InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Liturgia

5.04.26

Feliz y santa Pascua florida

Feliz y santa Pascua florida a todos los lectores del blog Espada de Doble Filo. Dios les regale con sobreabundancia la alegría de la resurrección de su Hijo y se la conserve durante todo el año. Que así, de Pascua en Pascua, vayamos todos caminando hacia la patria eterna con un aleluya en los labios.

Sirva como felicitación y para abrir el apetito de las cosas de arriba este sonetillo pascual:

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3.04.26

El árbol solitario

El árbol de la cruz es solitario. A la resurrección le salen enseguida amigos, pero la cruz tiene muy pocos. No obstante, sin muerte no hay resurrección, sin calvario no hay tumba vacía y, como decía Lope de Vega, sin “cruz no hay gloria ninguna".

Nuestra naturaleza, comprensiblemente, rechaza este árbol, porque es el resumen de todo dolor, oscuridad, angustia, fracaso y muerte. En la cruz, sin embargo, está todo auténtico consuelo, porque en ella está Cristo, que es nuestra vida, nuestra paz y nuestro paraíso. 

Para no perder las buenas costumbres de otros años, traigo hoy al blog un pobre sonetillo sobre el árbol de la cruz:

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19.03.26

Que no se nos olvide

Uno de los títulos más hermosos de San José es el de patrono de la buena muerte. En efecto, es difícil imaginar una muerte mejor que la suya: acompañado por el cariño y la intercesión de nuestra Señora y de Cristo, después de toda una vida al servicio de los designios de Dios para la salvación del mundo. No hay mejor imagen del cumplimiento de esa oración que rezamos todos los días a la Virgen: ruega por nosotros en la hora de nuestra muerte.

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24.02.26

¿Dios no quiere sacrificios?

Hay errores tan burdos que uno tiende a pensar, equivocadamente, que no es necesario refutarlos. Digo equivocadamente porque lo cierto es que no hay error tan absurdo que no tenga defensores. Es más, a veces parece que cuanto más tontorrón y absurdo sea un error, más defensores tiene.

Ya que estamos en Cuaresma, vamos a recordar un error completamente disparatado pero que rebrota como una mala hierba todos los años por estas fechas: la idea de que Dios no quiere que hagamos sacrificios, ni ayunar, ni abstinencia, ni nada por el estilo.

“¡Está claro!”, dicen los defensores de esa extraña idea. “Lo dice Dios en la Biblia: misericordia quiero y no sacrificios”.

Y ya está. Ese y no otro, aparte del difuso buenismo tontorrón actual, es el único fundamento de este error: una cita bíblica aislada e inevitablemente entendida al revés por personas cuyo monumental desconocimiento de la Escritura se une a una sorprendente confianza ciega en sus propias opiniones. Aparentemente, no les llama la atención que la Iglesia conozca perfectamente esa frase bíblica y, aun así, haya aconsejado a sus fieles hacer sacrificios durante dos milenios.

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23.02.26

El criterio de una buena Cuaresma

“Podemos pensar en la Cuaresma como un tiempo para erradicar el mal o cultivar la virtud, como un tiempo para arrancar la cizaña o para plantar buenas semillas. Está claro cuál es el mejor enfoque, porque el ideal cristiano siempre es positivo más que negativo. Una persona se hace grande no por la ferocidad de su ocio al mal, sino por la intensidad de su amor a Dios.

El ascetismo y la mortificación no son los fines de la vida cristiana, sino solo los medios. El fin es la caridad. La penitencia solo abre una grieta en nuestro ego para que la luz de Dios pueda irrumpir en él. A medida que nos deshinchamos, Dios nos llena. Y es la llegada de Dios lo que es importante”.

Venerable Fulton Sheen

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Esta cita del próximamente beato Fulton Sheen tiene su interés de cara a la Cuaresma, especialmente para los que podríamos llamar “cristianos normalitos”. Ya sabemos que, para los cristianos tibios o no practicantes, la Cuaresma no se diferencia en nada del resto del año; que, para los cristianos progresistas, es el tiempo en que toca hablar de que el ayuno no vale para nada y de que lo importante son los pobres o que las mujeres sean sacerdotes; y que, a los cristianos más santos, no hace falta decirles mucho porque ya se ocupan ellos solitos de correr con pie ligero y corazón ardiente por el camino que lleva hacia Dios.

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