Los europeos y españoles ante las sectas… ¿cómo estamos?
La Fundación BBVA ha presentado recientemente un interesante estudio titulado Values and worldviews (valores y cosmovisiones, en adelante VW), resultado de una encuesta realizada a 15.000 adultos de diez países europeos (en concreto Alemania, Dinamarca, España, Francia, Italia, Países Bajos, Polonia, Reino Unido, República Checa y Suecia). Para ser más exactos, la reciente presentación ha tenido como protagonista a la segunda parte del estudio, ya que la primera vio la luz el pasado mes de abril. Y aquí planteo, antes de entrar en los detalles, una cuestión que considero importante, al ver la orientación del trabajo sociológico. Porque la primera parte de VW se refiere a la esfera pública y abarca de esta forma los campos de la política y la economía. Mientras que la segunda, dedicada a la esfera privada, incluye “aspectos fundamentales de la vida personal, como la visión sobre la familia, el trabajo, los estilos de vida, las creencias y la religiosidad”, tal como se presenta oficialmente el estudio.
Si bien es verdad que se trata de las opiniones y percepciones personales de la gente en torno a todo esto, dudo mucho que podamos hablar de temas como el trabajo, la familia, la religión y la ética como algo limitado a la “esfera privada”. ¿No son determinantes en la vida pública estos elementos fundamentales del ser humano? ¿No influyen en la política y en la economía –lo único considerado “público” en VW– la forma que una sociedad tiene de afrontar el mundo laboral o la práctica y la tolerancia (o intolerancia) de la corrupción? ¿No son importantes las creencias de los individuos que, sobre todo si están asociados en confesiones religiosas, se plasman en unas instituciones, prácticas, ritos y formas de intervención en la sociedad? ¿Da igual que la mayoría de los ciudadanos de un país sean musulmanes, cristianos o ateos? Desde mi humilde opinión, y sin haber estudiado mucha sociología… creo que no da igual. La última cita que he visto sobre el tema: “cultura y religión no son la misma cosa, pero no son separables”. Y no lo ha escrito ningún teólogo u obispo, sino Mario Vargas Llosa.
Una vez señalado lo desafortunado de esa distribución del estudio –me quedo así más tranquilo–, he consultado los datos publicados por la Fundación BBVA buscando, en la segunda parte del estudio, la información que pueda explicar la permanencia y el estado actual de la religiosidad alternativa y del fenómeno sectario en nuestro mundo occidental. O, dicho de otra manera, datos que permitan contestar a la tan manida pregunta que hacen analistas y periodistas con mucha frecuencia: ¿es nuestra sociedad actual, afectada dramáticamente por una situación de crisis global en tantos niveles, un campo más abonado para las sectas? La simple observación de la realidad me hace contestar afirmativamente. Incluso aporto algunos elementos que justifican mi respuesta. Sin embargo, siempre será bueno fijarse en los números que nos dan estudios como éste, realizado tras preguntar a tantos miles de europeos (una tarea que ha hecho la compañía Ipsos durante tres meses, entrevistando al personal cara a cara).

La más popular de las formaciones del neopentecostalismo sigue dando mucho que hablar en los medios de comunicación de todo el mundo, sobre todo en Iberoamérica, donde más se ha extendido. Recogemos aquí tres noticias que han sido publicadas estos días en torno a diversos aspectos de la secta.
El secretario de Salud en el Estado de Guerrero (México), Lázaro Mazón Alonso, compareció ante la Comisión de Salud del Congreso de Estado por la muerte una paciente (que por respeto a su privacidad el funcionario pidió ser identificada como APA), perteneciente a los testigos de Jehová, quien murió el primer día del año debido a que se negó a que le hicieran una transfusión de sangre. Lo cuenta Citlal Giles Sánchez en La Jornada.
El obispo de Querétaro (México), monseñor Faustino Armendáriz Jiménez, ha respondido a una interesante entrevista publicada por
En las ceremonias papales y en otras Misas multitudinarias solamente se distribuye la Sagrada Comunión en la boca de los fieles, aunque esto se dé en países cuyas Conferencias Episcopales han aprobado la posibilidad de recibirla en la mano tal como prevé la legislación eclesiástica. Sin embargo, el fenómeno del satanismo, con su consiguiente peligro de sacrilegios realizados con las Hostias consagradas, ha dado lugar a una praxis de precaución.




