InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Oraciones

4.05.26

Oración para pedir el espíritu de alabanza

De entre los dones de Dios, pocos hay que puedan compararse al don de alabanza, que nos da a gustar lo que será el cielo. Nuestros labios van acostumbrándose así a lo que, si Dios quiere, será nuestra tarea para toda la eternidad. Como decía San Juan Crisóstomo, “el que alaba al Señor cada día, lo alabará en el Día eterno”.

A pesar de nuestra debilidad, el espíritu de alabanza nos eleva sobre alas de águila por encima de todas las preocupaciones y los temores terrenales y nos lleva a poner los ojos en Dios, de modo que el corazón se deshaga en bendiciones y acciones de gracias por su inmensa gloria: me brota del corazón un poema bello, recito mis versos a un rey.

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19.03.26

Que no se nos olvide

Uno de los títulos más hermosos de San José es el de patrono de la buena muerte. En efecto, es difícil imaginar una muerte mejor que la suya: acompañado por el cariño y la intercesión de nuestra Señora y de Cristo, después de toda una vida al servicio de los designios de Dios para la salvación del mundo. No hay mejor imagen del cumplimiento de esa oración que rezamos todos los días a la Virgen: ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte.

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21.11.25

Agradecer los castigos

No rechaces, hijo mío, el castigo del Señor, ni te enojes por su corrección, dice el libro de los Proverbios. Dios nos da muchos regalos y sus castigos no son el menor de ellos. Necesitamos que Dios nos castigue, como un padre castiga a su hijo preferido, para que aprendamos a rechazar el mal y elegir el bien.

¿Qué padre no castiga? Aquel a quien sus hijos no le importan nada. Mis padres me regañaron y castigaron muchas veces y yo se lo agradezco inmensamente. Si no lo hubieran hecho, me habría convertido en un adulto mimado, egoísta e insufrible. Cualquier hijo con dos dedos de frente se da cuenta de ello.

Mucho más aún, pues, tendremos que agradecer los castigos que Dios nos manda, desde las pequeñas incomodidades cotidianas a las humillaciones, las enfermedades y la misma muerte, que son consecuencia del pecado de Adán y del nuestro, a la vez castigo y pena saludable. Porque Dios así lo ha querido, nos ayudan a convertirnos y son señales para que no nos perdamos en el camino hacia el cielo.

Como es un tema del que no se habla casi nada y por si ayudara a alguien, he escrito para mí y para el blog una sencilla oración con la que agradecer a Dios los castigos que nos regala.

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22.09.25

El santo desparpajo

No hay que tener vergüenza en hablar de Dios y de sus cosas. Más bien, lo propio del cristiano es el santo desparpajo del que está a gusto hablando de Dios. Si la Trinidad misma habita en nuestro corazón por la gracia, ¿de qué otra cosa vamos a hablar? De lo que rebosa el corazón habla la boca.

La gente habla con entusiasmo de su equipo de fútbol, de su trabajo o de su salud, es decir, de las cosas que les enorgullecen, les gustan y les interesan. ¿Cómo no vamos a hablar nosotros con mucho más entusiasmo de lo que es nuestra gloria? El que se gloríe, que se gloríe en el Señor, decía San Pablo y lo ponía en práctica hablando de Dios un día sí y otro también.

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14.05.25

Alégrate con nosotros

Después del pregón pascual, creo que no hay oración de Pascua más bonita o más audaz que el Regina Caeli. A pesar de mi escasa habilidad musical, me encanta cantarlo con mi esposa y mis hijos todos los días y, para mí, es lo que distingue a la cincuentena pascual: son los días en los que la Iglesia nos regala cantar el Regina Caeli.

La noche de Pascua, los católicos salimos de la vigilia rebosando de gozo y eso es lo que da origen a esta oración, que no es más que la alegría ante la resurrección de Cristo, que rebosa una y otra vez de nuestro pecho, “como los torrentes del Neguev”. ¿Qué podría ser más normal que compartir esa alegría con nuestra Madre? Especialmente si tenemos en cuenta que el Regina Caeli, a pesar de su brevedad, encierra de alguna forma en su interior todos los misterios de la Vida de nuestra Señora.

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