kelsey. En las instalaciones vivía con más niños hacinados y en condiciones inhumanas. Bajo una gran disciplina férrea, Kelsey y sus compañeros eran obligados a trabajar hasta 100 horas a la semana sin remuneración alguna y recibiendo la visita de sus padres solo una vez a la semana.
«Viví en un campo de concentración para niños esclavos en la Iglesia de la Cienciología», cuenta este australiano que ha tardado 14 meses en concienciarse para contar su dura historia en la “Iglesia” que defienden famosos como Tom Cruise o Will Smith. En este centro -explica Kelsey- visten todos de negro, no pueden caminar normalmente, solo estar parados o correr y tienen que realizar saludos marciales a sus superiores.

El fenómeno religioso es un elemento inevitable en la actualidad tal como ésta se muestra en los medios de comunicación. Y entre muchas otras informaciones, a veces tienen una trascendencia exagerada fenómenos como mínimo marginales, cuando no extraños, al ámbito de lo espiritual. Recientemente hemos asistido a la difusión de dos supuestas “nuevas religiones” que llaman la atención por lo estrafalario y lo actual de sus contenidos. Seguro que los lectores han podido conocer algún dato sobre la existencia del “jediísmo” y del “kopimismo”, colocados así por orden de aparición.
Según informaron diversos medios norteamericanos, una mujer llamada Chantale Lavigne murió en el hospital tras su participación en ceremonia del seminario new age. En la información difundida por el diario mexicano Puente Libre, la víctima, de 35 años, falleció por hipertermia justo cuando realizaban una práctica consistente en cubrirse de lodo, envolverse en plástico e inmovilizarse en cajas de cartón con instrucciones de hiperventilarse por cerca de 9 horas.
Después de la
Si al leer el título han pensado –como es natural, por otra parte– que me refiero a Benedicto XVI, no se preocupen, porque no voy a hablar de él. El mes pasado recibí por correo electrónico una noticia que me sorprendió porque hablaba de la muerte del Papa. Leyendo la información descubrí que sí hablaba de un fallecimiento reciente, pero de lo que en la Historia de la Iglesia se ha llamado, técnicamente, un “antipapa”. El Diccionario de la RAE nos resume así el concepto: se trata de un “hombre que no está canónicamente elegido Papa y pretende ser reconocido como tal”. Y una de dos: o nos referimos a épocas pasadas en las que algunos disputaban al obispo legítimo de Roma su potestad (como nuestro Pedro Martínez de Luna allá a finales de la Edad Media, que se mantenía “en sus trece” ya fuera en Aviñón o en Peñíscola), o hablamos de ciertos personajes contemporáneos que de forma más o menos estrafalaria montan su propio “vaticano” autodeclarándose sumos pontífices (y por seguir con los ejemplos del solar patrio, pensamos en el cisma del Palmar de Troya y el solio ocupado por el célebre “Papa Clemente” y su línea sucesoria).