Condenan a los testigos de Jehová por abuso sexual a una niña en Estados Unidos
Un jurado de California ha obligado a los testigos de Jehová a indemnizar a Candace Conti (en la foto), una mujer miembro de este grupo religioso que padeció abusos cuando tenía nueve años por parte de un compañero, Jonathan Kendrick, con una compensación de 28 millones de dólares (unos 22 millones de euros). “Ésta es la mayor cuantía económica obtenida por una sola víctima de abusos sexuales religiosos en todo Estados Unidos”, según ha explicado su abogado Rick Simons a la agencia Associated Press. Lo cuenta la corresponsal Carolina García en el diario español El País.
El jurado del condado de Alameda ha otorgado así un total de 7 millones de dólares por daños y otros 21 millones por daños punitivos, según ha informado el abogado a la misma agencia. Kendrick deberá pagar el 60% de la condena, aunque Conti no espera recibir ningún dinero por su parte. “Ni lo vamos a intentar, en parte porque creemos que no es capaz de pagarlo”, ha declarado Simons. El resto, el 40%, debe ser pagado por la Watchtower Bible and Tract Society (Sociedad de los Testigos de Jehová), en Nueva York.
Durante el juicio, Conti, de 26 años -que ha decidido dar la cara para animar a las víctimas a que denuncien este tipo de sucesos, según asegura su abogado-, declaró que durante los años 1995 y 1996, cuando tenía entre 9 y 10 años y era miembro de la congregación de los testigos de Jehová de North Fremont en California, fue acosada de manera recurrente por un compañero, Kendrick. “Nada me puede devolver mi infancia”, ha sostenido Conti en el diario The Oakland Tribune. “Aunque si esta decisión provoca un cambio en la política de la congregación, pues habrá sucedido algo bueno”.

Los hijos del fotoperiodista Agustí Centelles, Sergi y Octavi, reclamarán unos 90.000 euros a los testigos de Jehová en Francia, aproximadamente la misma cifra que en España, por publicar en 1994 en la revista La Atalaya una imagen del fotógrafo sin permiso y retocada.
El último caso polémico en torno a los testigos de Jehová y las transfusiones de sangre, que rechazan basándose en la Biblia, sigue ocupando un amplio espacio en la prensa argentina. Después de las primeras noticias, de las que dábamos cuenta
Pablo salió de su casa, en San Justo (provincia de Buenos Aires, Argentina), y caminó hacia su auto. Cerca, lo esperaba su trabajo de siempre: una oficina en una empresa de colectivos. Pero cuando estaba por subirse al auto, dos chicos de unos 13 años, se subieron con él, lo encañonaron y lo obligaron a conducir. Lo que siguió fue un forcejeo, cinco tiros en el cuerpo, un vuelco y un último tiro en la cabeza, para rematarlo. Así comienza su relato en el diario argentino Clarín la redactora Gisele Sousa Dias.




