El miedo a perder todas las relaciones, principal obstáculo para abandonar Cienciología

Publicamos a continuación la segunda parte de la traducción al castellano del reciente reportaje del diario The Times sobre el papel de los menores de edad en la Iglesia de Cienciología, firmado por Tom Ball (véase aquí la primera parte).

Un mix de espiritualidad y ciencia ficción

La Iglesia de Cienciología fue creada por L. Ronald Hubbard, un escritor de novelas populares procedente de las Montañas Rocosas, quien en la segunda mitad de su vida se dedicó a construir un vasto y laberíntico sistema de creencias religiosas que se nutre tanto de la espiritualidad como de la autoayuda, la psicoterapia y la ciencia ficción.

Su texto fundamental es Dianética, un libro publicado en 1950 en medio del creciente interés por el psicoanálisis en Estados Unidos, que ofrece una supuesta guía práctica para mejorar la salud mental mediante la revisión de recuerdos traumáticos.

Hubbard afirmó posteriormente que muchos de quienes probaron la técnica de Dianética lograron recordar vidas pasadas, lo que lo llevó a declarar el descubrimiento del thetán (espíritu o principio vital del ser humano).

Con el paso de los años, sus escritos sobre el thetán evolucionaron hasta convertirse en una ópera espacial barroca que involucra a un antiguo dictador extraterrestre llamado Xenu, quien aprisionó a los thetanes en el planeta Tierra.

La historia de Xenu se encuentra entre los textos más clasificados de la Cienciología. Sólo se revela a quienes han ascendido a los niveles más altos de la religión, generalmente a cambio de cientos de miles de libras.

Una biografía oficial… inventada

Según la versión oficial de Cienciología, Hubbard habría sido uno de los mayores visionarios de todos los tiempos. Siendo aún niño, viajó al Tíbet y estudió con el último descendiente de una estirpe de magos reales de la corte de Kublai Khan. Posteriormente, fue un héroe de la Segunda Guerra Mundial y, más tarde, un guionista muy solicitado en Hollywood.

Gran parte de esta hagiografía, sin embargo, es falsa. Según Bare-Faced Messiah, una biografía escrita por el exreportero del Sunday Times Russell Miller, Hubbard inventó casi todo lo que dijo sobre sí mismo. Numerosas sentencias judiciales han sido demoledoras.

En 1984, un juez del Tribunal Supremo de Londres lo describió como un “charlatán y algo peor”, y consideró que la Cienciología es “corrupta, siniestra y peligrosa… y que su verdadero objetivo es el dinero y el poder para el señor Hubbard”.

En los últimos años, documentales y libros escritos por antiguos miembros han sacado a la luz algunas de las prácticas abusivas de la iglesia, incluido el acoso sistemático a sus detractores y la ruptura forzosa de relaciones con amigos y familiares considerados subversivos.

La secta sigue de actualidad

Sin embargo, el movimiento sigue vivo. En Gran Bretaña existen cinco iglesias, entre ellas HAPI (el centro de Edimburgo que sirve como marco concreto para este reportaje), así como Saint Hill en East Grinstead, una mansión georgiana donde vivió Hubbard de 1959 a 1966 y que sirve como centro espiritual del movimiento a nivel global.

Cienciología afirma tener millones de seguidores, pero los investigadores estiman que no cuenta con más de 50.000 en todo el mundo realmente, incluyendo 1.844 personas en Gran Bretaña según el censo de 2021, lo que supone un descenso del 24 % con respecto al censo de una década antes.

Aunque el número de seguidores esté disminuyendo, la iglesia aún conserva algunos adeptos influyentes. Actores de Hollywood como Tom Cruise, John Travolta y Elisabeth Moss siguen aportando glamour al movimiento.

David Miscavige, quien ha liderado Cienciología desde la muerte de Hubbard en 1986, ha tenido un gran éxito en la captación de donaciones de sus miembros más adinerados. Robert Duggan, un multimillonario inversor de capital riesgo, y su exesposa Trish han donado al menos 360 millones de dólares en la última década, según informes.

Entró por curiosidad… acabó trabajando 100 horas semanales

El diario The Times comenzó a investigar la iglesia en Edimburgo después de hablar con un antiguo miembro del personal que había trabajado como ejecutivo en HAPI durante dos años antes de abandonar Cienciología a principios de 2026.

Amir Essalhi era un adolescente cuando entró por primera vez en la órbita de Cienciología a finales de 2022. Siendo un estudiante de cine de 18 años, sentía curiosidad por la religión que contaba entre sus seguidores a tantas estrellas de Hollywood.

Intrigado por la afirmación de que Cienciología es filosofía aplicada a la vida real, Essalhi pronto empezó a asistir a diario para completar cursos sobre todo tipo de temas, desde relaciones personales hasta estabilidad financiera.

A principios de 2024, tres altos cargos, entre ellos el director ejecutivo Malcolm Fraser, regresaron a Edimburgo tras tres años de formación en Clearwater (Florida), el equivalente al Vaticano para Cienciología. Essalhi afirma que trajeron consigo la directiva de aumentar rápidamente el número de empleados de la iglesia como parte de la estrategia de expansión global.

Poco después del regreso del trío, le pidieron a Essalhi que se uniera al equipo. Al principio se mostró reacio debido al compromiso que requería, pero finalmente aceptó. Según afirma, en pocos meses llegó a trabajar hasta 100 horas semanales, lo que le obligó a abandonar la escuela de cine.

Reclutamiento de menores de edad

Casi al mismo tiempo, la iglesia comenzó a reclutar menores de entre los hijos de los miembros de la comunidad. Essalhi afirma que, al igual que él, varios de los niños se mostraron reacios a unirse, pero fueron “persuadidos” para hacerlo tras varias reuniones con altos ejecutivos que viajaron desde Estados Unidos.

Afirmó: “La Cienciología no es capaz de reclutar gente. Los edificios están vacíos y no consiguen suficientes empleados. Así que la estrategia se centra en el reclutamiento interno. [Piensan:] ‘Bueno, ¿y si puedo involucrar a mi madre? ¿Y si puedo involucrar a mi primo? ¿Y si puedo involucrar a mi sobrino, a mi hija, a quien sea?’”.

“Así que cuando esos muchachos regresaron [de Clearwater], fue un no parar. Había mucha presión para conseguir la mayor cantidad de personal posible, porque ahora que han regresado, tienen toda la capacitación, conocen todas las normas, las han puesto en práctica durante tres años”.

El compromiso (y el control) de los miembros del staff

Los contratos que firman los nuevos miembros del personal, conocidos como “Solicitud de Participación Activa” y “Compromiso Religioso”, los comprometen a “impulsar activamente la labor de la iglesia” durante dos años y medio o cinco años.

Un documento aparte detalla las expectativas para el personal, especificando el horario laboral y la remuneración. De manera inusual, también prohíbe cualquier relación entre el personal y los organismos de inteligencia, ya sea por antecedentes o vínculos familiares directos.

El documento también indica que los candidatos deben someterse a una verificación de seguridad que incluye una entrevista con un detector de mentiras —conocido como «e-meter»— para detectar «cualquier posible problema en la vida del solicitante». Este mismo dispositivo se utiliza también en la formación para comprobar si los adeptos han comprendido plenamente las enseñanzas de Hubbard.

La remuneración del personal, que la iglesia describe como una asignación, se calcula en función del número de cursos vendidos esa semana. Según datos consultados por The Times, procesados ​​en el sistema de nóminas de la iglesia, el salario máximo pagado a un empleado durante una semana de enero fue de 249,74 libras. Algunos empleados, incluidos menores de edad, cobraron tan solo 62,44 libras.

Unos salarios ínfimos

Después de que cada niño se unía al “personal”, se publicaba una fotografía suya sonriendo y sosteniendo su contrato recién firmado en el grupo de WhatsApp para los miembros del personal de HAPI.

Posteriormente, se les pidió que escribieran testimonios entusiastas sobre su decisión de unirse al equipo, los cuales se difundieron en material promocional para animar a otros a postularse. Una joven escribió, poco después de ser reclutada: “¡Creo que formar parte del equipo es una de las mejores cosas que uno puede hacer! Estoy muy agradecida con LRH [Hubbard] por todo su increíble trabajo; gracias a él sé que hay una manera de resolver las cosas.

La misma chica, que ahora tiene 16 años, trabaja como reclutadora para la iglesia y graba vídeos de otros miembros del personal describiendo lo contentos que estaban de haberse unido.

Castigado por hablar con un exadepto crítico

Essalhi afirmó que antes de unirse a Cienciología desconocía la mala prensa sobre la secta. Sin embargo, durante su tiempo en la iglesia, fue tomando conciencia de algunas de las críticas y comenzó a investigar por su cuenta.

Finalmente, esto lo llevó a hablar con Alex Barnes-Ross, uno de los críticos más destacados de Cienciología, un exadepto que se unió a la iglesia a los 15 años, se convirtió en su director de ventas de libros en Londres a los 17 y la abandonó dos años después.

Ambos hablaron por teléfono varias veces en privado antes de que Essalhi finalmente aceptara aparecer en el podcast de Barnes-Ross, “Apostate Alex”. Tuvieron una conversación abierta y amistosa, y después Essalhi no le dio mayor importancia, a pesar de que Barnes-Ross le advirtió de que la iglesia vería con muy malos ojos que uno de sus empleados hablara con una persona declarada “supresiva”.

Tenía razón. Según Essalhi, durante las dos semanas siguientes fue sometido a repetidos “interrogatorios” por parte de Fraser y Scott Wordie, director de asuntos especiales de Cienciología en Dublín.

Según afirma, como castigo lo obligaron a realizar trabajos forzados, como la renovación de una habitación en la planta baja de la iglesia que se estaba convirtiendo en una tienda de libros de Cienciología. Trabajó allí un día antes de decidir renunciar.

La Iglesia de Cienciología afirmó haber sido “objeto de una retórica antirreligiosa y discriminatoria constante” por parte de Barnes-Ross. Él, por su parte, dijo que no tiene “nada en contra de las supuestas creencias religiosas de Cienciología. Más bien, pido que se ponga fin a sus prácticas abusivas y espero con ansias el día en que esta iglesia se acerque a las víctimas con empatía y compasión, en lugar de atacar a quienes denuncian.

Los abogados de la secta negaron que Essalhi hubiera trabajado hasta 100 horas semanales y afirmaron que su jornada laboral era de cuatro días a la semana. Añadieron que Essalhi había “traicionado” al personal de la iglesia mediante “un comportamiento encubierto y engañoso”.

La amenaza de desconexión, crucial

Han pasado varios meses desde que Amir Essalhi abandonó la iglesia y aún está asimilando lo sucedido. Afirma que ya no cree en ninguna de las enseñanzas de Hubbard y considera que Cienciología es una “estafa” que se aprovecha de las emociones de la gente.

Poco después de dimitir, denunció a la iglesia ante la policía escocesa, pero le comunicaron que el caso se había archivado por falta de pruebas. Un portavoz de la policía declaró a The Times que no se había constatado ningún delito, pero añadió que “cualquier información adicional que se proporcione será evaluada”.

En junio, Essalhi, Barnes-Ross y un grupo de otros excienciólogos entregaron una petición al número 10 de Downing Street pidiendo al gobierno que investigara a la iglesia por acusaciones de control coercitivo, abuso y trabajo forzoso.

En cierto modo, Essalhi tuvo suerte. No perdió a ningún familiar ni amigo. Planea retomar sus estudios en la escuela de cine. Pero debido a la naturaleza conflictiva de su salida, ninguno de sus antiguos compañeros —algunos de los cuales consideraba amigos— le habla, pues le dijeron que se distanciara, según cuenta.

Essalhi cree que es precisamente esta amenaza de desconexión lo que le da a la organización la influencia necesaria para impedir que la gente se vaya. Abandonar la iglesia resulta aún más difícil para quienes tienen familiares dentro de ella o se han criado en su seno.

Un niño que nace en Cienciología crece con padres cienciólogos, amigos cienciólogos, mentores cienciólogos y, a menudo, todo un mundo social que existe dentro de la organización”, dijo Essalhi.

“Si posteriormente sufren abusos, presencian actos ilícitos o simplemente deciden que ya no creen, no sólo están sopesando si abandonar una religión, sino también si arriesgarse a perder a sus padres, hermanos, amigos, comunidad y red de apoyo en el proceso”, añadió.

“Los exmiembros a menudo han descrito esto como el mayor obstáculo para irse. El miedo no es a equivocarse. El miedo es a estar solo y a perder a todos los miembros de la familia”.

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