(395) Marginación en San Pedro a los fieles de Summorum Pontificum - Homilía de Mons. Schneider
Como se ha informado oportunamente, este año se había negado la autorización para que la peregrinación Internacional Summorum Pontificum Ad Petri Sedem pudiera concluir con la celebración de la Santa Misa tradicional en la basílica de San Pedro, motivo por el cual ésta se había trasladado al altar mayor de Santa María la Mayor, el pasado 23 de octubre, disponiéndose que el ingreso a San Pedro sería sólo para detenerse a rezar ante la tumba del Apóstol. Sin embargo, sorpresivamente, este permiso también ha sido negado a último momento.
A fin de comprender mejor la cuestión, citamos a Michael Matt, editor de The Remnant, quien participó de la peregrinación Ad Petri sedem e informa de los hechos muy sucinta y prolijamente:
- Los organizadores solicitaron permiso para celebrar una Misa en el Vaticano mediante una carta entregada directamente al Papa —a través de los canales correspondientes— por el obispo Schneider en diciembre. La peregrinación, que cumple ya su 15ª edición, se celebra siempre en la misma fecha.
- Los organizadores no recibieron respuesta sobre la Misa hasta agosto, momento en el que la Secretaría de Estado comunicó que no sería posible celebrarla en el Vaticano. Ante esto, los organizadores anunciaron públicamente que no habría Misa en el Vaticano. En su lugar, se acordó que los peregrinos entrarían en procesión al Vaticano el sábado a las 13:00 horas, para luego dirigirse a la basílica de Santa María la Mayor, donde tendría lugar la Misa a las 15:00 horas.
- El permiso para realizar la procesión dentro del Vaticano había sido concedido en abril. Semanas más tarde, en septiembre, la basílica de San Pedro anunció un evento programado para las 15:30 horas en el Altar de la Cátedra (lugar que, el año anterior, había sido utilizado por la peregrinación para la celebración de la Misa).
- Esta misma semana —concretamente ayer, según me han informado—, los organizadores recibieron otra carta de la Secretaría de Estado comunicándoles que ni siquiera podrían realizar la procesión dentro del Vaticano, tal como estaba previsto y autorizado desde abril.
- Los eventos en la basílica no son competencia de la Secretaría de Estado, sino del arcipreste y de la Fábrica de San Pedro; de ahí que la intervención de la Secretaría de Estado resulte tan extraña.
- El sábado, los peregrinos recorrieron las calles hasta llegar al obelisco de la plaza de San Pedro —escoltados por la policía italiana—, donde fueron detenidos por las autoridades vaticanas, ya que ese punto marcaba el límite de la jurisdicción de la policía italiana.
- Posteriormente, se les informó de que las condiciones para el uso de la basílica de Santa María la Mayor habían cambiado: solo podrían permanecer en su interior durante una hora. “Esto implicaba que la Misa solemne pontifical, que había sido planificada y autorizada, tendría que reducirse a una Misa rezada (o Misa sencilla). Asimismo, desde la basílica de Santa María la Mayor se comunicó a los organizadores de la peregrinación que no estaba permitido tomar fotografías oficiales.
El anuncio de estas medidas lo realizó Christian Marquant -presidente de la asociación francesa Paix Liturgique y uno de los principales organizadores de la peregrinación-:
«No se permite que su procesión ingrese en la Basílica de San Pedro», señala la comunicación vaticana”, agregando él a continuación:
«Es muy triste ser ignorados por la jerarquía de la Iglesia. Ignorados en el sentido literal: no saben quiénes somos, qué hacemos. No conocen más que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, y también a ésta, muy mal».
Y nosotros, simples fieles que no participamos de la Peregrinación pero que estamos un poco cansados de escuchar como un mantra aquello de “todos, todos, todos”, o el panegírico de la misericordia hacia las minorías de todos los colores, no podemos menos que escandalizarnos cuando nos enteramos de hasta qué punto, hijos de la Iglesia que asisten desde diversos puntos del planeta, pacíficamente, muchas veces en familia, a un acto de fe profunda fe católica, son sistemáticamente maltratados como enemigos, mientras –imposible no establecer una comparación- se insta a los fieles de todo el mundo a “celebrar” (sic) las más variopintas herejías que van adquiriendo carta de ciudadanía en nuestros templos. No ser conscientes de que este maltrato no terminará en los fieles “tradicionales” sino que se prolongará a cualquier católico a secas, tarde o temprano, es no comprender NADA. Simplemente no se puede mirar para otro lado.
Por supuesto que la indignación, el estupor y la amargura van in crescendo cuando nos piden que renunciemos al más elemental sentido común mientras nos ventilan azufre en las narices, pero para no dar rienda suelta a la “visceralidad”, nos
limitaremos a publicar la homilía de Mons. Schneider en la Misa del domingo en Sta. María la Mayor, para que tal vez, quién sabe, pueda hacer mella en alguna conciencia purpurada.
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Homilía de Mons. Schneider en Roma:
Poner fin a la marginación de los católicos tradicionales
24 de octubre de 2026, Basílica de Santa María la Mayor
¡Alabado sea Jesucristo!
¡Queridos hermanos y hermanas en Cristo!
La Santa Iglesia —la Sede de San Pedro— es nuestra Madre. Somos hijos de la Iglesia, razón por la cual la expresión «Santa Madre Iglesia» es tan querida por todos los verdaderos católicos. La Iglesia es madre porque existe otra Madre —la única Madre que es Inmaculada y siempre Virgen—: la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra.
Es para nosotros una gran alegría poder celebrar, en este momento y dentro de esta basílica —en la casa de nuestra Madre—, la Santa Misa según la misma venerable forma en la que tantos Papas e innumerables generaciones de sacerdotes la han celebrado en este mismo lugar.
Aquí, algunos santos y Papas celebraron su primera Santa Misa, como San Ignacio de Loyola y el Papa Pío XII. El Papa Francisco profesaba una especial devoción al icono de la Salus Populi Romani (Salvación del Pueblo Romano), que se conserva en esta Basílica. Escogió precisamente esta Basílica como su lugar de descanso terrenal definitivo.
A lo largo de los doce años de su pontificado, el Papa Francisco rezó ante el icono de la Salus Populi Romani ciento veintiséis veces. Su primera visita tuvo lugar el 14 de marzo de 2013 —el día después de su elección— y la última, una semana antes de su muerte. Realizaba estas visitas tanto antes como después de cada viaje apostólico, así como durante sus cuatro hospitalizaciones en el Policlínico Gemelli. Otros siete Papas ya están sepultados dentro de esta Basílica.
Ante todo, esta Basílica y la forma tradicional de la Misa del Rito Romano están vinculadas a San Pío V, cuyo sagrado cuerpo reposa aquí. Él es el Papa que ha pasado a la historia como el pontífice del Rito Romano tradicional y del Santo Rosario; fue mediante la oración del Rosario que los cristianos —contra toda expectativa humana— alcanzaron la victoria sobre los enemigos de la Cristiandad en Lepanto.
San Pío V no llevó a cabo una reforma del rito de la Misa en sentido estricto, pues profesaba un profundo respeto por la tradición litúrgica de la Iglesia de Roma. Durante siglos, aquella Iglesia había poseído un rito que —en virtud de su integridad doctrinal, belleza ritual y madurez— no necesitaba reforma alguna; por el contrario, servía como salvaguarda y punto de referencia seguro en medio de la extendida anarquía litúrgica del siglo XVI, provocada por las pseudorreformas protestantes.
Fortalecido por esta venerable tradición y por su propia santidad personal, San Pío V —de manera particularmente solemne, mediante la Constitución Apostólica Quo Primum— garantizó el uso libre y perpetuo de la forma tradicional de la Misa a todos los sacerdotes del Rito Romano. Estableció expresamente que ningún sacerdote podría jamás ser obligado a celebrar la Santa Misa según una forma distinta de la del Misal que él había promulgado, y que su Constitución Apostólica Quo Primum nunca podría ser revocada en el futuro. De este modo, San Pío V, en cierto sentido, canonizó el rito tradicional de la Misa.
Por consiguiente, ningún Romano Pontífice se ha atrevido jamás a revocar o «descanonizar» Quo Primum, hecho reconocido por el Papa Benedicto XVI, quien afirmó que esta forma de celebrar el Sacrificio de la Misa nunca había sido abrogada (cf. Carta Apostólica Summorum Pontificum, del 7 de julio de 2007).
Nos encontramos en una Basílica que también alberga la estatua de la Madre de Dios bajo el título de «Reina de la Paz», colocada allí por disposición del Papa Benedicto XV. La Virgen María, Reina de la Paz, está sentada en un trono sosteniendo al Niño Jesús, quien está a punto de dejar caer la rama de olivo. El rostro de la Virgen expresa dolor y tristeza y, con el brazo levantado, implora el fin de las hostilidades. Sobre el pedestal, una paloma espera ansiosamente que caiga la rama de olivo para poder llevar a la humanidad el mensaje de paz.
Un gran número de católicos en todo el mundo —particularmente la generación más joven y las familias jóvenes— alberga el legítimo deseo de participar en la Santa Misa en su forma tradicional. El Papa Juan Pablo II consideraba legítimo el deseo de los fieles por esta forma litúrgica e instó a los obispos a responder generosamente a él (véase la Carta Apostólica Ecclesia Dei).
Mediante esta forma litúrgica, los fieles buscan unirse espiritualmente con los santos y con sus propios antepasados; desean experimentar —con los ojos, los oídos y el corazón— aquella forma ritual de la Misa que alimentó y fortaleció en su vida cristiana a tantos santos, mártires y confesores.
Sin embargo, hoy, debido a rígidas restricciones normativas y a la discriminación pastoral, estos fieles —especialmente los jóvenes— sienten que son tratados como católicos de segunda clase. A pesar de ello, no albergan amargura; por el contrario, continúan amando a su Madre, la Iglesia, aunque, por el momento, no se sientan comprendidos por esa misma Madre: por la Iglesia de Roma.
Si la Basílica de Letrán es la «Madre y Cabeza de todas las iglesias de la Ciudad y del mundo», la Basílica de Santa María la Mayor es la «Madre y Cabeza de todos los santuarios marianos del mundo».
Que los santos y los Papas que mantienen un vínculo especial con este santuario mariano nuestro imploren de la Madre de Dios —la Salus Populi Romani (Salvación del Pueblo Romano) y Regina Pacis (Reina de la Paz)— la gracia de que la rama de olivo, sostenida en la mano del Niño Jesús mientras está sentado en el regazo de la Reina de la Paz, caiga sobre nosotros y nos traiga esa paz litúrgica tan largamente anhelada: una paz que restaure el uso pleno y sin discriminación de la forma tradicional del Rito Romano.
Que quienes tienen responsabilidades dentro de la Iglesia promuevan la llegada de semejante paz litúrgica, dejándose conmover por la voz de la Regina Pacis (Reina de la Paz) y por las voces de los hijos más jóvenes de la Iglesia: aquellos marginados en el ámbito litúrgico.
Que recuerden también las palabras de Juan Pablo II:
«En el Misal Romano, conocido como el de San Pío V… hay oraciones muy hermosas mediante las cuales el sacerdote expresa el más profundo sentido de humildad y reverencia ante los sagrados misterios: estas revelan la sustancia misma de toda Liturgia». (Mensaje a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 21 de septiembre de 2001).
Que recuerden también las palabras del Papa Francisco, quien elogió a las Iglesias ortodoxas por haber conservado su «liturgia prístina, que es tan hermosa», afirmando:
«Nosotros hemos perdido un poco el sentido de la adoración. Ellos lo conservan; adoran a Dios y el tiempo no importa. Dios está en el centro, y eso es una gran riqueza». (Conferencia de prensa durante el vuelo de regreso de su viaje a Brasil, 28 de julio de 2013).
Hoy, quizá el Papa Francisco podría decir a su sucesor y a los obispos:
«Restauren y preserven la forma prístina y bellísima del Rito Romano, canonizada por San Pío V».
Esta forma de la Misa fue la que estuvo presente durante la juventud del Papa Francisco y fue la Misa de su conversión. Esta forma de la Misa fue también la que estuvo presente durante la infancia y la Primera Comunión del Papa León XIV.
Oh María, Madre de Dios, Salus Populi Romani (Salvación del Pueblo Romano), Regina Pacis (Reina de la Paz), tráenos la rama de olivo de la mano del Niño Jesús, para que llegue la paz litúrgica: una paz que asegure el uso pleno y libre del Rito Romano tradicional, para que podamos experimentar nuevamente que la Iglesia Romana es nuestra Madre.
Amén.
+ Athanasius Schneider
Obispo Auxiliar de María Santísima en Astana
2 comentarios
Conviene recordar que ningún grupo de fieles, sea cual sea su sensibilidad litúrgica, posee un derecho adquirido a celebrar una misa en un altar determinado ni a organizar procesiones dentro de una basílica pontificia. La autoridad eclesiástica tiene plena competencia para regular estas cuestiones sin que cada decisión desfavorable constituya automáticamente una persecución.
Además, la explicación ofrecida por el Vaticano distingue expresamente entre prohibir una procesión organizada y prohibir a los fieles entrar individualmente a rezar. Son cosas muy diferentes. Que existan interrogantes sobre la tramitación administrativa o sobre la oportunidad de la decisión no convierte esas restricciones en actos discriminatorios.
La discriminación exige demostrar un trato desigual injustificado, no simplemente constatar que una petición ha sido rechazada. Y la marginación sistemática requiere pruebas de una exclusión continuada, algo que no se desprende de estos hechos.
La legítima preferencia por la liturgia tradicional no concede privilegios jurisdiccionales, del mismo modo que su regulación por la autoridad competente no constituye, por sí misma, una agresión a quienes la practican. Confundir una autorización denegada con una persecución religiosa supone transformar una controversia disciplinaria en una acusación moral que los hechos conocidos no permiten sostener.
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V.G.: María, no sé si tiene sentido debatir con ud. si no alcanza a ver el problema.
No se ha pedido "una limosna" sino algo legítimo y excelente para cualquier católico más o menos formado. Nadie ha negado aquí la legitimidad de las autoridades, y por eso se pidieron las autorizaciones en tiempo y forma.
"La discriminación exige demostrar un trato desigual injustificado, no simplemente constatar que una petición ha sido rechazada. Y la marginación sistemática requiere pruebas de una exclusión continuada"
¿En serio no ve ud. un "trato desigual" entre fieles devotos tradicionales y por ejemplo, algún grupo de partidarios de "iglesias separadas" (herejes en buen castellano), o una procesión de lgtb, a quienes se le suele poner últimamente alfombra roja, buscando todos los acercamientos posibles, por más escandalosos que resulten al fiel de a pie? ¿De verdad no ha visto ud. "marginación sistemática"? Yo puedo contarle desde Argentina más de una situación similar, y ni siquiera con Misa tradicional, sino con la sola preferencia por Misa NO solemne, en muchas grandes basílicas, desde hace décadas. Ya lo creo que la exclusión es continuada, pero no es este el sitio para documentarla.
Y no se trata aquí de una "controversia disciplinaria", sino lisa y llanamente, de reconocer la alergia modernista a la Tradición, que cualquier fiel de cualquier "preferencia litúrgica" pero de buena fe, puede constatar.
Pero los que deberían hablar más fuerte siguen callando y callando...¡hasta que griten las piedras!!
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