InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Humor

30.03.26

Tradiciones de Semana Santa

No hay nada como las tradiciones ancestrales del pueblo cristiano. Ayer, Domingo de Ramos, me tocó presenciar una de las tradiciones entrañables vinculadas a esa fiesta, que probablemente se repitió casi palabra por palabra en todas las parroquias del mundo.

El párroco estaba intentando terminar apresuradamente a tiempo los preparativos para la procesión de ramos, cuando llegó una señora y se dirigió a él, iniciando el tradicional y cuasilitúrgico diálogo de esta festividad:

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13.11.25

Father Longshanks: ocho sencillos pasos para Alemania

Participante invitado: El P. Robert Longshanks es un antiguo anglo-católico que cruzó el Tíber hace cincuenta años. Conocido (a sus espaldas) por sus compañeros sacerdotes como Father “Battleaxe” Bob, se comenta que su propio obispo le tiene algo de miedo desde que le dijo que “el problema de Inglaterra ha sido siempre que sus obispos no están dispuestos a morir mártires”. Actualmente ejerce la cura de almas en una pequeña parroquia de Sussex.

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Esta mañana, mientras desayunaba, he leído en The Times que altos prelados de la Santa Sede están reunidos con los obispos alemanes, para ver cómo arreglan las cosas, que parecen estar muy complicadas en tierras teutonas.

Con el fin de facilitarles el trabajo, no sea que se les ocurra invadir Francia, que es su solución para prácticamente cualquier cosa, aquí les dejo mis sugerencias de lo que se podría hacer para solucionar la crisis de la Iglesia en Alemania, en ocho cómodos pasos:

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4.11.25

Crónicas cucufatenses: el purgatorio

Por estar ya en noviembre, mes en que conviene rezar especialmente por los difuntos, y deseoso de que mis lectores se beneficien de la sabiduría del pasado, me ha parecido oportuno traducir y traer al blog un nuevo fragmento de las Crónicas cucufatenses, recién traducido del códex latino de la Anthologia Fabularum Beati Cucufati Alexandriae Veteris (florilegio de historias del bienaventurado Cucufato de Alejandría la Vella, anacoreta).

El presente capítulo se titula “Claro que hay un purgatorio, tarugo” (Scilicet est purgatorium, asine!).

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25.09.25

Costumbres recuperables

En tiempos medievales, cuando un obispo demostraba ser indigno del cargo que ocupaba y la Iglesia decidía expulsarle de su cargo, no recibía simplemente una cartita al respecto mientras sus compañeros obispos le dedicaban elogiosas declaraciones públicas de despedida, como sucedió no hace tanto tiempo en Argentina con un obispo sorprendido in flagranti delicto contra naturam.

A los medievales les gustaba hacer las cosas bien, de forma solemne y pública, así que se convocaba al pueblo y al clero a la catedral. El obispo indigno era llevado allí revestido como si fuera a celebrar una Misa solemne, con el alba, la casulla, la estola, el manípulo, cubierta la cabeza por la mitra, con el anillo episcopal en su dedo y el báculo en la mano, pero se le sentaba ante el altar mayor sobre un mísero taburete.

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3.08.25

¡Más huevos duros no, por favor!

Sabiendo que la sabiduría de los antiguos a menudo nos da sopas con honda a los modernos, me ha parecido oportuno traducir y traer al blog un fragmento del códex latino de la Anthologia Fabularum Beati Cucufati Alexandriae Veteris (florilegio de historias del bienaventurado Cucufato de Alejandría la Vella). Aunque probablemente se trate de un tratado apócrifo, encuentro que contiene una sensatez que trasciende otras consideraciones de menor importancia. Al mismo tiempo, tiene tal frescura que parece que haya sido escrito ayer.

Se trata de un curioso capítulo titulado “Malditos huevos del diablo” (ova daemonica maledicta), que relata lo siguiente:

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Debido a su carácter cordial, su animada conversación, su rostro no del todo molesto y una higiene personal aceptable para tratarse de un anacoreta, el bienaventurado Cucufato recibía a menudo invitaciones para comer en las casas de los notables de Alejandría, que gustaban de hablar con él de lo divino y de lo humano.

Cierto día, se le invitó a un banquete con ocasión de algún fausto acontecimiento cuyo recuerdo se ha perdido. Cucufato acudió tarde, como era su costumbre por carecer de despertador, y, cuando llegó, los demás ya estaban comiendo. Era un espléndido banquete y, aunque Cucufato solía alimentarse exclusivamente de ortigas y cardos crudos, por humildad decidió participar en la comida para no desentonar.

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