InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: General

9.06.20

La Virgen Corredentora y el Papa Francisco

Tradicionalmente, la Iglesia ha sido muy cuidadosa a la hora de calificar las afirmaciones desacertadas. No todo lo erróneo es herejía y no es lo mismo negar una verdad de fe como la resurrección de Cristo que rechazar una opinión piadosa o generalmente aceptada por los teólogos, pero no de fe, como, por ejemplo, la infalibilidad de las canonizaciones.

Por ello, la teología y las declaraciones magisteriales han usado en el pasado diversas categorías de error, que corresponden a distintos niveles de gravedad, pero también a la forma en que se defienden esas posturas, el efecto que causan o incluso la inoportunidad prudencial de las mismas. Algunas de esas categorías son, por ejemplo, (afirmación) materialmente herética, formalmente herética, escandalosa, errónea, injuriosa a los méritos de Cristo, temeraria, blasfema, contraria a la verdad católica, contraria a la disciplina universal de la Iglesia, etc.

Una de las categorías más leves, y que a mi juicio muestran mayor sutilidad, es la de afirmación ofensiva para oídos piadosos (piarum aurium offensiva). Es decir, afirmaciones que rechinan y chirrían a los cristianos, que vulneran el sensus fidei de los fieles, su sentido de lo que se puede y no se puede decir en materia de fe. Probablemente todos hayamos oído frases que nos rechinan en ese sentido, de manera que, quizá sin poder explicar con claridad por qué, las rechazamos y no nos parecen católicas o al menos pensamos que un católico no debería decirlas.

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24.05.20

Nostalgia del cielo 2

La foto de estos aldeanos arrodillados mientras un sacerdote pasa para llevar el Santísimo a un enfermo se tomó en Checoslovaquia, a finales de los años sesenta. El fin de una era. Muy poquitos años después, el mundo nunca volvería a ser el mismo y, en otros lugares, cuando se hizo la foto las cosas ya habían cambiado.

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31.01.20

¡Viva la santa ironía!

A veces pienso que la existencia, en este mundo creado, de algo tan maravilloso como la ironía es una muestra del sentido del humor de Dios. Y quizá, ¿por qué no?, también sea un intento in extremis de hacernos ver lo ridículo que es el pecado. Si no escuchamos a la Palabra de Dios que nos llama a conversión, quizá el dardo de su santa ironía pueda llegarnos al corazón.

¿Un ejemplo? Hoy, 31 de enero de 2020, el Papa ha hablado en su homilía de Santa Marta sobre los que van a Misa los domingos y se llaman a sí mismos cristianos, pero han “perdido la conciencia del pecado”. Asimismo, señaló que esos cristianos necesitaban tener a alguien que les dijera la verdad y deseó que el Señor les enviara “un profeta” que los “abofetee un poco” cuando se deslizan “en esta atmósfera donde todo parece ser legítimo".

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20.11.19

Las más guapas

Para desasnar un poco a los lectores jóvenes e impartirles algo de la sabiduría ganada con los años, me ha parecido oportuno traer al blog una frase leída por ahí en Internet, del P. Manuel Martínez Cano:

“¿Por qué las mujeres católicas son más guapas? Porque la gracia de Dios perfecciona la naturaleza”.

En una frase humorística, claro, pero, como dicen los yanquis, it’s funny because it’s true, es divertida porque es verdad. Ceteris paribus, las católicas son más guapas que las que no lo son.

No me refiero simplemente a la belleza interior (que también), sino a la belleza en el sentido más habitual de la palabra. La belleza externa de una mujer es algo indefinible, que no se puede reducir a la física y las matemáticas. Incluye siempre un nosequé que hace que sea una belleza humana y no simplemente física o biológica.

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5.11.19

La dispersión de los negocios

Traigo hoy al blog la tercera y última parte del artículo de José Alberto Ferrari, “Desventura del hombre de negocios —entre el consuelo y la dispersión—”. En estas reflexiones sobre el riesgo de ser como Judas en la administración del dinero, consideramos ahora la segunda causa de ese riesgo: la dispersión o distracción.

Vivimos en la época de las distracciones, del ruido y de las prisas. Ni siquiera hace falta que el mundo moderno nos persiga por ser cristianos o apruebe leyes inmorales: nos hace mucho más daño distrayéndonos de lo que de verdad importa y convenciéndonos de que es más importante la acción que la contemplación.

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