InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: General

19.10.26

¿Los pobres no necesitan caridad, sino justicia?

Gracias a Dios no he leído nada de Isabel Allende, pero me he encontrado por ahí una cita de La casa de los espíritus, que, a pesar de su autora, tiene mucha miga:

“Igual como ella lo había hecho con su madre en tiempos de la mudez, llevaba ahora a Blanca a ver a los pobres, cargada de regalos y consuelos.

—Esto sirve para tranquilizarnos la conciencia, hija —explicaba a Blanca—. Pero no ayuda a los pobres. No necesitan caridad, sino justicia”.

Al margen de la mala redacción del párrafo, esta curiosa idea de que los pobres no necesitan caridad sino justicia es un lugar común entre progres y otras gentes de mal vivir. Como tantos lugares comunes progresistas, no solo es falso de toda falsedad, sino que, además, es lo opuesto a la realidad.

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29.06.26

¿Dónde está, prisa, tu aguijón?

El otro día, iba por la mañana en el coche y, como es habitual en las ciudades, tenía prisa. No sé si los lectores habrán experimentado el mismo fenómeno paranormal, pero, por alguna razón, en cuanto uno tiene prisa, los demás conductores se transforman por arte de magia en caracoles reumáticos o tortugas bamboleantes, según su sexo. Nadie conduce ágilmente. Se pone en verde el semáforo y hay que esperar media hora a que arranquen. Parecen dedicados a contemplar el paisaje con toda la calma del mundo, parándose a cada instante para oler una flor o meditar sobre la relación entre el sentido de la vida y el chocolate con churros.

Como imaginarán, mi impaciencia iba aumentando sicut volcanus immensus, apretaba con fuerza el volante y mis pensamientos sobre los demás conductores estaban lejos de ser caritativos. Por fortuna, vino en mi ayuda (no por primera vez), la costumbre automática de recitar el ángelus por la mañana.

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25.05.26

Oh feliz culpa

Cuando era niño, me fascinaba escuchar a mis abuelos hablar de mártires que ellos habían conocido.  No en el tiempo de los romanos ni en tierras exóticas de misión, sino ¡en tiempos de mis abuelos y en España! Incluso tenemos en la familia una reliquia de uno de aquellos mártires: un trocito de hueso de un sacerdote ejemplar, que fue a la muerte mansamente, como cordero llevado al matadero.

Eran historias de combate abierto entre la luz y las tinieblas, entre la fe y el mundo, entre la esperanza y la desesperación. Casi como un apocalipsis antes de tiempo. Tiempos de horror y muerte, pero también de fidelidad, heroísmo y gloria.

No me entiendan mal. Soy muy consciente de que el campo de la luz y el de las tinieblas no pueden identificarse por completo con ningún bando en guerra en ningún conflicto humano. Uno de los bandos puede ser muy preferible a otro, como en este caso, pero, aun así, las trincheras de la lucha espiritual recorren el corazón de cada ser humano, sea cual sea su bandera. Hasta el último aliento, la salvación (o la condenación) no están aseguradas para nadie.

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16.05.26

La fe en los jóvenes

Hace un rato, leí en algún lugar del vasto mundo virtual a alguien que decía: “estas cosas te hacen recuperar la fe en los jóvenes”. No sé qué reacción suscitará la frase en los lectores, pero yo inmediatamente pensé: “yo nunca la he tenido”.

Conviene señalar que el comentario original era bienintencionado e incluso piadoso. A fin de cuentas, lo que supuestamente hacía recuperar la fe en la juventud era un hecho estupendo: después de que anticatólicos furiosos destruyeran la cruz de la cumbre del Aneto, un muchacho francés talló una nueva cruz y, a pesar de su gran peso, la cargó a hombros, subió el monte y la colocó de nuevo en la cima. Sin duda, para quitarse el sombrero.

Al margen de este admirable caso concreto, la idea de tener “fe en la juventud” nunca ha dejado de chirriarme en los oídos, porque es una de las ideas difusas de nuestra época que se dan de tortas con el catolicismo.

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27.04.26