InfoCatólica / Caritas in Veritate / Categoría: Pastoral

4.02.14

(27) Leonardo Boff y la Iglesia docente

boffyhuonder La tradicional distinción entre Iglesia docente y discente era bastante clara, aunque haya caído en desuso. Sin entrar en sutilezas, digamos que la misión docente que compete especialmente a los obispos, llamada por eso magisterial, “está ligada al carácter definitivo de la Alianza instaurada por Dios en Cristo con su Pueblo; debe protegerlo de las desviaciones y de los fallos, y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica. El oficio pastoral del Magisterio está dirigido, así, a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera.” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.888).

En numerosas ocasiones, sin embargo, hemos oído que tal o cual verdad no se proclama con suficiente firmeza aduciendo razones presuntamente “pastorales”, y esta misma palabrita mágica exime muy frecuentemente de las tareas elementales de la enseñanza, como son la corrección y aún la amonestación de los errores. Más de una vez he oído que tal o cual obispo, ante la difusión de enormes barbaridades o abusos en algún colegio católico, “tiene asuntos mucho más graves y urgentes” que atender, y entonces me pregunto si sería lícito que una madre deje de alimentar a sus hijos arguyendo que hay cosas más urgentes en la casa…hasta que un buen día un médico le diga que sus niños están sufriendo una desnutrición grave.

Perdón, pero no me convence el argumento pasteral (léase pastelero). No me convence sobre todo cuando uno ve que en ausencia de la comida que debe dar la madre, llega una vecina loca y le da a los hijos hambrientos, por la ventana, comida para perros, o incluso insecticida.

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13.01.14

(23) Ecos de Epifanía, tiempos de ecumenismo...

Con el Bautismo del Señor terminamos el tiempo de Navidad, y pienso que una vez desarmado el Pesebre, queda para algunos una sensación como de que “ya empezamos la carrera nuevamente”…y no me termina de convencer esta idea, qué quieren que les diga. He oído una homilía en que muy tranquilamente, se nos refería cómo la Iglesia “ahora de repente nos presenta a un Jesús ya adulto…”, como si se tratara de una película en que se coloca el cartelito: “Años más tarde..”, y nosotros fuésemos meros espectadores.
No me parece que sea suficiente ese modo de vivir el tiempo litúrgico, porque no se trata de capítulos inconexos de una serie, sino fundamentalmente de un misterio infinito- el misterio de Cristo y de su Iglesia- que se prolonga a lo largo de todo el Año litúrgico, y en que cada fiesta se engarza maravillosamente con la precedente y la que le sigue. El tiempo se me ocurre más bien como el foco de una luz intensa que progresivamente va recorriendo los diversos ángulos y rincones de un mismo escenario majestuoso, que es la fe en la cual y por la cual somos, nos movemos y existimos.

A mí siempre me sedujo especialmente la fiesta de Epifanía, y pienso que entre arbolitos y Papá Noel, los Santos Reyes Magos (¡porque son santos! ¿cuántas veces acudimos a ellos en la oración, además de hacerlos objeto de admiración y literatura?) han sido de algún modo desplazados en la atención no sólo del mundo sino de muchos fieles. Si a ello sumamos el racionalismo reinante que hasta llega a negar insolentemente su mismísima existencia, el saldo es lamentable, por el empobrecimiento espiritual que conlleva el desaprovechar las luces que esta fiesta nos deja.

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