InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Familia

19.03.26

Que no se nos olvide

Uno de los títulos más hermosos de San José es el de patrono de la buena muerte. En efecto, es difícil imaginar una muerte mejor que la suya: acompañado por el cariño y la intercesión de nuestra Señora y de Cristo, después de toda una vida al servicio de los designios de Dios para la salvación del mundo. No hay mejor imagen del cumplimiento de esa oración que rezamos todos los días a la Virgen: ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte.

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10.02.26

Ya no puedo más

Al diablo le gusta mentir. No en vano es el Padre de la Mentira: no hay verdad en él; cuando dice mentiras, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira. A menudo, sin embargo, encuentra que la media verdad es más útil para extraviar a los hombres y la usa con gran eficacia.

Veamos un ejemplo. No hace mucho, un amigo norteamericano que es padre joven de familia, con dos hijos pequeños, me decía: “ya no puedo más, no puedo más”. Conociendo sus problemas maritales, se me partía el corazón, porque, como todo casado sabe muy bien, la vocación al matrimonio es una vocación a dar la vida entregando la propia. Quizá no de forma violenta, como los mártires, pero sí realmente, aunque sea poco a poco.

Por otro lado, además de animarle, intenté explicarle algo que uno termina entendiendo por experiencia: esa frase de “ya no puedo más” suele ser reflejo de una tentación y no solo algo que sale del corazón, aunque uno esté hablando con total sinceridad al pronunciarla. Como tentación, encierra nada más y nada menos que cuatro mentiras del diablo. O, al menos, medias verdades.

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16.01.26

Un buen sistema de gobierno

“Un hombre honrado se enamora de una honrada mujer y, por consiguiente, quiere casarse con ella, ser el padre de sus hijos, mantenerla y mantenerse a sí mismo. Todos los sistemas de gobierno deberían someterse a la prueba de si ese hombre puede hacer eso que quiere.

Si cualquier sistema, ya sea feudal, servil o bárbaro, le proporciona un campo de coliflores suficientemente grande para que pueda hacerlo, entonces ahí está la esencia de la libertad y la justicia. Si otro sistema, ya sea republicano, mercantil o eugenista, le proporciona un salario tan pequeño que no puede hacerlo, ahí está la esencia de la eterna tiranía y la vergüenza”.

G.K. Chesterton, The Illustrated London News, 25 de marzo de 1911

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Chesterton, como es sabido, tenía un gran aprecio por la democracia, pero también el suficiente sentido común para saber que no era el único sistema bueno ni tampoco el mejor en todas las situaciones. En ese sentido, con su eminente sentido práctico proponía someter a prueba a cada sistema de gobierno de la curiosa manera indicada más arriba.

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31.12.25

En busca del Niño Jesús

Esta mañana, he ido con mis hijos al centro para comprar un nuevo Niño Jesús, después de que el anterior sufriera la trágica suerte que antes o después les llega a todas las imágenes de escayola. Me ha hecho ilusión, porque pocas cosas más navideñas puede haber que marchar de mañana en busca del Niño Jesús recién nacido. Aunque sea en metro y no en camello.

No ha sido fácil, como imaginarán. Conviene que una imagen sea piadosa, ayude a rezar y, como mínimo, no produzca rechazo en quien la ve. No siempre es el caso, por desgracia. Las imágenes modernas del Niño a menudo son horriblemente relamidas, quizá porque, para la mayoría de la gente, ya no son una ayuda para la oración y la fe, sino más bien un adorno decorativo.

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24.12.25

Mendigo y Señor

Según la tradición de muchos años ya, tengo el gusto de felicitar las Navidades a los lectores con un villancico casero, compuesto y cantado en familia.

Este año no hemos tenido tiempo para ensayar, así que el canto está más desafinado que de costumbre, pero eso da igual, porque sé por experiencia que los lectores son muy comprensivos con estas cosas y, ante todo, porque el protagonista estos días es el Niño y no nosotros.

Bueno, los personajes secundarios también importamos. A fin de cuentas, como recuerda el villancico, todo lo que Dios hizo en Navidad lo hizo por mi amor, por el de cada uno de nosotros, en concreto y en particular. Cada uno puede pensar con verdad: Jesús mío, estuviste allí en el establo por mi amor; pasaste frío por mi amor; te hiciste pobre por mi amor, solo por mi amor.

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