(168) Manchester... lo más violento no son las bombas
Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma;
más bien temed a aquel que puede hacer perecer tanto el alma como el cuerpo en el infierno. (Mt.10,28)
Hace un par de días, un medio de des-información refería que era la “primera vez” que un atentado de este tipo tenía como víctimas a “niños”, y nos ha parecido el colmo del cinismo. En efecto, indigna mucho tanta hipocresía, manipulación consentida y sobre todo, tanta miopía complaciente de muchas familias, frente a este show mediático que recuerda el “accidente” de Cromagnon, sucedido hace unos años en Buenos Aires.
La cita que colocamos en el acápite no es a título decorativo. Porque así como nos rasgamos las vestiduras ante las decapitaciones en oriente, pero luego miramos para otro lado ante la decapitación espiritual que cotidianamente se perpetra en occidente mediante las ideologías de turno, del mismo modo se ven ahora llantos de cocodrilo por doquier por dos decenas de muertos, mientras miles de jóvenes son sistemáticamente entregados pos sus responsables adultos para ser pervertidos, corrompidos, mareados, arriesgando gravemente su salvación eterna. ¿Y quién protesta ante ello? ¿Estamos seguros de que las únicas víctimas son los 22 muertos y los heridos? ¿Y los que salieron ilesos…?

En honor a la justicia y gratitud de tantos alumnos e hijos espirituales que Dios le encomendó, publicamos una reseña de su obra, pidiendo a los lectores intercedan con sus oraciones por su eterno desacanso.
Entre los innumerables pecados que Nuestro Señor tomó sobre Sí, no dudo que uno de los más lacerantes debe haber sido el silenciamiento o “devaluación” de su Pasión por parte de quienes nos llamamos cristianos.
En la segunda parte de esta conferencia -a nuestro juicio la más sabrosa-, Antonio Caponnetto se refiere al pudor en el lenguaje, el vestido y la vivienda, desembocando en la relación íntima entre pudor y ateísmo, por su abolición de la intimidad, imprescindible para la relación con el Creador.