(178) Impresiones de la visita de Mons.Schneider -pinceladas fotográficas y una homilía sobre Cristo Rey-
Como vulgarmente se dice, hay personas y momentos que señalan “un antes y un después”, ya sea para bien o para mal, en muchas almas y sociedades. En nuestro caso, aunque sea algo tardíamente, recién terminando de reponernos de los trabajos y emociones vividos en el último Encuentro de Formación Católica y de la primera visita de Mons. A. Schneider a nuestra patria, no queremos seguir adelante sin detenernos para compartir con nuestros lectores al menos unas impresiones, porque creemos que la gratitud debe ser distintivo de los hijos de Dios, y en medio de las noticias que vemos últimamente, vemos oportuno este post, para levantar los corazones.
No hace falta insistir –sobre todo luego del último post- sobre el daño que hace a los fieles la sensación de orfandad de auténticos pastores que velen por la integridad de la fe en el contemporáneo romance que muchos de ellos mantienen con el mundo y sus máximas.
Pero en proporción inversa, el regocijo y consuelo (“Consolad a mi pueblo, dice el Señor” Is. 40,1) y fortaleza que nos proporcionan a laicos y sacerdotes los pastores fieles a la Verdad del Evangelio, es evidente.

No quisiéramos dejar de homenajear aunque sea modestamente a este amable como admirable Principe de la Iglesia, con quien hemos tenido la gracia de haber mantenido una breve pero fecunda correspondencia, en la que nos manifestó con creces su paternal y consoladora solicitud de buen Pastor.
No es atrevido afirmar que la mayor cercanía con el mundo se halla en el corazón de la Cartuja: en el silencio y la soledad del monasterio. ¿Acaso no fue esto lo percibido por Sta. Teresita del Niño Jesús, patrona de las Misiones?
En honor a la justicia y gratitud de tantos alumnos e hijos espirituales que Dios le encomendó, publicamos una reseña de su obra, pidiendo a los lectores intercedan con sus oraciones por su eterno desacanso.





