InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Iglesia en el mundo

9.07.20

Una sugerencia canónica sobre el acceso al Papa

No suelo hacer sugerencias sobre las leyes canónicas que rigen a la Iglesia universal (en primer lugar, porque no estoy suficientemente capacitado para hacerlo y, en segundo, porque muchas de mis sugerencias empezarían por la escasamente canónica medida de “dar una patada en el trasero a…”). En este caso, sin embargo, me voy a atrever a hacer una sugerencia, confiando en que, de todas formas, nadie le prestará mucha atención.

Es una idea muy sencilla. Se trata de incluir un canon en el Código de Derecho Canónico que establezca que todo cardenal tendrá el privilegio de ser admitido a presencia del Papa cuando lo considere necesario, sin necesidad de citas previas, ni de obtener el visto bueno de secretarios o curiales en general. A fin de cuentas, los cardenales son las personas específicamente encargadas de asesorar al Papa en el gobierno de la Iglesia. ¿Cómo van a hacer eso si no pueden expresarle sus preocupaciones?

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18.06.20

Viven en las tinieblas y nos da igual

La oración de laudes de esta mañana dice, con una tranquila seguridad: “Dios todopoderoso y eterno: a los pueblos que viven en tiniebla y en sombra de muerte, ilumínalos con tu luz, ya que con ella nos ha visitado el sol que nace de lo alto, Jesucristo, nuestro Señor”.

Y yo me pregunto: si nos tomamos en serio lo que dice la liturgia de la Iglesia, ¿no habrá que deducir exactamente eso, que los pueblos que no conocen a Cristo viven en tinieblas y en sombras de muerte? Sí, gracias a Dios vislumbran alguna verdad, de lejos y confusamente, pero lo cierto es que viven en tinieblas. A oscuras. Entonces, ¿no será que lo que más necesitan esos pueblos es la fe católica, la luz del sol que nace de lo alto y que es Jesucristo nuestro Señor?

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15.06.20

Au contraire, Monsieur l’évêque

Cuentan que a un francés le preguntaron si había podido comer algo durante la agitada travesía en barco que acababa de realizar. “Au contraire!”, respondió él, con el rostro aún algo verdoso.

La anécdota me ha venido a la cabeza al leer una cosa que contó D. Jorge en su blog. Según parece, hay obispos que le animan a seguir escribiendo y, hace poco, uno de allende los mares, le dijo que “hay cosas que se deben decir pero que los obispos no siempre deben hacerlo”, y que decir esas cosas les tocaba a los sacerdotes.

Entiendo a lo que se refería el señor Obispo (que ya demuestra buen gusto al elogiar a D. Jorge), pero, teniendo en cuenta nuestras circunstancias, no puedo evitar pensar: “¡al contrario!”. Los últimos que deben callarse son los obispos. Quizás no haya habido ninguna generación en la historia de la Iglesia (y ha habido algunas terribles) en que los obispos hayan estado más callados sobre lo esencial. Todo lo que es políticamente incorrecto de la doctrina católica se acalla o solo se menciona en los términos más vagos, diluidos e inofensivos posibles, porque el mundo no quiere oírlo. Si no hablas para advertir al pecador de su mal camino a fin de que viva, ese pecador morirá por su maldad, pero yo te pediré cuentas de su sangre.

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21.05.20

Necrológica de un tremendo fracaso

En el comunicado de prensa que han publicado los jesuitas españoles por el fallecimiento del antiguo General de la Orden, el P. Adolfo Nicolás, tras unas palabras amables de su sucesor el P. Sosa, se describe su generalato de esta forma:

“A su generalato aportó su conocimiento y sensibilidad de las culturas orientales, la espiritualidad en diálogo con otras religiones y reafirmó el compromiso prioritario por la promoción de la justicia y la reconciliación.

A lo largo de estos años lideró un trabajo de intensa reestructuración de la provincias jesuíticas europeas y americanas y, sobretodo (sic), insistió repetidamente en la necesidad de combatir la superficialidad, trabajando desde la profundidad y la creatividad. A lo largo de su gobierno animó a los jesuitas a redescubrir la dimensión universal de la Compañía de Jesús y a impulsar la colaboración con otros, creyentes o no. Algunos de los acentos de su generalato fueron el trabajo en favor de los más desfavorecidos, la ecología, la reconciliación y el trabajo por la paz como principio irrenunciable; o la educación de los jóvenes”.

Creo que estos párrafos de resumen de su período en el cargo solo pueden resumirse a su vez así: un tremendo fracaso. Por supuesto, quienes los escribieron pensaron que estaban relatando grandes logros, pero ese autoengaño es una muestra más del monumental fracaso al que se estaban refiriendo. No debemos juzgar al P. Nicolás como persona, porque se encuentra ya ante un Juez inmensamente más justo y misericordioso que nosotros, pero se puede y se debe decir que, como general de los jesuitas, su labor fue un completo desastre y estos dos parrafitos lo atestiguan.

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16.05.20

La historia y los colegios católicos

El otro día hablábamos de la historia deformada que se enseña a los niños y que, generalmente, está basada en presupuestos anticristianos (y, a menudo, precisamente por eso, también antiespañoles). Pues bien, ayer tuve oportunidad de leer el material que, en estos tiempos de cuarentena, le habían dado a un niño de doce años para que estudiara el Renacimiento en un colegio católico.

Casi me echo a llorar. Era un cúmulo de gruesos errores que, casualmente, siempre se inclinaban del lado de denigrar a la Iglesia y negar todas sus cosas buenas, exaltar lo moderno/científico/agnóstico como contrario a lo anterior y verdaderamente humano y libre, y en general repetir todos los tópicos anticatólicos de los últimos cinco siglos. Veamos algunas de las barbaridades más evidentes del material.

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