InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Signos de esperanza

31.01.24

Rezar por los difuntos es un privilegio

Me ha resultado conmovedora esta foto de una inscripción romana del siglo II, procedente del cementerio de la Vía Ostiense, en Roma. Es el epitafio de un niño pequeño, en el que, con las abreviaturas tan habituales en estos escritos, puede leerse:

“Alejandro vivió tres años, cuatro meses y dieciocho días. Quinto Canuleyo, su padre, y Clarina, su madre, hicieron esta tumba para su hijo queridísimo y piadosísimo, que bien lo merecía. Aquí está enterrado. A ti que pasas por aquí, te rogamos que le digas: ‘Que la tierra te sea leve’”

¿Quién no se conmueve ante la muerte de un niño pequeño y unos padres que lloran por él, aunque sea a dieciocho siglos de distancia? No solo me ha conmovido la tragedia doméstica y el dolor familiar grabados en la fría piedra, sin embargo, sino también el ruego al paseante que viera la tumba, al que los padres le pedían la limosna de un buen deseo para el hijo. Sabían que al niño fallecido de nada le iban a servir esos buenos deseos de los paseantes ni de ninguna otra persona, pero los pedían, porque amaban a su hijo y querían que “la tierra le fuera leve”.

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30.12.23

¿Qué podemos aprender de Fiducia supplicans?

Gracias a Dios, de todo podemos aprender algo y la reciente declaración Fiducia supplicans del Dicasterio para la Doctrina de la Fe no es una excepción.

En este caso, con todo el respeto, sugiero no intentar aprender nada del propio documento. Está viciado de raíz por la idea de que no existen actos que sean malos en sí mismos y parece haber sido escrito con una forma mentis que no es católica. Eso hace que, a mi entender, sea dañino, incluso en las partes que pretenden ser consideraciones piadosas. Como decían los escolásticos, bonum ex integra causa, malum ex quocumque defectu o, dicho de otra manera, basta una cucharada de veneno para estropear un gran pastel.

Podemos, sin embargo, aprender dos importantísimas lecciones de lo que ha sucedido con la declaración. A fin de cuentas, ha sido rechazada públicamente por multitud de obispos y conferencias episcopales enteras, algo que apenas tiene precedentes en el último siglo de la Iglesia, así que por fuerza ha de ser un acontecimiento significativo.

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29.12.23

Los centinelas están despertando

Con agradecimiento y casi sin atrevernos a creer lo que veíamos, hemos contemplado estos días cómo los centinelas, que estaban sumidos en un sopor invencible, han empezado a despertar. Los obispos, los centinelas de la Ciudad de Dios, que parecían dispuestos a callar pasara lo que pasase, se han decidido a hablar. Al menos algunos.

Ha sido una verdadera sorpresa para todos. Lo humanamente previsible era que la publicación repentina de Fiducia supplicans fuera recibida por los obispos con la misma mezcla de elogios de cara a la galería, indiferencia práctica y protestas privadas que otros documentos y declaraciones anteriores. ¿Qué ha cambiado? ¿Por qué empiezan a despertar por fin los centinelas de la Iglesia? No es fácil de entender.

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11.12.23

El tiempo de los signos

Texto de D. Antonio Izquierdo Sebastianes, presbítero

La invitación a interpretar bien los “signos de los tiempos” se ha hecho constante en la Iglesia de las últimas décadas, desde que el propio Papa san Juan XXIII convocó el último concilio ecuménico, con la intención de aggiornare (poner al día, literalmente) la Iglesia, y el propio mensaje evangélico de siempre, de modo que pudieran entenderlo y recibirlo bien los hombres de hoy. Se habló entonces de abrir las ventanas de la Iglesia, para ver lo que pasaba al exterior, y para que el mundo pudiera ver también lo que pasa en el interior de la Iglesia. Tal vez no se calculó bien que, al abrir las ventanas, con tiempo externo tan revuelto, había que asegurar mucho más el interior, pues podría también entrar aire tan mundano que —como lamentaba después san Pablo VI—, el humo de Satanás llegara a colarse en la Casa de Dios.

En virtud de la tan apreciada y urgida interpretación de los signos de los tiempos, comenzó a considerarse que el pensamiento mundano (del que san Juan, en su primera carta, dice que yace en poder del Maligno [IJn 5, 19]) era prácticamente una fuente de inspiración divina. Durante años se escuchaba —y en algunos lugares, se sigue diciendo— que quien bien reza, ha de hacerlo con la Biblia en una mano y el periódico en la otra… Y así, nos encontramos, ya en nuestros días, sinodalmente discutiendo si no sobrará ya la Biblia, tan anticuada e incapaz de dar respuesta a los problemas modernos, pues requiere tanta interpretación para ser aceptada por el espíritu mundano, que casi no merece la pena ni el esfuerzo de hacer que diga lo que nosotros, por nuestra cuenta, ya hemos decidido entender.

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19.09.23

Los buenos curas

Este verano vino a visitarnos un amigo sacerdote, simplemente para estar un rato con nosotros y comprobar cómo estábamos. Pasamos un rato agradable en el jardín, merendando mientras charlábamos de mil y una cosas, desde acontecimientos familiares hasta el estado de la Iglesia.

Mientras le escuchaba hablar, me quedé pensando en lo asombrosos que son los buenos curas. No me refiero a las cualidades humanas, porque unos las tienen y otros no, como todo el mundo, sino a su cualidad sobrenatural de ser milagros andantes. Con su sola presencia, transforman el mundo a su alrededor. Y me refiero a los curas normales, los que simplemente hacen lo que deben hacer: esos son los curas buenos.

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