InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Moral

8.10.26

El sofisma de Martin

En la historia hay personajes que, más que por su categoría o valía intrínseca, se hacen famosos por el mero hecho de representar muy bien una época. Quizá uno de estos personajes de pocos vuelos, pero característicos de nuestro tiempo, sea el P. James Martin SJ, un jesuita norteamericano conocido por su defensa de la ideología LGBT. Desgraciadamente, por ello ha sido recompensado por su orden con la dirección de la principal revista jesuita de los Estados Unidos, la revista América.

Durante años, el P. Martin ha socavado sin cesar la doctrina de la Iglesia sobre las relaciones entre personas del mismo sexo, pero, en vez hablar abiertamente, se ha asegurado de hacerlo siempre de forma ambigua, dando a entender más que diciendo. Así consigue lo que los norteamericanos llaman plausible deniability, es decir, el suficiente grado de ambigüedad para poder evitar sanciones asegurando que en realidad no decía lo que parecía decir.

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27.04.26

10.10.25

Los dos ojos de la humildad

“La verdadera humildad tiene dos ojos. Con uno, reconocemos nuestra propia miseria, para no atribuirnos a nosotros mismos más que nuestra nada; con el otro, reconocemos nuestro deber de trabajar y que Dios lo es todo, refiriéndolo todo a Él: no a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria. Quien es verdaderamente humilde considera que todo lo bueno que hay en su cuerpo y en su alma se asemeja a los arroyos, cuya agua procede del mar y al final volverá al mar. Por eso, siempre está atento a devolver a Dios todo lo que ha recibido de Él y solo pide, ama y desea que su nombre sea glorificado en todo: santificado sea tu nombre”

La humildad del corazón, Fray Cayetano María de Bérgamo

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La soberbia, la desesperanza, la presunción y la pusilanimidad son todas tuertas, feas y malas novias. En cambio, la humildad, como resplandeciente virtud que es, destaca por su belleza y sus dos ojazos como dos soles. Dichoso será quien se despose con ella, porque, como enseña Santo Tomás, es el fundamento de las demás virtudes.

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21.08.25

Decimatio sistemática

Desde niño me fascinó todo lo relacionado con el imperio romano, como le sucede a gran parte de los varones: desde el esclavo del memento mori imperial hasta la décima legión, Julio César, la guerra de las Galias, las guerras púnicas, el muro de Adriano, la lengua latina, la incomparable ciudad de Roma y su SPQR, los privilegios de los ciudadanos romanos, los mártires, las naumaquias, la ley de las doce tablas, Horacio en el puente, el ab urbe condita y tantas otras cosas.

Los romanos, sin embargo, también tenían costumbres estremecedoras. Recuerdo la impresión que me causó leer sobre la decimatio, el más duro castigo militar romano, que se aplicaba a las legiones que habían mostrado cobardía ante el enemigo. Las unidades castigadas se dividían en grupos de diez soldados y, en cada grupo, se echaba a suertes sobre quién debía recaer el castigo. A continuación, el pobre soldado elegido era ejecutado en presencia de toda la legión a golpes de vara por los demás y lo mismo sucedía con los demás grupos, hasta que la unidad entera quedaba diezmada.

Quizá lo que más me impresionaba era el hecho de que el castigo se ejecutase públicamente de forma tan brutal y de que fueran los mismos compañeros de los ejecutados los encargados de aplicar la sentencia, en una mezcla de férrea disciplina militar y crueldad inusitada. Tan terrible (y a menudo contraproducente) era el castigo que apenas se utilizó un puñado de veces en la historia de la república y el imperio.

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21.07.25

El grave y olvidado pecado de la gula

La gula parece a veces el “hermano pobre” de los pecados capitales. Casi nadie se lo toma en serio (excepto los niños, que son los que paradójicamente se toman todo en serio). En la mente de la gran mayoría de los católicos, se trata de un mero “pecadillo” que nunca es grave, resulta muy difícil de cometer en la práctica y más parece una reliquia de tiempos pasados y rigoristas que algo que nos tenga que preocupar a nosotros.

Como casi siempre que miramos con suficiencia y superioridad a nuestros padres en la fe, los que no nos enteramos de nada somos nosotros. Es cierto que la gula puede ser, y muchas veces es, un mero pecado venial, pero es falso de toda falsedad que no sea nunca grave. Es más, me atrevo a decir que es uno de los pecados graves y veniales más frecuentes, a pesar de que a menudo los que caen en él ni siquiera lo consideran un pecado.

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