(135) ¡Gracias, Alberto Caturelli; descansa en paz tras el Buen Combate!
“He combatido el buen combate, he concluido mi carrera, he conservado la fe.” (II Tim.4,7)
El Señor se vale a veces de ciertos hombres para bendecir a algunas naciones, y “sanar” algunas épocas de la historia, alimentándonos la esperanza a través del conocimiento de sus virtudes, sus obras, y su pensamiento, sobre todo cuando éste no hace sino orientar a las almas no hacia sí mismo o hacia las novedades de su tiempo, sino hacia la Verdad imperecedera; hacia el Sol, y no hacia los espejismos.
Es el caso del gran filósofo argentino hoy fallecido Alberto Caturelli, para quienes tuvimos la gracia de conocerlo personalmente y percibir diáfanamente una bonhomía difícil de hallar y de describir…

En época de Santa Teresa, una señorita llamada María del Corro ingresó al Carmelo con ínfulas de santidad, pero a poco de entrar tuvo que ser despedida por la santa, porque tenía tanta madera de carmelita como una gallina la tiene de lazarillo. Pero como lo que no le faltaba era un orgullo siniestro, no pudo digerir lo que juzgó como injusticia, y con la ayuda de un clérigo acusó a Santa Teresa de todo lo acusable ante la Santa Inquisición. Consta de ello en un escrito de aquel año, en que el Tribunal de Sevilla solicita orientación sobre el proceso. Tras algunas investigaciones y comprobaciones, el 29 de Abril de 1576 se dictó sentencia absolutoria contra las infundadas acusaciones de la mal intencionada y frustrada novicia…
Cuando uno se va acostumbrando a recibir noticias sobre individuos que celebran decapitaciones e incineraciones humanas como quien hace un brindis, nos preguntamos si hay algo peor; si habrá algo que pueda superar el nivel de horror del que son capaces esos personajes.
Castigat ridendo mores