Otra vez hay que hablar de la pena de muerte

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Lo que ayer era mentira
hoy, de pronto, es la verdad,
y mañana, oh maravilla,
mentira otra vez será.
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Me gusta hablar de las cosas buenas. Nuestra fe es tan bonita que podría pasarme días enteros hablando de ella sin cansarme. En ocasiones, sin embargo, hace falta combatir los errores contrarios, lo que constituye un trabajo pesado e ingrato, pero necesario, porque la verdad implica necesariamente rechazar el error.
Me veo, pues, en la tesitura de tener que hablar otra vez de la pena de muerte. A fin de cuentas, nada más y nada menos que el Papa León XIV ha sacado el tema de la pena de muerte en un videomensaje y, en lugar de corregir lo corregible de su predecesor como esperábamos, lo ha reafirmado. Es más, precisamente ha resaltado las palabras más cuestionables al respecto del Papa jesuita, para presentarlas como lo que “la Iglesia enseña”.
Con todo el respeto, la dificultad está en que el Papa Francisco tuvo el dudoso honor de ser el primer papa que corrigió el catecismo para dejarlo más confuso en lugar de más claro. En efecto, afirmó ante todo que la pena de muerte era “inadmisible”, a pesar de que inadmisible no es un término moral ni teológico tradicional, así que no está claro cuál es su alcance.
Quizá esto se debió a que, aparentemente y a juzgar por sus afirmaciones en Amoris Laetitia, el Papa Francisco rechazaba la existencia actos “intrínsecamente malos” (que es el término moral y teológico) y utilizó en cambio ese “inadmisible” que seguimos sin saber qué significa. ¿Es sinónimo de inconveniente, desaconsejable, inmoral…? Simplemente, no lo sabemos. Francisco optó de forma deliberada por una palabra confusa e imprecisa, que insinúa en lugar de decir con claridad y que admite interpretaciones opuestas.
También añadió en el catecismo que la pena de muerte “atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”. El Papa jesuita no era conocido por su coherencia lógica y a menudo decía cosas que contradecían las que afirmaba en otras ocasiones, así que es muy aventurado sacar consecuencias de sus palabras. Sin embargo, si nos tomamos en serio ese “atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”, entonces habría que concluir que la pena de muerte nunca es lícita, porque lo que atenta contra la dignidad de la persona es siempre inmoral y nunca debe hacerse.
Extrañamente, esto equivaldría a la vuelta por la puerta de atrás de los actos intrínsecamente malos que negaba el Papa Francisco en Amoris Laetitia. De alguna forma incomprensible para el común de los mortales, el adulterio no siempre es “inadmisible”, pero la pena de muerte sí que lo es. ¿Se debe esto a que la pena de muerte no está de moda y, en cambio, el adulterio simultáneo o sucesivo se acepta sin problemas hoy? ¿Hay algo de catolicismo en esto o es más bien relativismo triunfante? En fin, como decíamos, sacar conclusiones lógicas de las afirmaciones del Papa Francisco suele ser una labor ingrata y poco fructífera.
En cualquier caso, todo esto suena muy bien a nuestra sociedad relativista, adolescente y buenista. Asimismo, sonará muy bien a los oídos de tantísimos católicos que, como hijos de su tiempo, son también relativistas, inmaduros y buenistas. El problema es que es contrario a la enseñanza constante de la Iglesia y las opiniones de todos los buenistas del mundo no valen nada al lado de lo revelado por el mismo Dios.
Se necesitaría un libro para recoger todas las ocasiones en las que la Iglesia ha enseñado la licitud de la pena de muerte. Papas, concilios, doctores de la Iglesia, Padres de la Iglesia y moralistas han defendido innumerables veces esa licitud y condenado la afirmación contraria. Veamos solo un caso especialmente significativo. El Papa Inocencio III condenó la postura de los herejes valdenses, que consideraban pecado grave la aplicación de la pena de muerte y les presentó esta profesión de fe: “de la potestad secular afirmamos que sin pecado mortal puede ejercer juicio de sangre, con tal que para inferir la venganza no proceda con odio, sino por juicio; no incautamente, sino con consejo”. Por lo tanto, la licitud de la pena de muerte formó parte incluso de un credo, una profesión de fe católica, que la Iglesia hizo recitar a los que quisieran volver de la herejía valdense al catolicismo. Es decir, es parte de nuestra fe.
Somos tan débiles en la fe y la desconocemos tanto, que hoy no nos suena extraño que un Papa decida cambiar la fe, pero es algo que habría horrorizado a cualquier católico anterior al siglo XX. Un Papa simplemente no puede enfrentarse a la doctrina católica. No tiene poder para ello. No lo digo yo, lo dice el Concilio Vaticano I:
“No se prometió el Espíritu Santo a los sucesores de Pedro para que, por sus revelaciones, pudieran revelar nuevas doctrinas, sino para que, con su asistencia, pudieran proteger y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la Fe”.
Lo mismo señaló el entonces cardenal Ratzinger: “el Papa no es en ningún caso un monarca absoluto, cuya voluntad tenga valor de ley. Es la voz de la Tradición; y sólo a partir de ella se funda su autoridad”. De hecho, fue el cardenal Ratzinger quien convenció a Juan Pablo II, que era personalmente muy contrario a la pena de muerte, de que era una pena lícita, porque así lo había enseñado la Iglesia siempre. Y Juan Pablo II, al contrario que Francisco, humilló su propio criterio e hizo que el catecismo señalara esa licitud. Quizá la diferencia esté en que entonces el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe era un gran teólogo como Ratzinger y hoy se encuentra en el cargo el card. Víctor Manuel Fernández, que, al margen de sus otras numerosas cualidades, nunca ha sobresalido ni como teólogo ni por su fidelidad a la Tradición de la Iglesia.
El ilustre cardenal y teólogo norteamericano Avery Dulles ya advirtió hace tiempo que “revertir una doctrina tan bien establecida como la legitimidad de la pena capital plantearía graves problemas relativos a la credibilidad del magisterio”. En efecto, si puede cambiar la doctrina de la pena de muerte, ¿por qué no va a poder cambiar la doctrina sobre el divorcio, los anticonceptivos, la infalibilidad papal o la resurrección. Todo quedaría en el aire, sujeto a continuos cambios.
Además, “si, de hecho, se abandonara la doctrina anterior, también se pondría en duda la nueva doctrina. Esa nueva doctrina tendría que considerarse reversible y, por lo tanto, como una enseñanza que no requeriría un asentimiento firme. La nueva doctrina, basada en una comprensión reciente, estaría compitiendo con una enseñanza magisterial que ha durado dos milenios (o incluso más, si uno tiene en cuenta los testimonios bíblicos). ¿No estarían justificados los católicos que se adhirieran a la doctrina anterior alegando que tiene fundamentos más sólidos que la nueva? Los fieles se enfrentarían al dilema de tener que disentir o bien del magisterio anterior o del actual” (Card. Avery Dulles, Catholic Teaching on the Death Penalty).
En ese dilema estamos precisamente. ¿Nos fiamos del Papa Francisco y el Papa León o de los 265 papas anteriores? ¿Nos fiamos del sentido moral de un mundo moderno apóstata o de la teología y la práctica de dos milenios en la Iglesia? ¿Nos fiamos de lo que nos parece bien a nosotros o de lo que dice la Escritura?
Ya he visto que algunos medios, igual que el propio Papa Francisco en su día, evitan referirse a un cambio de doctrina sobre la pena de muerte y, en su lugar, hablan de un “desarrollo” de la doctrina de la Iglesia al respecto. Es evidente que no es eso lo que ha sucedido, porque no hay desarrollo, crecimiento, evolución o profundización posible cuando antes se decía una cosa y ahora se dice la contraria.
Si mañana veo a mi gato un poco más grande, eso es un desarrollo o un crecimiento. Si mañana veo en su cama a un cocodrilo, eso no es un desarrollo del gato, sino que el cocodrilo se ha comido al gato. Del mismo modo, si la doctrina de la Iglesia ha dicho siempre que la pena de muerte es lícita y ahora se nos quiere decir que es contraria a la dignidad de la persona y por lo tanto siempre ilícita, eso no es un desarrollo sino un abandono de la doctrina de la Iglesia, que ha sido devorada por el buenismo ambiente de nuestra época. No podemos asentir a ese abandono de la fe de la Iglesia.
No es extraño que todo esto suceda, porque estamos en un momento de crisis de la Iglesia, que se refleja en una pésima formación de los clérigos. Nadie da lo que no tiene y, si un sacerdote, un obispo o incluso un papa han recibido una formación en la fe que más bien era deformación, no podrán enseñar bien esa fe por mucha buena intención que tengan.
Es mucho, sin embargo, lo que nos jugamos al hablar de la fe y conviene acertar. A fin de cuentas, si la enseñanza de la Iglesia cambia, ¿por qué tendríamos que aceptarla? ¿Por qué va a ser preferible la de hoy y no la de ayer? Más aún, si lo que ayer era verdad hoy es falso, entonces es que no existe la verdad, Cristo quizás haya resucitado (solo quizás) y nosotros somos los más desgraciados de todos los hombres.
83 comentarios
¿Es la pena de muerte intrínsecamente mala?
Los desarrollos de la doctrina y el magisterio confuso
¿Qué podríamos aprender del debate sobre la pena de muerte?
En un futuro próximo
Observaciones al artículo de D. Francisco José Delgado sobre la pena de muerte
Lo que es proclamado como Magisterio no puede desplocamarse. Es precisamente la continuidad en el Magisterio y la Tradición lo que nos hace genuinamente católicos.
Por otro lado existen situaciones y varias donde la pena de muerte queda ampsrada por la defensa propia.
¿Nos sorprende hoy ver a un político contradecirse? No. Pues eso.
El criterio es soltar eslóganes a diestro y siniestro, pero que cuando se aterrizan en un caso concreto actuaré según me interese.
Lo que siempre se ha dicho con el "no es el qué, es el quién".
La pena es que el papado actúe así. Buscando el aplauso facilón. Igual igual que, como todos sabemos, hizo Cristo. ¿O no?
"Eso es lo que pasa cuando en lugar de LA VERDAD se actúa como UN POLÍTICO"
Me temo que, al menos a juzgar por el caso de España, se trata de un defecto más que común entre los prelados actuales.
"Por otro lado existen situaciones y varias donde la pena de muerte queda ampsrada por la defensa propia"
Es un error encuadrar la cuestión de la pena de muerte en la defensa propia, que es a lo sumo un efecto secundario de la pena, como se indicó en este artículo y sus comentarios: Observaciones al artículo de D. Francisco José Delgado sobre la pena de muerte
"Además, se pueden desarrollar, y de hecho se han desarrollado, sistemas de detención eficaces que protegen a los ciudadanos sin privar por completo a los culpables de la posibilidad de redención (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2267). Por eso, el Papa Francisco y mis predecesores recientes insistieron repetidamente en que el bien común puede salvaguardarse y la justicia cumplirse sin recurrir a la pena capital. En consecuencia, la Iglesia enseña que «la pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona» (ibíd.)".
De lo cual se puede deducir que donde no se han desarrollado sistemas de detención eficaces que protegen a los ciudadanos, bien por falta de medios, como ocurre en muchos países, o por otras causas, como puede ser el riesgo razonable de exponerse a chantajes por parte de grupos criminales, la pena de muerte sigue siendo admisible.
Por cierto, cuenta el Vaticano con esos sistemas de detención eficaces...?
Es que no nos podemos esperar otra cosa de León. Yo tengo esperanzas con el porque creo que puede dar un poco de cordura tras el pontificado de Francisco. Pero eso no quiere decir que sea un campeón de la ortodoxia.
1. No son de testigos directos
2. Existen múltiples variantes como el final de Marcos o el episodio de la adultera en Juan.
3. No están firmados.
4. Están separados en décadas de los hechos.
5. Aparecen hechos que no concuerdan con la historia como el censo de Augusto o la revuelta de Teudas que narran los hechos por boca de Gamaliel
Ante todo eso dicen que la historia no puede afirmar un milagro así que como no se sabe pues prefieren quedarse con una explicación naturalista al motivo de la resurrección.
Creo que lo sé defender bastante bien pero, ¿Que responderías a esto?
"¿Entonces nos podemos saltar el 5º Mandamiento de la Ley de Dios siempre que no haya odio?"
No sé de dónde saca usted eso. Lo que prohíbe el quinto mandamiento y lo que es intrínsecamente malo es matar al inocente.
"Yo tengo esperanzas con el porque creo que puede dar un poco de cordura tras el pontificado de Francisco. Pero eso no quiere decir que sea un campeón de la ortodoxia"
Bueno, es fundamental para un Papa que conozca bien (y, por supuesto, comparta) la fe católica. Si no conoce bien la fe, no puede confirmar en ella a los demás. La cordura, la solemnidad, las buenas formas, etc. son estupendas, pero sirven de muy poco sin lo anterior. E incluso pueden resultar perjudiciales, por el riesgo de envolver de bien enseñanzas que no sean buenas.
"De lo cual se puede deducir que donde no se han desarrollado sistemas de detención eficaces que protegen a los ciudadanos, bien por falta de medios, como ocurre en muchos países, o por otras causas, como puede ser el riesgo razonable de exponerse a chantajes por parte de grupos criminales, la pena de muerte sigue siendo admisible"
Como decía antes, si realmente la pena de muerte "atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona", entonces da igual que haya alternativas o no, porque lo que atenta contra la dignidad inviolable de la persona no se puede hacer nunca, siempre es inmoral.
AJ, cuando te discuta un ateo y se ponga en plan “eso de los evangelios es un cuento”, donde más se quedan descolocados no es citando a curas ni a teólogos… es sacando artillería de fuera, gente que no tenía ningún interés en defender el cristianismo.
Mira, yo ahí siempre tiro de Tácito, que era un historiador romano del siglo I–II, bastante poco sospechoso de simpatizar con los cristianos, y el tío va y confirma que Cristo fue ejecutado bajo Poncio Pilato en tiempos de Tiberio; luego sacas a Plinio el Joven, gobernador romano también del siglo I–II, que escribe al emperador contando que los cristianos cantaban a Cristo como a un dios, o sea, que ya lo estaban adorando desde el principio; después metes a Flavio Josefo, judío del siglo I, que menciona a Jesús llamado Cristo y habla de su ejecución; si quieres rematar, añades a Suetonio, otro romano del siglo I–II, que habla de disturbios entre judíos por culpa de un tal “Chrestus”, que huele bastante a Cristo; y ya para darle un toque gracioso, sacas a Luciano de Samósata, siglo II, que se burla de los cristianos por adorar a un tipo crucificado… y claro, sin quererlo te está confirmando la base de la historia.
Y ahí es donde yo me quedo mirándolo con media sonrisa, porque ya no estamos hablando de fe, ni de Biblia, ni de catecismo… estamos hablando de lo que decían romanos, judíos y hasta un tipo que se reía de ellos.
Y entonces, cuando el otro ya empieza a removerse en la silla, le suelto la puntilla con retranca: “vamos a ver, tú tienes fe suficiente para creer que todos venimos de una partícula diminuta donde estaba concentrado todo el universo, que pegó un estallido y de ahí salimos tú, yo y el bar de la esquina… ¿y te cuesta aceptar que los evangelios tengan base histórica cuando hasta tus propios historiadores ‘no creyentes’ los respaldan un poquito?”.
"En este caso, entiendo que es como dices. El papa Bergoglio creía que la situación de los divorciados vueltos a casar no era por necesidad intrínsecamente mala, pero la pena de muerte la consideraba ilícita en todo caso por ser contraria a la dignidad humana"
El problemilla con eso es que es exactamente lo contrario de lo que enseña la Iglesia. Cosa que ningún papa tiene derecho a enseñar.
Por no hablar del segundo problemilla de la hipocresía, porque en Amoris Laetitia se asegura que no existen los actos intrínsecamente malos (también contra la enseñanza de la Iglesia, por cierto), pero de pronto en la pena de muerte sí. Eso es jugar con dos barajas de la forma más vergonzosa posible, para ocultar que lo que verdaderamente importa es lo que le parece bien al mundo actual, no la moral.
"Estoy, sin embargo, contra la pena de muerte"
Ya, pero comprenderá que eso no le importa a nadie. Lo que importa es si Dios está o no en contra.
¡Qué barbaridades dice usted! Además porque sí, simplemente porque usted lo dice.
Según eso, la Iglesia puede enseñar budismo en lugar de cristianismo y da igual la "aparente discontinuidad", porque la Iglesia prosigue su peregrinación entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios.
¿No se da cuenta de que lo que dice es un despropósito?
Hay otra frase inaceptable de León XIV:
"La Iglesia Católica ha enseñado de manera constante que toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural, es sagrada y merece ser protegida."
Obviamente eso es falso. La Iglesia ha enseñado eso con respecto de la vida humana INOCENTE. Y así lo explícita la propia Biblia cuando, después del lacónico "no matarás" de Ex. 20,13, aclara más adelante "no causes la muerte del inocente" en Ex. 23,7.
"se basan en una dignidad humana que no siquiera sé cómo la definen"
Como mínimo, hay que distinguir entre dignidad ontológica y dignidad moral. La primera no se pierde, la segunda sí. Precisamente porque el criminal ya no es inocente.
Este tema parece guardar relación estrecha con otra cuestión (hoy también a lo menos cuestionada por el buenismo tristemente reinante): si Dios castiga o no (y claro que sí lo hace). Porque la pena de muerte ha de ser ejecutada por la autoridad legítima de la sociedad política, cuya autoridad viene de Dios, que es dueño y señor de las vidas. De allí que incluso sea lícito matar en algún caso al inocente, dice santo Tomás: cuando se hace por mandato de Dios (S. Th., II-II, q. 64, a. 6, ad 1). En ese sentido, lo intrínsecamente malo parece que sería el dar muerte al inocente por parte de una potestad meramente creada, que no actuara como ejecutora del expreso mandato divino. En cuanto a otro punto, "que toda vida humana es sagrada y ha de ser protegida", eso podría quizá entenderse en la línea de lo que dice santo Tomás en el cuerpo de ese mismo artículo: "Considerando al hombre en sí mismo, no es lícito quitar la vida a nadie, puesto que en todo hombre, aun pecador, debemos amar la naturaleza, que Dios ha hecho y que por la muerte se destruye".
"En ese sentido, lo intrínsecamente malo parece que sería el dar muerte al inocente por parte de una potestad meramente creada, que no actuara como ejecutora del expreso mandato divino"
Buena precisión. Sí, obviamente se suele hablar del caso normal, que es el ser humano que decide dar muerte a otro ser humano. Pero esto no vale en el caso de Dios, que es el dueño de nuestras vidas.
"eso podría quizá entenderse en la línea de lo que dice santo Tomás en el cuerpo de ese mismo artículo"
El problema no es que el Papa hable de la dignidad ontológica, que ciertamente no se pierde nunca, sino que olvida la dignidad moral, que sí que puede perderse por las acciones del hombre, lo que justifica la posibilidad de la pena de muerte.
De esta última habla el Aquinate en el artículo 2: "El hombre, al pecar, se separa del orden de la razón, y por ello decae en su dignidad, es decir, en cuanto que el hombre es naturalmente libre y existente por sí mismo; y húndese, en cierto modo, en la esclavitud de las bestias [...] Por consiguiente, aunque matar al hombre que conserva su dignidad sea en sí malo, sin embargo, matar al hombre pecador puede ser bueno".
En cualquier caso, todo eso solo son formas de explicar la doctrina constante de la Iglesia, que es lo que importa y que establece que la pena de muerte es lícita.
"De lo cual se puede deducir que donde no se han desarrollado sistemas de detención eficaces que protegen a los ciudadanos ... la pena de muerte sigue siendo admisible."
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En ese tipo de ambientes con deficiencias policial, judicial y penitenciaria, por esas mismas debilidades la cárcel puede ser peor que la muerte ... para personas presas injustamente, mientras los líderes de grupos criminales disfrutan comodidades y evaden condenas a pena de muerte que merecerían si estuviera en legislación local, por lo que si mueren matados, es por paramilitares o por grupos delictivos rivales. En esas sociedades, entonces, la pena de muerte podría tampoco ser justa.
"y no poder tener plena comunión en la fe con el sucesor de Pedro"
Yo, por mi parte, estoy convencido de que estos errores que se deslizan a veces en sus discursos son por ignorancia causada por una mala formación, tan frecuente entre los religiosos. Por lo tanto, se trata de meras heterodoxias materiales y no formales, de modo que no alteran la comunión en la fe. En ese sentido, yo considero que sí estoy en plena comunión en la fe con el sucesor de Pedro.
Salvando las distancias, es como si la viejecita del banco de al lado confunde la Inmaculada Concepción con la concepción virginal de Cristo. Eso no la hace menos católica, porque es un error material y no formal, causado por la ignorancia y que no hace que dejemos ella y yo de estar en comunión en la fe.
Ojará no existieran esos errores materiales en tantos clérigos y prelados, pero son tiempos recios. Y, como dices, hay que rezar mucho por el Papa, los obispos y los sacerdotes.
Mi confusión son las secuelas del pontificado anterior que me dejó temblando. Yo crecí bajo, San Pablo VI, San Juan Pablo II y Benedicto XVI la mayor parte de mi vida y escuchando hablar a mi madre de Pio XII.
A REZAR!!!!
No hace mucho, los grupos terroristas de cariz marxista-leninista aplicaban la pena de muerte a sus contrarios, sus estructuras determinaban, tras un juicio sumarisimo, quien debía morir, al igual que las cloacas del Estado liberal hacían lo propio. La mafia criminal es partidaria de la pena de muerte y los servicios secretos de los Estados, también.
No es que esté despistado el Vaticano, es que tiene un propósito fijo enquistado en su pensamiento marxista jesuita.
No le entiende a que la pena de muerte está justificada cuando está en peligro la salvacion de las almas.
La salvación de las almas no le interesa. Lo que le interesa es formar la nueva iglesia muy a su gusto antes de que se le acabe el tiempo. Va con los anglicanos, con los musulmanes para formar la nueva iglesia. Está construyendo su nueva iglesia donde no cabe Cristo.
"Quién aplicará ... el Hijo de Dios sufrió pena de muerte injustamente ... No hace mucho, los grupos terroristas ..."
Todo eso es irrelevante para lo que se discute, que es si la pena de muerte puede ser lícita en algunas ocasiones o no.
"A REZAR"
Pues sí, es lo que nos toca. Dios lleva el timón y sabe lo que hace.
Si es así, ¿cómo se concilia eso con la promesa de Cristo de que la fe de Pedro, asistido especialmente por el Espíritu Santo, no desfallecerá?
Ha habido, prácticamente, 265 papas que han conservado con integridad la doctrina, que no han osado cuestionarla, que al menos no han impuesto alguna enseñanza extraña. Hasta que llegó Francisco. ¿No? Pienso que el problema va más allá de la deficiente formación en ciertos seminarios: incluso ya la había desde el pontificado de Pío X, denunciante de la herejía del modernismo.
En el fondo e indirectamente, llega a una negación del Infierno.
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Después de todo este tema de la pena de muerte con toda la información del Magisterio que nos ha pasado Bruno, reconozco que me cuesta admitir la pena de muerte, pero si el Magisterio nos dice que el 5º Mandamiento del decálogo tiene excepciones como el bien social y la defensa propia, someto mi inteligencia al Magisterio de los últimos cuatrocientos años.
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Esto que ha hecho usted no es una opinión es un juicio. Tenga cuidado y no juzgue. Decir que va con los musulmanes para formar una nueva Iglesia, en cuando menos, no tener ni idea de lo que está escribiendo. Yo tampoco tengo ni idea de qué está escribiendo, por cierto no sé si se refiere a Francisco, al Papa León, o al ciclo reproductivo del escarabajo rinoceronte.
"En el fondo e indirectamente, llega a una negación del Infierno"
Si todo se reduce a la dignidad ontológica, que no se pierde nunca, no hay razón alguna para que nadie acabe en el infierno. Es el buenismo apocatástico introducido indirectamente. O el "nadie puede ser condenado para siempre".
"Yo entiendo que una cosa es la dignidad de la persona creada a imagen y semejanza de Dios, de aquí le viene la dignidad que tiene todo ser humano, y otra es el pecado personal de cada individuo que le puede llevar al infierno"
Hay dos dignidades, la ontológica, que no se puede perder, y la dignidad moral, que se pierde cuando pecamos gravemente y por eso, si no recibimos el perdón, acabamos en el infierno.
"someto mi inteligencia al Magisterio de los últimos cuatrocientos años"
Es el magisterio de los últimos dos milenios. Y la Escritura.
Si la pena de muerte no se basa en el principio de legítima defensa, entendido en sentido amplio, no estricto; Nada nos diferencia de los malhechores condenados a muerte, de hecho puede ser moralmente peor que los crímenes condenatorios; pues la pena se aplica a sangre fría.
Naturalmente esta es mi opinión personal.
Para entender por qué la Iglesia aceptaba antes la pena de muerte, hay que mirar cómo funcionaba el mundo antes del siglo XIX. La falta de un sistema estatal moderno hacía que la ejecución no se viera como una opción cruel, sino como la única herramienta de seguridad.
Por un lado la inexistencia de prisiones de "máxima seguridad": Hasta hace relativamente poco, las cárceles no eran lugares para cumplir una condena larga (cadena perpetua), sino lugares de paso mientras se esperaba el juicio o la ejecución.
1) Por un lado había fugas constantes: Las prisiones eran castillos, torres o sótanos de los que era fácil escapar mediante sobornos, revueltas o ataques externos.
Además, si un asesino peligroso escapaba, volvía a matar. En una sociedad sin bases de datos ni fotografía, era casi imposible volver a capturarlo. La muerte era la única forma de garantizar al 100% que esa persona no volvería a dañar a la comunidad.
2)También había una ausencia de un cuerpo policial profesional. Hoy damos por hecho que hay policías patrullando, pero esto es una invención moderna (del siglo XIX en adelante).
3) En la Edad Media o el Renacimiento, el orden fuera de las murallas de las ciudades era mínimo. Si una banda de salteadores aterrorizaba una zona, el soberano enviaba al ejército para capturarlos.
Se debía realizar una justicia ejemplarizante: Como no se podía vigilar todo el territorio todo el tiempo, se usaba el "castigo ejemplar". Ejecutar públicamente al criminal servía para avisar a otros potenciales delincuentes de lo que les pasaría, ya que no se les podía vigilar preventivamente.
4 )Era además una carga económica para la sociedad:
Mantener a una persona encerrada de por vida es un gasto enorme en comida, guardias e infraestructura.. En épocas de hambre, guerras o plagas, las sociedades no tenían recursos sobrantes. Se consideraba injusto que el pueblo (que apenas tenía para comer) tuviera que pagar con sus impuestos la manutención de por vida de alguien que había roto el pacto social matando a otros.
La solución radical: La ejecución era barata, rápida y definitiva.
El cambio de visión (La clave de hoy):
El Papa Juan Pablo II fue el primero en decir claramente que, como hoy ya tenemos sistemas policiales eficaces y prisiones seguras, la necesidad de matar al criminal ha desaparecido.
Al desaparecer la "necesidad técnica" de la pena de muerte para proteger a los inocentes, la Iglesia concluyó que ya no hay excusa moral para aplicarla.
Por eso, lo que antes era una "triste necesidad" hoy se considera una "ofensa a la dignidad".
La doctrina sobre la pena de muerte no se basa en la calidad del sistema penal.
Jorge Alberto:
Has tocado un punto muy problemático. Ahora mismo, nadie sabe que es magisterio y que no. Hay tal saturación de documentos, muchas veces contradictorios que ya uno se hace un lío.
E¿ntonces en el Congo o Haiti sería aceptable pero en EEUU o España no? Vamos, no fastidien
"Como enseña el Catecismo, la pena aplicada por la legítima autoridad pública (en particular la pena de muerte), no tiene únicamente la finalidad de restaurar el desorden moral, sino también la de contener la difusión de comportamientos lesivos del bien común.
Aplicando el principio citado a la pena de muerte, y teniendo en cuenta lo enseñado por Santo Tomás sobre este caso particular de pena, hay que distinguir que, si bien dicha pena acabará teniendo finalidad restauradora del desorden moral causado (lo que es un elemento constitutivo de toda pena), no es éste el motivo que determina que la pena aplicada sea la de la muerte del agresor, sino la otra finalidad, que es la de preservar el bien común.
Dicho de manera breve, lo que lo hace merecedor de muerte al reo, no es la gravedad del delito que cometió, sino la gravedad de amenaza al bien común que representa la preservación de su vida. Lo que no quita que, al aplicarle la pena de muerte, también se esté satisfaciendo al desorden moral por los delitos ya cometidos.
Hay que notar que, para mantener la coherencia con lo que la Iglesia siempre ha enseñado, en particular Santo Tomás, la amenaza al bien común no se refiere únicamente a la seguridad física de las personas, sino también a su seguridad espiritual. Y este es un aspecto que debe ser mejorado en el Catecismo.
El castigo es por el delito, pero la elección de la pena justa, debe tener en cuenta las otras finalidades del castigo, notablemente la seguridad física y espiritual de los inocentes. La restitución del desorden moral es un elemento constitutivo de toda pena, pero no el único. Para aplicar la pena más justa, o sea que maximiza el bien común, se deben tomar en cuenta todos los elementos constitutivos de la pena, en particular el de buscar el bien común, fin principal de toda autoridad, no sólo el retributivo, que está subordinado al bien común.
«¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros.»
Nos hemos acostumbrado a explicaciones o aplicaciones doctrinales que descafeínan el mensaje evangélico hasta hacerle perder buena parte de su radicalidad. Y así se termina justificando un sacrilegio.
Mirá vos, que si no nos mostrabas ese pasaje de I Cor, ni nos enterábamos de su existencia, como tampoco se enteraron todos los Papas y Santos doctores anteriores, todos, todos se descuidaron y no miraron ese pasaje hasta que apareciste vos con tu gran contribución. Qué descafeinados que anduvimos errando durante casi dos mil años. Gracias por tu gran hallazgo bíblico, totalmente revolucionario y con mucha cafeína.
O la Iglesia dice la verdad y Francisco se equivoca. Hay que leer la Escritura completa a la luz de la Tradición y la enseñanza constante. Porque en la carta a los romanos, Pablo dice lo siguiente:
"Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo."
Así pues, la modificación al Catecismo se da a partir de la constatación de que YA NO EXISTEN condiciones, que impidan desechar la pena de muerte como solución y, en tal situación, se torna moralmente obligatorio descartar esa posibilidad.
¿Entonces en el Congo o Haiti sería aceptable pero en EEUU o España no? " (AJ acerca de la pena de muerte)
En España y USA podría ser aceptable porque sus estados tienen recursos para correctas investigación policial y aplicación de pena , pero en Haití o Congo no porque sus estados son débiles y corruptos con deficiente investigación y funcionarios que a menudo son sobornados, chantajeados o asesinados. En esos países el criminal manda.
Me temo que no responde usted a nada de lo que le he dicho. Se limita a hacer pronunciamientos apodícticos. Eso no es razonar sino monologar.
Nada tiene que ver con todo esto la Ilustración, en la que la pena de muerte se usaba a todas horas, ni el Vaticano II, que no habla de la pena de muerte.
Claro que una postura contraria a licitud de la pena de muerte tiene algo de "particular", porque la Escritura y la Tradición de la Iglesia enseñan lo contrario. ¿Se puede decir más claro? Lo contrario. Y la Iglesia solo puede predicar lo que ha recibido de la Tradición y la Escritura, que son las fuentes de la Revelación. No hace falta saber mucho para entenderlo.
Nada tiene de extraño que la mayoría de los obispos no digan nada abiertamente, porque vivimos en una época de obispos blanditos y para defender la doctrina tradicional sobre la pena de muerte tendría que a) ser políticamente incorrectos y b) enfrentarse a su jefe, que son precisamente las dos cosas que les horrorizan. Por supuesto, evitando el enfrentamiento abierto, muchos de ellos reconocen la licitud de la pena de muerte y así lo enseñan.
Pero eso no es un problema de la pena de muerte en si. Es un problema de si el que la ordena es inmoral o no. Lo mismo pasa con la medicina. En si no es mala porque haya malos médicos.
Víctor:
Hombre, que diga eso cuando se pasaba a la gente por la guillotina a todas horas pues tiene su miga
Disculpe que le contacte por aquí, pero le he escrito varios correos y me parece que no los ha visto. Disculpe las molestias y reciba un cordial saludo.
"Es un legislador ilegítimo"
Es que no estamos hablando de ese tema. En principio, si el legislador fuera ilegítimo, cualquier pena que impusiera lo sería. Eso no afecta a la cuestión de si la pena de muerte es lícita en sí misma.
Si nuestros legisladores son ilegítimos es un tema distinto, aunque muy interesante. A pesar de los pesares, yo diría que, en general, no lo son. La inercia jurídica, moral y práctica en favor del reconocimiento de la legitimidad del legislador de facto es muy grande. La misma Escritura considera legítimo el poder romano, que a menudo hacía barbaridades terroríficas, especialmente contra los cristianos. La vida humana necesita orden para la subsistencia más básica y casi cualquier cosa es preferible al desorden.
Otra cosa es que, si hubiera real posibilidad de éxito (no parece que la haya), probablemente estaría legitimada moralmente una rebelión armada. Yo diría que basta el aborto masivo actual para que sea así.
"Es digno de observar que Dios salvaba cuasi siempre por medio de prodigios á sus confesores, cuando intentaban hacerlos morir por las fieras, por el fuego ó por el naufragio, mientras que consentia que muriesen
por la espada. «Esto consiste , dicen los padres y los intérpretes, en que las otras penas eran unas penas arbitrarias, eran ciertos refinamientos de crueldad, y no eran penas legales; mientras que, segun S. Pablo, la espada es el signo de la justicia, del poder politico: Non sine causa gladium portat.» ( Rom. , x. ) Por consiguiente, al consentir que los mártires muriesen por la espada, quiso indicar el respeto que se debe al poder público en las acciones que son de su incumbencia, aun en el caso en que abuse accidentalmente de su autoridad."
La "cadena perpetua" era absolutamente inviable (por el estado del país, las vergonzosas amnistías políticas anteriores, la cantidad de terroristas involucrados, etc).
Descartada la pena de muerte "por derecha" y siendo inviable apresar de manera permanente, se optó por una "pena de muerte clandestina" que originó el tema de los "desaparecidos".
Aún 50 años después, este tema sigue dividiendo a los argentinos.
Decir "no es aconsejable" cuando se puede apresar seguramente, el número de involucrados es mínimo, etc, es una cosa.
Jugar ambiguamente con que sea SIEMPRE INMORAL es, irónicamente, "inadmisible".
Si el mandamiento "no matarás" en realidad significa "no asesinarás", es decir, no matar al inocente, entonces la idoneidad del sistema judicial penal es la que puede garantizar que la pena de muerte sea ejecutada sobre un reo con culpa comprobada por un delito punible por esa pena, lo que más bien haría admisible la pena de muerte en Europa Occidental y USA, pero no en países pobres y débiles con sistemas deficientes, como Como Congo y Haití, ni en países avanzados bajo dictadura, como China y Rusia, donde la investigación inexacta, la arbitrariedad y el sectarismo llevan al asesinato.
Pero en esos países corruptos o dictatoriales, el sistema penitencial es tan precario como sus leyes, sus tribunales y sus policías, tanto que a la cárcel se le teme como peor que la muerte y muchos condenados se suicidan. En caso de países pobres, como los servicios de salud también son deficientes, ante la posiblidad de aprobación de pena de muerte, muchos ciudadanos objetan que no es justo que un criminal se libere de la cárcel por pena capital, mientras una persona honesta enferma terminal debe sufrir agonía prolongada y dolorosa porque no tiene acceso a cuidado paliativo ni mucho menos a eutanasia.
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Vaya ejemplo, precisamente la viejecita del banco de al lado es quizá de las pocas personas que no incurrirían nunca en tamaño error.
Prejuicios matriales, quizá no formales pero que evidencian una forma mentis demasiado contaminada de prejuicios modernos. Para fiarse del resto del discurso.
"Prejuicios matriales, quizá no formales pero que evidencian una forma mentis demasiado contaminada de prejuicios modernos"
Je, je. O simplemente es el reconocimiento de facto de que es mucho más probable que en el banco de al lado haya una viejecilla y no un viejecillo o un jovencillo.
Y sí, tiene que ser alguien mayor y no joven o de mediana edad porque, de otro modo, el ejemplo ya no es "limpio" (es decir, se puede complicar con el deber que tienen los cristianos de formarse bien, y se introduce confusión en lo que se quiere transmitir).
También podría haber probado con un niño, pero entonces podría parecer que estaba diciendo que el papa era un infantil o algo así.
En cuanto al dogma elegido de la Inmaculada Concepción, primero lo había redactado con el dogma de la comunión de los santos, pero luego me di cuenta de que resultaba confuso, porque estábamos hablando de la comunión en el sentido de comulgar, así que lo cambié por esa otra confusión clásica.
Tiendo a pensar mucho las cosas. Lo que a veces es una ventaja y a veces más bien lo contrario.
Saludos.
"lo que más bien haría admisible la pena de muerte en Europa Occidental y USA, pero no en países pobres y débiles con sistemas deficientes, como Como Congo y Haití, ni en países avanzados bajo dictadura, como China y Rusia, donde la investigación inexacta, la arbitrariedad y el sectarismo llevan al asesinato"
Primero, mi confianza en la justicia de los países occidentales es muy, muy reducida. Y probablemente, por el relativismo imperante, sería un desastre que contara con la posibilidad de imponer la pena de muerte.
Segundo, lo que se discute es el principio de que la pena de muerte es lícita en sí misma. Las aplicaciones a un país u otro son prudenciales y, por lo tanto, deben hacerse país por país en concreto, de manera que generalizar resulta infructuoso.
Tercero, dictadura no es contradictorio con imperio de la ley o Estado de derecho. El franquismo, por ejemplo, era una dictadura y había Estado de derecho/imperio de la ley.
Por desgracia, volvemos a tener un Papa equivocado.
Yo ya prefiero no saber nada del Papa, así no me desanimo.
Lo poco que me llega es desesperanzador.
Es una especie de Francisco pero taimado, como si supiera perfectamente como comportarse para conseguir que la agenda de Francisco se lleve a termino, sin molestar a nadie pero destruyendo la Fe.
En fin, muy triste. Seguimos sufriendo por culpa de los que nos deberían confirmar.
No sigo por ahí, para no desviar el tema.
(Pero ya que paso por aquí, también niego con toda contundencia y rotundidad tu último párrafo de la respuesta a Rafaelus, sobre dictadura y Estado de derecho.Y buena parte del post; y también lo dejo y desaparezco, que yo respeto y amo a León XIV).
Por favor no se preocupe que yo no me sentí ofendido por su comentario pues todos estamos analizando un problema y a la vez revisamos nuestras propias convicciones al respecto. Por ejemplo, aceptaba yo que la pena de muerte no es pertinente para los países de Europa Occidental en el siglo XXI, pero cuando se comparó con la realidad en países menos desarrollados con sistemas deficientes y con la de naciones con poder y desarrollo comparables con los europeos pero bajo dictadura, se tienta uno a suponer que la pena de muerte, en caso raro de ser legal y justa, puede ser eutanasia en, por ejemplo, Congo, Haití o Venezuela, donde tal opción es inexistente, mientras los casos de China y Rusia, en el extremo contrario del desarrollo, demuestran que la sofisticación política y tecnológica tampoco es garantía de procesos justos. Concluí que sería más bien Europa Occidental donde sería pertinente, para crímenes horrendos que pueden suceder en cualquier lugar, pero Bruno ha objetado que el relativismo imperante inspiraría una situación muy desastrosa para todos.
Ese es el concepto de peso, en el Numeral 2267 del Catecismo, tanto en su redacción anterior como en la actual.
Cualquier discusión sobre la pena de muerte, a la luz de la Doctrina Católica, debe confrontarse con dicho concepto.
Sobre este en particular, concediendo, efectivamente, la ambigüedad del lenguaje, al que lamentablemente nos tienen acostumbrados en los tiempos recientes, me pregunto si estas específicas palabras de León XIV, pueden entenderse de acuerdo con la verdad católica. En principio me parece que sí, pues, a diferencia de lo dicho en el Pontificado anterior, en las palabras del Papa actual hay un matiz que creo que puede salvar la cuestión, y es justamente la consideración que hace acerca de las circunstancias actuales, en la cual, según su juicio prudencial, el bien común se puede salvaguardar sin necesidad de recurrir a la pena capital, ya que, a diferencia de otros tiempos, hoy contamos con mayor seguridad en las cárceles...
Creo entonces, y admito que quizás, sólo quizás; forzando un poquito, el resto de las palabras del Pontífice pueden entenderse condicionadas a aquellas que he señalado, de manera que, la pena capital sería contraria a la dignidad humana, supuesto el dato de que existe hoy día existe una forma segura de salvaguardar el bien común, sin necesidad de recurrir a la pena máxima.
PD: Las palabras del Papa a las que aludo son: “En este sentido, afirmamos que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de cometer delitos muy graves. Además, se pueden desarrollar, y de hecho se han desarrollado, sistemas de detención eficaces que protegen a los ciudadanos sin privar por completo a los culpables de la posibilidad de redención".
E inadmisible quiere decir que la Iglesia no puede admitirla, Que es pecaminosa.
¿Puede haber un caso tan especial que no sea así? Obviamente sí. No hay actos intrínsecamente malos. Pero la carga de la prueba es la del pecador, la del que mata.
Yo no me imagino cual pueda ser, no sé.
Imagina un sujeto que transmite una plaga zombie que no pueda evitar transmitir y que aunque lo encierres bajo 7 llaves si no muere contagiará a toda la Humanidad... pues lo mismo en ese caso se pueda contemplar, pero tiene que ser algo tan rocambolescamente surrealista como eso.
Y en especial cuando hay alternativas absolutamente viables para poder sustituirla por otras penas que, sin matar al reo, preservan la seguridad de la sociedad, como la cadena perpetua incluso con aislamiento.
La única justificación es por tanto económica o de recursos: "Es que es muy caro mantener un preso toda su vida"
Sí, pero si lo matas estás tomando un papel que solo a Dios compete.
Si admitiéramos ese argumento, cuando viene una muchacha queriendo abortar porque no tiene medios económicos para mantener a su bebé, podríamos preguntarnos: "¿Acaso la economía del Estado tiene carácter de perdón del pecado y una economía personal no?"
No se puede ser muy estricto en la interpretación del derecho a la vida en unos casos pero cuando nos conviene no.
Como dirían en México "O todos coludos o todos rabones"
A fin de cuentas siempre queda la posibilidad de arrepentimiento en el tiempo de pena por lo que con la pena de muerte directamente juzgas a un ser humano, en un aspecto (Su derecho a vivir) que sólo pertenece a Dios.
No te pude contestar por falta de tiempo.
Has zanjado el tema de tu fe, lo siento pero la tengo que poner con minusculas, porque tu no crees en Dios, crees en un dios fabricado por tu mente. Piensas que eres muy moderno, pero en realidad, eso es casi tan antiguo como el hombre, no deja de ser una variante de idolatría.
Y lo peor es que renuncias a cuestionarte nada, como te decía.
Y desechas lo que te decía porque segun tu tu sobrino de 11 años sabe mucho mas hoy en día que los antiguos. Esto es otro error grave. Tu sobrino, aunque sea superdotado, y aunque fuese varios cursos por delante, y aunque supiese y entendiese ligeramente no ya los Quarks y bosones sino simplemente electrones y protones, no tiene la misma comprensión que tenía por ejemplo Aristóteles. Y me temo que tu en ocasiones tampoco, porque realizas afirmaciones que son ilógicas si las analizas detenidamente siguiendo la lógica aristotelica que es la base del pensamiento científico.
No puedo detenerme mucho mas, pero eso que afirmas de que la Iglesia realiza una fraudulenta tergiversación "pastoral" es una exageración que solo demuestra tu ignorancia.
Estudia un poco a Santo Tomas, (empieza por Aristóteles y su lógica) y luego sigue por la escuela de Salamanca, por ejemplo.
Eres protestante, pero ese tipo de protestante que yo llamo protestonto, no offense, que son protestantes que o no saben que lo son o quieren ser aceptados como protestantes en la Iglesia católica.
Que tu aunque a tu pesar seas culturalmente catolico, quieras imponer tu criterio a la Iglesia, que es una entidad coherente, la de verdad, es tan pueril, como si pretendieses imponerselo al Islam, a cualquiera de ellos. No se si comprendes lo que te digo. No tiene sentido lo que haces y es hasta cierto punto incomprensible.
Si usted no es católico, no le interesa este debate, porque se basa en la Tradición de la Iglesia. Esto me indica que, como sospechaba, es un troll y conviene borrar sus comentarios.
"Lo que dije y digo es que si ese concilio llegó a aceptar las verdaderas conquistas de la Ilustración, no tiene nada de extraño que su Iglesia acepte hoy la conquista de la abolición de la pena de muerte"
Si lo piensa un poquito nada más, verá que es un argumento absurdo. Es como si yo le dijera: "igual que ese niño creció de cuando tenía cinco años a diez, no tendría nada de extraño que a los quince le saliera un tercer brazo". Contenido lógico, cero.
Todos esos otros temas que menciona se han discutido multitud de veces en este blog y no son el tema de este artículo. Si quería discutirlos, haberlos discutido entonces. En cambio, si lo que quiere es molestar, decir tonterías y denigrar a la Iglesia, mejor hágalo en su casa.
Dios le bendiga abundantemente.
Que conste que no te he puesto el bobayo, aunque la gracieta que haces es tan chunga y tan cutre que bien lo merece así como un buen puntapie con bota alta del siglo de oro en el centro del antifonario, no con afan malsano sino terapeutico para bien de tu raciocinio.
Por supuesto que se puede fusilar a los rojos y a los azules y a los verdes si hay ley legítima y motivo para ello, y un procedimiento adecuado.
Por ejemplo, las condenas a muerte tras la guerra civil, solo se ejecutaban sin conmutación cuando el crimen era particularmente horrendo, o grave o causaba escandalo. Eso lo explica muy bien el General Salgado Araujo en su libro Mis conversaciones privadas con Franco, que ademas si esta descatalogado lo puedes encontrar en pdf en internet.
El resto de penas se conmutaban.
Por ejemplo, se ajustició al asesino en serie AGAPITO GARCÍA ATADELL, alguien al que si pudieras le habrías servido de pistolero o de conductor, porque a vosotros, guardianes morales de la izquierda en realidad el poder desatado es lo que mas os pone, es que os licuais.
Tambien se ajusticio a los que se encontro del terrible asesinato con tortura del obispo de Barbastro, etc, etc, etc. Muchos escaparon o se les conmutó la pena porque solo había matado a uno o dos.
Es decir todos los ajusticiados por Franco lo fueron en un proceso, donde se analizaron los crimenes y las pruebas, indubitables, y a veces con confesión completa, civil y religiosa como en el caso de Agapito García Atadell. Que gran ejemplo moral para ti y los tuyos el AGAPITO, o Santiago Carrillo, ese asesino de masas. Que conste que Carrillo tuvo suerte y le prescribieron los crimenes. Es la diferencia entre la derecha y la izquierda, la derecha respeta la ley, vosotros la despreciais, si no os conviene, para vosotros no existe la prescripción. Asi que lecciones morales o de religión de un sujeto como tu ni media majete.
Como en tantas cuestiones, Francisco no hizo más que seguir avanzando por la línea que habían comenzado a transitar sus inmediatos predecesores. El Papa Bergoglio fue el fruto más maduro de la Iglesia conciliar.
Para hablar en serio hay que hacerlo en propiedad. Lo de Lorca fue un asesinato, no un ajusticiamiento, y no fue por un tribunal, sino por la represión inmediata, antes de que el Ejercito tomase las riendas del Estado.
Lo de Escobar es muy sencillo y esta en su causa. Se sumó a un regimen asesino, latrocida, liberticida y golpista que había decidido primero tomar el poder fraudulentamente, robando las eleccionjes del 36 y luego asesinando no afectos hasta que mataron a Calvo Sotelo (a Gil Robles no le pillaron porque cada noche dormía en un sitio distinto). Ese es tu concepto de democracia. Un regimen ladron y asesino, y por supuesto como decía Yegor Gaidar, basado en el cinismo juridico.
Hay que ver que bien se te da hacerte el tonto, con lo de Zugazagoitia. Fue ministro de la gobernación, y por tanto responsable de infinidad de sacas y asesinatos, si no por hacerlas personalmente si por permitirlas o alentarlas. Su ajusticiamiento es justicia, civil al menos.
Lo de Amparo Bayon fue una fatalidad, pero si los tuyos llevan seis meses matando impunemente, hay que ser muy cortita para ponerte a increpar a la autoridad de los que antes los tuyos mataban a placer. Tocaría muy bien el piano, pero tampoco era muy espabilada. No es que lo justifique, pero en esa situación no es prudente actuar así. Si se hubiese estado callada, hubiera salido como otros muchisimos al terminar la contienda. En una situación de guerra o conflicto abierto, no es demasiado inteligente provocar al jefe de los enemigos a los cuales antes los tuyos de la CNT, mataban y seguían matando en las zonas que dominaban.
En cualquier caso hay una diferencia fundamental. Los frentepopulistas ladrones, violadores y asesinos, asesinaban con torturas horrendas, y normalmente sin motivo, y sin juicio. Revisa las confesiones de Agapito García Atadell, al que entregaron los propios socialistas, si los tuyos, cuando se enteraron que huía a Buenos Aires con las joyas robadas.
En el frente nacional, salvo casos aisladísimos, se ajusticiaba con juicio, y con causa y con pruebas.
Hay que ser muy cinico y tener muy poca verguenza para pretender comparar a los asesinos de Paracuellos o del Tren de Albacete, asesinos en masa, con los que ejercían justicia, en la mayor parte a asesinos previos probados y muchos convictos y confesos. Los muertos del bando nacional eran inocentes de los supuestos crimenes que les atribuian, empezando por Jose Antonio. Pero los ajusticiados frente populistas eran en su mayor parte asesinos y criminales, con gran diferencia, la mayoría. Es como comparar un resfriado con un cancer. Hay que tener muy poca verguenza, la que tienes tu.
y que termina con la pregunta ¿Que responderías a esto?
El dato histórico principal que respalda el censo de Augusto mencionado en el Evangelio de Lucas es el hallazgo, a mediados del siglo XIX en Ancyra (actual Turquía), de copias de las Res Gestae Divi Augusti (Hazañas del Divino Augusto). Este documento autobiográfico, compuesto por el propio emperador y grabado en bronce, confirma la existencia de un censo universal llevado a cabo durante su reinado, validando la exactitud histórica del relato bíblico sobre el empadronamiento que obligó a José y María a viajar a Belén.
Adicionalmente, existe evidencia arqueológica que sugiere que Publio Sulpicio Quirino pudo haber sido gobernador de Siria en dos ocasiones. Una inscripción hallada cerca de Tivoli en 1764 menciona a Quirino como legatus dos veces, lo que permitiría reconciliar la cronología del Evangelio con los registros históricos de Flavio Josefo, quien describe un censo posterior en el año 6 d.C. Esto apoya la teoría de que el censo citado en Lucas ocurrió antes, posiblemente alrededor del 5 a.C., durante el reinado de Herodes el Grande.
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