InfoCatólica / Espada de doble filo / Archivos para: Febrero 2026

27.02.26

El gran mal de la Iglesia

El gran mal de la Iglesia de nuestro tiempo es una especie de locura suicida, que ha destruido en décadas lo que se tardó milenios en construir en el Occidente cristiano.

Movidos por esa locura, gran cantidad de católicos, especialmente clérigos y prelados, se afanan en trabajar y luchar por todo lo que es innecesario, irrelevante o incluso pernicioso para la Iglesia y para la fe. Desde la democracia hasta la ecología y del feminismo al marxismo, pasando por eutanasias, nacionalismos, indigenismos, sinodalidades, innumerables documentos que nadie lee y las más cansadas y disparatadas herejías refutadas hace siglos.

Al mismo tiempo, se sienten incómodos ante lo que huela a católico y rehúyen como el diablo la misión propia y particular de la Iglesia, encomendada por el mismo Cristo resucitado: id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a hacer todo lo que yo os he mandado.

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24.02.26

¿Dios no quiere sacrificios?

Hay errores tan burdos que uno tiende a pensar, equivocadamente, que no es necesario refutarlos. Digo equivocadamente porque lo cierto es que no hay error tan absurdo que no tenga defensores. Es más, a veces parece que cuanto más tontorrón y absurdo sea un error, más defensores tiene.

Ya que estamos en Cuaresma, vamos a recordar un error completamente disparatado pero que rebrota como una mala hierba todos los años por estas fechas: la idea de que Dios no quiere que hagamos sacrificios, ni ayunar, ni abstinencia, ni nada por el estilo.

“¡Está claro!”, dicen los defensores de esa extraña idea. “Lo dice Dios en la Biblia: misericordia quiero y no sacrificios”.

Y ya está. Ese y no otro, aparte del difuso buenismo tontorrón actual, es el único fundamento de este error: una cita bíblica aislada e inevitablemente entendida al revés por personas cuyo monumental desconocimiento de la Escritura se une a una sorprendente confianza ciega en sus propias opiniones. Aparentemente, no les llama la atención que la Iglesia conozca perfectamente esa frase bíblica y, aun así, haya aconsejado a sus fieles hacer sacrificios durante dos milenios.

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23.02.26

El criterio de una buena Cuaresma

“Podemos pensar en la Cuaresma como un tiempo para erradicar el mal o cultivar la virtud, como un tiempo para arrancar la cizaña o para plantar buenas semillas. Está claro cuál es el mejor enfoque, porque el ideal cristiano siempre es positivo más que negativo. Una persona se hace grande no por la ferocidad de su ocio al mal, sino por la intensidad de su amor a Dios.

El ascetismo y la mortificación no son los fines de la vida cristiana, sino solo los medios. El fin es la caridad. La penitencia solo abre una grieta en nuestro ego para que la luz de Dios pueda irrumpir en él. A medida que nos deshinchamos, Dios nos llena. Y es la llegada de Dios lo que es importante”.

Venerable Fulton Sheen

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Esta cita del próximamente beato Fulton Sheen tiene su interés de cara a la Cuaresma, especialmente para los que podríamos llamar “cristianos normalitos”. Ya sabemos que, para los cristianos tibios o no practicantes, la Cuaresma no se diferencia en nada del resto del año; que, para los cristianos progresistas, es el tiempo en que toca hablar de que el ayuno no vale para nada y de que lo importante son los pobres o que las mujeres sean sacerdotes; y que, a los cristianos más santos, no hace falta decirles mucho porque ya se ocupan ellos solitos de correr con pie ligero y corazón ardiente por el camino que lleva hacia Dios.

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18.02.26

¿Por qué ayunamos?

Ayunamos para cumplir las palabras de nuestro Señor Jesucristo: llegarán días en que el novio ya no estará con ellos y, entonces, ayunarán.

Ayunamos por pura supervivencia, para librarnos de los demonios que nos oprimen, porque algunos de ellos solo pueden expulsarse con oración y ayuno.

Ayunamos porque así lo hizo el mismo Cristo en el desierto durante cuarenta días.

Ayunamos porque así lo hicieron Moisés, los apóstoles y los santos de todas las épocas.

Ayunamos recordando que Adán nuestro padre, por comer del fruto prohibido, perdió el paraíso para toda su descendencia.

Ayunamos para proclamar que no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

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10.02.26

Ya no puedo más

Al diablo le gusta mentir. No en vano es el Padre de la Mentira: no hay verdad en él; cuando dice mentiras, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso y padre de la mentira. A menudo, sin embargo, encuentra que la media verdad es más útil para extraviar a los hombres y la usa con gran eficacia.

Veamos un ejemplo. No hace mucho, un amigo norteamericano que es padre joven de familia, con dos hijos pequeños, me decía: “ya no puedo más, no puedo más”. Conociendo sus problemas maritales, se me partía el corazón, porque, como todo casado sabe muy bien, la vocación al matrimonio es una vocación a dar la vida entregando la propia. Quizá no de forma violenta, como los mártires, pero sí realmente, aunque sea poco a poco.

Por otro lado, además de animarle, intenté explicarle algo que uno termina entendiendo por experiencia: esa frase de “ya no puedo más” suele ser reflejo de una tentación y no solo algo que sale del corazón, aunque uno esté hablando con total sinceridad al pronunciarla. Como tentación, encierra nada más y nada menos que cuatro mentiras del diablo. O, al menos, medias verdades.

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