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7.01.13

Aleteia: ¿Un cristiano debe creer en el horóscopo?

El portal católico Aleteia, apoyado por la Santa Sede (Consejos Pontificios para las Comunicaciones Sociales y para la Promoción de la Nueva Evangelización) continúa con la publicación de preguntas y respuestas en torno a la fe. El sacerdote mexicano Jorge Luis Zarazúa, perteneciente a los Apóstoles de la Palabra y miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES) acaba de contestar a una cuestión que suscita gran interés. Reproducimos a continuación lo que ha explicado a Aleteia.

Pregunta: ¿Un cristiano debe creer en el horóscopo?

Mucha gente vive pendiente de las predicciones del horóscopo, en sus distintas variantes: el zodiacal, el chino… Los medios de comunicación suelen incorporar una sección con lo que “los astros dicen” que va a sucedernos en cuanto a salud, dinero y amor. ¿Un cristiano puede creer en estas predicciones?

Respuesta: No, un cristiano no debe creer en el horóscopo. Aunque se trata de una de las prácticas supersticiosas más difundidas en nuestra sociedad, los horóscopos de ningún modo pueden servir para predecir los actos futuros libres de los hombres. Por otra parte, los hechos futuros de los hombres no son efecto de los movimientos o posiciones de los astros.

Referencias

1. El Catecismo de la Iglesia Católica dice tajantemente que los horóscopos deben ser rechazados.

Sí, el Catecismo de la Iglesia Católica señala que «todas las formas de adivinación deben rechazarse». Pues bien, entre las variadas formas de adivinación, el Catecismo cita las siguientes: «el recurso a Satán o a los demonios, la evocación de los muertos, y otras prácticas que equivocadamente se supone “desvelan” el porvenir (cf. Dt 18, 10; Jr 29, 8). La consulta de horóscopos, la astrología, la quiromancia, la interpretación de presagios y de suertes, los fenómenos de visión, el recurso a “médiums”».

El Catecismo continua explicando que todas estas acciones «encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos». Además, estas prácticas «están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados de temor amoroso, que debemos solamente a Dios» (n. 2116). Querer saber el futuro es querer ser iguales a Dios, pretensión tan soberbia como absurda. Debemos confiar a la Providencia divina nuestra vida, confiar en Dios como Padre que es.


2. Pero el recurso a los horóscopos no hay que rechazarlo sólo “porque lo dice la Iglesia”: existen otros motivos.

Primero, digamos lo siguiente: la creencia en los horóscopos es peligrosa. Casi es como creer en otra religión. Hay personas que intentan hacernos creer que no somos libres, sino que estamos determinados en todo por nuestro signo zodiacal. No sería yo quien realiza su propia vida, sino que todo mi obrar estaría dirigido por una extraña fuerza proveniente de las estrellas. Pero nada de lo que dicen los horóscopos está científicamente fundado. Lo que afirman sobre Sagitario hoy, lo dirán mañana de Piscis y viceversa. Es un triste problema que los horóscopos sigan haciéndose y, peor aún, que haya quienes se creen todo lo que leen.


3. En el campo de la educación, particularmente en la formación en la fe, hay que instruir primero la inteligencia y la conciencia.

El horóscopo es efecto de la antigua astrología, no de la astrología natural, que es madre de la astronomía científica, sino de la astrología judiciaria, que se empeñaba en descubrir la influencia de los astros sobre el destino de los hombres y de las cosas. En este sentido, hay que colocarlo dentro del fenómeno más amplio de las «artes adivinatorias», entre las que la adivinación de lo que iba a pasar cada hora tenía mucho peso entre los persas y los egipcios (oros-scopeo, significa horas-mirar). Los antiguos astrólogos observaban cada hora, cada día, cada periodo, el universo, esperando encontrar allí desde el pronóstico del tiempo climático hasta las causas o los avisos de los acontecimientos sociales, bélicos, religiosos o sanitarios.

En segundo lugar, se deben analizar los rasgos históricos de la astrología y reconocer sus efectos históricos. La astrología judiciaria se ha dividido a veces en varios sectores: la mundial, para ver los procesos en la historia y en la política; la genética o individual para predecir los acontecimientos personales; la horaria o de consultorio, que pretende la respuesta, mediante consulta, a preguntas concretas de personas interesados.

Es evidente que la predicción prospectiva, el análisis de los resultados que dependen de variables observables, más que adivinación es predicción y previsión, con más o menos grado de probabilidad. Así acontece con el tiempo atmosférico o con la evolución de una enfermedad. Pero la predicción de lo que acontece de causas libres es evidentemente que no es más que un engaño, o lo que es lo mismo una predicción jugando al azar, es decir al cálculo de probabilidades, que es lo que acontece en las loterías y en la mayor parte de los pronósticos humanos.

Y en tercer lugar conviene también enseñar a cada persona inteligente a deshacer supersticiones y creencias que pueden perjudicar la convivencia. Tal puede ser el cultivo de actitudes deterministas o fatalistas, sean teológicas, (Dios todo lo decide sin nosotros), biológicas (el cuerpo tiene mecanismos ciegos e irresistibles) o sociológicas (el hombre depende de sus circunstancias).

Evitar eso es también ayudar a luchar por la libertad en la vida y, por lo tanto, trabajar por la conquista del amor, don que los hombres pueden tener. Por eso conviene ayudar a todos a defenderse de los horoscoperos, esos adivinos y astrólogos que pretenden vivir explotando la credulidad de los ingenuos y buscando rentabilidades a cuenta de explotar de forma desaprensiva y astuta a débiles mentales, morales o afectivos.


4. La actitud de la Iglesia ante los horóscopos ha sido siempre de condena sin paliativos.

La Iglesia condenó y rechazó siempre todo lo relativo a la adivinación, al espiritismo, al cultivo de vanas creencias. Recordó siempre que el mundo ha sido creado por Dios y se rige por las leyes naturales y los cuidados especiales de la Providencia. En tiempos antiguos ya hubo sínodos y concilios, como el de Toledo del año 400 o el Concilio de Braga del 561, que rechazaron frontalmente el culto o cultivo de la astrología.

Los hombres, para vivir, necesitan esperanza, serenidad, algo en lo que apoyarse. Los que creen que Dios es Providente y admiten que todo lo que pasa o lo quiere o lo permite, no necesitan otros apoyos. Los que no tienen ese eje fundamental en su pensamiento, buscan con más o menos afán, según su cultura y su sensibilidad, los caminos del azar, de la aventura, para esconder sus desventuras, sobre todo si tienen ante sí peligros o desconfianzas. «Mundus vult decipi», decían los antiguos. Es decir: «El mundo quiere ser engañado».

27.12.12

Un diputado mexicano pide prisión para los delitos derivados del esoterismo

Recuperamos una noticia que ha pasado bastante percibida en medio de la marabunta informativa con motivo del supuesto fin del mundo anunciado para el pasado 21 de diciembre. El diputado mexicano Andrés Eloy Martínez (del PRD) promoverá una iniciativa de ley para sancionar hasta con cuatro años de cárcel los delitos derivados del esoterismo, según informó el diario Milenio.

Definió esa conducta ilícita como la destinada a “obtener un lucro indebido y explotar preocupaciones, supersticiones o ignorancia de las personas por medio de supuestas evocaciones de espíritus, adivinaciones, curaciones u otros procedimientos carentes de validez técnica o científica”.

Respecto a las supuestas profecías mayas sobre el fin del mundo, unos días antes de llegar la fecha del 21, el diputado federal y aficionado a la astronomía hizo un llamado a mantener la prudencia y evitar el “pánico irracional”. Martínez calificó esas versiones como simples charlatanerías o versiones pseudocientíficas.

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11.12.12

Los extraterrestres en el Antiguo Testamento

Ahora le toca a la Sagrada Escritura. La que compartimos judíos y cristianos, el llamado Antiguo Testamento o Primera Alianza. Y es que nada queda indemne cuando pasan los tanques de la nueva religiosidad, el sincretismo y la reinterpretación esotérica de todo texto escrito. O a veces simplemente basta con la falta de cultura religiosa y con el ánimo de buscarle tres pies al gato.

Con esto me refiero a lo que se refleja claramente en el título de este artículo: hay personas que han rastreado la Biblia para encontrar en ella las huellas de los alienígenas. Hace poco, una de las revistas que se publican en España en torno a temas ocultos y paranormales planteaba a sus lectores la siguiente pregunta: “¿Y si los dioses y ángeles descritos en la Biblia fuesen las mismas entidades que hoy se presentan como seres extraterrestres?”. La respuesta está clara para la gente que vive de estos temas, y es una respuesta –cómo no– afirmativa.

¿Qué dicen los defensores de estas teorías? En resumen, y tomando los elementos comunes a unas posturas y otras, descubrimos que, en primer lugar, las referencias a Dios y a otras divinidades no son más que la prueba del contacto de los hebreos con los habitantes de otros planetas. Y lo mismo sucede con los ángeles. Si son seres procedentes del cielo, la conclusión es clara: son extraterrestres. Además, todo lo relativo a sus apariciones y desapariciones, las teofanías, los momentos de especial encuentro divino y revelación al hombre… se muestran claramente como lo que hoy llamamos avistamientos de los famosos objetos volantes no identificados (ovnis).

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9.12.12

Cómo el nazismo creó una secta neopagana para destruir el cristianismo

Desde buscar el origen de la raza aria hasta planear viajes para robar todo tipo de reliquias y obras de arte. Estas eran algunas de las tareas para las cuales fue fundada la Ahnenerbe, una organización que, aunque oficialmente fue creada para dar valor a las tradiciones alemanas, acabó convirtiéndose en un grupo de estudio de las ciencias ocultas con una finalidad clara: destruir el cristianismo e instaurar una nueva religión nazi en Alemania. Así comienza el reportaje que firma Manuel P. Villatoro en el diario ABC.

«El 1 de julio de 1935 se creó la Deutsches Ahnenerbe, o “Sociedad de Estudios para la Historia Antigua del Espíritu"», explica el escritor José Lesta en su libro El enigma nazi (editado por Edaf). Por aquella época, Hitler ya había sido nombrado Canciller de Alemania y el Partido Nazi dominaba toda la política del país. Sin embargo, el Führer quería enfrentarse al mundo y sabía que necesitaría varias cosas: toda la ayuda necesaria para vencer (ya fuera usual o paranormal) y, sobre todo, que la sociedad aceptara el nazismo como una creencia indiscutible. Ambas tareas serían encomendadas a esta nueva secta paracientífica.

El nazi obsesionado por el ocultismo

El encargado de crear la Ahnenerbe fue uno de los miembros del Partido obsesionado por el ocultismo: Heinrich Himmler, comandante en jefe de las SS nazis (un cuerpo de soldados de élite dedicados, entre otras cosas, a la protección de Hitler). «Himmler era con toda seguridad el más fanático creyente en las ciencias ocultas, profesando una fe ciega en “las fuerzas desconocidas que nos rodean"», afirma el escritor.

«Ya en el poder se hizo con la dirección de las temibles SS. Un cuerpo de élite o de monjes guerreros, como a él le gustaba denominarlos, con los que formaría una auténtica Orden Negra que seguiría los preceptos del antiguo paganismo germano y los dogmas de fe del nazismo como creencia religiosa», explica Lesta.

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25.10.12

La astrología, "arma secreta" de la Segunda Guerra Mundial

Después de un artículo anterior que publicamos hace unos meses, tomado del diario ABC, sobre el interés nazi en los temas ocultos (“Así buscó Hitler el Santo Grial en España”), reproducimos ahora otro firmado por Israel Viana en el mismo periódico, sobre la incidencia de lo astrológico no sólo en el nazismo, sino también en otros actores de la Segunda Guerra Mundial.

En el verano de 1941, durante una convención de la Federación Americana de Astrólogos (AFA, por sus siglas en inglés) en Cleveland, Louis de Wohl dijo a su atenta audiencia que Hitler estaba operando en la gran guerra bajo el asesoramiento de «los mejores astrólogos alemanes», los cuales estaban conspirando para que Alemania atacara a Estados Unidos. La invasión, según Wohl, se iba a producir en la siguiente primavera, una vez que Saturno y Urano, los dos planetas «maléficos», hubieran entrado en géminis, el signo del país entonces gobernado por Roosevelt.

Esta interpretación de la guerra por parte del que, además de astrólogo, fue uno de los grandes escritores de novela histórica de siglo XX, era cuanto menos frívola si tenemos en cuenta que en la Segunda Guerra Mundial los muertos se elevaron por encima de los 70 millones. Pero lo cierto es que la interpretación de las estrellas, por extraño que parezca, tuvo cierto papel en en el devastador conflicto, y no solo en la Alemania nazi.

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