InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Desde los bancos

23.04.26

¿Quién escribe en la cuenta de X del Papa?

En tiempos pasados, los Papas se tomaban muy en serio su papel de confirmar en la fe como Vicarios de Cristo y, por ello, hacían pocas declaraciones públicas. En nuestros tiempos, los Papas se toman muy en serio su papel de confirmar en la fe como Vicarios de Cristo y, por ello, hacen innumerables declaraciones públicas.

Ambas posturas son comprensibles, al menos hasta un cierto límite. ¿De qué serviría un Papa que no nunca dijera nada excepto para proclamar solemnemente un dogma de fe una vez cada veinte años? Paradójicamente, un Papa también puede hablar demasiado, de modo que un gran volumen de declaraciones prudenciales, protocolarias o retóricas ahoguen el núcleo de doctrina que enseña.

Los límites que no se deben traspasar en ninguna de las dos direcciones son prudenciales, pero si hay algo que claramente traspasa esos límites es, a mi juicio, la cuenta papal de X (antes Twitter).

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16.04.26

El magisterio retórico

Otras veces hemos hablado ya de un tema que era obvio para cualquier teólogo del pasado, pero hoy parece una novedad: no todo el magisterio es magisterio. O, dicho menos provocativamente, pero con más precisión para evitar la paradoja, no todo lo que hay en los textos magisteriales es propiamente magisterio en sentido estricto y mucho menos lo es todo lo que sale de la boca de los obispos y papas.

¿Han visto los lectores lo que he hecho? Al decir “no todo el magisterio es magisterio”, he usado una frase retórica, que tiene una gran fuerza por su brevedad y contundencia, sazonada con una pizca de extrañeza para que resulte más llamativa.

¿Cuál es el problema con la retórica? Que no se puede tomar del todo en serio. Estrictamente hablando, “no todo el magisterio es magisterio” constituye una contradicción y, por lo tanto, lógicamente es ruido. Las frases retóricas arrastran al oyente y pueden quedar fijadas en su mente, pero requieren después una gran cantidad de explicaciones, matizaciones y precisiones para entender el sentido que encierran, sin exageraciones ni malentendidos. Es decir, para separar el metal precioso de la ganga.

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30.03.26

Tradiciones de Semana Santa

No hay nada como las tradiciones ancestrales del pueblo cristiano. Ayer, Domingo de Ramos, me tocó presenciar una de las tradiciones entrañables vinculadas a esa fiesta, que probablemente se repitió casi palabra por palabra en todas las parroquias del mundo.

El párroco estaba intentando terminar apresuradamente a tiempo los preparativos para la procesión de ramos, cuando llegó una señora y se dirigió a él, iniciando el tradicional y cuasilitúrgico diálogo de esta festividad:

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27.02.26

El gran mal de la Iglesia

El gran mal de la Iglesia de nuestro tiempo es una especie de locura suicida, que ha destruido en décadas lo que se tardó milenios en construir en el Occidente cristiano.

Movidos por esa locura, gran cantidad de católicos, especialmente clérigos y prelados, se afanan en trabajar y luchar por todo lo que es innecesario, irrelevante o incluso pernicioso para la Iglesia y para la fe. Desde la democracia hasta la ecología y del feminismo al marxismo, pasando por eutanasias, nacionalismos, indigenismos, sinodalidades, innumerables documentos que nadie lee y las más cansadas y disparatadas herejías refutadas hace siglos.

Al mismo tiempo, se sienten incómodos ante lo que huela a católico y rehúyen como el diablo la misión propia y particular de la Iglesia, encomendada por el mismo Cristo resucitado: id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a hacer todo lo que yo os he mandado.

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2.02.26

Como en el mundo, así en la Iglesia

“Quizá es lo más destacado que ve en el Occidente actual una mirada extraña. El mundo occidental ha perdido el valor colectivo, tanto en su conjunto como, incluso, país por país, gobierno por gobierno, partido por partido, y ya, desde luego, en la Organización de las Naciones Unidas.

Esta mengua del valor es especialmente manifiesta en las capas gobernantes e intelectualmente rectoras, que es lo que causa la impresión de que ha perdido el valor la sociedad entera. Naturalmente, sigue habiendo multitud de personas individualmente valerosas, pero no son ellas las que dirigen la vida de la sociedad. Los funcionarios intelectuales y políticos manifiestan esta disminución, esta molicie, esta pusilanimidad en sus actos, sus discursos, y, más aún, en las obsequiosas justificaciones teóricas de por qué esta manera de actuar, que pone la cobardía y la servilidad por fundamento de la política del Estado, es pragmática, sensata y se justifica a cualquier nivel intelectual e incluso moral.

Esta caída del valor, que, según dónde, hasta parece llegar a la ausencia total del elemento masculino, adquiere, además, un tinte especialmente irónico con ocasión de unos repentinos estallidos de bizarría e intransigencia en esos mismos funcionarios: contra gobiernos débiles o países inofensivos sin apoyo de nadie, tendencias condenadas, de las que, a ciencia cierta, se sabe que no se podrán defender. Pero se Ies seca la lengua y se les paralizan los brazos ante gobiernos poderosos, fuerzas amenazadoras, contra los agresores y contra la Internacional del Terror. ¿Es preciso recordar que la caída del valor, desde antiguo, se ha considerado como la primera señal del fin?”

A. Solzhenitsyn, Discurso en la Asamblea de Graduados de la Universidad de Harvard,1978

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