Argentina: juzgan al líder de los “Sanadores egipcios”, que “diagnosticaba” tumores y después los “sanaba”

En los Tribunales Federales de Córdoba (Argentina) comenzó esta semana el juicio contra Álvaro Juan Aparicio Díaz, conocido como Sahú Ari Merek, y Carolina Cannes, acusados de trata laboral, explotación y abuso sexual en el marco de una secta de “sanación egipcia” que funcionaba en Pozos Azules (Traslasierra). En ese contexto, una de las víctimas habló en “Noticiero Doce” (El Doce TV) después de prestar declaración ante la Justicia.

La mujer, que actualmente vive en el exterior, aseguró que ingresó en el grupo como estudiante sin conocer lo que ocurría detrás de la organización. Según su relato, Aparicio Díaz se presentaba como un maestro con capacidades extraordinarias y alrededor de él se construían historias sobre supuestos milagros.

Una fachada de mentiras

“Un muy buen manejo de grupo y yo cuando ingreso como estudiante sin saber todo lo que había detrás, después cuando me di cuenta, era como una fachada, una imagen que él obligaba a transmitir, entonces todo el mundo, todos hablaban de milagros hechos por el maestro que eran mentiras fabricadas por él, sostuvo la exadepta.

También contó su propia experiencia: “Como en mi caso: él supuestamente me detectó un cáncer, me lo curó y yo le debía la vida. Empecé como invitada, luego como alumna, siempre es el mismo mecanismo y terminé yendo a trabajar todos los días”.

La víctima describió que su primera impresión de Pozos Azules fue la de un espacio en el que todos trabajaban con entusiasmo. Sin embargo, aseguró que esa percepción cambió cuando comenzó a permanecer más tiempo allí.

“Al principio cuando fui a Pozos Azules parecía la aldea de los pitufos, un lugar feliz donde todos trabajaban con alegría, y a medida que empecé a pasar más tiempo y vi lo duro de todo lo que estaban haciendo los chicos que estaban ahí empecé a entender que ni siquiera dormían o comían, relató.

Aspectos de manipulación

La mujer sostuvo además que las condiciones afectaban incluso a quienes no dormían dentro del lugar. Según afirmó, disminuyó su calidad de sueño y alimentación y “la comida estaba en muy mal estado”.

En otro tramo de su testimonio, describió un vínculo atravesado por el miedo y el control. “Ha sido muy duro, las víctimas no tenemos una perspectiva clara de quién es el otro, todo estaba mediado por su mente enfermiza que nos enfrentaba, que nos agredía y nos incitaba a agredirnos unos a otros”, expresó.

“Me da vergüenza reconocer la devoción y el sometimiento con el que hablábamos, nos la pasábamos pidiendo perdón y alabándolo y se lee el miedo que había de cometer un fallo pequeño”, agregó.

Por último, recordó uno de los castigos que aseguró haber recibido: “Yo me ligué un castigo por saludar a una persona antes que a él; fueron 48 horas desmontando un campo sin descanso.

Además, el denominado “sanador egipcio” se mantuvo activo en las redes sociales hasta hace pocas semanas. Desde allí ofrecía viajes a Egipto y compartía información y videos vinculados a las mismas prácticas con las que, según los testimonios, habían sido captadas otras víctimas.

Mujeres que pasaron de investigadas a víctimas

En diálogo con “Ahora Noticias” de SRT Media, el abogado querellante, Miguel Juárez, repasó el trasfondo de una causa que dio un giro determinante al pasar del fuero provincial a la órbita federal, tal como recoge CBA 24N.

Aquellas personas que durante meses permanecieron detenidas bajo la sospecha de complicidad en la estructura criminal, hoy declaran en calidad de querellantes tras demostrarse que eran víctimas de un entramado de sometimiento, manipulación psicológica y violencia.

Durante las primeras jornadas del debate oral, cinco mujeres prestaron su testimonio ante el tribunal. Al detallar el perfil de las damnificadas, Juárez destacó que se trata de personas con un alto nivel de formación académica e intelectual.

Entre las testigos que ya declararon figuran una abogada con trayectoria en el Poder Judicial de Santa Fe, una técnica en ciencias audiovisuales oriunda de Rosario, una profesora de historia, una estudiante avanzada de la carrera de psicología y una comerciante. Ninguna de las víctimas, cuyas edades oscilan entre los 34 y los 55 años, contaba con antecedentes penales.

¿Cómo fue su captación y manipulación?

Su acercamiento a la denominada “Escuela de Medicina Sêshen” se produjo entre los años 2014 y 2021, coincidiendo en todos los casos con situaciones de profunda vulnerabilidad personal, tales como el duelo por la pérdida de un familiar, enfermedades severas o cuadros depresivos.

La modalidad de captación se iniciaba a través de cursos y charlas dictadas en oficinas céntricas y prestigiosos hoteles de la ciudad de Córdoba. Una vez dentro de la estructura, Aparicio Díaz ofrecía sesiones de terapia individual atribuyéndose títulos universitarios falsos de grado en psicología.

A partir de ese contacto, el líder ejercía un control progresivo que buscaba anular la capacidad de decisión de sus seguidores. El proceso de sometimiento exigía la ruptura sistemática de los lazos afectivos.

En un plazo de entre un año y 18 meses, las víctimas eran inducidas a distanciarse de sus parejas, padres, hijos y amigos. El argumento utilizado por el imputado sostenía que debían alejarse de su “familia de sangre” para integrarse de manera exclusiva a una supuesta “familia cósmica” o “álmica”.

A la par del aislamiento, la organización montó un esquema de estafa basado en la invención de patologías. Aparicio Díaz diagnosticaba falsos tumores o cuadros de cáncer a las asistentes, para luego someterlas a costosos tratamientos de “sanación”.

Meses después, las enviaba a realizarse estudios en centros de salud privados cuya lectura, a cargo de otros miembros de la red, confirmaba la inexistencia de la enfermedad. De este modo, atribuía el resultado a sus poderes curativos y generaba en las víctimas un sentimiento de gratitud y subordinación permanente.

Éstos son los delitos

La acusación principal que pesa sobre Álvaro Aparicio Díaz comprende nueve hechos articulados bajo la figura de trata de personas mediante coerción, reducción a la esclavitud y servidumbre, e intromisión con explotación laboral y económica.

Asimismo, el expediente incluye cuatro acusaciones por delitos contra la integridad sexual, con agravantes por acceso carnal cometidos en el contexto de las supuestas revisiones y diagnósticos corporales que realizaba a las damnificadas.

Las audiencias en los Tribunales Federales se reanudarán el 11 de septiembre y continuarán durante los días 14, 15 y 16 de septiembre, fecha en la que se espera completar la ronda de testimonios de las sobrevivientes.

Otros detalles del proceso

Aparicio negó los hechos ante el Tribunal Oral Federal N° 2 y manifestó, entre otras cosas, que la causa “estaba toda armada” en contra de él y de su pareja. Mientras que, como ya hemos visto, los acusados, que estuvieron detenidos durante un tiempo, llegaron en libertad a esta etapa del proceso. Lo cuenta Gabriela Origlia en La Nación.

La historia comenzó para la Justicia en marzo de 2020 cuando en un megaoperativo en San Lorenzo, en el Valle de Traslasierra, en el oeste cordobés, se desarticuló la “Fundación Académica Sêshen”. Las víctimas denunciantes son 11.

La fiscal de Villa Cura Brochero, Analía Verónica Gallaratto, había elevado a juicio la causa, en la que estaban detenidas también las que hoy son consideradas víctimas. El juez de Control José María Estigarribia decidió que el expediente debía pasar a la Justicia federal y el juez Miguel Hugo Vaca Narvaja ordenó la liberación de las víctimas.

El tribunal que juzga a los “sanadores” está integrado por los jueces Enrique Lilljedahl, María Noel Costa y José Fabián Asís; el fiscal Carlos Casas Noblega está a cargo de la acusación en el debate.

El señuelo de la egiptología y el esoterismo

Según la investigación, Aparicio y su pareja captaban a personas en estado de vulnerabilidad emocional. Él se presentaba como un especialista de larga trayectoria en la prédica de la egiptología; vendía viajes para realizar “posgrados de medicina tradicional egipcia y psicología Sêshen” para “maestros de su escuela” y cursos de meditación.

Decía que, gracias a ese saber milenario, les había curado el cáncer a sus pacientes y también la depresión, que había logrado reunir a parejas separadas y que asesoraba a políticos, por lo que cobraba millones por su particular trabajo.

Las víctimas le pagaron miles de dólares por sus servicios; para hacerlo, vendieron parte de sus pertenencias y hasta cortaron con sus relaciones afectivas previas. Cannes, su pareja, era la encargada de dar los turnos, cobrar las consultas y chequear lo que cada uno de los seguidores publicaba en las redes sociales.

Comercializaban, por caso, el curso de “Kábalah Ciencia Egipcia”, presentado como una “magnífica obra literaria en la cual el Licenciado Sahú Ari Merek desarrolla un profundo estudio acerca de las letras de la Kábalah Tradicional y Científica, demostrando la unión energética existente entre los jeroglíficos egipcios y las letras hebreas.

Otros eran “La Flor de la Vida: Meditando en las Dimensiones de la luz” y “Geometría Sagrada Jeroglífica del Antiguo Egipto”.

“Abuso psicológico”

Los peritajes realizados durante la investigación dan cuenta, por ejemplo, de que la Fundación Sêshen está en la línea de los “grupos de abuso psicológico” o “grupos de manipulación psicológica”.

Incluso consideraron “más adecuado” hablar del uso de la “persuasión coercitiva”, ya que el “sustantivo persuasión se refiere a la dinámica de captación y el uso de sus técnicas concretas”. Las víctimas fueron captadas, en general, en un periodo de “vulnerabilidad a nivel personal y emocional”.

A inicios de 2020, con la explosión de la pandemia del Covid-19, Aparicio Díaz pidió a un grupo de “elegidos” que se mudaran al campo de Pozos Azules, en San Lorenzo, para “estar protegidos del fin del mundo que se venía”.

En el campo, pasaban “días sin alimentarse y sin bañarse” y trabajaban toda la jornada, ya tenían asignadas las tareas. Allí, él mostró armas para “defenderse” de eventuales ataques. Parecía un escenario postapocalíptico.

“¿Cómo no me di cuenta?”

Hace unos años, una de las víctimas escribió una carta a La Nación en la que contó: “Poco a poco fui captada por sus ‘promesas’, su ‘conocimiento’; era mi ‘maestro’, mi ‘psicólogo’ y mi ‘padre’… según sus dichos, y así me hacía sentirlo. Hoy son tantas las preguntas… ¿Cómo hizo? ¿Cómo no me di cuenta? ¿Cuán sometida estaba para poner mi vida en sus repugnantes manos y que hiciera lo que su perversa mente quisiera conmigo? Pienso que su trabajo fue tan minucioso, imperceptible… durante días, meses y años”.

Logró que me alejara de mi familia, de mis amigos y hasta de mi pareja. Se quedó con nuestra economía individual y con la que teníamos en común. En el camino perdí un embarazo, lo cual me hacía más vulnerable a sus dichos y pensamientos sobre por qué me lo merecía”, relató.

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