InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Desde los bancos

30.11.20

Decir las Misas cosas

Hay errores que le alegran a uno el día. Verbigracia, algo que escribió hace poco D. Jorge González en su blog: “es que me escucho año tras año decir las misas cosas”. Obviamente, quería decir las “mismas cosas”, pero escribió misas en vez de mismas y me alegró el día. Este tipo de errores son lo que los sofisticados llaman un desliz freudiano y los sencillos saben reconocer, más bien, como un feliz eco de las profundidades de la fe.

D. Jorge se lamentaba en su artículo de hacer siempre las mismas cosas en su parroquia cada adviento, pero el lamento se le estropeó un poco al escribir sin darse cuenta “misas”. Fue, sin embargo, un error feliz y muy profundo, porque no hay nada que se repita más que la Misa. De hecho, viene repitiéndose todos los días desde hace casi dos mil años, que se dice pronto. Incluso las variaciones que caben en ella se repiten también. Es lo menos novedoso y cambiante que existe en nuestro mundo, y en eso precisamente reside su valor: el sacrificio de Cristo, realizado de una vez para siempre. La eternidad hecha gracia.

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27.11.20

Como murciélagos

En el último artículo, hubo un comentario interesantísimo, al que no contesté inmediatamente, porque preferí quedarme pensando sobre el tema. Feri del Carpio decía que estaba cansado de tantas cosas que hace la jerarquía, en particular el Papa, y que llevan a una Iglesia cada vez con menos fe y más indistinguible del mundo (“masonificación” de la Iglesia, era el término que empleaba). También señalaba que, salvo milagro, veía difícil que viniera un buen Papa y que, desgraciadamente, con un Papa que no fuera bueno previsiblemente los obispos tampoco lo serían.

El comentario me llamó la atención porque refleja muy bien el estado de ánimo de una gran cantidad de creyentes (y cuando digo creyentes, me refiero a los que creen de verdad, a los que mantienen la fe, porque los que no la mantienen viven, más bien, en la indiferencia). Es un estado de ánimo que se caracteriza sobre todo por el cansancio. Cualquier católico que tenga ojos en la cara sabe que las razones para indignarse en la Iglesia abundan hoy, pero la indignación es un sentimiento fuerte e intenso que no se puede mantener mucho tiempo y, cuando se prolonga, termina casi necesariamente por dar lugar al cansancio y al desinterés. Varias personas dedicadas a la información religiosa, por ejemplo, me han dicho también que estaban cansadas y que su trabajo de informar se había convertido en un sacrificio, porque la necesidad de estar al día de tantísimas malas noticias eclesiales les resultaba muy penosa.

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17.11.20

El magisterio no magisterial

Muchos católicos bienintencionados que no han estudiado Teología creen que todo lo que sale de la boca del Papa o de un obispo o todo lo que dice un documento magisterial es magisterio. Nada más lejos de la realidad.

Los Papas y obispos hablan de mil temas, desde el fútbol hasta las consecuencias del tabaco, sobre los que no tienen competencia magisterial y, por lo tanto, aunque estén hablando oficialmente, lo que dicen en esos casos no es magisterio. Incluso cuando hablan sobre temas que pueden ser propiamente objeto de magisterio, a menudo lo que dicen no es magisterial, sino simplemente opiniones particulares suyas, sugerencias, hipótesis o buenos deseos. Esto es lo que, tradicionalmente, se llamaba hablar “como doctor privado".

Algo similar se puede decir de los documentos papales, vaticanos o episcopales. Aunque una encíclica, por ejemplo, sea un documento magisterial, casi siempre hay en ella partes cuyo contenido y nivel magisterial es muy reducido o nulo. En esta categoría entran los párrafos de saludos, las florituras retóricas, las afirmaciones hipotéticas, las aplicaciones prudenciales, las sugerencias, los casos de captatio benevolentiae, las afirmaciones confusas y, como decíamos antes, el tratamiento de temas que, por su propia naturaleza, no pertenecen al ámbito del magisterio.

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12.10.20

Fratelli Tutti: una misión imposible

Algún que otro lector me ha pedido que comente la última encíclica del Papa Francisco, Fratelli tutti y he emprendido resueltamente la tarea de ir analizando las diversas partes del documento, pero he terminado por llegar a la conclusión de que no merece la pena. No tiene sentido analizar el documento con detalle porque, con todo el respeto, esta encíclica es como una flecha disparada en la dirección equivocada. De nada sirve discutir la velocidad, el viento o el impulso que ha recibido, porque la flecha no puede llegar nunca a la diana: es una misión imposible.

No solo se ha escogido para ella un tema principal ajeno al cristianismo y cuya importancia es insignificante en comparación con cualquier aspecto de nuestra fe, sino que, además, la fe católica enseña expresamente que el fin que promueve la encíclica no puede realizarse, es imposible. Resulta paradójico que precisamente los cristianos, que somos los que sabemos con certeza que ese fin es imposible, nos empeñemos contra viento y marea en promoverlo y proponérselo al mundo.

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15.06.20

Au contraire, Monsieur l’évêque

Cuentan que a un francés le preguntaron si había podido comer algo durante la agitada travesía en barco que acababa de realizar. “Au contraire!”, respondió él, con el rostro aún algo verdoso.

La anécdota me ha venido a la cabeza al leer una cosa que contó D. Jorge en su blog. Según parece, hay obispos que le animan a seguir escribiendo y, hace poco, uno de allende los mares, le dijo que “hay cosas que se deben decir pero que los obispos no siempre deben hacerlo”, y que decir esas cosas les tocaba a los sacerdotes.

Entiendo a lo que se refería el señor Obispo (que ya demuestra buen gusto al elogiar a D. Jorge), pero, teniendo en cuenta nuestras circunstancias, no puedo evitar pensar: “¡al contrario!”. Los últimos que deben callarse son los obispos. Quizás no haya habido ninguna generación en la historia de la Iglesia (y ha habido algunas terribles) en que los obispos hayan estado más callados sobre lo esencial. Todo lo que es políticamente incorrecto de la doctrina católica se acalla o solo se menciona en los términos más vagos, diluidos e inofensivos posibles, porque el mundo no quiere oírlo. Si no hablas para advertir al pecador de su mal camino a fin de que viva, ese pecador morirá por su maldad, pero yo te pediré cuentas de su sangre.

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