InfoCatólica / Caritas in Veritate / Categoría: Verdad

29.09.13

(10) La Santa Inquisición

Así la llamo yo, sí; sin comillas ni ironías, en conciencia, mirando las leyes liberales -con la libertad de ir todos cantando al infierno, acostumbrados a vivir en un buen simulacro del mismo-. Evoco, pues, a la Santa Inquisición, viendo las leyes humanistas de que gozamos, tan respetuosas de todo tipo de “género” humano, homínido, humanoide, homúnculo, homifémino, trans-humano, trashumante (ya que estamos…), y un largo etcétera- y por supuesto, democráticas numerolátricas y esquizofrénicas (¿suena bien el binomio, eh?).

Como bien señala la historiadora francesa Regine Pernóud, “..Se comprende que en muchos aspectos, la Inquisición fuera sobre todo la reacción de una sociedad que consideraba la defensa de la fe tan imporante como a nosotros nos parece la protección de la salud fisica” (Qué es la Edad Media, Ed. Magisterio Español, Madrid, 1979, p. 162).

Hoy, quien optara por permanecer al margen del sistema de “salud” (sic) en Estados Unidos, por ejemplo, sería sancionado con una multa. El culto al cuerpo va desde las modas para anoréxicas; el ocultamiento y asesinato de los enfermos con la eugenesia y eutanasia; el estiramiento de la cara de las “estrellas” hasta tironearles el dedo gordo del pie, y cuanta ridiculez se nos ocurra para lucir lo más “plásticamente” posible.

Por el contrario, la defensa de las almas hay que suplicarla a veces mediante “recolección de firmas” para presentar hasta al propio Obispo, porque es como si estuviésemos hablando de fantasmas, y el Número de las firmas hace visible lo que ya ni se recuerda que existe. En cuanto a Defensa de la Fe…gracias a Dios, aún hay algunos sacerdotes y obispos que se avienen a celebrar Misas en Desagravio, como el que se realizará este jueves en la parroquia porteña de San Ignacio, tras su reciente profanación.

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25.09.13

(9) La ponzoña de la Mentira

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Cuando Nerón inculpó a los cristianos del incendio de Roma, debe haber habido más de un ciudadano que se previniera contra ellos, y más allá del fruto bendito del martirio que se siguió de ello, -bien mayor que Dios obtiene de todos los males-, es indudable que la calumnia original no fue un acto puramente “humano”, sino engendrado en los abismos infernales.

No es gratuito entonces -nada en la Sagrada Escritura lo es-, que Ntro. Señor designara a Lucifer como el Padre de la Mentira , homicida desde el principio (Jn.8,44) y Príncipe de este mundo (Jn. 14,30). Debemos colegir, por tanto, que alguna íntima relación causal debe haber entre

- el accionar concreto de Satanás en la historia, en el mundo concreto y real en que nos movemos –aunque sin pertenecer a él-,

- el imperio de la Mentira, y

- la persecución a los cristianos.

Puede parecer una verdad de Perogrullo este razonamiento, pero sin embargo creo que es muy oportuno a veces, “repasar las tablas de multiplicar”, cuando no nos dan las cuentas…

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20.09.13

(7) Brochero, santo Cura argentino y católico

“El cura gaucho fue un santo y una de las puras siluetas de nuestra historia. Tres santos solamente ha habido en nuestro país que son el Cura Brochero, el Obispo Esquiú y la Beata Antula…” (Leonardo Castellani)

Y… no; no es tan obvio como parece, conciliar los dos últimos adjetivos que figuran en el título…

Se supone que todos los curas son católicos, claro, pero sin embargo, cuando en una nación la catolicidad se “devalúa” con el barniz ideológico, todo cambia de color, y a veces uno se encuentra con que “le han dado gato por liebre”….

Y ese espíritu malsano también puede embadurnar a los santos, por qué no, y de paso “empaqueta” a los pobres fieles, haciendo el juego al diablo, que ya que no pudo evitar que los Bienaventurados sean dóciles a la gracia, “mete la cola” para que nosotros, que todavía batallamos en este valle de lágrimas, aprovechemos a medias sus ejemplos, sin dejarnos enseñar lo suficiente, o contentándonos con una “imagen de estampita”, lo más tranquilizadora posible. Quienes no gustan de una completa catolicidad, tratan a veces “sin querer queriendo”, de desdibujar la de los santos en lo que pueda haber de incómodo para nosotros, si buscamos seguir sus huellas. Sucede como a aquel pobre cardenal que le preguntaba a S.S. San Pío X “qué tenía que decir al mundo esa pobre monja” que era Sta. Teresita -predilecta del santo pontífice-, y el Papa le tuvo que responder: “Eminencia, repase el Evangelio”.

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11.09.13

(4) Día de san-Miento, gran Maestre argentino

“Para saber cómo es un pueblo hay que preguntarle qué ama”. ( San Agustín)

Además de recordar el triste episodio de las Torres Gemelas, hoy, en la Argentina -y no sé si en algún país hermano-, se celebra el día del Maestre. No es error de imprenta, no. Por una vocal, solamente, aparece en el calendario escolar oficial, como día del MaestrO, pero seguramente alguien creerá que son sutilezas, y no se atreven a corregirlo, por lo que señalábamos en el artículo anterior. Pero como creo en la vigencia de todas las obras de misericordia, me gustaría contribuir a la corrección de algunos falsos supuestos que ya tienen amplia carta de ciudadanía en esta nación que ha sido, por otra parte, tan bendecida por Nuestra Señora. Pido disculpas a los lectores que no son argentinos, pero pienso que este caso puede ser ilustrativo de cómo, viviendo entre mentiras, perdemos el "alimento nutritivo" de la verdad histórica, que siempre hace crecer a todos.

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22.08.13

(1) ¡Danos, Señor, caridad ardiente en tu verdad!

Ante todo, las gracias. Gracias a Dios, primero, por poner en su Providencia los medios para que mediante este blog pueda ser parte “visible” de la familia de InfoCatólica, y gracias a su Comisión Directiva, por ofrecerme esta posibilidad. Gracias, en fin, a los lectores, de antemano, con quienes espero nos una el mismo fin sobrenatural, poniendo todo lo que aquí pase bajo el patrocinio de María, Reina y Hermosura del Carmelo y todo el Universo.

Creo oportuno, entonces, dar aquí razón del nombre (que no se repite con el blog que tenía Mons. Sebastián, en el que los términos se invertían). Más allá de la primera mirada, que remite, desde ya, a nuestro querido Benedicto XVI en su encíclica homónima, pienso que últimamente la asociación de estos dos términos brilla en muchos corazones como consigna de fuego, como respuesta necesaria una y mil veces en otras tantas circunstancias de nuestra vida en que se nos pide una opción tratándose en realidad de una trampa, porque tal opción no corresponde. Porque no se trata de una disyunción como si fuese un círculo o un cuadrado, sino de un “matrimonio indisoluble”. Porque ¿cómo concebir mayor caridad que el procurar un crecimiento en la Verdad? ¿Y cómo pensar en servir a la Verdad despojándola del Amor, si Deus caritas est?

El problema es, sin duda, nuestro corazón dividido, o mejor deberíamos decir, “desparramado” entre múltiples verdades y múltiples amores -así, con minúscula-, porque no se logran ordenar de modo que todos nos conduzcan al Fin para el que todos hemos sido creados, al decir de S. Ignacio en el Principio y Fundamento de los Ejercicios Espirituales.

Quisiéramos compartir entonces, en este sitio, todo lo que nos conduzca a la mutua edificación –caritas- en la contemplación de la verdad, expresada de muchas maneras, siempre bellas, claro, considerando con don Guijo II –cartujo-, lo que nos seduce como texto programático:

La verdad, como cosa bella, se ha de poner a la vista.

Hay quienes la aborrecen.

No los juzgues; más bien, tenles compasión.

Pero tú, que ansías llegar a la verdad,

¿por qué la rechazas cuando viene a ti en forma de reprensión?

Sin apariencias, sin adornos y aun clavada en una Cruz,

hay que adorar a la Verdad.

Cuanto es más noble y poderosa una criatura,

con tanto más gusto se somete a la Verdad.

Más aún, tanto será noble y poderosa,

en cuanto se someta a esta verdad.

No debemos ansiar sino la verdad

y la paz que de ella nace.

Sea la caridad quien te impulse a exponer la verdad, como remedio curativo.

Si alguno rechaza esta verdad y no sientes compasión de él,

o no lo amas, o no aprecias suficientemente el valor curativo de la verdad,

es como si el enfermo rechazase la medicina que lo sana.

Paz sin fin, como la de los ángeles, es el fruto de la verdad.

Amargura y dolor, como los del demonio,

son los dejos de la mentira.

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