InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Desde los bancos

21.10.21

Summus clericalismus

Siempre me alegra que el Papa Francisco hable del clericalismo, porque es, sin duda, una de las plagas que sufre el catolicismo en la actualidad. A veces uno mira al pasado y se lamenta de lo mucho que hemos perdido en la Iglesia, pero, irónicamente, si hay algo que hemos conservado y aumentado es el malhadado clericalismo. El catolicismo es sustancialmente clerical, por voluntad de Cristo que quiso instituir la jerarquía del orden sacerdotal, pero el clericalismo no es más que una parodia y un abuso de ese designio de Dios.

Por supuesto, como casi todo en esta vida, el clericalismo admite grados muy diversos y hay clericalismos inofensivos, que son más bien rarezas, manías de carácter o pequeñas vanidades de los clérigos que otra cosa. Existe, sin embargo, un clericalismo letal para la Iglesia, que consiste en el abuso de la autoridad sacerdotal o episcopal para pretender imponer o defender cosas que no son de Dios, sino ocurrencias más o menos disparatadas, deseos de poder, ansias de quedar bien con el mundo o incluso intentos de adulterar la fe y sustituirla por otra. Es este clericalismo el que explica gran cantidad de los males que nos aquejan, porque, si somos sinceros, la mayoría de los problemas graves de la Iglesia en el último medio siglo han sido de origen endógeno.

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8.10.21

¿Un Camino o varios caminos?

Hace unos días, el Papa Francisco participó en un encuentro sobre “religiones y educación”, destinado, según parece, a lograr un “pacto mundial sobre la educación”. Ya imaginarán los lectores que, de ese tipo de iniciativas, se puede esperar poco de bueno y mucha palabrería y confusión. ¿Qué le vamos a hacer? Es la naturaleza misma de esos encuentros, que tradicionalmente la Iglesia siempre ha mirado con bastante desconfianza.

A nadie sorprenderá que el Papa haya realizado las acostumbradas llamadas a esa vaga “fraternidad universal” al margen de Cristo que está empeñado en promocionar, haya condenado el aún más vago “fundamentalismo” o haya pedido que llevemos un estilo de vida “eco-sostenible”. A eso se suman varias frases que, a mi entender, están prácticamente vacías de sentido y resultarían más apropiadas en un libro de autoayuda (como “que se piense lo que se siente y se hace; que se sienta lo que se piensa y se hace; que se haga lo que se siente y se piensa”). En fin, como decía, de este tipo de encuentros no se puede esperar mucho más.

Uno desearía, sin embargo, que al menos el Sucesor de Pedro no afirmara expresamente cosas contrarias a la fe. En esta ocasión, el Papa Francisco ha afirmado esto: “Si en el pasado las diferencias [entre las distintas religiones] nos han puesto en contraste, hoy vemos en ellas la riqueza de caminos distintos para llegar a Dios”.

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23.09.21

De la boca de los comentaristas y los niños de pecho

El otro día, en Eslovaquia, el Papa Francisco se reunió con jesuitas del país y tuvo una conversación distendida con ellos. Prefiero no comentar la mayor parte de esa conversación, porque creo que tiene más que ver con debilidades humanas que otra cosa. Hay una frase, sin embargo, de la que conviene hablar, porque afecta a toda la Iglesia y a la fe y la moral católicas.

Ante la pregunta de un joven jesuita, el Papa dijo: “Estoy pensando en el trabajo que se ha realizado —el Padre Spadaro estaba allí— en el Sínodo de la Familia para hacer entender que las parejas en segunda unión no están ya condenadas al infierno”. Es una frase asombrosa, que nos revela lo que piensa el Papa sobre Amoris Laetitia y sobre el cambio que quiere realizar en la moral de la Iglesia.

A mí la frase más bien me deja sin palabras, pero, por suerte, una comentarista con el norteño seudónimo de Argia ha hecho honor a su nombre (argia significa luz) y ha dejado en mi blog un resumen difícilmente mejorable de lo que ha dicho el Papa:

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13.09.21

El problemilla del sínodo sobre la sinodalidad

Aparte de la llamativa autorreferencialidad del tema elegido, como diría el Papa Francisco, me permito señalar, con todo el respeto, que el próximo sínodo de los obispos tiene, a mi juicio, un problema básico del que le resultará muy difícil escapar.

Por lo que se ha anunciado hasta el momento, es de prever que la reflexión sobre la sinodalidad va a ser muy poco sinodal. En efecto, antes de que empiece el sínodo, el Papa ya ha decidido cuál va a ser su resultado, como se indica con una cita suya en el primer párrafo del documento preparatorio: “precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”.

¿Cuál va a ser el resultado del sínodo? Después de meses de reuniones, preparaciones, documentos interminables, votaciones, viajes y el derroche de enormes cantidades de dinero y sobre todo tiempo que no podemos permitirnos, el resultado fundamental del sínodo será “descubrir” que el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. ¿O alguien cree seriamente que el resultado va a ser otro? Aparte, por supuesto, de páginas y más páginas de pesadísima prosa y confusión más o menos generalizada.

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6.09.21

La protohomilía perdida

A lo largo de los siglos y a través de las edades, se han escrito numerosos tratados de homilética y oratoria con el laudable fin de ayudar a los sacerdotes a componer sus sermones dominicales. No cabe duda de que estos voluminosos y completos tratados han resultado muy útiles a incontables clérigos a la hora de sostener muebles cojos y encender chimeneas en las largas noches de invierno. No obstante, a pesar de ese carácter a la vez práctico y versátil, común a tantos libros de temas eclesiásticos, se percibe en los tratados modernos una carencia fundamental. Unum eis deest, una cosa les falta: la protohomilía.

Como sabrán los lectores, la protohomilía es un texto de venerable antigüedad que, según diversas tradiciones, establecía a grandes rasgos lo que debía decir cada sacerdote la primera vez que predicase, antes que todas las demás homilías que ese mismo clérigo pronunciaría después durante su vida, porque era absolutamente necesario para que esas homilías posteriores sirvieran de algo. Así se encauzaba bien su labor homilética desde el principio, siguiendo la vía marcada por sus sabios predecesores. A pesar del carácter excepcional y primigenio de la protohomilía, esta podía y debía repetirse posteriormente de vez en cuando, cuando el sacerdote fuera trasladado de parroquia, por ejemplo, o para refrescar su mensaje fundamental en la mente de los feligreses.

Desgraciadamente, la protohomilía, que se ha atribuido a diversos santos Padres y Doctores de la Iglesia, se perdió durante las invasiones bárbaras, persas y musulmanas tanto en Oriente como en Occidente y solo muy recientemente ha sido recuperada, merced a la labor infatigable de sesudos investigadores con los palimpsestos maronitas del lago Baikal. El blog Espada de Doble Filo se complace en ofrecer a los lectores la primera traducción (provisional) al español de este texto, realizada desde el nabateo occidental.

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