Los cristianos, ignorantes del tiempo del fin
Fragmentos de apocalipsis (5)
Cada vez que escribo un artículo crítico con los anuncios varios del fin del mundo, algunos lectores me contestan por Internet recordándome –como si lo hubiera olvidado– que un elemento esencial de la fe cristiana que profeso es la espera de la segunda venida de Cristo. Es verdad, y no hace falta que me lo repitan. Para eso tenemos un tiempo litúrgico, que a lo largo de un mes quiere entrenarnos a los cristianos para la espera, para esa actitud de vigilancia atenta que merece la parusía. Por eso aprovecharé este Adviento que ahora comenzamos para repasar algunas de las notas sobre la esperanza según los seguidores de Jesús. Quizás me desvíe un poco del propósito de esta serie (“Fragmentos de apocalipsis”), pero creo que no está mal una reflexión que sirva de contraste, y que evite un posicionamiento contrario y pendular a los fenómenos que estoy comentando. Es decir, que para no caer en el tremendismo milenarista de tantos grupos y personas que ven el apocalipsis a la vuelta de la esquina, no pasemos a vivir como si nada hubiera que esperar.
El pasaje del evangelio que se proclama este año en la liturgia católica en el I Domingo de Adviento (ciclo B: Mc 13, 33-37) nos proporciona una de las claves de la espera tal como la entendemos los cristianos, y precisamente puesta en boca de Jesús: “Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer”. De ahí el título de este artículo, que no pretende ser insultante ni provocativo, sino que quiere mostrar esa ignorancia, cuyo verbo repite por dos veces el Señor. Ese “nescitis” (desconocéis, no sabéis, ignoráis), como traduce la Vulgata del original griego, es característico, y es necesario para que sea posible la esperanza cristiana. Sólo Dios conoce el tiempo exacto del desenlace de los siglos, y por eso el creyente deposita en Él su confianza.

Después de publicar la
Reproducimos a continuación la primera parte del artículo que acaba de escribir el sacerdote español Julio de la Vega-Hazas, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), sobre el movimiento conocido como “Thetahealing”, después de varias consultas que se han recibido en la RIES sobre su terapia.
El Tribunal Supremo de Japón ratificó el pasado 18 de noviembre la pena de muerte para Tomomasa Nakagawa, uno de los responsables de la secta Verdad Suprema, autora, entre otros, del atentado con gas sarín en el metro de Tokio que en 1995 causó 13 muertos y más de 6.000 intoxicados.