InfoCatólica / Espada de doble filo / Categoría: Tentaciones del diablo

29.06.26

¿Dónde está, prisa, tu aguijón?

El otro día, iba por la mañana en el coche y, como es habitual en las ciudades, tenía prisa. No sé si los lectores habrán experimentado el mismo fenómeno paranormal, pero, por alguna razón, en cuanto uno tiene prisa, los demás conductores se transforman por arte de magia en caracoles reumáticos o tortugas bamboleantes, según su sexo. Nadie conduce ágilmente. Se pone en verde el semáforo y hay que esperar media hora a que arranquen. Parecen dedicados a contemplar el paisaje con toda la calma del mundo, parándose a cada instante para oler una flor o meditar sobre la relación entre el sentido de la vida y el chocolate con churros.

Como imaginarán, mi impaciencia iba aumentando sicut volcanus immensus, apretaba con fuerza el volante y mis pensamientos sobre los demás conductores estaban lejos de ser caritativos. Por fortuna, vino en mi ayuda (no por primera vez), la costumbre automática de recitar el ángelus por la mañana.

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10.02.26

Ya no puedo más

Al diablo le gusta mentir. No en vano es el Padre de la Mentira: no hay verdad en él; cuando dice mentiras, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira. A menudo, sin embargo, encuentra que la media verdad es más útil para extraviar a los hombres y la usa con gran eficacia.

Veamos un ejemplo. No hace mucho, un amigo norteamericano que es padre joven de familia, con dos hijos pequeños, me decía: “ya no puedo más, no puedo más”. Conociendo sus problemas maritales, se me partía el corazón, porque, como todo casado sabe muy bien, la vocación al matrimonio es una vocación a dar la vida entregando la propia. Quizá no de forma violenta, como los mártires, pero sí realmente, aunque sea poco a poco.

Por otro lado, además de animarle, intenté explicarle algo que uno termina entendiendo por experiencia: esa frase de “ya no puedo más” suele ser reflejo de una tentación y no solo algo que sale del corazón, aunque uno esté hablando con total sinceridad al pronunciarla. Como tentación, encierra nada más y nada menos que cuatro mentiras del diablo. O, al menos, medias verdades.

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