¿Dios no quiere sacrificios?

Hay errores tan burdos que uno tiende a pensar, equivocadamente, que no es necesario refutarlos. Digo equivocadamente porque lo cierto es que no hay error tan absurdo que no tenga defensores. Es más, a veces parece que cuanto más tontorrón y absurdo sea un error, más defensores tiene.
Ya que estamos en Cuaresma, vamos a recordar un error completamente disparatado pero que rebrota como una mala hierba todos los años por estas fechas: la idea de que Dios no quiere que hagamos sacrificios, ni ayunar, ni abstinencia, ni nada por el estilo.
“¡Está claro!”, dicen los defensores de esa extraña idea. “Lo dice Dios en la Biblia: misericordia quiero y no sacrificios”.
Y ya está. Ese y no otro, aparte del difuso buenismo tontorrón actual, es el único fundamento de este error: una cita bíblica aislada e inevitablemente entendida al revés por personas cuyo monumental desconocimiento de la Escritura se une a una sorprendente confianza ciega en sus propias opiniones. Aparentemente, no les llama la atención que la Iglesia conozca perfectamente esa frase bíblica y, aun así, haya aconsejado a sus fieles hacer sacrificios durante dos milenios.
¡Sacrificios! Como decía D. Íñigo Montoya en la Princesa Prometida, esa palabra no significa lo que crees que significa. Lo cierto es que el “sacrificios” de la frase del profeta Oseas no se refiere a las privaciones voluntarias ofrecidas al Señor, sino a los sacrificios rituales de animales que prescribía la Ley de Moisés. Basta leer el versículo siguiente, que utiliza la figura retórica del paralelismo, tan querida para los hebreos:
Misericordia quiero y no sacrificios,
conocimiento de Dios más que holocaustos.
Los holocaustos, que son el paralelo del “sacrificios” anterior, eran sacrificios de animales quemados en el altar para ofrecérselos a Dios. El profeta, como buen profeta, advertía a los israelitas que de nada servía sacrificar animales si no conocían a Dios y su corazón estaba lejos de Él.
Por si eso fuera poco, la Carta a los Hebreos vuelve a remachar esta idea en el Nuevo Testamento, señalando que el sacerdote de la Antigua Alianza está en pie, día tras día, oficiando y ofreciendo reiteradamente los mismos sacrificios, que no pueden borrar los pecados. En efecto, Dios no quiere sacrificios ni oblaciones que se ofrecen según la Ley, es decir, los sacrificios veterotestamentarios de animales.
¿Cómo somos santificados entonces? Somos santificados y redimidos por el ofrecimiento de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo. Claro que Dios quiere sacrificios. De hecho, somos redimidos por un sacrificio, el de Cristo. Como dice el pregón pascual, “por rescatar al esclavo, has sacrificado al hijo”. Lo que Dios no quiere que hagamos es sacrificar animales, porque no sirve de nada (excepto como anuncio y prefiguración en el Antiguo Testamento del sacrificio eterno del Hijo de Dios que nos ha alcanzado la salvación).
El sacrificio redentor de Cristo se ofrece todos los días en la Misa, como sacrificio eucarístico. Y todos nosotros estamos llamados a unirnos a él, porque no se nos ha dado otro nombre bajo el cielo que pueda salvarnos. No solo Dios quiere que le ofrezcamos ese sacrificio, es que es la única ofrenda verdaderamente pura y agradable a Dios que existe.
¿Qué hay que decir, entonces, de los sacrificios tal como los solemos entender? Las privaciones voluntarias y el sufrimiento de contrariedades ofrecidos a Dios son una forma de unirnos al sacrificio de Cristo. Por sí mismos no valen nada, pero, en unión con el sacrificio de Jesucristo, nuestros propios sacrificios se hacen aceptables y agradables a Dios.
Obedecemos así el mandato de San Pedro de ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por mediación de Jesucristo. Así también podemos decir, con San Pablo, estoy crucificado con Cristo; soy yo, pero ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí o esas sobrecogedoras palabras de completo en mi carne lo que le falta a la pasión de Cristo. El mismo Apóstol nos manda: ofreced vuestros cuerpos como hostia viva, santa y agradable a Dios.
La cuaresma es tiempo de sacrificio, porque es tiempo de conversión. Hoy mismo, en la lectura de laudes nos decía el Señor por boca del profeta: convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad vuestros corazones. Por fortuna, el buenismo tontorrón es completamente ajeno a la Escritura.
30 comentarios
Ejemplo:
"Se fue y cogiendo una cuerda se ahorcó" mt. 27-5
"Ahora vete y haz tú lo mismo" Lc. 10-37
Y la termina con un corolario diciendo que el buenismo tontorrón es completamente ajeno a la Escritura.
Se me ocurre citar determinados pasajes que vendrían a plantear exigencias éticas tan radicales que pondrían en tela de juicio la afirmación anterior. En particular me refiero a Lc 6, 27-42. Ahí Cristo ordena ante una agresión poner la otra mejilla; prestar a quien sabemos que no devolverá el capital; dejar que nos despojen si alguien viene a robarnos, etc.
Toda una lección de buenismo, a cuyo nivel yo desde luego no me hallo, pero que posiblemente haría pasar por “tonto” a quien la siguiese estrictamente.
O, como dice también en algún sitio: "matarás", "adulterarás" y "robarás", así que "comamos y bebamos, que mañana moriremos".
Para ser un troll, se esfuerza usted muy poco. El nivel necesario para ser un troll residente en este blog es bastante más elevado. Le aconsejo una pizca más de imaginación, una generosa dosis de humor para no dormir al respetable y volver a hacer el cursillo de sofismas con Escrutopio.
Decir que la buena noticia del Evangelio es buenismo es como decir que femenina y feminismo son lo mismo. No hemos nacido ayer.
El buenismo es lo contrario que el Evangelio. La buena noticia evangélica es que el mismo Hijo de Dios padeció, murió en la cruz y resucitó para el perdón de los pecados y para nuestra salvación, y nos llama a hacer lo mismo. La cansada y políticamente correcta noticia del buenismo es que, en realidad, da igual ser bueno que malo, porque el pecado no existe, tampoco existe la redención y lo único importante es ser suficientemente progre.
Cualquier parecido es mera coincidencia.
Etimologicamente, mortificar significa hacer morir, se trata pues de hacer morir nuestras pasiones, o mejor, el desorden en nuestras pasiones para que estén sujetadas a la razón. Pero no es sólo nuestra parte animal que necesita mortificación, también tenemos desorden en nuestra inteligencia y voluntad. Si no las mortiricamos, no podemos crecer en la virtud. Es Dios quien hace la obra en nosotros, como bien dice el post anterior (y no solo el psot, sino que también la palabra de Dios como lo hice notar en un comentario), y el camino que ha escogido Dios para hacer la obra en nosotros es el mismo que ha escogido para hacer él mismo la obra de nuestra salvación: hacer morir.
Y ahí entra en escena la segunda palabra: sacrificio, que etimológicamente significa hacer sagrado. Entonces no se hace morir por morir, sino que se hace morir par hacer sagrado, para ofrecerlo a Dios y que Dios lo santifique. Como dice el Apóstol:
"Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual.
Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto." (Rm 12,1-2)
" «Todo me es lícito»; mas no todo me conviene. «Todo me es lícito»; mas ¡no me dejaré dominar por nada! «La comida para el vientre y el vientre para la comida». Mas lo uno y lo otro destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder." (1 Cor 6,12-14)
" Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios. Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias. Ni hagáis ya de vuestros miembros instrumentos de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como instrumentos de justicia al servicio de Dios." (Rm 6,8-13)
"con Cristo estoy crucificado; y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí." (Ga 2,19-20)
"Ya que Cristo padeció en la carne, armaos también vosotros de este mismo pensamiento: quien padece en la carne, ha roto con el pecado, para vivir ya el tiempo que le quede en la carne, no según las pasiones humanas, sino según la voluntad de Dios." (1Pe 4,1-2)
Por cierto, Bruno, te acabo de escribir un e-mail de cierta urgencia.
Muy buena la yuxtaposición de sacrificio y mortificación y sus sentidos etimológicos.
Es la renovación del sacrificio de Cristo en la Cruz.
El cristiano que se sacrifica unido a Cristo participa en la obra redentora de Jesucristo.
Nosotros ayunamos y hacemos penitencia para amar más a Dios.
Si lo que está en juego es la voluntad de Dios, ¿por qué no interviene Él mismo —o alguno de sus emisarios— para aclararlo sin depender de interpretaciones humanas?
Empezamos con el falso dilema: o sacrificas tu cuerpo por Dios (sentido verdadero), o sacrificas tu cuerpo por cosas mundanas (absurdo). Pero esa es una dicotomía artificial ya que existen múltiples fines legítimos como salud, bienestar psicológico, rendimiento profesional, estética ...
Falaz por apelación a la futilidad; si el cuerpo es finito, entonces todo esfuerzo por cuidarlo es absurdo. La finitud no invalida el valor. Que algo no sea eterno no implica que sea inútil. Si se aceptara esa lógica, también serían inútil estudiar, amar ...
Por no hablar de generalización apresurada ya que caricaturiza a “la gente” como: obsesionada, vacía, superficial, movida solo por miedo a la muerte o vanidad. Pero no considera motivaciones prudenciales, razones médicas, superación personal ...
Toma un subconjunto estereotípico y lo universaliza.
El hombre de paja también está presente pues ud simplifica la postura de quienes entrenan o se cuidan:
“viven como si fueran a vivir hasta el juicio final”,
“corren como conejos espantados”,
“se matan de hambre”.
Todo esto no representa necesariamente la postura real de la mayoría.
Ud ataca una versión exagerada para que resulte más fácil ridiculizarla.
Superioridad moral implícita ?
Y la reducción al absurdo emotiva? el uso de imágenes como:
“conejos espantados”,
“cavernícolas”,
“la serpiente poniendo huevos” ...
no aporta argumento racional, sino que busca desacreditar mediante burla, mediante recurso retórico que sustituye argumentación por descalificación.
Pobres mortales!
Este mismo año me tocó asistir a una celebración de este tipo, organizada por otro colegio de monjas. Sí se impuso ceniza, pero todos los textos de moniciones y demás preparados por el colegio usaban un lenguaje que no entienden lo niños, ni las monjas... Y lo peor de todo es que la Cuaresma quedaba reducida a un tiempo de recomenzar, hacer buenos proósitos y ayudar a los demás. Pero la conversión y la Pascua no aparecían por ningún sitio.
En fin, recordemos que no en vano hemos recibido la ceniza, quizá por aquí debamos empezar la conversión. Somos barro. No más. Si alguien se cree algo más que barro, está equivocado. El examen de conciencia se hace para uno mismo, no para los demás. Yo creo que a partir de aquí podemos empezar.
Cálmese y no saque las palabras fuera de contexto, usted ha escrito cosas que yo no he dicho ni era esa mi intención. Mire, no voy a iniciar una polémica con usted porque no sé quién es usted. Mi comentario no iba por esos derroteros. Estaba muy claro y creo que todo aquel que tuviera voluntad podía entenderlo con facilidad. San Pablo habla de la disciplina católica del cuerpo y de la mortificación y de la penitencia, por la concupiscencia.
Evidentemente "Misericordia quiero y no sacrificios" lo que hace es poner a la misericordia por encima de un sacrificio ritual de los que se hacían en el Templo, de la misma forma que Jesús habla de aquellos que para cumplir el mandamiento: "Honrar padre y madre" llevaban un animal bien cebado y lo sacrificaban en nombre de sus padres para honrarlos, mientras estos, ya ancianos, languidecían en sus casas sin que fueran a visitarlos. El concepto de "Corbán" era empleado como triquiñuela legal, por eso Jesús lo critica en Marcos 7:11.
Ante eso le puse un comentario diciendo que había partes del Evangelio, también en los sinópticos, en los que Jesús alababa la Fe de personas que no eran israelitas y que esa Fe no podía referirse a la Fe de los hebreos porque no eran hebreos, se refería, por supuesto, a la Fe que esas personas tenían en Él.
Tengo que admitir que no me borró el comentario sino que lo puso como comentario destacado, aunque no contestó ni pío.
Todas las Obras de Misericordia cuestan, tanto si es enseñar al que no sabe, gratis et amore, como si es visitar a los presos, los enfermos, etc...
No hay misericordia sin algún tipo de sacrificio personal, grande o pequeño.
Que el jubiló eleve nuestra voz y fortalezca nuestros pasos.
Los canticos iluminen la noche y acallen los funebres clamores.
Las cuerdas, pifanos, trompetas y timbales estremezcan los aires con armonías.
Mientras la fragua incendia el hierro que hemos de forjar sobre el yunque de nuestros anhelos.
El cincel penetre vigoroso la mole aún informé del presente.
El serrucho, formones y demás tallen as maderas del nuevo edificio.
Y pinceladas de gloria proclamen el Trono del Altísimo que María tiene la Misión de preparar.
Sí, viene un Mundo Nuevo!
Desde luego que la "etimologiá" del "Misericordia quiero y no sacrificios" es ia que tu dices pero eso mo justifica llevar el péndulo al otro extremo haciendo fe la mortificación una vía de santidad.
La refutacion de la mortificación como via de santidad va pir otro lado.
La salvación es por Gracia, no por mérito propio: La Iglesia Católica enseña que nadie puede "ganar" la salvación. La gracia justificante viene de Dios. Las obras (incluidos el ayuno) son respuesta a esa gracia y fruto de la fe, no un pago.
El ayuno como medio, no como fin: La mortificación corporal (ayuno/abstinencia) es una disciplina espiritual o una herramienta ascética, no un fin en sí mismo. Su propósito es "domar las pasiones" y someter la carne para fortalecer el espíritu, ayudando a la conversión interior, pero no salva automáticamente. De hecho para muvha gente no ayuda a domar sys pasiones. La verdadera salvacion provurne de la Gracis y del camino que nos ofrece : el amor al prójimo por que sin amor al prójimo la Gracia no es acogida. Sin amir al prójimo la Gracia santificante y la salvación que viene con ella es rechazada.
Ademas oa intencionalidad es superior a la materialidad: El ayuno sin un corazón arrepentido y sin caridad no tiene valor para la salvación. El ayuno verdadero, según la doctrina, es evitar el pecado y hacer la voluntad de Dios.
La obligación de ayunar el Miércoles de Ceniza y Viernes Santo es un mandamiento eclesial para la disciplina, no un sacramento de salvación. Quien no puede ayunar por salud, edad o necesidad, no pierde la posibilidad de salvarse, pues la Iglesia no obliga a lo imposible. Y quien encamina su amor al projimo por otras vías o herramientss de disciplina tampoco.
Las prácticas ascéticas deben estar unidas a la caridad y la humildad; de lo contrario, se convierten en orgullo espiritual, opuesto a la gracia.
La fe que actúa por el amor (Gal 5,6) es lo que justifica. La mortificación es un complemento para la santificación personal (crecer en virtud), pero no un requisito para la justificación inicial
Sin caridad no somos nadie
Otro punto, que has tratado en otro post, sobre la abstinencia y el pescado, me parece que también viene bien recordarlo particularmente en estos días.
Es decir, hay una guerra mediática empeñada en que Jesús es de todos menos de los cristianos. Naturalmente la Iglesia Católica, empeñada en que todas las religiones llevan a Cristo porque ya todos los caminos no llevan a Roma, está encantada con haber encontrado el meeting point.
También es muy elocuente que, de los cuatro Evangelios, el más repudiado por ellos sea el de San Juan. Claro, la genealogía de Jesucristo y la mayoría de las prácticas mosicas de Jesús, no son el asunto central de ese Evangelio y también está contaminado, según ellos.
Es absolutamente cierto que Jesús era judío y práctico y se sometió a la ley mosaico.
De hecho, tiene toda la pinta de haber sido instruido a la manera fariseo.
¿Y qué?
Jesús no vino para judíos o para gentiles. Vino para TODOS, TODOS, TODOS, incluso para los de Bilbao.
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