Indignados… con alma de Nueva Era
“Una vasta y poderosa red, que carece no obstante, de dirigentes, está tratando de introducir un cambio radical… Sus miembros han roto con ciertos aspectos clave del pensamiento occidental, y pueden incluso haber quebrado hasta la misma continuidad con la historia”. Cuando le presenté esta cita a un buen amigo, contestó enseguida diciendo que era algo exagerado, si me refería a los ciudadanos que en muchas ciudades de España llevan realizando desde el pasado 15 de mayo, en torno a consignas “antisistema” y a una serie de críticas al funcionamiento político y financiero de nuestra sociedad. Pero no se trata de una frase lapidaria de mi cosecha para aludir a estos curiosos manifestantes acampados en las plazas públicas, sino que es una cita textual, que se entenderá mejor si reproduzco su continuación: “Esta red es la Conspiración de Acuario”. Sí, se trata de un texto de las primeras páginas del libro La conspiración de Acuario, escrito por Marilyn Ferguson en 1980, y considerado como una de las obras fundamentales de la corriente espiritual contemporánea conocida como Nueva Era o New Age.
Vale la pena seguir adelante con esas primeras páginas de la “biblia” de la Nueva Era. Leemos: “Se trata de una conspiración desprovista de doctrina política, carente de manifiesto. Está integrada por conspiradores que buscan el poder tan sólo para disgregarlo, y que se valen de estrategias pragmáticas, incluso científicas, pero con una perspectiva tan cercana a la mística, que apenas se atreven a hablar de ello. Son activistas que plantean cuestiones de muy diversa índole, que están desafiando al establishment desde su propio interior”. Y muchos pensarán: claro, se refiere a las personas encuadradas en esa nebulosa espiritual y esotérica, pero queda lejos de nuestros acampados (o indignados, como se autodenominan) españoles, que sí que tienen un manifiesto y una clara vocación política –aunque afirmen a diestro y siniestro que “no partidista”–, y que si en algo destacan por su postura espiritual es en un cierto tufillo agnóstico-ateo-indiferente-anticlerical que saca a relucir cosas típicas como lo retrógrado del Concordato (¡otros que no se han enterado de que acabó su vigencia en 1978, con la Constitución, y de que ésta trajo consigo unos Acuerdos de cooperación entre España y la Santa Sede!).






