(136) ¿Fiesta de la Hispanidad o de la "diversidad cultural"?
-¿Gusta ud. una tacita de sangre de niño?
- Muchas gracias, pero estoy saboreando un corazón de doncella recién desollada…
- Lo dejamos para el postre, pues. ¡Pero qué bien que estamos aquí, mi amigo, qué conmovedora y pintoresca que es la diversidad cultural!
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Palabras más o menos, tal vez este es el tipo de “diálogo ameno” que deberían acariciar los que hoy se sitúan en una perspectiva indigenista para mirar la historia, apartando de su vista, neciamente, la huella de Dios.
Personalmente, “paso”. Porque al celebrar la Hispanidad, esta mañana, he visto que el sol brillaba con mayor intensidad, de un amarillo intenso, y el rojo del fuego, como el de mi propia sangre, era más rojo, si es que cabe. ¡Todos los cascabeles del alma deben estar hoy de fiesta en los verdaderos cristianos, a pesar de todos los pesares!

-¿Gusta ud. una tacita de sangre de niño?
Los sacerdotes santos son faros de esperanza frente a algunos ejemplos que desmoralizan a la grey, acosada ya bastante por el descrédito del sacerdocio católico en que se ceba la prensa mundana para ocultar las maravillas que Dios obra en sus “otros cristos” cuando son dóciles a su gracia.
Epifanía es nuestra fiesta. ¡Y cuán gloriosamente nuestra! Decíamos hace un año: la fiesta de la “gentilidad” que ha sido conquistada para Cristo; la fiesta de los hombres que son capaces de atravesar el desierto en busca de la verdad, para encontrar, de rodillas, a Quien es la Verdad Absoluta. 
En el orden de la Creación, yo no creo que haya nada más hermoso y benéfico que la Luz (¿cómo concebir sin ella la belleza?), y si el agua le sigue, es por su capacidad de reflejarla. Nunca deberíamos acostumbrarnos a la maravilla de que por medio del agua, hemos sido hechos hijos de la Luz, hijos de Dios, hijos en el Hijo que es “Luz de Luz”… ¡Que Dios nos dé la gracia de no ser jamás insensibles o refractarios ante la Luz!.